
Las empresas de seguridad en Honduras han ganado terreno sobre la policía del Estado.
Las prisiones del estado, una tarea pendiente de Honduras.
Por Itsmania Platero
Antonio Gramsci… El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.
Un día alguien dijo: “Inglaterra es una tierra. Francia es un pueblo, América es una idea”, pero la lucha por salir de la oscuridad es perpetua, incluso dentro de los mismos Estados Unidos.
Yo sólo ocupo definir cuál es entonces el sueño americano, en medio del dolor y la tortura, es como el laberinto de Xibalbá y sus puertas que personifican el miedo provocado por los antivalores; al final del camino el que logra vencer el miedo encuentra la luz, éste es el regalo esperado, el rayo del sol, la luz que te da seguridad después de los tormentos del peligro y la imagen falsa de un dólar americano.
La depuración de la policía hondureña en medio de un ambiente de violencia provocó que las empresas de seguridad privada ganen terreno en el país. Es muy común ver la nación custodiada, desde los barrios más pobres hasta las colonias de los ricos se aprecian casas blindadas con láminas, serpentinas, alambres de púas, portones de metal que cierran las entradas, trancas de seguridad y junto a ellas se apostan con su rostro quemado por el inclemente sol, "un mal pagado guarda de seguridad".
El asunto es que desestimar la policía estatal provocó que estas empresas proliferaran en absoluto desorden, además de ser empleados en su mayoría mal pagados trabajando de sol a sol.
Pensar en salir de Honduras no es más que un escape, una puerta nueva que se abre y te enseña una aparente libertad. Un sueño de libertad interior en medio de una economía acelerada te llena de deseos y te succiona, es el juego de la verdad y lo ilógico, es la razón por la cual arriesgas todo en la vida, saber que dejas todo y no volverás pero es también la razón por la cual luchaste.
Aunque la ley obliga a la Secretaría de Seguridad a que las agencias de seguridad privada tengan autorización, control, vigilancia y el funcionamiento de estas, parecen haberse convertido en algo parecido a un "ejército privado”.
En Honduras se estima que operan alrededor de 738 agencias de seguridad, con más de 28,464 armas registradas y con un promedio de casi 100 mil guardias que superan en número a la policía y al ejército; pero la unidad policial no tiene un registro exacto, pues algunas operan clandestinamente y sin control de armas.
Sobre el uso de armas, ha sido establecido que el armamento necesario para la agencia de seguridad depende del número de personal que tenga, dentro de una proporción de 1:1, sin embargo, no hay ningún tipo de control que determine la cantidad de armas que mantienen, menos aún las que circulan de forma ilegal.
Después de esto, al fin el secreto del sueño americano no es más que la dignidad que se logra a través del trabajo individual que te genera progreso. Es el teatro que resulta de una preocupación por socializar el conocimiento y el éxito.
El sueño americano es el esfuerzo del hombre, de sus mujeres y sus hijos remunerado con dignidad, sin importar qué trabajo realices, es el deseo justo de luchar y obtener un premio producto del sudor y no de dádivas.
«La Constitución de la República de Honduras, en su artículo 328 dice que: El Sistema Económico de Honduras se fundamenta en principios de eficiencia en la producción y justicia social en la distribución de la riqueza y el ingreso nacional, así como en la coexistencia armónica de los factores de la producción que hagan posible la dignificación del trabajo como fuente principal de la riqueza y como medio de realización de la persona humana». Esto fue escrito por soñadores…
Alfredo, que guarda prisión por más de 20 años, dice: el hombre –no importa quién sea– debe instruirse, porque sobrevivir con el alto índice de corrupción que personifica a Honduras tiene que desarrollar la necesidad de usar toda la inteligencia. Además de mantener el entusiasmo y estar organizados, porque es muy importante que nos creamos fuertes.
Así es la vida en las prisiones, el delincuente genera dinero para el Estado, las iglesias y organizaciones que se formaron para hacer el bien. Afuera, en las calles, estas mismas organizaciones se lucran de aquellos que cometen delitos; es lo mismo, como dar vueltas y vueltas en el mismo punto donde duerme el corazón del sistema depredador que nos consume.
«Entre la estructura económica y el Estado con su legislación y su coerción está la sociedad civil, y ésta debe ser radicalmente transformadora. El Estado es el instrumento para adecuar la sociedad civil a la estructura económica, pero es preciso que el Estado "quiera" hacerlo, que quienes le guíen sean los representantes del cambio producido en la estructura económica.»
Según "Ramón", es razonable que "los delincuentes" seamos seres atrapados, viviendo en un lugar oscuro del universo, con espíritus y almas atrapadas, sin acceso a la comida, sin saber qué es lo esencial.
Al final del tormento, todos hicimos el intento de cruzar la frontera, tuvimos sueños y muchos terminamos presos. Esto no significa que los barrotes sean prisiones, solo me refiero al deseo insaciable que nunca te libera.
«Hace mucho tiempo dejamos de ser lo que éramos, y solo avanzamos, caminando hasta donde las fuerzas lo permitan. Pero el sistema no entiende, no perdona, no da oportunidades, no escatima. El sistema no cree en el cambio pero para eso existe, lamentablemente. El sistema nos hunde y nos sentencia».
Pareciera que cruzar la frontera es magia que te posee, cientos de veces me he preguntado por qué muchos vienen de cualquier país del mundo dejándolo todo por encontrar esa paz aparente que te libera, no importa cuál sea el precio.
Al final, los que logramos llegar vivimos esclavos de los horarios de trabajo, huyendo de las autoridades migratorias, durmiendo con incomodidades, sometidos a leyes drásticas y efectivas, también observando abusos, llenos de deudas y préstamos, como si nuestra satisfacción radicara en seguir siendo presos. Pero somos felices y "nos sentimos seguros". Ese es el sueño hecho realidad.
«El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos… Miguel de Cervantes».