La discusión subraya que solo Lo público, gestionado con eficacia y vigilancia democrática, puede sostener la cohesión social ante un entorno cada vez más desigual.
Por José Luis González-Esteban
"Cucarachas repugnantes con olor a gasolina, dráculas de medianoche que chupáis cultura y vida"
Rosendo Mercado
La rata negra (rattus-rattus) tiene las orejas y los ojos grandes, la cola muy larga y puede medir unos veinte centímetros, es trepadora, muy ágil y desconfiada. Es un bicho bastante feo y desagradable. Su hábitat natural son lugares cálidos, donde haya zonas verdes mal cuidadas, con acumulación de residuos y basuras. Viven y se reproducen como ratas (a lo bestia) en palmeras y ficus de parques y bulevares. Alicante es una de sus urbes favoritas porque es una de las localidades más sucias de España. Exacto, la misma ciudad en donde dentro de unos días finaliza el plazo para pagar ese tasazo municipal de recogida de basuras cuyo Ayuntamiento debería cobrar a las ratas como grandes beneficiarias de su ineficaz gestión pública.
En la era del apogeo de la desinformación, la posverdad, la desintermediación, las paparruchas, la verificación, los populismos, la antipolítica, la tecnocracia, teocracias, tecnopopulismos, autocracias y otras hierbas, ha resultado enormemente exitosa la estrategia neoliberal de consolidar sociedades controladas por un analfabetismo político ramplón y desacomplejado. Decía Bertolt Brecht, ni más ni menos que en 1930 (última fase de la República de Weimar que llevó el nazismo al poder en Alemania en 1933) que “el peor analfabeto es el analfabeto político (…) El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el muy imbécil que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.
En este sentido, querido lector/a, el pueblo no salva al pueblo, es lo público lo que salva al pueblo. El pueblo es solidario, es generoso, la crisis de la dana demostró ese cariño y empuje de la ciudadanía, sobre todo de los más jóvenes. La ciudadanía española es muy solidaria, siempre responde con empatía y esfuerzo, pero el pueblo no salva al pueblo en el sentido estricto de esta expresión manoseada. Al pueblo le salvan las políticas públicas y la buena gestión de lo público para el desarrollo y fortalecimiento de un estado del bienestar que se sujete en los cimientos de la cohesión y la justicia social.
El espacio público ideal es el lugar de surgimiento de la opinión pública que puede ser manipulada y deformada, pero que constituye el eje de la cohesión social, de la construcción y legitimación (y ahora también la deslegitimación) política. Una educación deficiente, la simplificación de los discursos, la superficialidad del debate público y la manipulación dan lugar a esa ciudadanía estúpida (analfabetos políticos empoderados). ¿Pero quién está detrás de esta estrategia?
En primer lugar, el gran capital y sus lobbies y élites de ideólogos que necesitan de corruptores y peones políticos que se muevan en la indigencia intelectual, el egocentrismo, una moral dudosa y cierta sociopatía. También hacen falta topos o caballos de Troya acoplados en lo público que viven del sistema público, pero no creen en él y su labor es minarlo. En este ecosistema tan perverso cobra fuerza el efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo por el cual las personas con bajos niveles de conocimiento o habilidades en un área determinada tienden a sobreestimar su propia competencia. A menudo, esta falta de autoconsciencia les impide reconocer su propia ineptitud, mientras que, paradójicamente, las personas más competentes tienden a subestimar sus habilidades. Que cada cual que ponga nombres y apellidos.
Más allá de las rattus-rattus alicantinas y siguiendo esta línea de argumentación de que sólo lo público (bien gestionado) salva al pueblo, el gran problema de este país se llama vivienda y solamente la intervención pública del mercado evitará la quiebra del sistema. El artículo 47 de la Constitución Española consagra el derecho fundamental a una vivienda digna y adecuada para todos los españoles, obligando a los poderes públicos a crear las condiciones para hacerlo efectivo, regular el uso del suelo según el interés general y promover la participación de la comunidad en las plusvalías urbanísticas para evitar la especulación, integrándose dentro de los principios rectores de la política social y económica (literal).
Solo la gestión pública de la sanidad (aunque puedan existir convenios de colaboración público-privada bien controlados y sin ánimo de lucro) evitarán la degradación y decadencia del sistema que nos hizo referenciales a nivel internacional. Algo similar ocurre con el otro gran pilar del estado del bienestar, la educación, en todos sus niveles (miro con pena a mi añorada Universidad Complutense). Reivindiquemos lo público como la salvaguarda de esta Europa decadente, lo público como un acto de resistencia frente a los que pretenden convertir derechos en privilegios y ciudadanos, pacientes o estudiantes en clientes. Resulta fundamental denunciar cada intento de recorte, privatización o debilitamiento institucional. Lo público no se negocia, lo público se defiende, se fortalece y se conquista cada día para evitar el debilitamiento de nuestras democracias.
"Probablemente que todo eso debe ser verdad, aunque es más turbio cómo y de qué manera llegaron esos individuos a ser lo que son, ni a quién sirven cuando alzan las banderas". Algo Personal - Joan Manuel Serrat
Fuente: información.es