Sheinbaum: “Nos quieren dividir”

Jorge Octavio Ochoa

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Sheinbaum atribuye a intentos externos de división las señales de distanciamiento entre figuras clave de Morena.

Por Jorge Octavio Ochoa

“Nos quieren dividir”, dijo ella. Tardó casi un mes en reaccionar, después de haber enviado a Omar García Harfuch a Argentina, donde recibió el espaldarazo del Diablo de la DEA y fue ungido como mente maestra de la inteligencia político-militar de México.

A principios de agosto, Harfuch recibió el "dedazo" externo desde EEUU. Fue hasta el 2 de septiembre, tras su 2º Informe, que la presidenta reaccionó, lo que hizo doblemente tardía y torpe la declaración. Sobre todo, ante las notables ausencias de personajes del primer círculo morenista.

Adán Augusto, Andrés Manuel López Beltrán, Gerardo Fernández Noroña, Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza no acudieron. Este último, al parecer, ni siquiera fue invitado, y ahí se perciben las fisuras de lo que podría ser una fractura mayor. Pero Sheinbaum dice: “Nos quieren dividir”.

El problema es que, en los hechos, hay al menos dos grupos internos de Morena jalando por su lado y tienen diferentes cabezas, que al parecer van más allá de Claudia Sheinbaum y López Obrador. El crimen organizado, el narco, viene a controlar los daños y a cobrar facturas o espacios de poder.

Lejos de llamar a la autocrítica y propiciar acercamientos entre los suyos, desde Palacio Nacional sólo los protege, sin entender el postrer discurso de Carlos Manzo, líder del Movimiento del Sombrero, cuando advirtió que Morena se estaba llenando de lo peor del PRI, PAN y PRD. El PT y PVEM siempre han sido rémoras.

En México, desde hace mucho vivimos tiempos aciagos. El régimen ha minimizado más de una veintena de actos de terrorismo y ríe cuando le dicen que está en crisis. Sin embargo, el autobomba en Zacatecas es un aviso funesto de los que se quieren quedar en la cima del poder.

Las palabras de Luis Donaldo Colosio Riojas retumban todavía en San Lázaro, como un eco tenebroso que nos retrotrajo al magnicidio del que fue la primera víctima del narcotráfico. Había que negociar con ellos o atenerse a las consecuencias. El “cooperas o cuello” se convirtió en una frase reveladora.

“Cuántos años más van a culpar al pasado si ustedes mismos ya son parte de ese pasado. Si Morena lo ganó todo, entonces, teniéndolo todo, ¿qué han resuelto? La corrupción que juraron enterrar sigue viva y todo mundo sabe dónde está…”

Este discurso lo pronunció la semana pasada en la Cámara de Diputados. En ese momento, la historia tendió una nube negra en la realidad que cubre al país. Mientras, ese mismo día, en el Zócalo, se desplegó el triunfalismo de las cifras que pronto se contrastarán con la realidad.

“El derroche sigue, únicamente cambió de manos. La violencia sigue, los desaparecidos siguen, la pobreza sigue, la impunidad sigue”, remató el joven abogado, huérfano de padre y madre junto con su hermana, cuando el crimen organizado lo ejecutó y el statu quo lo sepultó.

En Palacio Nacional pudo verse, en todo su esplendor, ese mismo día, el derroche y el abuso del poder del nuevo establishment, de hombres y mujeres que exhibieron, exultantes, autos costosísimos; joyas, ropa de marca, viajes. Son los nuevos ricos.

Luis Donaldo Colosio Riojas recordó: “Es imperdonable que, en Michoacán, asesinen a Carlos Manzo y que, como respuesta, Morena y sus aliados prefieran linchar a su esposa, Grecia Quiroz, en lugar de hacerle justicia a su familia”.

La semana pasada lo señalamos en este mismo espacio. Ése es el tamaño del miedo de Morena: no sólo la pérdida del poder, sino que queden al descubierto todos los asesinatos que han perpetrado para obtenerlo y mantenerlo.

“… mientras Sinaloa vive una crisis de inseguridad y de violencia, desde el poder protegen a Rubén Rocha Moya y a toda su camarilla, miembros de su partido, en lugar de exigirles rendir cuentas”, declaró Luis Donaldo desde la máxima tribuna de San Lázaro.

La queja de la presidente, “Nos quieren dividir”, llegó tarde, porque ese mismo día ya Luis Donaldo Colosio Riojas ponía en la mesa las evidencias de lo que ha ocurrido en este primer tercio del sexenio.

“Imperdonable que tengan en la cárcel, sin sentencia, a tanta gente, pero que cada vez que un señalamiento alcanza a una persona cercana al poder, inmediatamente salgan a justificar y defenderla, no desde un tribunal, sino desde la mismísima mañanera”.

El contraste de los números alegres del régimen se encontró ahí, esa misma mañana, en San Lázaro: la misma realidad que dibujó antes de morir Porfirio Muñoz Ledo, quien advirtió sobre los riesgos de pretender negociar con criminales.

“Imperdonable que, después de 8 años, con más poder que prácticamente cualquier gobierno en nuestra historia contemporánea, todavía pretendan que el país les tenga paciencia en lugar de darle resultados”, dijo Colosio.

A la luz de este discurso, Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, que fuera amigo cercanísimo de la familia y secretario particular, se atrevió a pontificar y decirle al hijo del mártir que “carece de la autoridad moral imprescindible para criticar eventuales deficiencias del gobierno de Claudia…”

Desde esta columna nos preguntamos: ¿Quién es él para hablar de autoridad moral? Se atreve a cuestionar la gestión de Colosio Riojas en Monterrey, cuando él mismo es una lástima pública por los niveles de inseguridad en Sonora, donde existe una empresa paraestatal, LitioMex, que no produce más que deuda.

Después de tantos años de silencio sobre el magnicidio de Colosio, Durazo hoy quiere asumirse como un padre putativo: “Tienes mucho que aprender y mucho más aún por madurar”, le dijo a Colosio Riojas, como si él mismo hubiera aprendido algo más allá que traicionar. Doblemente cobardes sus palabras.

El joven le respondió con altura: le sigue teniendo un “extraordinario cariño y afecto”, pero: “… de nuevo le insto a que le ponga toda la atención al proyecto de Sonora y no a mi persona. Que de mi futuro no se preocupe. De mi futuro me encargo yo”.

Sería bueno que Alfonso Durazo escuche y relea ese discurso del muchacho. Quizá pueda aprender algo del que alguna vez vio como hijo. Ojalá sienta vergüenza. Gobernador, usted nunca podrá estructurar un ideario de ese calado, que costó una vida, la destrucción de toda una familia y la inestabilidad del país.

En resumen, el régimen está mal y de malas. En su gira por Colima, Sheinbaum hizo acusaciones irreflexivas y llamó “PRIANISTAS” a menos de una decena de activistas que boicoteaban su evento con gritos y consignas. Para colmo, prometió reunirse con ellos al final de la concentración, pero faltó a su palabra y se fue.

Simplemente era un grupo de manifestantes con reclamos ambientales y territoriales, en contra de la ampliación del Puerto de Manzanillo y por la defensa de la Laguna de Cuyutlán. Pero la presidenta, en actitud amenazante, los acusó de ser infiltrados políticos. Signos preocupantes al inicio del año electoral.

Para rematar, la madrugada del domingo, al menos cuatro personas murieron y 20 resultaron lesionadas en un choque entre un tráiler y un autobús de pasajeros que regresaban de asistir a otro mitin, el de Nayarit, el que parecía el más exitoso porque acudieron más de 35 mil personas. Lo dicho: mal y de malas.