
AMLO comparó una vez más a Zambada y Cienfuegos al dar cuenta de las diferencias entre los gobiernos de México y Estados Unidos.
Aunque AMLO dijo cooperar con el gobierno de Biden luego del arresto de Zambada, insiste en presentar al consumo de fentanilo como un problema ajeno a México.
Los Ángeles Press
Aunque la actividad en Palacio Nacional de este lunes 29 de julio parecía encaminarse, una vez más, a cumplir con el objetivo del gobierno de elogiar sus propias obras, algunas preguntas de los asistentes en el Salón Tesorería sirvieron para revelar qué tan distante es la relación entre los gobiernos de México y Estados Unidos.
No es que Andrés Manuel López Obrador haya denostado a Joe Biden o que, haya insistido en que Donald Trump es su amigo. Fue, más bien, el reconocimiento de que, por una parte, no hubo comunicación entre ambos gobiernos en el contexto del viaje de Joaquín Guzmán hijo e Ismael Zambada del occidente de México al aeropuerto de Santa Teresa, Nuevo México.
Y se tiene que decir que fue de algún punto del occidente de México, porque en las últimas horas incluso se ha puesto en duda la primera versión que ubicó al Aeropuerto Internacional de Hermosillo, Sonora, como el punto de salida del vuelo que llevó a las dos figuras de una de las organizaciones criminales más violentas del mundo a Santa Teresa, Nuevo México, como lo demuestra el hecho que la propia secretaria de Seguridad del gobierno federal, Rosa Icela Rodríguez, haya declinado confirmar ese dato que ella misma ofreció la semana pasada acerca de este asunto, como se informó en su momento en estos espacios.
En ese sentido, las contradicciones de las que se daba cuenta en la nota enlazada arriba de este párrafo, lejos de resolverse, se han hecho más evidentes este último lunes de julio.
También evidenció que, aunque López Obrador coopera y colabora, él insiste en que, por encima de cualquier otra cosa, el gobierno de Estados Unidos debería protegerlo a él y al Ejército de México y, en ese sentido, volvió a reprochar el que ProPublica y The New York Times, entre otros medios, publiquen textos que cuestionan su manera de proceder.
Lamentablemente, el propio López Obrador hizo más evidente hoy la necesidad de cuestionar su manera de proceder pues, lejos de reconocer lo importante que es el así llamado "debido proceso" para que los juicios prosperen tanto en México como en cualquier lugar del mundo, López Obrador evidenció algo de la manera en que ha tomado decisiones en los últimos ya casi seis años cuando se trata de cumplir con ese "debido proceso" como se puede ver en el vídeo que aparece inmediatamente después de este párrafo.
Fragmento de la actividad en Palacio Nacional el 29 de julio de 2024.
En otro momento de las críticas que adelantó López Obrador este lunes respecto de lo ocurrido con Zambada y Guzmán en Santa Teresa, Nuevo México, se evidenciaron qué tan similares son las conductas de altos mandos del Ejército mexicano y de los más elevados líderes de las organizaciones criminales del país.
Aunque López Obrador insistió, cuando ya faltaba poco para las diez de la mañana, en la idea de defender al Ejército contra viento y marea, su defensa, centrada en la comparación entre los arrestos de Ismael Zambada y de Salvador Cienfuegos demuestra, más bien, lo contrario.
Demuestra que en la Casa Blanca, sea con gobiernos republicanos o demócratas, hay una percepción en los mandos de las instituciones de procuración de justicia de Estados Unidos de que no se puede confiar en México y por ello se toman decisiones como la de arrestar como se hizo a Salvador Cienfuegos, en el aeropuerto de Los Ángeles, cuando se disponía a viajar de regreso a México.
Por eso también es que, como lo evidenciaron las dos intervenciones que tuvo la secretaria Rodríguez, el gobierno de México sabe poco o nada acerca de la manera en que Ismael Zambada cruzó en un vuelo privado la frontera entre México y Estados Unidos.
De hecho, la primera intervención de Rodríguez fue para dar lectura a un comunicado del gobierno de Estados Unidos donde deja en claro que no hubo algún operativo en México para sacar de alguna de sus muchas propiedades a Zambada.
La segunda intervención de Rodríguez se podría resumir, en cambio, en que quien conduce la investigación de lo que ocurrió con Zambada y de cómo es que apareció en Santa Teresa, Nuevo México, es la Fiscalía General de la República y no la Secretaría de Seguridad del gobierno federal.
Fue en ese momento en que incluso la idea de que Zambada y Guzmán hubieran salido del aeropuerto de Hermosillo, Sonora, quedó en suspenso.
López Obrador secundó eso al dejar en claro que las fuerzas armadas de México tampoco intervinieron en lo que sea que haya ocurrido que culminó con el arresto de Ismael Zambada y Joaquín Guzmán, como se puede ver en el vídeo que aparece después de este párrafo.
Fragmento de la actividad en Palacio Nacional el 29 de julio de 2024.
Al final de este segundo vídeo se puede ver también dónde se encuentra otra de las más profundas diferencias en el enfoque que tiene López Obrador y su gobierno del problema del narcotráfico respecto de sus contrapartes en Estados Unidos.
López Obrador se aferra a la idea de que el problema del consumo del fentanilo y de otras drogas es de Estados Unidos y no de México, como si no hubiera evidencia ya de los efectos del consumo de fentanilo y otras drogas similares en ciudades mexicanas como Tijuana, Mexicali e incluso en el Bajío mexicano, como lo hacen ver académicos de El Colegio de la Frontera Norte en la nota que aparece después de este párrafo.
En esa misma lógica de las diferencias entre los gobiernos de México y Estados Unidos, López Obrador, insistió en que su gobierno ha tratado de resolver el problema de la violencia yendo, según él, a las raíces de ese problema.
No ofreció mayores detalles, pero lo ha hecho antes cuando ha defendido los llamados “programas sociales” de su gobierno, así como el lema de campaña con el que convenció a algunas personas hartas de la violencia generada por las políticas de sus predecesores de votar por él en 2018.
Si es así, no hay evidencia de ello, pues según las más recientes cifras de homicidios, López Obrador está a punto de establecer una nueva marca con 194 mil homicidios en los 68 meses de su gestión, 91 mil más que Felipe Calderón Hinojosa y 62 mil más que Enrique Peña Nieto, como se puede ver en la gráfica que aparece después de este párrafo, elaborada por TResearch International de México.
Como sea, fiel a su estilo, López Obrador insistió en presentarse como superior a Calderón Hinojosa y, de manera más general, “a los conservadores” a quienes volvió a adornar con los adjetivos con los que suele referirse a ellos.