Progreso de Obregón recibe a Armando Mera tras su liberación

Alicia De Dios Fernández

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La liberación del ex presidente municipal Armando Mera fue celebrada por habitantes que destacan las obras y transformaciones realizadas durante su gestión.

Por Alicia De Dios Fernández

El 6 de febrero de 2026, fecha en la que la alegría y la justicia parecieran estar dando fruto en el sistema de justicia del estado de Hidalgo, México, se concretó, tras una larga lucha social, la liberación de Armando Mera.

Armando Mera, ex presidente municipal de Progreso de Obregón, fue encarcelado en 2024 acusado del delito de uso ilícito de atribuciones y facultades agravado, dentro de un proceso judicial que derivó en una sentencia de prisión y una sanción económica. Desde el primer momento, su detención generó indignación y rechazo social, pues gran parte de la población consideró que se trató de una acción injusta contra un líder que había demostrado, con hechos, su compromiso con el desarrollo del municipio y sus comunidades.

El pueblo no olvidó. El pueblo resistió. Y el pueblo lo recibió de regreso.

El viernes, Armando Mera regresó a Progreso de Obregón entre aplausos, abrazos y lágrimas del pueblo. No fue un acto político, fue un acto de justicia social. La gente salió a las calles porque reconoce en él a un presidente municipal que sí trabajó, que caminó las comunidades y que dejó obras donde antes solo había abandono.

El pueblo celebra la liberación de su expresidente municipal Armando Mera el 6 de febrero de 2026.
Armando Mera, crítico del partido en el poder en Hidalgo.
Armando Mera recibe el respaldo del pueblo de Progreso de Obregón.

Durante casi dos años, la comunidad se organizó, alzó la voz y sostuvo la exigencia de su liberación. No fue una defensa ciega, fue una defensa consciente: la defensa de alguien que transformó el municipio con obras reales, no con discursos vacíos. Para muchas personas, su encarcelamiento fue una señal clara de cómo en México quienes sí hacen algo por el pueblo terminan pagando un precio más alto que quienes saquean sin consecuencia alguna, probablemente por no ser como todos.

Durante su gestión, Armando Mera impulsó una transformación visible en Progreso de Obregón. Calles pavimentadas, comunidades modernizadas y espacios públicos dignos comenzaron a surgir en lugares que habían sido ignorados durante décadas. Una de las obras más emblemáticas fue la transformación del Río de Progreso, convertido en un espacio público abierto, gratuito y accesible, donde familias, nativos y turistas pueden convivir sin pagar un solo centavo. Esa obra representa una visión que incomoda: los recursos públicos deben servir al pueblo, no privatizarse ni convertirse en negocio.

En comunidades como Xochitlán y otras localidades, su administración dejó infraestructura que jamás había llegado. Por eso, para la gente fue profundamente injusto que una persona que hizo tantas obras, posiblemente como nunca antes se habían hecho en el municipio, fuera detenida y encarcelada, mientras otros políticos, pese a saquear al país, continúan libres y llenos de gozos y beneficios.

El respaldo cruzó fronteras. Desde el extranjero, líderes comunitarios, activistas y miembros de la comunidad migrante que fueron testigos directos de su trabajo alzaron la voz. Para quienes viven fuera de México, el caso de Armando Mera es un reflejo de una verdad dolorosa: si hubiera más líderes comprometidos con sus comunidades, menos personas tendrían que emigrar por necesidad.

Hoy, parte del pueblo también reconoce la gestión institucional que permitió su liberación. Sin embargo, la herida sigue abierta. Porque durante décadas México ha estado gobernado por políticos de pacotilla que viven del erario toda su vida, se reciclan en cargos públicos, no construyen una sola obra significativa y, aun así, nunca pisan una cárcel. Frente a ese escenario, resulta indignante que quienes sí trabajan y transforman comunidades sean perseguidos o castigados.

La historia de Armando Mera deja una lección clara y contundente: los verdaderos líderes no se fabrican en escritorios ni en campañas, se forjan en el trabajo diario con el pueblo. Su legado no está en expedientes, está en las calles, en las comunidades y en la memoria colectiva del municipio, y ha sido tomado como ejemplo por el pueblo.

Mensaje de la autora

Como mexicana y orgullosamente hidalguense, como parte de la comunidad migrante, celebro la liberación de Armando Mera. Si existieran más políticos como él, que ponen a la comunidad por encima de sus intereses personales y no pasan décadas viviendo del erario sin hacer absolutamente nada por el pueblo, no existiría tanta migración forzada. México no es pobre; pobre es el liderazgo que ha saqueado al país. Lo que México necesita son líderes que trabajen, que no roben y que entiendan que servir al pueblo no es un privilegio, es una responsabilidad histórica. Los líderes verdaderos dejan legado, respeto y dignidad. Y eso, ni la cárcel lo borra.