La libertad de expresión en México: ¿un mito genial?
Manuel Bartlett ex secretario de Gobernación y el periodista asesinado Manuel Buendía.

José Luis Camacho

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Los mecanismos de control de la libertad de expresión han cambiado, pero la intención persiste: callar voces incómodas bajo el argumento de la gobernabilidad.

Por José Luis Camacho Acevedo

Una vez discutía yo con el recordado viejo zorro de los medios de comunicación mexicanos, don Pancho Galindo Ochoa, que, más que el golpe dado al Excélsior que dirigía Julio Scherer García en el régimen de Luis Echeverría, la censura en México habría tenido su momento más crítico en el asesinato del columnista Manuel Buendía Téllez-Girón.

Don Pancho consideraba que el golpe a Excélsior había marcado para siempre como represor al régimen de Echeverría, desde el que encabezó el general Lázaro Cárdenas del Río hasta el inicio del de Miguel de la Madrid.

Y sin duda, en mucho de su narrativa tenía razón don Pancho.

Eran los días de la mitad del sexenio de Ernesto Zedillo, quien ya tenía en funciones a su segundo encargado de la comunicación social de la presidencia.

El titular era Carlos Almada, quien fue impulsado por el segundo secretario de Gobernación de ese régimen, Emilio Chuayffet.

Almada sustituyó al inquieto y cascabelero Carlos Salomón. Almada era un caballero en su trato y un político culto, pero carecía del colmillo necesario para desempeñar ese cargo.

Zedillo fue un presidente repelente a la operación política y a lo que representaban los medios de comunicación dentro de ella. Jamás se asumió como jefe nato del entonces partido gobernante, a la sazón el ahora moribundo PRI.

En el tiempo presente, en el que se vive una sucesión presidencial adelantada, la censura se ejerce desde las sombras de Palacio Nacional, por personajes tan tenebrosos y aviesos como Jesús Ramírez Cuevas.

Mi argumento ante don Pancho era que podría ser aceptable un control del régimen sobre los medios, pero jamás sería admisible como estilo de control mediático el asesinato de periodistas.

¿Cuántos compañeros del oficio han sido asesinados en los regímenes de la 4T? ¿O cuántos han sufrido intimidaciones tan graves como el atentado contra Ciro Gómez Leyva?

Hoy son caricaturas de dictadorzuelos(as) el atorrante mandatario poblano Alejandro Armenta, con su ley de “Ciberseguridad”, y la impresentable mandataria de Campeche, Layda Sansores, quienes tuvieron que ser reconvenidos por la presidenta Claudia Sheinbaum.

“Desde su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada por la ‘Ley Censura’ en Puebla y el caso de Campeche. Aseguró no conocer el caso en concreto, pero la morenista se posicionó en contra de cualquier intento de censura.

‘Cualquier cosa que tenga que ver con la censura estamos en contra, que quede perfectamente claro. Está garantizada la libertad de expresión, y las y los gobernadores deben garantizarla’, señaló durante la mañanera.”

Tomado de Político MX.

Termino estas notas con una parte del prólogo que hizo Elena Poniatowska al libro de Manuel Buendía, La CIA en México:

“¿En dónde radica el valor de Buendía? En su buena información, su buena prosa, su capacidad de denuncia, su falta de miedo y su archivo. Buendía recuerda, coteja, comprueba. En un país como el nuestro, de memoria convenenciera, Buendía se instituye en nuestra memoria porque él sí se ha puesto a consignar todo lo que nosotros olvidamos o confundimos en un infame batidillo.”

Y reitero lo que le dije a don Pancho Galindo: “Se vale casi todo en la relación del gobierno con los medios, menos que la censura tenga que llegar al crimen.”

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