Jorge Octavio Ochoa Domingo, 02 de Agosto del 2026, 09:45
La regulación de las redes sociales podría convertirse en un mecanismo para inhibir la crítica y la circulación de información incómoda para el poder.
Por Jorge Octavio Ochoa
Hace ocho años, el entonces candidato ganador de las elecciones presidenciales del 2018, Andrés Manuel López Obrador, festinaba su ascenso mediático a contracorriente de la prensa oficialista, y celebraba su popularidad en medios alternativos con la frase: “Benditas redes sociales”.
Con una estrategia planeada, estructurada y perfectamente llevada a cabo, expandió su presencia a través de comentaristas prestigiados como Carmen Aristegui, Ricardo Rocha, Federico Arreola, Lorenzo Meyer e incluso el comediante Víctor Trujillo, caracterizado como Brozo.
Figuras del mundo del espectáculo también se rindieron al influjo del nuevo líder. Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacuba; Gael García Bernal, actor; Natalia Lafourcade, cantante; Susana Zabaleta, cantante y actriz; Demián Bichir, actor; Belinda, la actriz; León Larregui, vocalista de la banda Zoé.
El portal digital, El Sendero del Peje, experimentó un crecimiento exponencial y se convirtió en una agencia que destacaba las palabras del candidato del Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, que acudía presencialmente a todos los rincones del país. Hoy simplemente se le conoce como SDP. Ahí quedó.
En Twitter, Facebook y YouTube principalmente, se multiplicaban las imágenes y las crónicas de aquel hombre que hacía sus recorridos por tierra, y lograba concentraciones impresionantes. Multitudes espontáneas acudían a escuchar sus discursos como si se tratasen de sermones de predicador.
Luego quisieron crear nuevos periódicos, como Regeneración, fundado en 2010 por Jesús Ramírez Cuevas, quien posteriormente ejerció como vocero presidencial en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Después se convirtió en periódico feminista de Morena. No tuvo impacto en la opinión pública.
Era el romance, el crecimiento de un nuevo paradigma en la comunicación política, con los llamados “influencers” de las redes sociales, que permitieron una conexión directa con el electorado, sin depender exclusivamente de los medios tradicionales.
Desde entonces, la frase “Benditas redes sociales”, se volvió sinónimo de dominio, hasta que empezó el desencanto. Los fracasos de los “proyectos estelares” del régimen, el incremento de la violencia del crimen organizado y los escandalosos casos de corrupción fueron desajustando la balanza mediática.
Así, a finales de enero de 2024, empezaron a aparecer los hashtags: #NarcoPresidente y #NarcoPartido, que el régimen de la 4T interpretó como una campaña en redes sociales, para desprestigiar al presidente Andrés Manuel López Obrador y su entorno político. Luego se fueron contra la presidente Sheinbaum.
Al paso del tiempo, Morena y sus partidos satélites quedaron abajo en la rueda de la fortuna y ellos argumentaron que, por medio de “costosísimas granjas de Bots, incluso instaladas en otros países”, se reprodujo esa campaña multimillonaria que ha lastimado la imagen y credibilidad del partido en el poder.
Fue así como desde el pasado 28 de julio, inició el debate en torno a la propuesta de Claudia Sheinbaum para regular los derechos de las audiencias en radio y televisión. De bote pronto, la Asociación Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito del Poder Judicial de la Federación (JUFED) la criticó.
La propuesta Sheinbaum, busca establecer lineamientos y obligaciones para los concesionarios de televisión abierta, radio, servicios de televisión, programadoras y audio de paga. La regulación abarcará a la prensa escrita y, ¡OJO! También a las plataformas digitales, portales y redes sociales individuales o de grupo.
Es ahí donde centrará su embate de censura el régimen, bajo la política de avisos amenazantes a todos aquellos que repliquen, re difundan, repitan opiniones, noticias, imágenes, textos que no le sean gratos al régimen, que podría argumentar que aquello le afectó electoralmente.
Estamos ante una amenaza, porque el aparato de Morena y la 4T se levantará contra ciudadanos de carne y hueso, que temblarán ante sólo la posibilidad de demandas millonarias por repetir o seguir noticias no confirmadas o imprecisas. Así lo han hecho contra Carlos Loret, Latinus y Mexicanos Contra la Corrupción.
Aquí, las dos preguntas que surgen al calce son: Si van a regular el derecho de las audiencias ¿por qué no regulan de una vez la estrategia del régimen de reservar información oficial por 3 y 5 años cuando algo les es incómodo? ¿Van a regular las “Mañaneras”?
Viene al caso porque, información sobre el accidente del tren interoceánico, el Tren Maya, la mega farmacia, Dos Bocas, las auditorías internas a Pemex, compra de ventiladores clínicos durante la pandemia, es calificada como “mentiras de la derecha”, pero el gobierno federal reserva la información. ¡Que chulos!
En suma, lo cierto es que el régimen de la 4T está sumamente preocupado por la caída. Las pruebas inmediatas están en los requisitos que impusieron al nuevo partido, Somos México, al que el INE le prohibió usar ese nombre, usar el logo que tiene registrado ¡y el color rosa que lo caracteriza!
Para rematar el dato, apenas hace unos días, ese INE ordenó a Alejandro Moreno, líder del PRI, retirar todos sus mensajes en redes que se refirieran al #NarcoPresidente, #NarcoPresidentA, #NarcoPartido, #NarcoEstado y demás alusiones burlonas, luego de que ellos acuñaron el lema MAFIA DEL PODER.
El hecho es que Morena presiente que no alcanzará la mayoría absoluta que se fabricó artificialmente y podría tener un cierre de sexenio muy aciago, con otro partido dominando la Cámara de Diputados. No están dispuestos a aceptar que eso pase. De ahí su nerviosismo.