
Guadalupe Lizárraga Domingo, 15 de Abril del 2012
Rodolfo Soriano Nuñez*
Análisis
Las campañas ya están en pleno desarrollo y es posible identificar tendencias, no sólo de intención del voto, sino también de cómo se desarrollarán las campañas como tales.
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Creo que los candidatos han definido, unos voluntariamente, otros de manera involuntaria, por las circunstancias que les imponen o que dejan que les impongan el tipo de campaña que desarrollarán en los 75 días que quedan para convencer a los electores.
En lo que hace a Enrique Peña Nieto la situación es muy cómoda, demasiado cómoda para él. Tiene el 48 y hasta el 53 por ciento de las intenciones de voto, según la encuesta que se consulte. Prácticamente no tiene negativos; hay panistas que podrían cambiar su voto por él e incluso hay simpatizantes de López Obrador que lo consideran como una posible segunda opción para votar.
En el caso de Peña, me parece que el gran problema que enfrenta es el exceso de confianza de sus colaboradores y los abusos que pueden generar por ese exceso de confianza. Esta semana, por ejemplo, Peña estuvo el jueves en Oaxaca y ocurrió un lamentable episodio de violencia contra Jorge Luís Martínez, reportero gráfico de la prensa local.
Se trató de una acción totalmente innecesaria, que sólo le resta puntos a Peña y que confirma las preocupaciones que para algunos van asociadas con la posibilidad de que regrese el PRI a Los Pinos: el regreso al autoritarismo, al abuso y a la violación de derechos humanos como la libertad de expresión.
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Andrés Manuel López Obrador, mientras tanto, ha hecho un esfuerzo notable por cambiar la percepción que se tenía de él hace todavía un año y más allá de que logró avanzar dos puntos en la mayoría de las encuestas disponibles, creo que lo más importante es que redujo de manera notable el saldo negativo de opinión pública con el que entró a la contienda. Si hace un año tenía un saldo de opinión pública de menos 40 por ciento, ahora ha logrado reducir ese saldo negativo a sólo menos 8 por ciento, lo que le permitiría pensar, por una parte, en remontar la brevísima distancia que lo separa de Josefina Vázquez Mota y, por otra parte, atacar ya al líder de la contienda.
El problema aquí para López Obrador es que aunque él ha reducido de manera notable sus negativos, el PT se mantiene con un saldo de menos 27 por ciento y el PRD con menos 24 por ciento (ver la gráfica sobre opinión de partidos).
López Obrador ha dedicado buena parte de su esfuerzo a presentar sus propias propuestas y ha evitado caer en los errores de 2006. Especialmente, ha evitado incurrir en la tentación de meterse al callejón contra Peña Nieto o Josefina Vázquez Mota. Habrá que ver si en el transcurso de la próxima semana, que es importante pues se terminarán de integrar las listas de diputados locales y de candidatos a presidentes municipales y cabildos de las entidades en las que hay elecciones concurrentes, la izquierda logra la cohesión necesaria para presentarse como un equipo unido y evitar que las desavenencias en la designación de candidatos se convierta en un problema mayor para ellos.
Parte del problema para la izquierda será educar a sus electores sobre cómo deberán de votar. Por una parte, cómo deben votar para diputados y senadores, dado que las listas del PRD, el PT y el Movimiento Ciudadano no son iguales y, por otra parte, cómo deberán hacerlo para candidato a la presidencia de la República.
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Acá es importante recordar al público que el 1 de julio se nos dará una boleta en la que aparecerá el nombre de Josefina Vázquez Mota una vez; el de Gabriel Quadri una vez también; el nombre de Enrique Peña Nieto dos veces, una en el recuadro del PRI y otra en el recuadro del Verde Ecologista y el de López Obrador en tres recuadros, uno para el PRD, otro para el PT y otro más para el Movimiento Ciudadano.
Este problema es tan delicado que el Partido Verde Ecologista y la izquierda habían pedido al IFE que en los tiempos oficiales se informara a los ciudadanos cómo se debe votar en los casos de las coaliciones que encabezan Enrique Peña y Andrés Manuel López. El IFE negó esa posibilidad pues consideró que sería dar ventaja a los candidatos de las coaliciones por sobre los que son candidatos de un solo partido.
Habrá que ver qué ocurre en los conteos en cada una de las casillas, aunque la ventaja con la que se cuenta ya en la actualidad, a diferencia de lo que pasó en 2006, es que se podrán abrir los paquetes electorales y se podrá realizar un recuento de los votos en caso que fuera necesario hacerlo, lo que nos ahorrará las discusiones que tuvimos hace seis años.
Quien enfrenta la situación más difícil es Josefina Vázquez Mota. La semana inició con algunas expectativas positivas acerca de cambios en su equipo de campaña. Y efectivamente ocurrieron cambios que, sin embargo, lejos de beneficiarla terminaron por afectarla todavía más. El más notable cambio que, por cierto, no se consumó era el de la llegada de Juan Molinar Horcasitas al equipo de campaña de la candidata.
Se confirmaron, en cambio, las llegadas de Julio di Bella y de Irma Pía González Luna, personas que estuvieron algún tiempo en las oficinas de prensa de la Presidencia de la República, así como de Rafael Giménez, quien fue hasta el lunes el encuestador de la Presidencia de la República.
Todos los cambios, tanto los que se confirmaron como los que no cuajaron no resuelven el problema principal de Josefina Vázquez Mota, que no era de unidad interna del PAN sino fundamentalmente de qué tiene que hacer la señora Vázquez Mota con el legado del actual gobierno. Y lo más grave es que, en realidad, los problemas de unidad no se resolvieron, como lo demuestran las declaraciones de Vicente Fox acerca del posible triunfo de Enrique Peña, así como el hecho que Fernando Bribiesca, hijo de Marta Sahagún, sea candidato del PANAL de Elba Esther Gordillo.
Tristemente, para ella y su campaña, Vázquez Mota ha optado por abrazar con todas sus consecuencias el legado del calderonismo y, al hacerlo, tendrá que hacerle frente a facturas como las de la corrupción en la Comisión Federal de Electricidad, las dudas sobre la legalidad de muchas de las operaciones en la construcción de la Estela de Luz, la incapacidad del gobierno federal para actuar en el caso de la muerte de 49 niños en la Guardería ABC de Sonora, así como—sobre todo—el saldo, cada vez más pesado, de la guerra contra el narcotráfico que Felipe Calderón declaró el 6 de diciembre de 2006.
En este sentido, mientras que Peña todo lo que tiene que hacer es evitar cometer errores y, sobre todo, evitar que sus allegados cometan abusos como los ocurridos en Oaxaca y mientras López Obrador sólo tiene que mantener lo que ha hecho hasta ahora, en el caso de doña Josefina la situación es muy difícil pues tendrá que dar cuentas de lo que se hizo y lo que no se hizo este sexenio.
Baste recordar, además de los ejemplos que ya apunté, que Calderón se presentó hace seis años como “el presidente del empleo” pero que, a la vuelta de estos seis años, tenemos a 14 millones de personas en el subempleo y, de acuerdo con cifras de un estudio de la UNAM dado a conocer esta semana, a 8 millones de personas más en situación de desempleo.
Finalmente, la situación para el señor Quadri es francamente difícil. Hoy mismo, el presidente del CEN del PRI Pedro Joaquín Coldwell dijo que ellos todavía no descartan una «alianza de facto con el PANAL» de la señora Elba Esther Gordillo y por si eso no fuera suficiente, ayer, en su natal Sinaloa, el yerno de la señora Gordillo, el candidato a senador y exsubsecretario de Educación Pública con Calderón, Fernando González declaró públicamente en una entrevista con la radio local que su voto para presidente de la República sería para Enrique Peña Nieto.
Habrá que ver cómo continúan las campañas en estas próximas dos semanas que serán clave para definir cómo llegarán los candidatos al primer debate que se celebrará en el Centro Mundial de Comercio, el World Trade Center de la ciudad de México, el domingo seis de mayo.
* El autor es sociólogo y politólogo mexicano.
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