
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 06 de Julio del 2026
Como en cualquier crisis global, el progreso es desigual y depende de la voluntad de los políticos y las autoridades de cada país para ofrecer justicia a las víctimas.
La crisis persiste porque la rendición de cuentas y la aplicación de la ley son desiguales en cada país y porque la Iglesia Católica elude la transparencia.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Durante junio hubo una avalancha de noticias relacionadas con la crisis de abuso sexual del clero que merecen alguna consideración adicional más allá de los titulares de escándalo, propios de la prensa sensacionalista.
Esos titulares aún dominan los débiles reportes y debates que ocurren, en su mayor parte, en México y otros países de América Latina, como lo prueba la información relacionada con el arresto del sacerdote Nicolás Orbe en Acapulco, Guerrero, bajo cargos de violar a una menor de edad en noviembre de 2025.
En el lado opuesto de ese tipo de noticias están los informes detallados que emergen de la diócesis alemana de Essen, los cuales ayudan a explicar por qué la crisis persiste a pesar de décadas de exposición pública. Tres informes independientes recién publicados confirman lo que ya se sabía desde finales de 2011 sobre la mala gestión de los casos en Essen, en las arquidiócesis de Paderborn, Múnich, Colonia y en otros lugares del mundo de habla alemana.
Aunque los informes más recientes se ocupan principalmente del papel del ya fallecido cardenal Franz Hengsbach en el manejo sistemáticamente erróneo de los informes de abuso, también obligan a plantear preguntas sobre el papel de Joseph Ratzinger al permitir que la crisis en el mundo de habla alemana se convirtiera en lo que es ahora.
Ratzinger fue brevemente, en los setenta, arzobispo de Múnich, pero mantuvo su influencia allí y en otros países con poblaciones de hablantes del alemán durante su tiempo como prefecto de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe y luego como Benedicto XVI, en lo que se conoce en informes periodísticos y académicos en alemán como el “sistema Ratzinger”.
Los motivos de esperanza para los sobrevivientes provienen de San Francisco, California, donde a pesar de la renuencia del arzobispo Salvatore Cordileone a cumplir con las solicitudes de información sobre las asignaciones de los sacerdotes en la arquidiócesis bajo su cargo y sus diócesis sufragáneas, se alcanzó un masivo acuerdo de 395 millones de dólares para resolver las demandas de abuso sexual del clero.
Tal noticia surgió apenas unos días después de que el Partido Demócrata en California eligiera a Xavier Becerra como su candidato a gobernador. Becerra ganó notoriedad en California, México y otros lugares porque fue el fiscal general de California que construyó y ganó el caso que tiene a Naasón Joaquín García, el líder de la Iglesia de la Luz del Mundo, tras las rejas y a la espera de un juicio federal, relacionado—como el caso original de Becerra—con abuso sexual.
Lamentablemente, incluso en los Estados Unidos, los desarrollos son desiguales. Otros estados allí carecen de la capacidad de California, Nueva York o Texas para acelerar los procesos relacionados con las acusaciones de abuso sexual del clero, como lo demuestran las dificultades actuales en los muchos casos pendientes relacionados con abusos a gran escala en la arquidiócesis de Baltimore, Maryland.
Otro potencial desarrollo positivo podría ocurrir si los jueces polacos están de acuerdo con Janusz Szymik, quien ha construido un caso contra la arquidiócesis de Cracovia, donde fue víctima de abuso cuando era menor en los ochenta.
Szymik afirma que un sacerdote local lo violó “cientos de veces” y busca una indemnización de 20 millones de zlotys (4.7 millones de euros o 5.3 millones de dólares de Estados Unidos). El sacerdote identificado como Jan W. solía tener una asignación pastoral en Międzybrodzie Bialskie en el sur de Polonia.
Entonces, el pueblo formaba parte de la arquidiócesis de Cracovia. Cuando Juan Pablo II rediseñó el mapa de la Iglesia Católica en Europa, pasó a formar parte de la recién creada diócesis de Bielsko-Żywiec.
Hace unos meses, al ocuparse de otro caso, el texto enlazado antes de este párrafo revisó algunos de los dolorosos casos de abuso sexual del clero que emergen del país natal de Juan Pablo II. La principal diferencia en el caso de Szymik es que él fue víctima cuando Karol Wojtyla era el papa y, según todos los indicios, rechazó las acusaciones de abuso sexual del clero provenientes de Polonia como hacía con las acusaciones provenientes de México y el resto de América Latina, al presentarlas como ataques a la Iglesia Católica.
Más, dado que encabezó la sede de Cracovia desde 1964 y hasta 1978 cuando fue electo obispo de Roma. Como Ratzinger en Múnich, Juan Pablo II siguió siendo un actor clave en Cracovia y el resto de la Iglesia Católica polaca.
Los acontecimientos en Alemania y Polonia van mucho más allá de los casos como tales, y son percibidos como posibles atisbos de lo que tanto las autoridades civiles como la jerarquía católica estarán dispuestas a hacer en este tema.
Más aún cuando, aunque formalmente un actor principal en el juicio polaco en curso es el ya fallecido Franciszek Antoni Macharski, es imposible no preguntarse qué se sabía en Roma sobre los abusos de Jan W. en Polonia cuando Juan Pablo II era papa.
En América del Sur, los informes son más sombríos ya que el Poder Judicial argentino parece estar decidido a utilizar la peor solución posible para este tipo de casos: la prescripción como excusa para cesar todos los intentos de ofrecer una medida de justicia a los sobrevivientes.
Hace unas semanas, la serie consideró los esfuerzos de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina para obligar a su gobierno a evitar la prescripción. Como relató el texto enlazado después de este párrafo, su postura no se basa en caprichos o actitudes vengativas, sino en criterios judiciales establecidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos al abordar casos similares donde la prescripción surge como un problema mayor.
En ese sentido, el caso argentino que involucra al sacerdote Raúl Eduardo López Márquez en Catamarca es relevante para otros casos estancados en el Poder Judicial en Argentina y para casos desde México hasta Chile, donde los abogados de los acusados e incluso las autoridades han intentado usar la prescripción para proteger a sus clientes o de resolver “fácilmente” casos de abuso sexual del clero.
Más cuando está claro que en Argentina y otros países de América Latina una consecuencia de la ola de nuevos gobiernos de extrema derecha son sus intentos de desestimar las acusaciones de abuso sexual, de clérigos o de otro tipo, como reflejo de la manera en que entienden la sexualidad y los derechos reproductivos.
En conjunto, los desarrollos de junio en la crisis global de abuso sexual del clero demuestran la persistencia del problema y las dificultades de la Iglesia Católica y otras organizaciones religiosas para prevenir nuevos casos.
Lo que sigue es un resumen de algunos hechos de junio—con la excepción del viaje de León XIV a España, considerado en los textos que aparecen antes y después de este párrafo.
Encabezados mexicanos
Incluso si los detalles del caso de Orbe son escasos, fue arrestado en el seminario de la arquidiócesis de Acapulco el 20 de junio de 2026. No se sabe si tenía algún nombramiento oficial allí o si simplemente estaba allí cuando la policía lo arrestó.
Se sabe, sin embargo, que dejó la parroquia de San Miguel Arcángel de Coyuca de Benítez, a 27 kilómetros al norte de Acapulco, en abril de 2022. Hay fotos de su partida y de la festiva bienvenida al actual párroco Josué Arroyo Martínez, en la cuenta de Facebook de un medio local en Acapulco (disponible aquí) o después de este párrafo.
La parroquia de San Miguel Arcángel mantiene un perfil no oficial de Facebook disponible aquí donde sólo queda una foto relacionada con el periodo de Orbe como párroco, disponible aquí.
Es imposible evaluar si la ausencia de una memoria digital de su paso por ese lugar es resultado de su arresto y liberación tras pagar la fianza, pero quien trate de reconstruir la trayectoria profesional de Orbe como sacerdote tendrá poca ayuda de las redes sociales vinculadas a la arquidiócesis de Acapulco.
En el perfil de Facebook de la arquidiócesis, todavía es posible encontrar algunos rastros de la trayectoria de Orbe debido a publicaciones como la disponible aquí en esa red social o después de este párrafo como imagen, donde todavía la tarde del sábado 6 de julio de 2026 aparece como el rector del seminario, pero no hay fechas específicas de su gestión allí.
Al revisar los archivos del perfil de Facebook de la arquidiócesis es posible encontrar que después de dos años como “vicario”, en 2024, Orbe fue nombrado nuevamente como cura de la parroquia de San Luis Rey, pero no hay información sobre si fue removido de ese cargo. Se sabe que regresó a presidir servicios religiosos, al menos en los días inmediatos posteriores a su liberación, pero no fue posible encontrar una postura oficial de la arquidiócesis sobre su situación canónica.
Como suele ser el caso en México y otros países de América Latina, no hubo información clara sobre los motivos de su traslado y cuando los medios locales informaron sobre la llegada de Josué Arroyo Martínez, el actual párroco allí, los reportes sobre Orbe se limitaron a decir que fue nombrado “vicario”.
El problema es que ser nombrado vicario podría ser una promoción, si pasó a ser vicario en la curia arquidiocesana, pero también podría ser una degradación si pasó a asistir al cura de otra parroquia.
Cazar fantasmas
Cabe señalar que solo cinco publicaciones que llevan el nombre de Orbe sobreviven en el perfil de Facebook de la arquidiócesis. Intentar localizarlo a él o a cualquier otro sacerdote en esa jurisdicción católica es como intentar cazar fantasmas, lo que dificulta no solo que otras víctimas potenciales rastreen la carrera y el historial de Orbe sino que, en general, hace que sea casi imposible comprender cómo la Iglesia Católica intenta realmente abordar las raíces de la crisis de abuso sexual del clero.
A diferencia de las diócesis de Alemania, Francia, Estados Unidos o Canadá, donde los nombramientos sacerdotales, los directorios diocesanos, las oficinas de protección y los registros históricos están fácilmente disponibles en línea, cualquiera que intente reconstruir la trayectoria de Orbe en Acapulco debe depender de publicaciones dispersas de Facebook y medios locales.
Aunque no es una revelación, ya que esta serie ha seguido ese tema durante varios años, en el perfil de Facebook de la arquidiócesis fue imposible encontrar alguna publicación sobre una comisión para prevenir el abuso sexual del clero, tal como lo ordenó el papa Francisco allá por 2019. Acapulco no está sola en desobedecer la instrucción de establecer las comisiones, y en el sitio web de la Conferencia del Episcopado Mexicano no hay entrada alguna para una comisión en Acapulco.
Está claro que la prevención, incluso como la define vagamente Tutela Minorum en el Vaticano, difícilmente ha sido una prioridad para Leopoldo González González quien, a los 75 años, ya debería haber enviado su carta de renuncia a su cargo actual.
Para colmo de males, la arquidiócesis de Acapulco perdió la URL de su sitio web, ubicada desde 2006 hasta 2016 en arquidiocesisdeacapulco.org. Sólo hay un puñado de capturas de pantalla de ese sitio web en el Internet Archive, pero dado el uso de Flash y Java en su configuración original, es casi imposible acceder a contenidos en lo que queda de ese sitio web en el Internet Archive.
Al igual que muchas diócesis católicas latinoamericanas, los obispos mexicanos afirman que los sitios web son muy caros, e incluso si cuentan con recursos para otros proyectos, la ley no escrita para muchas diócesis es evitar la creación de sitios web funcionales similares a los del mundo de habla inglesa o francesa. Ello les permite evitar la rendición de cuentas, ya que sería posible averiguar en casos como el de Orbe al menos cuál fue su trayectoria profesional y rastrear si hubo incidentes de abuso en parroquias u obras donde hubiera prestado sus servicios antes..
Acapulco jugó un papel clave en al menos un caso de abuso sexual del clero en Izcalli, un municipio conurbado a la Ciudad de México donde un exseminarista de Acapulco fue readmitido y eventualmente se convirtió en diácono y sacerdote.
El camino que tomó Morseo Miramón Santiago—echado de Acapulco para encontrar refugio en Izcalli—fue narrado en el texto enlazado arriba. Un resumen de su caso formó parte del texto enlazado después de este párrafo que presenta siete casos arquetípicos de depredadores sexuales en contextos religiosos.
Ya entonces, esta serie enfatizó la falta de un mínimo de transparencia y rendición de cuentas por parte de las diócesis mexicanas y latinoamericanas. La falta de información es una característica definitoria en el caso de Orbe, pues se desconoce por qué dejó la parroquia de San Miguel Arcángel. ¿Sabía el arzobispo Leopoldo González de algún problema cuando removió a Orbe como párroco allí?
El asunto no es académico. Si estaba al tanto del comportamiento de Orbe ya desde entonces, sería necesario tener un registro completo de las asignaciones anteriores de Orbe como seminarista, diácono y sacerdote para intentar comprender qué sucedió y saber si atacó a otros en sus cargos previos.
Después de unos días en prisión preventiva, Orbe pudo pagar la fianza, para integrarse a uno de los debates más amargos sobre el desempeño del sistema de justicia mexicano: quién debe acceder a la fianza que, en el derecho penal mexicano, sigue criterios tortuosos.
A pesar de las sugerencias y resoluciones de la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que critican el diseño del sistema mexicano, es casi imposible para el ciudadano promedio, pero notablemente fluido para aquellos con los recursos, materiales o simbólicos, para lograr la fianza.
Para colmo, las cárceles mexicanas están desde hace muchos años sobrepobladas y son escenarios frecuentes de motines y protestas, más aún porque es “normal” que el sistema judicial mexicano encarcele a las personas acusadas durante años sin esperanza de poder defenderse en un juicio.
Reportes alemanes
Sería imposible profundizar en los recientes informes históricos independientes de la diócesis de Essen y de la arquidiócesis de Paderborn; baste decir que exponen cómo funcionaba la alta jerarquía bajo lo que la teóloga y filósofa alemana Doris Reisinger-Wagner ha identificado acertadamente como el “sistema Ratzinger”.
En el libro Nur die Wahrheit rettet (Sólo la verdad salva), Doris Reisinger-Wagner y Christoph Röhl desmantelan sistemáticamente el legado de Joseph Ratzinger, definiendo el Sistema Ratzinger como un marco ideológico deliberado que empeoró la crisis global de abuso sexual del clero católico.
Según Reisinger-Wagner, el mecanismo central de este sistema se basa en tres elementos interconectados: la sacralización del sacerdote; la anulación del “foro interno”, la conciencia de los fieles, y la sacralización del derecho canónico.
Ratzinger-Benedicto XVI veía al sacerdote no como un profesional o un ministro, sino como un ser humano transformado en su propio ser, el llamado cambio ontológico, que hacía del clero un grupo intocable incluso para sus propios superiores en la Iglesia Católica. Bajo esta lógica, un ataque a la reputación de un sacerdote es visto como un ataque sacrílego contra Cristo y la Iglesia Católica.
Del mismo modo, Reisinger-Wagner muestra, basada en su experiencia y en la de otros sobrevivientes, cómo la Iglesia Católica bajo Benedicto XVI instrumentalizó el abuso espiritual como precursor y escudo del abuso físico.
Al permitir la proliferación de “órdenes” y movimientos como Das Werk, del que ella formó parte y en el que fue víctima de un sacerdote, que ponen un enorme énfasis en la obediencia interior absoluta, es fácil encontrar víctimas cuyo fuero o foro interno (su conciencia) es incapaz de diferenciar entre la dirección espiritual, la confesión y el abuso.
Una discusión más amplia del trabajo de Reisinger-Wagner y las características del sistema Ratzinger está disponible en el texto enlazado después de este párrafo en la sección “Alemania: La punta del iceberg”.
Ratzinger-Benedicto XVI hizo todo lo posible para respaldar “órdenes” y movimientos cuyos superiores utilizaban la devoción espiritual y el voto de obediencia de sus miembros para facilitar el encubrimiento del abuso, sexual o de otro tipo, bajo el disfraz de una “sagrada humildad/sagrada obediencia”, mientras que presentaban la denuncia secular como una traición a Dios y una traición hacia la Iglesia Católica, como reflejo de un enfoque que prioriza la reputación de esa iglesia sobre la curación de los sobrevivientes.
Lo que demuestran los informes que emergen de Essen, Paderborn y otras diócesis alemanas es, como mostró Reisinger, que Ratzinger no fue un “pionero” de la prevención. Ella argumenta que esta centralización “nunca tuvo como objetivo proteger a las víctimas”.
Él estaba preocupado principalmente por alejar los casos volátiles y escandalosos de los sistemas judiciales civiles locales y de los procedimientos estándar y descentralizados del derecho canónico. Al reservar estrictamente estos crímenes a Roma bajo el secreto pontificio, Ratzinger creó efectivamente un agujero negro legal. Esto le dio a la Santa Sede el control absoluto sobre la gestión de la información, priorizando nociones de “sanación” canónica muy alejadas de la justicia real y ocupadas principalmente de los detalles de la disciplina administrativa laberíntica de los sacerdotes depredadores, mientras evitaba sistemáticamente la transparencia.
Reciclar depredadores
En lo que respecta al papel de Franz Hengsbach, el estudio independiente de la Universidad de Paderborn documenta explícitamente una "espiral de encubrimiento" generalizada que abarcó décadas. Cuando un sacerdote mostraba "remordimiento" ante un superior, esto se trataba como una señal de conformidad y obediencia futura, abriendo la puerta al reciclaje de sacerdotes depredadores en la vida parroquial, hospitales o residencias de ancianos, a menudo a pesar de condenas penales seculares.
Cuando eso no era posible en Alemania, las otras dos naciones europeas con grandes poblaciones de habla alemana (Austria y Suiza) eran una opción, y si el sacerdote depredador dominaba de algún modo el español, el portugués o cualquier otro idioma útil en el Sur Global, siempre existía la posibilidad de trasladarlo a diócesis extranjeras, bajo el disfraz de los programas de desarrollo alemanes en el exterior.
La sección titulada “Sacerdotes alemanes depredadores” en el texto enlazado antes de este párrafo revisa uno de esos casos en los que los obispos alemanes estuvieron dispuestos a enviar clero depredador a América Latina en formas casi copiadas al pie de la letra de lo que surge en estos días sobre el abuso a gran escala de menores de las Primeras Naciones en Bolivia a manos de jesuitas españoles.
Al igual que Ratzinger, Hengsbach apostó fuerte por priorizar la reputación de la Iglesia por sobre la salud de las víctimas. Y esa actitud seguía siendo la política bajo el actual obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck, quien hizo todo lo posible por proteger el legado de Hengsbach cuando las acusaciones surgieron por primera vez internamente en 2011, todavía bajo el papado de Benedicto XVI.
El propio Overbeck, al igual que otros obispos alemanes actuales, ha aceptado cómo priorizó la reputación de un dignatario eclesiástico por sobre la seguridad y el cuidado de las víctimas, provocando un fallo sistemático.
Como ha sido el caso en los Estados Unidos con el Reporte del John Jay College y más tarde en Francia con el Reporte Sauvé, los datos recopilados en Alemania representan únicamente “instantáneas” o lo que los académicos alemanes llaman el campo “claro”, es decir, el ámbito conocido del abuso.
En casos como el de la arquidiócesis de Paderborn, hay un total de 210 clérigos acusados y 489 víctimas identificadas. Por muy masivas que sean esas cifras, los datos que emergen de las diócesis alemanas enfatizan que existe un “campo oscuro” o una “cifra oscura” de casos suprimidos aún mayor y casi imposible de cuantificar, que permanecen ocultos debido a décadas de ocultamiento administrativo activo por parte de la Iglesia Católica y a la falta de voluntad de los políticos y funcionarios públicos alemanes para enfrentar a una entidad percibida como una aliada de las viejas batallas de la Guerra Fría.
No debería sorprender que una consecuencia importante de las revelaciones que emergen del comportamiento de Hengsbach y de otros obispos alemanes coincida con un profundo colapso de la confianza pública e institucional en la Iglesia Católica y en aquellos percibidos en la sociedad alemana como sus aliados.
Este colapso es aún peor si se toman en consideración los efectos devastadores de decisiones recientes de Roma, como la de prohibir la participación de laicos como predicadores en los servicios religiosos católicos, o los frecuentes ataques que el Synodale Weg o Camino Sinodal alemán recibe desde los grupos más radicales de la extrema derecha católica de Estados Unidos.
Los documentos relativos a la manera en que el obispado de Essen encubrió abusos y los detalles de las fallas institutionales están disponibles aquí, aunque sólo en alemán.
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Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.
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Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.