Foro Público: La degeneración de la “regeneración” nacional

Ignacio García

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Foro Público

Faltaban unos meses para el inicio del proceso electoral. En ese momento la maquinaria mediática funcionaba para promocionar al “Golden boy” de la nueva generación del “Grupo Atlacomulco”. En ese momento Andrés Manuel López Obrador sabía que tenía que reconducir su carrera política para volver a ser competitivo después del descrédito por el desconocimiento de las instituciones en 2006.

Aunque el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México había tratado de moderarse en los últimos años para instalarse como el principal líder de la oposición al gobierno de Felipe Calderón, el sistema político operaba para consolidar a Enrique Peña Nieto.

En medio de ese contexto, López Obrador decidió fundar un nuevo movimiento social, que se insertaba dentro de la estructura del Partido de la Revolución Democrática (PRD), dominado desde hacía algunos años por la corriente encabezada por los “Chuchos”.

El Movimiento Regeneración Nacional (Morena) nació oficialmente como una corriente política en octubre de 2011, como una asociación civil que le permitiría a López Obrador contar con un brazo político electoral más efectivo rumbo a su segunda aventura por la carrera presidencial.

La victoria electoral de Peña Nieto en 2012 y el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la silla presidencial representaba un golpe duro para el movimiento naciente de López Obrador, quien inmediatamente responsabilizó de la derrota al PRD, principalmente a Jesús Ortega, por manifestar sus intenciones de colaborar con el gobierno priista.

El tabasqueño había establecido que el PRD no podría negociar con el PAN después de la elección federal de 2006, pero las corrientes perredistas fueron más pragmáticas y conformaron alianzas locales en 2009, lo que causó que López Obrador rompiera de manera extraoficial con el sol azteca.

Carente de una estructura política electoral efectiva que le dotaba el PRD, López Obrador diseñó la creación de Morena como una apuesta para desprenderse del instituto político amarillo después de los comicios federales de 2012 y la intención de los Chuchos de adherirse al llamado “Pacto por México” fue el justificante perfecto para la rebelión.

López Obrador identificó que la alianza del PRD con el PRI y el PAN sepultaría su credibilidad como líder opositor y por ello decidió renunciar al sol azteca para impulsar la creación del nuevo partido político que conformaría a la “verdadera izquierda” del país.

La historia le dio la razón al tabasqueño. La unión del PRD con el PRI y el PAN dilapidó el capital político que había creado y los miles de votantes de Izquierda se sintieron defraudados cuando los perredistas decidieron firmar el Pacto por México y la opción de López Obrador se veía más atractiva.

Mientras que la opinión pública empoderaba a Peña Nieto como el impulsor de las reformas estructurales que el PAN no había logrado, López Obrador diseñó la creación del nuevo movimiento político que supuestamente regeneraría al país, después de los agravios históricos cometidos tanto por los priistas como por los panistas.

El caso Ayotzinapa comenzó a provocar el inicio del fin de la credibilidad del gobierno priista, mientras que en ese mismo año López Obrador logró la creación de Morena como partido político, que tendría que competir en las elecciones federales intermedias de 2015.

El partido que no fue partido

López Obrador inmediatamente fue acompañado por decenas de miles de personas que manifestaron su lealtad desde que encabezó al PRD y se sentían desplazados por “La Nueva Izquierda” que encabezaban los Chuchos, y por ello rápidamente consolidó una estructura de cuadros políticos electorales.

Para dotarse de mayor credibilidad, López Obrador instaló una nueva narrativa, aquella que refería la necesaria transformación de la vida pública del país y comenzó a enfatizar que encabezaría un nuevo movimiento que sanearía políticamente a la nación.

Las elecciones federales de 2015 evidenciaron que su discurso estaba acompañado de un grupo, cada vez más creciente, de votantes decepcionados y molestos con el PRI, PAN y PRD y por ello se instaló como la cuarta fuerza política del país y la primera mayoría en la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Así, mientras la popularidad de Peña Nieto se desplomaba, López Obrador ganaba cada vez más simpatizantes que consideraban que pese a sus arrebatos emocionales, como los ocurridos en 2006, representaba una opción menos negativa que las estructuras partidistas tradicionales.

López Obrador comenzó a llenar las plazas públicas con discursos que enunciaban una profunda regeneración nacional y que depuraría la corrupción de la vida pública nacional, lo que derivó en una desbandada de perredistas que siguieron al tabasqueño rumbo al proceso electoral de 2018.

A diferencia de las elecciones de 2006 y 2012, en las cuales había establecido el principio de votantes de izquierda, para su tercer intento fue más pragmático y decidió postularse con el apoyo de los grupos más derechistas con el desaparecido Partido Encuentro Social (PES), incluso más conservador que el PAN.

Aunque alcanzó una victoria histórica que posicionó a Morena como la primera fuerza política del país, el pragmatismo de adhesión a cualquier perfil comenzó a cobrarle factura al tabasqueño, pues el movimiento que supuestamente regeneraba al país se integraba de aquellos personajes que habían causado los principales problemas del país.

Morena comenzó a recibir a priistas, panistas y perredistas que habían sido señalados como los peores perfiles de la vida política mexicana, lo que causó el inicio del final de la credibilidad del partido político, que fue relegando a sus cuadros fundadores para darle prioridad a aquellos actores defenestrados que tenían capital económico para ganarse sus candidaturas.

Entre esa diversidad de perfiles se encontraron todos los integrantes del clan Monreal, encabezados por Ricardo Monreal, que pagó su membresía a cambio del financiamiento de las campañas electorales del partido guinda, así como Adán Augusto López, a quien le dieron la gubernatura de Tabasco y posteriormente la Secretaría de Gobernación (Segob).

Los priistas Alfredo del Mazo, ex gobernador del Estado de México; el ex secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo; el ex mandatario de Oaxaca, Alejandro Murat; la ex gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich; el ex panista y ex gobernador de Chihuahua, Javier Corral; el ex secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid y autor del fraude electoral de 1988, Manuel Bartlett, fueron algunos de los personajes que se integraron a la cúpula morenista.

La familia Yunes, encabezada por Miguel Ángel Yunes Linares, ex gobernador de Veracruz, fue una de las recientes adquisiciones del morenismo, que resultó pieza clave para la aprobación de la reforma judicial en septiembre de 2024.

El gatopardismo en Morena ha emulado a las viejas estructuras del régimen del PRI, recordando a la “gran familia revolucionaria” que tanto caracterizó a ese sistema de gobierno, pero que se ha deteriorado de forma más acelerada.

La salida de López Obrador, al menos en el ámbito público, ha causado una serie de disputas dentro de un movimiento multipartidista que verdaderamente no comparte los ideales de la izquierda y que simplemente se unieron por el fin mismo del poder.

Con ello, queda claro que Morena se ha degenerado a tal nivel que permanentemente se asoman escándalos implicados con más políticos de ese partido, el más reciente es Rubén Rocha, gobernador con licencia de Sinaloa, pero recientemente estuvieron implicados Adán Augusto López, Rafael Ojeda e Ignacio Ovalle.