Doris Lessing, contra la estupidez feminista y el fanatismo lésbico

Alberto Farfán

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Doris Lessing defendió una mirada crítica sobre la emancipación femenina y rechazó convertir su obra en bandera de militancias ideológicas.

Por Alberto Farfán

Adelantada a su tiempo, la extraordinaria escritora de origen inglés Doris Lessing (1919-2013) conservó hasta su deceso su singular postura frente a la opresión de la mujer y el feminismo militante; su osadía al plantear en algunas de sus obras la reivindicación de sus congéneres al margen de burdos maniqueísmos le proporcionaron miles de seguidores y detractores de ambos sexos.

La máxima obra de nuestra autora al respecto, El cuaderno dorado, es una novela publicada en 1962 cuya consistencia temática y formal le abriría el paso para continuar vigente hoy en día, amén de haberse constituido desde entonces en la “Biblia” para los grupos de mujeres que buscaban su emancipación.

Sin embargo, y como ella misma se lamentó en el prólogo redactado para la edición de 1972, El cuaderno dorado no fue comprendido cabalmente por los sectores feministas y no feministas de uno y otro sexos. La estrechez de miras de ambos bandos no les permitió sino ver lo más conveniente para sus sexistas intereses.

Escribió la Premio Nobel hace 44 años: “Esta novela no fue un toque de clarín en pro de la liberación femenina. Describía muchas emociones femeninas de agresión, de hostilidad, de resentimiento. Las puse en letras de molde. Aparentemente, lo que muchas mujeres pensaban, sentían y experimentaban les causó gran sorpresa”.

Al exponer de manera natural y directa, sin afectaciones plañideras o hembristas, la condición de la mujer, nuestra escritora se propuso visualizar el problema en su conjunto para depositarlo en su ángulo particular, en donde no habría ni víctimas ni victimarios, sino seres humanos bajo un solo conflicto por resolver.

Preponderante aún por derecho propio e incomprendida todavía por la estulticia militante, Lessing expuso en una de sus últimas entrevistas, sobre el que esta novela siga siendo la “Biblia” para feministas y, actualmente, también para lesbianas: «Encuentro eso muy irritante. He conocido muchas feministas que me decían: “He leído El cuaderno dorado y ha cambiado mi vida”. Entonces yo les preguntaba: “De acuerdo, pero ¿qué decía yo de extraordinario?”. Ellas eran incapaces de responder. En cuanto a las lesbianas, no estoy de acuerdo con ellas. Encuentro su fanatismo muy fastidioso».

En torno al feminismo de las últimas décadas, apunta: «Como toda mujer, yo me siento feminista. Pero lo que le ha sucedido al feminismo es terrible. Hay algo en la psicología de las mujeres modernas, una necesidad de identificarse con las víctimas, que yo encuentro muy inquietante. Todo eso conduce a un misticismo feminista aterrador. Es verdad sobre todo en los Estados Unidos. Ellos han tenido siempre la necesidad de una cruzada o de una causa. Y el feminismo, allá, se ha vuelto extremista y estúpido».

Y respecto a que sea considerada la Simone de Beauvoir anglosajona, la autora de origen inglés deslizará en respuesta cierto matiz que evidenciaría a nuestras autóctonas feministas: «Hemos escrito en el mismo momento, sobre el mismo tipo de temas. Pero hay una gran diferencia entre nosotras: a ella no le gustaba ser mujer, detestaba las consecuencias físicas de su condición de mujer, tenía la impresión de ser víctima de una injusticia. Eso me es ajeno».

Apabullante como siempre lo fue, no cabe duda de que Doris Lessing habrá de incomodar a antiguas y nuevas feministas y lesbianas con estas declaraciones rigurosamente inobjetables.

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