López Obrador se niega a dialogar sobre la reforma judicial

Los Ángeles Press

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Según López Obrador ya no es posible romper la integración económica entre Estados Unidos y México; nada racional puede llevar a una ruptura.

Sin embargo, López Obrador insiste en negar las condiciones que impone esa integración económica y que él mismo aceptó cuando firmó con Trump y Trudeau el TMEC.

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A cinco semanas de que concluya su gobierno, Andrés Manuel López Obrador redobló sus ataques y reproches a quienes, desde distintos frentes, se oponen a su manera de reformar el Poder Judicial de la Federación.

Lejos de tender algún puente que pudiera contribuir a encontrar una solución que evite lo que parece ser un inevitable conflicto entre los poderes Ejecutivo y Legislativo contra el Poder Judicial, López Obrador usó su tribuna en Palacio Nacional este lunes 26 de agosto para reiterar muchas de las ideas que le han acompañado en los últimos seis años.

Lo hizo al tiempo que insistía en llamar a Tomás Zerón, antiguo funcionario y figura clave de los gabinetes de seguridad de los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón Hinojosa, de “entregarse” para aclarar lo ocurrido en Iguala hace ya casi diez años con los alumnos de la normal rural de Ayotzinapa.

Dado que López Obrador viene haciendo este llamado a Zerón desde hace casi ya seis años, se antoja difícil que el exfuncionario de las áreas de seguridad del Estado pudiera tener una súbita conversión que le llevara a, efectivamente, entregarse, pero las actividades en Palacio Nacional difícilmente podrían ser vistas como ejercicio de hechura de políticas públicas.

Son, en todo caso, ejemplos de la manera en que las élites de la política en México administran, según sus necesidades y prioridades los problemas que se les presentan.

Y eso fue lo que vimos una vez más hoy. López Obrador asumió esa actitud para desentenderse de los llamados que recientemente han hecho los gobiernos de Estados Unidos y Canadá respecto de la reforma del Poder Judicial, que apenas hoy fueron ampliados por la Organización de Naciones Unidas que, una vez más, expresó su preocupación con la manera en que actúa en ese tema el gobierno de México.

 

 

No es, por cierto, se crea que todo está bien en el Poder Judicial en México. Es que quienes critican la propuesta presidencial advierten el riesgo de que no exista contrapeso alguno a un gobierno dominado por un solo partido que, además, no logró resolver, por ejemplo, el problema de la violencia que ciertamente heredó de gobiernos previos, pero que no ha mostrado mejora alguna.

Lejos de ello, el actual gobierno cerrará con más homicidios que sus dos predecesores y hay estados como Chiapas y Tabasco que viven olas de violencia sin precedentes.

En Los Ángeles Press llevamos varios días de publicar información acerca del alcance de la violencia en Chiapas, sin que sea evidente alguna mejora en el número de personas que mueren ahí.

 

 

La violencia es tal que el cardenal de Huehuetenango, Guatemala, Álvaro Ramazzini, pronunció desde Panamá, un inusual llamado a que cese la violencia en Chiapas en el que destacaba la manera en que el gobierno de México había perdido el control de la frontera.

 

 

Y no es que Ramazzini exagere, como se puede ver en la gráfica tomada de TResearch International de México, que aparece después de este párrafo, Chiapas y Tabasco, las dos entidades más cercanas al corazón del presidente, donde vive la mayoría de sus familiares más inmediatos, viven una ola de violencia sin precedentes.

López Obrador plantea el problema de su reforma del Judicial como si fuera sólo un problema de soberanía, sin reconocer o recordar que cuando firmó el Tratado México-Estados Unidos-Canadá con “su amigo” Donald Trump y Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, cedió soberanía.

Como ya ocurría con el Tratado de Libre Comercio, el TMEC implica que las leyes de México deben armonizarse con las de Estados Unidos y Canadá. Ese es el precio que México debe pagar por tener acceso al mercado más grande y próspero a escala global.

López Obrador parecía ser consciente de ello cuando celebraba todo lo que hacía Trump, incluidas las amenazas de imponer brutales aranceles a las importaciones de bienes o servicios procedentes de México.

Según López Obrador, “es tan importante la integración económica entre nuestros países que ya no es posible romperla; no hay nada racional que pueda llevar a una ruptura”.

Y sin embargo, cada una de sus cargas contra los enemigos que él mismo construye en el Salón Tesorería de Palacio Nacional le recuerdan que la integración económica implica la necesidad de una mayor transparencia de parte de los involucrados en esa integración.

Hoy mismo, mientras López Obrador insistía en desestimar cualquier crítica a su reforma del Judicial, el peso volvía a perder terreno frente al dólar de Estados Unidos como se puede ver en la gráfica que, tomada de Yahoo Finance, aparece después de este párrafo.

Gráfica tomada de Yahoo Finance.

Los mercados de futuros del peso mexicano han tomado nota también de la situación y ello tendrá consecuencias para un país que hace mucho que no produce todos los alimentos que consume, por lo que tenemos que comprar, en dólares, esos alimentos que no producimos.

Por ahí de las nueve de la mañana, López Obrador evitó volver a confrontarse con Ken Salazar, el embajador de Estados Unidos en México, pero también dejó en claro que no dialogará con él sobre los alcances de la reforma.

Al inicio de la actividad, por ahí de las ocho de la mañana, López Obrador había insistido en su estrategia de bañar con elogios a quien él mismo llamó “Claudia Carlota” en alusión, sería de suponerse a Carlota de Bélgica, la esposa de Maximiliano de Habsburgo.

Qué hay detrás de esa alusión es, como suele ser el caso con López Obrador, uno de esos buscapiés con los que busca distraer y confundir a adversarios siempre dispuestos a hacerle el juego.

Captura de pantalla de la transmisión del 26 de agosto de 2024.