
Javier H. Contreras O. Domingo, 26 de Julio del 2026
La justicia pierde legitimidad cuando protege al poder y se utiliza para castigar a opositores, críticos y periodistas.
Por Javier H. Contreras O.
Han convertido la justicia en la herramienta politica más usada
El periodista y excelente cronista argentino Martín Caparrós[1] hizo una excelente descripción de lo que sucede en México, sin radicar en el país, pero desde su patria visualiza que algo está muy torcido, o más bien, que lo están torciendo. Leerlo es como una crónica del México actual, aunque creo no se refiere a México, ni siquiera lo menciona, pero…
Dice: “la Justicia con mayúsculas es el poder que se encarga de vigilar y garantizar el cumplimiento de las leyes. Pero, en general, los que tienen el poder de imponer qué es legal y qué no son los que tienen el poder. Poner por escrito qué pueden y no pueden los contiene un poco, pero lo que se escribe son sus reglas, la mecánica que eligen para dominar…(hay) un pequeño problema: cada juez aplica las leyes que le parece. Es su función y su derecho: es la función de los poderosos elegir para eso a personas cercanas o sumisas.”
Sin embargo, dice “el gran problema de estos tiempos es que la justicia se ha vuelto la herramienta política más usada en nuestras sociedades. La mayoría de los partidos fuertes no quiere debatir proyectos y programas, asi que sus intervenciones más enérgicas consisten en denunciar y amplificar los supuestos delitos de sus opositores…”
¿Estará pasando esto en alguna región del mundo o en un país o solo son meras suposiciones u ocurrencias, producto de los calorones a nivel de canícula que calientan el cerebro e impiden el razonamiento frio y sereno?
El principio jurídico y filosófico es que la justicia es un principio moral y ético que pretende dar a cada persona lo que le corresponde, rigiendo la equidad, la igualdad y el bien común en una sociedad. Se contempla que funciona mediante el respeto a los derechos humanos y el cumplimiento de las leyes. Al hablar de equidad es para entender que debe ser pareja para todos: para tirios y troyanos y no como chantaje y presión para negociar o dominar al opositor.
Publicidad
Cuando se habla de justicia injusta es cuando los sistemas legales de un gobierno fallan, generando impunidad, desigualdad y vulneración de derechos. Cuando se pretende aplicar la supuesta justicia para castigar al que piensa diferente, al que discrepa del partido que gobierna, al que molesta, al que escribe incomodando, al que critica y al que ejerce su libertad de expresión diferente o contrario al oficialismo.
Ahí es cuando se echa a andar toda la maquinaria oficial de persecución legal disfrazada de justicia social o “popular”. En varios países han detenido y encerrado a opositores previo a procesos electorales, han amenazado y detenido a periodistas que no preguntan con nado sincronizado en las ruedas de prensa oficiales.
En México, se está usando de manera burda la aplicación de la justicia solo para críticos u opositores del gobierno a pesar de evidencias, denuncias, testimonios y pruebas, pruebas y más pruebas, sobre personajes del gobierno implicados y señalados de corrupción. Tuvimos un sexenio donde a los narcotraficantes se les consideraba sujetos de comprensión para darles abrazos y ahora los abrazos se han redirigido a políticos y funcionarios involucrados en complicidad con el narcotráfico, en beneficiarios y benefactores del crimen organizado, en operadores de tráfico de combustible, de contratos sin licitar o constructores de obras inoperantes y fracasadas.
De la estrategia de "abrazos no balazos", se pasó a la fase de charales, no ballenas. Distraer la atención con casos donde puedan estar involucrados críticos del gobierno u opositores y ocultar los grandes casos que después de años siguen siendo un desastre para el país. Los grandes negocios al amparo de hijos, familiares y cercanos a los gobernantes siguen bajo el manto de protección.
Se trata de proteger, contra viento y marea, a los propios del partido gobernante y distraer la atención señalando a personajes fuera del ámbito del gobierno o del partido en el poder. Y para lograrlo se reestructuró todo el aparato de justicia, poniendo jueces a modo, con la vergonzosa medida antiprofesional pero altamente populista, de que el “pueblo sabio” elija a los jueces y magistrados tomando en cuenta la gran sabiduría y conocimiento de leyes y reglamentos administrativos, penales, civiles y mercantiles que tienen los integrantes del bendito pueblo.
En el fondo era la estrategia de tener todo implementado para sacar por acordeones a los integrantes del poder judicial que ahora sabemos está al servicio del sistema y eximir de la justicia a sus miembros. Y para aplicar la ley y la justicia a un opositor ponen a un juez ad hoc, asi como para salvar a señalados de su propio partido también, ponen a un juez a la medida. Esa es la injusta justicia: no es pareja, no es equitativa, es herramienta de venganza y herramienta politica para someter. Es el doble rasero que se aplica según de quien se trate.
Eso ha dado como resultado que las decisiones judiciales podrían basarse en la popularidad o en la simpatía política más que en la estricta aplicación de la ley. Además, de la influencia de grupos de poder por el financiamiento de campañas electorales abrió la puerta a que intereses privados, facciones políticas o incluso el crimen organizado financien a jueces o candidatos, comprometiendo su independencia. Lógicamente que la ciudadanía suele carecer del conocimiento técnico y profundo sobre el historial y la función específica de cada candidato a juez o magistrado. Y al politizarse el acceso a los cargos, se desincentiva la especialización, el mérito académico y la experiencia dentro del sistema judicial.
Ya lo dice Basave[2], “el populismo ha surgido como un remedio que empeora la enfermedad, una estratagema que simplifica la realidad de un binarismo de pueblo bueno contra élites malas para asfixiar la pluralidad”
Resultado: una injusta justicia que se está viendo con claridad en una balanza desnivelada, independientemente del montaje de espectáculo para preparar cadalso y guillotina para el enemigo político y cubriendo con el manto de inocencia a los narco culpables.
---
[1] CAPARRÓS, Martín (2026) La palabra justicia, El País Semanal, El Pías, España
[2] BASAVE, Agustín (2026) La era de la ira, editorial Penguin Randon House, colección Debate, México.