
José Bonfilio Cervantes Tavera, de la Liga Comunista 23 de Septiembre, fue un dirigente guerrillero y un intelectual revolucionario. Homenaje a un año de su fallecimiento.
Por Eduardo Esquivel Revilla
Bonfi y Rami, discípulos de Raúl
José Bonfilio Cervantes Tavera y Mario Ramírez Salas, como escribí en cierto artículo, “eran amigos desde la secundaria. Estudiaron en la secundaria adjunta a la Prepa 2 de la UNAM, en el primer cuadro de la Ciudad de México. Luego entraron a la prepa y, a continuación, directo a Economía de la UNAM, en Ciudad Universitaria, donde fueron discípulos de Raúl Ramos Zavala”. Mi fuente: Mario Ramírez Salas, Rami.
Con Raúl abrazaron la teoría marxista y la lucha armada contra el gobierno criminal de México.
Raúl murió por balas enemigas en 1972, ya alzado en armas. Bonfi y Rami ingresaron, como fundadores, a la Liga Comunista 23 de Septiembre. Era marzo de 1973.
Rami y el Doc llegaron a Acapulco
A esos dos amigos, Bonfi y Rami, se agregó Pedro Miguel Morón Chiclayo, peruano estudiante de Medicina en la UNAM, y después médico guerrillero.
Del mismo artículo propio, lo siguiente:
“Tiro por viaje, Pedro Miguel entraba en depresión. Quizá por las angustias del estudio, o la lejanía de la familia y el terruño; quizá por no haber encontrado el anhelado amor de su vida.
—¡Se agüitaba! —recuerda mi amigo Rami, que bien lo conocía.
Seguido le daban las depresiones y Rami lo detectaba al instante.
—Teníamos como diez meses de cuates, cuando le dije: ‘Vamos a Acapulco’. ¡No quería! —exclama Rami, mentalmente situado de pronto en aquellos días de estudiantiles vivencias.
Pero Rami insistió.
—Nos tendimos a conseguir una feria y nos lanzamos. Yo ya sabía a dónde íbamos a llegar, a la casa del Bonfi —recuerda Rami”.
Ese viaje terminó en noviazgo entre el Doc Pedro y la hermana de Bonfi.
Poco después, Bonfi y el Doc coincidieron en una reunión clandestina. Ellos se conocían como cuñados. Entonces, se conocieron como camaradas en armas.
En su momento, Rami, Doc, Bonfi y su hermana Blanca Estela, que era enfermera, militaron en la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Rami, como representante de la Liga, fue enviado, primero, a la sierra de Guerrero, con Lucio Cabañas Barrientos, y después, como dirigente, a la sierra de Oaxaca, a la Brigada Revolucionaria Emiliano Zapata (BREZ) de la Liga. “Antonio” era el responsable militar y Rami el responsable político.
En México se quedaron Bonfi, en la dirigencia de la Brigada Roja de la Liga, y en el equipo de sanidad, Blanca Estela y el Doc.
Además de sus labores de sanidad, el Doc y Blanca Estela organizaban, instruían y formaban a nuevos reclutas guerrilleros.
El doctor Pedro Miguel Morón Chiclayo dirigió a varios militantes en el Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Oriente, de la UNAM, conocido como CCH Oriente.
O sea, entre otras actividades, el Doc Pedro Miguel dirigió a los militantes de la Liga en CCH Oriente, y le auxiliaba Blanca Estela, quien a veces asistía a las reuniones.
Cuando el Doc fue capturado, el último día de noviembre de 1973, Bonfi apoyó a Blanca Estela en la atención orgánica en ese CCH.
CCH Oriente: ¿quiénes ingresaron a la Liga?
En el CCH Oriente, Rafael Ramos Eusebio, que vendía libros marxistas en un pasillo, llevó ante el Doc a mi amigo Guillermo Morales Mirón. Guillermo me llevó a mí; y yo a Francisco Edmundo Arellano Calderón.
Posteriormente, cuando el Doc consideró oportuno, nos reunió a los tres con él. Después invitamos a otros estudiantes: Irma Portos Pérez, Irasema Portos Pérez, Isaías, Efraín, Chuchito, Tiburcio, Venancio…
Admirábamos al Doc, ponderábamos su inteligencia y nos simpatizaba su manera de hablar. No sabíamos que era peruano, nos parecía del estado de Guerrero. Quizá algo había adoptado de Blanca Estela en cuanto al acento.
En el CCH Oriente teníamos, digamos, una base social de apoyo: nuestros condiscípulos y amigos, como Celia, Vicky, Elvia, Billy.
En los primeros días de diciembre de 1973, tras la captura del Doc, me convertí en militante de tiempo completo, acto seguido en revolucionario profesional.
Entonces, Blanca Estela, José Bonfilio y yo, fuimos los responsables de “atender”, o sea, de organizar a los camaradas del CCH Oriente y de otros lugares.
Quizá en abril de 1974, pasó a la clandestinidad “Mariana”, cuyo nombre real era Teresa Gutiérrez Hernández; ella ayudó en la referida “atención” a los nuevos reclutas, por ejemplo, cuando fue capturada, a mediados de 1974, se entrevistaba regularmente con Venancio, un excelente camarada, por lo cual temíamos que también hubiese sido capturado. Lo perdimos de vista.
Teresa Gutiérrez Hernández, del CCH Vallejo, fue reclutada por Juan Roberto Ramos Eusebio, según él me dijo muchos años después. Y había otros compañeros en ese plantel, pero carezco de información al respecto.
He ajustado la puntuación, corregido tildes y mejorado la estructura en algunas oraciones para mayor claridad.
Aquí tienes el fragmento corregido con mejoras en ortografía y puntuación:
Volviendo al CCH Oriente, después se incorporaron más compañeros; alguno de los mencionados invitaba a otro, por ejemplo, o bien se agregaban vecinos o parientes.
En mi caso, incorporé a varios. Eran "relaciones", o sea, simpatizantes o militantes de base, digamos: José, El Güero Miguel, Urbano, el vecino Juan, Mario de Lonchería, Esther de Moctezuma, María del Peñón, Juanito de Siberia. Hago una mención especial de José Figueroa, Alejandro Hernández y Salvador Mora. Tiempo después, en 1975, se incorporaron Marco Antonio Godínez Ruiz, Fernando Medina Tiempo, Julio Cienfuegos y Rodrigo.
Sucedió algo curioso: Rafael Ramos Eusebio inició nuestro contacto con el Doc y con la Liga, pero sólo una que otra vez lo volvimos a ver. Supongo que él seguía reclutando.
José Bonfilio tomó distancia
Conforme crecía el número de compañeros del CCH Oriente y otros contactos, y conforme a mí me asignaban tareas de mayor responsabilidad, Bonfi tomó cierta distancia respecto a los nuevos reclutas de dicho CCH.
Él asistía sólo a algunas reuniones y, por otra parte, él y yo nos reuníamos con más frecuencia.
Cierta vez fuimos a una práctica de tiro. Caminamos por los cerros durante acaso hora y media: íbamos Guillermo, Francisco Edmundo, Irma Portos y yo.
Nuestros instructores fueron Bonfi y José Luis Pacheco Aragón. Tiramos con pistolas de varios calibres: .22, .380 y creo que con 9 milímetros. Regresamos de noche a la Ciudad de México.
Bonfi: cuidadoso, bajo perfil
A pesar de no pasar inadvertido, por ser alto y de ojos verdes, trataba de asumir un bajo perfil: usaba vestimenta común, zapatos nada llamativos, y prefería barriadas, zonas aledañas a mercados populares. Muchas veces lo vi con guayabera, prenda que le acomodaba y, además, disimulaba muy bien la pistola, que por lo general portaba en la parte delantera derecha de la cintura. Era cuidadoso, precavido. Pero a veces, junto a él, habíamos sido indiscretos, finalmente inofensivos.
Cierto día quedamos de vernos en “Las Flautas”, una taquería frente al Mercado Romero Rubio. Mientras me despedía de mi mamá, Agustina Revilla Torres, llegó Bonfi, un poco anticipado.
—Mira, es nuestro principal dirigente en la Ciudad de México —dije orgulloso y con indiscreción. Mi madre lo observó en silencio. Me despedí, caminé hacia él y nos retiramos. No hubo consecuencias.
Una vez, Bonfi nos llevó a su casa, a Blanca Estela y a mí. Yo no sabía que eran hermanos. Fue una de las pocas veces que vi a su esposa, Vicky, a quien conocí con el nombre de Cristina.
Bonfi tenía una casa con cochera, cerrada a miradas extrañas. Al interior, un auto Dodge Coronet, verde olivo, tamaño grande: "full size car". A primera vista, era un auto aceptable pero medio viejo, o parecía viejo; para nada reluciente. Bonfi nos comentó que tenía motor nuevo, llantas nuevas y que nada le fallaba. O sea, era un auténtico auto de batalla, bien disimulado.
En su casa, Bonfi tenía un cajón de madera casi lleno de cartuchos para su pistola Colt .45, sin pavonar, con cachas de hueso amarillento, de buen impacto visual.
Tiempo después, a resultas de capturar una pistola enemiga por parte de David Jiménez Sarmiento, a Bonfi le cambiaron el arma. Dejó su Colt .45 y le dieron una Browning 9 milímetros, niquelada y con mira ajustable. Eso me lo dijo David Jiménez Sarmiento. Y David me relató cómo obtuvo esa arma, pero aquí no será referido ese detalle.
Frecuentemente veía a Bonfi; seguido desayunábamos en cafés de chinos por la Calzada de Tlalpan; también íbamos a marisquerías, preferíamos ostiones, debidamente acompañados con cerveza Carta Blanca. En alguna ocasión anduvimos deambulando por el Zócalo.
Indefectiblemente, al llegar a una cita, Bonfi obsequiaba una amplia y efusiva sonrisa, una sonrisa enorme enseñando la dentadura, gran sonrisa con marcadas "patas de gallo". Siempre tan alegre. Y ya en la charla, tan conocedor, tan riguroso en la teoría, tan claro en la explicación y en la argumentación.
Sólo una vez no me recibió con su habitual sonrisa: cuando me notificó la captura del Doc Pedro Miguel Morón Chiclayo, en la colonia Oriental, a una o dos calles del CCH Oriente, cuando casi subo al camión y él me detuvo. En ese momento iba en compañía de Irasema Portos Pérez; veníamos de las riquísimas “Aguas garapiñadas”, cuyo propietario, entrado en años, era villista de hueso colorado.
—Detuvieron a aquel —me dijo.
Y hablamos de lo que urgía.
Bonfi me regaló un ajedrez grande de madera, creo que era de él. También lo acompañé a comprar varios ejemplares del libro Rompiendo la noche, de Pianitsky; desde luego, me regaló un ejemplar, que llegó conmigo a Culiacán, Sinaloa, el 4 de septiembre de 1976.
En busca de Bonfi
Mario Ramírez, su gran amigo, y yo, su subordinado y admirador, conversábamos sobre Bonfi. ¿Vivirá? ¿Dónde estará?
En cierta ocasión, Rami andaba en una manifestación, creo que de electricistas, de la Tendencia Democrática. De pronto vio a Vicky, la esposa de Bonfi.
Ella hizo ademán de no hablar con Rami. Él entendió, pero la detuvo suavemente.
—Nomás una cosa, ¿está vivo? —preguntó Rami.
Ella asintió con la cabeza, sin decir palabra.
—¡Nomás eso quería saber! —dijo Rami, y se alejó de ella.
Obviamente, Bonfi continuaba atento al movimiento obrero.
Ese mismo día, Rami me contó sobre el casual encuentro. Y ambos, muy contentos, al menos sabíamos, a ciencia cierta, que Bonfi estaba vivo.
Bonfi, Rami: reencuentro en Coyoacán
Rami me avisó entusiasmado que habría una reunión con José Bonfilio Cervantes Tavera, Bonfi. Estábamos muy emocionados. Quizá era el año 2015.
Nos vimos en el centro de Coyoacán, en la Ciudad de México, y a unas dos calles de allí entramos a una casa grande, creo que para atención altruista y eventos colectivos.
Estaban colocadas varias mesas, de manera que formaban una sola mesa grande, con poco menos de tres metros por lado.
Asistimos: mi Jefe Chelís, José Luis Alonso Vargas; María de la Luz Aguilar Terrés, esposa de Chelís; Arturo Rivas Jiménez, primo de David Jiménez Sarmiento; Mario Ramírez Salas, Rami; y yo. No recuerdo si hubo alguien más.
Entonces llegaron Vicky y Bonfi. Creo que él traía bastón. Ambos pulcramente vestidos.
Platicamos un buen rato. Lo importante era el reencuentro.
Bonfi no estaba amnistiado. Obviamente, tenía otra identidad. Y no tenía ganas de tramitar la amnistía, como algunos queríamos.
Por cierto, fue hasta entonces que conocí a Arturo Rivas Jiménez, de quien tenía una referencia (cuando estuvo herido en casa del Doc), por quien preguntaba y nadie lo identificaba.
Platicamos sobre el último trayecto de Bonfi en la Liga, sobre nuestras experiencias recientes.
Nos despedimos con mucho afecto, confirmando que mantendríamos la comunicación.
Le perdonaron la vida
En los enconados debates internos, Bonfi defendió una posición de mayor aproximación orgánica al movimiento obrero y de disminución de acciones armadas.
Las discrepancias llegaron a tal punto que lo expulsaron de la organización. Pero, además, decidieron algo insólito: desarmarlo.
El arma personal y los libros, también personales, eran sagrados. O sea, iban pegados al militante, al revolucionario profesional. El arma era cosa de vida o muerte. Y los libros, cosa de vida diaria.
A Bonfi lo desarmaron. Supongo que se sintió desvalido.
Entonces comisionaron a dos camaradas para sacarlo, desarmado, de la casa donde estaban reunidos.
Desde luego, Bonfi supuso que quizá sería ejecutado.
Pero lo soltaron. Quizá pesó su trayectoria revolucionaria, su reconocimiento como teórico, su largo ejercicio como dirigente. El caso es que le perdonaron la vida.
Siguió su senda el 28 de junio de 2024
Tras una existencia dedicada a su familia, al estudio riguroso y disciplinado, a la lucha revolucionaria, a la camaradería en pos de un mundo mejor, al esfuerzo personal por el bien de la humanidad, el 28 de junio de 2024 dejó de latir su alegre y sensible corazón.
¿Cómo fue que recorrió un derrotero tan peligroso y no sufrió un rasguño?
No evadió los peligros, se protegió básicamente con su inteligencia.
No tiene importancia decir que fue valiente, pero lo fue. No tiene caso decir que fue honesto, pero lo fue.
Careció de lastimosos egoísmos. Seguro tuvo equivocaciones, pero siempre actuó de buena fe.
Arriesgó la vida por un ideal. Miró a la muerte de cerca, pero tuvo arrestos para seguir su camino. A lo largo de sus años, abrazó fuerte a la alegría y a la esperanza.
Ante las adversidades, prefirió fijar su mirada en el horizonte lejano y prometedor. Siempre vio los bellos colores del futuro, aunque tal vez resulten etéreos, inalcanzables.
En voz alta
Por el insigne Bonfi, alzo la voz desde Mazatlán:
¡Memoria a José Bonfilio Cervantes Tavera!