
Sheinbaum se limitó a decir que la ayuda está disponible si el gobierno de De la Espriella desea recibirla.
Sheinbaum llamó a que quienes aun no registran su línea de celular lo hagan pronto. No es claro si efectivamente se cancelarán las líneas a quienes incumplan.
Los Ángeles Press
La actividad de este jueves 13 de agosto regresó al ritmo con el que tanto Andrés Manuel López Obrador como Claudia Sheinbaum han impuesto el actual modelo de comunicación del gobierno federal.
Luego de que ayer Sheinbaum eludiera incluso preguntas que no celebraran a los atletas que la acompañaron en Palacio Nacional, hoy las cosas regresaron a la normalidad conocida: “preguntas” precedidas por comentarios tan elogiosos hacia la titular de la Presidencia que ponen en duda la autonomía de quienes las formulan, como si el objetivo fuera no incomodarla; y respuestas en las que, invariablemente, el gobierno en turno se presenta como víctima de conspiraciones vastas, globales, dignas de una novela de la Guerra Fría.
Y como el modelo de comunicación basado en presentarse como víctima de algo o de alguien no es exclusivo de México, la actividad de este jueves en Palacio Nacional le dio a Sheinbaum la oportunidad perfecta para insistir en esa narrativa.
Ayer miércoles, un poco después de las siete de la mañana salió de México el primer avión militar con ayuda para el pueblo de Colombia. Aunque el avión y otros que salieron más tarde se recibieron sin contratiempo, la mañana y mediodía de ayer se convirtió en el escenario propicio para una comedia de equívocos que podría ser divertida si no involucrara a dos gobiernos de América Latina y en medio estuviera el pueblo de Colombia, agobiado por los efectos del terremoto de más de 7 grados que golpeó la costa del Pacífico de ese país.
En Ciudad de México, todo parecía ir bien hasta poco antes de las once del día cuando se empezó a filtrar información en el sentido de que el gobierno de Abelardo de la Espriella, el recién instalado presidente de Colombia, había rechazado la ayuda.
Poco después se “aclaró” que no era la ayuda, que sólo era el envío de rescatistas. Minutos después se dijo en Bogotá que sí se aceptaba la ayuda y los rescatistas, pero que debían contar con certificaciones internacionales que, por ejemplo, no les solicitaron a los grupos mexicanos que fueron a Caracas recientemente a prestar una ayuda similar luego del terremoto que golpeó a la capital de Venezuela.
Todavía hoy, tanto en Palacio Nacional en la Ciudad de México como en el Palacio de Nariño en Bogotá sigue sin quedar claro del todo cuál es la posición del gobierno de De la Espriella que, a pesar del rechazo a los rescatistas mexicanos, se tropezó para aceptar de inmediato a los contingentes que el gobierno de Israel anunció que enviaría.
La situación, dada la pésima reputación que ha construido para su país el gobierno de Benjamin Nethanyahu se convirtió en el combustible que alimenta tanto críticas sensatas y de buena fe a los excesos de Israel en Líbano y la Franja de Gaza, como también del viejo antisemitismo que Nethanyahu y sus aliados en otros países alimentan tanto como pueden.
Si algo quedó claro en Palacio Nacional es que la ayuda para Colombia está lista. Sheinbaum no negó la posibilidad de conversar con De La Espriella pero estuvo lejos de mostrar algún interés en hacerlo.
Atrapados en las narrativas que sus partidos y movimientos han construido en sus respectivos países, resulta difícil imaginar un diálogo sincero entre personajes que han dado suficientes muestras de repudiarse mutuamente. Ese antagonismo alimenta, de un lado, la narrativa de una conspiración de la izquierda global que De la Espriella promueve con el respaldo de Marco Rubio desde el Departamento de Estado de Estados Unidos y, del otro, la idea de una conspiración igual o más peligrosa de “los neoliberales”, sostenida por el gobierno de México y sus aliados.
Sheinbaum aceptó la posibilidad de platicar con De la Espriella pero se limitó a decir que la ayuda está lista, a disposición del gobierno de Colombia, sin que sea posible imaginar que podría ocurrir en una situación como esta, más allá de la realidad concreta que podría haber víctimas del terremoto que podrían beneficiarse de la experiencia de los rescatistas mexicanos que, en cambio, deberán esperar a que sean los rescatistas israelíes los que los ayuden.
Narrativas
El problema más grave, desde luego, es que esta narrativa de victimización está por todas partes. Hoy mismo, algunos medios de la Ciudad de México, publican fragmentos de una carta que Hernán Bermúdez Requena envió para presentarse a sí mismo como víctima de una venganza política.
El que fuera secretario de Seguridad durante la gubernatura en Tabasco de Adán Augusto López debe estar muy desesperado para recurrir a una táctica así cuando hay abundante evidencia de los excesos que él mismo cometió para impulsar un “modelo de seguridad” que sumió a Tabasco en una de sus peores crisis de violencia desde que hay registro histórico en México.
En la carta, Bermúdez Requena rechaza los cargos que se le imputan que, en todo caso, ni siquiera consideran su papel, del todo desastroso en la epidemia del gusano barrenador que ha reventado las cadenas de producción de ganado en pie en México.
Fiel al guión heredado de López Obrador y de otros muchos políticos en México, Bermúdez Requena se presenta a sí mismo como víctima, cuando lo más probable es que sea más bien el responsable, así sea pasivo, de muchas de las desapariciones y homicidios que ocurrieron en Tabasco durante su gestión.
En todo caso, Sheinbaum no consideró el asunto y se limitó, en cambio, luego de evidenciar el alcance de las diferencias con el gobierno de De la Espriella, a promover el turismo en México que fue, por cierto, el tema con el que la actividad de este jueves inició en Palacio Nacional.
Las cifras que Sheinbaum presentó fueron alentadoras para su gobierno, lo que la llevó a invitar a personas de otros países a que vengan a México.
En otros asuntos, Sheinbaum negó la posibilidad de que sus actividades matutinas pudieran ser espacios donde hubiera algo parecido a un diálogo con quienes no piensan como ella.
Rechazó la idea de algunos legisladores del Partido Acción Nacional de que la misma Sheinbaum reconozca el “derecho de las audiencias” que anima una de las acciones que promueve su gobierno. Se limitó a decir que los otros partidos organicen sus propias actividades al tiempo que se elogiaba a ella misma por la audiencia que logran sus actividades.
Lejos de reconocer que el Estado invierte gran cantidad de recursos en la producción y transmisión en YouTube y otras plataformas, Sheinbaum insistió en la idea, ya ensayada por López Obrador durante su gestión, de pretender que son “youtuberos” que operan con pequeñas cámaras Logitech de baja resolución o con celulares, que transmiten desde la azotea de un edificio, sin reconocer que, por ejemplo, en el Salón Tesorería hay un mínimo de tres cámaras, a veces más, que operan todos los días para capturar cada palabra que se diga ahí, además de los micrófonos de alta calidad, el ancho de banda para garantizar la transmisión en varios canales (Cepropie y Gobierno de México, entre otros), sin perder de vista la transmisión simultánea en los canales del Estado, como Canal Once de la Ciudad de México, entre otros muchos.
Hacia el final, Sheinbaum llamó a quienes aún no registran sus líneas celulares a que lo hagan sin reconocer que, por ejemplo, uno de los requisitos para el registro es contar con la credencial para votar con fotografía y que hay un retraso de más de un mes en la entrega de credenciales de reposición o de nuevos registros.
Documentos solicitados en junio de este año apenas están siendo entregados en estos días de agosto en la Ciudad de México. No quedó claro si efectivamente Sheinbaum dejará sin servicio a quienes no puedan cumplir con el requisito, pues ella misma lo dejó en manos del órgano regulador de las telecomunicaciones, pero la amenaza velada estuvo presente en Palacio Nacional.
Sheinbaum también condenó la violencia que emergió ayer en los patios del Senado de la República entre legisladores de su partido y los más leales a Alejandro Moreno, el aún líder del Partido Revolucionario Institucional. Ayer mismo, el gobierno de Campeche arrestó a tres antiguos funcionarios de la administración de Moreno como gobernador. Sheinbuam djio desconocer las causas que motivaron los arrestos, pero negó que pudiera ser una venganza política de su gobierno.