
Sheinbaum, García Harfuch y otros miembros del gabinete de Seguridad celebraron en Chiapas, una vez más, baja de homicidios que nos dejan en índices de 2015.
Ya antes el gobierno de México ha ofrecido resolver el caso Ayotzinapa, pero el obstáculo tanto con Peña Nieto como con AMLO y Sheinbaum ha sido la Sedena.
Los Ángeles Press
Este viernes 11 de septiembre de Claudia Sheinbaum se encuentra en Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas. Aunque la escenografía y el ambiente parecían distintos, en los hechos la actividad de cada mañana siguió prácticamente sin cambios el guión que Sheinbaum heredó de Andrés Manuel López Obrador.
Como hizo repetidamente su predecesor con el tema de Ayotzinapa y como antes del propio López Obrador hizo Enrique Peña Nieto, Sheinbaum hizo hoy un anuncio que algunos tratarán de interpretar como un avance sustantivo pero que, en los hechos, sólo demuestra que cuando se acumulan poco menos de doce años desde lo ocurrido en las calles de Iguala, Guerrero, nada avanza.
A una pregunta sobre el posible regreso a México del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) —instancia ad hoc creada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a finales de 2014 para brindar asistencia técnica en la investigación del caso de la desaparición forzada de los 43 estudiantes—, la titular del Ejecutivo evitó comprometer una postura clara.
Como es de conocimiento público, el Grupo enfrentó graves obstáculos por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto, quien los expulsó de México antes de terminar su gestión. Algunos miembros del GIEI se involucraron en los debates que generan este tipo de iniciativas y, lamentablemente, poco o nada útil quedó de la experiencia.
Acaso consciente de ello, la titular de la presidencia aprovechó la pregunta para hablar de un intercambio con el Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a quien Sheinbaum no identificó por nombre, pero que es el diplomático de carrera austriaco Volker Türk, como se puede ver en el vídeo que aparece después de este párrafo.
Según lo referido hoy en Tuxtla Gutiérrez, será esa instancia de la ONU, comúnmente identificada por las siglas ACNUDH, quien le propondrá al gobierno de México los nombres de otros expertos en ese tipo de situaciones que pudieran ayudar a esclarecer los hechos ocurridos en el tránsito entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014 en las calles de Iguala.
Sheinbaum aprovechó para señalar que dos de los familiares de las víctimas de aquellos hechos le pidieron entrar en contacto con ella y que, como es costumbre en estos asuntos, serán los funcionarios de la secretaría de Gobernación, incluida Rosa Icela Rodríguez, quienes se reúnan en primera instancia con los familiares de esas víctimas.
Aunque el anuncio podría parecer significativo, en los hechos genera más dudas de las que pudiera resolver porque, tarde o temprano, así los expertos fueran algunos de los exsecretarios generales de la Organización de Naciones Unidas en persona o alguna persona con conocimiento de ese tipo de problemas y con algún prestigio global, como en el caso de Michelle Bachelet, quien fuera en dos ocasiones jefa de Estado de Chile, el problema será si la Secretaría de la Defensa Nacional acepta o no abrir la totalidad de sus archivos, sin perder de vista que no hay garantía alguna de que esos archivos se hayan conservado intactos desde que ocurrieron los hechos de 2014.
López Obrador, fiel a la teatralidad de su estilo, hizo todas las promesas posibles en su tercera y última campaña presidencial e incluso en sus primeros días como presidente electo, fintaba la posibilidad de que él si llegaría al fondo del problema, hasta que a alguien se le ocurrió invitarlo a un acto en Tlatelolco, Ciudad de México.
Durante la actividad celebrada el 14 de septiembre de 2018 en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) en el marco del Segundo Diálogo por la Paz, la Verdad y la Justicia, el entonces presidente electo se reunió con colectivos de víctimas de desaparición forzada, feminicidios y violencia.
En algún momento, cuando se le exigían compromisos concretos, precisos, López Obrador se presentó como víctima de los organizadores. Los asistentes insistieron con reclamos de «¡Justicia, justicia!» así como gritos como «¿Dónde están nuestros hijos?», lo que anuló el protocolo formal del evento.
Durante la sesión hubo dos momentos que, días después, los colectivos que estuvieron presentes interpretaron como el aviso de que sus demandas no serían prioridad ni se cumplirían como prometió en campaña.
El primero fue el giro en la postura del «Perdón sí, olvido no»: Ante la exigencia de juicio y castigo a los responsables, López Obrador defendió su propuesta de amnistía y pacificación declarando tajantemente: «Olvido no, perdón sí. Ese es mi planteamiento», lo que provocó el rechazo abierto de los asistentes, así como los gritos ya referidos.
El otro fue el anuncio, velado, matizado, sobre que lejos de que su gobierno fuera a regresar a los militares a sus cuarteles, lo que se venía es la ola de militarización de la vida pública mexicana en la que estamos inmersos ahora.
Las familias exigían investigar a fondo a las Fuerzas Armadas y a las instituciones de procuración de justicia. Sin embargo, López Obrador insistía ya entonces, como presidente electo, en avanzar hacia una amnistía general y su posterior viraje para mantener e incrementar el papel de los militares en la seguridad pública consolidaron la percepción entre los colectivos de que la verdad sobre las desapariciones quedaría relegada.
En ese sentido, es inevitable preguntarse cuál sería la suerte de un nuevo grupo de expertos enviados ahora por la ONU si la Secretaría de la Defensa Nacional insiste en no abrir sus archivos ni facilitar la investigación de lo que ocurrió en realidad esa fatídica madrugada de septiembre de hace doce años.
Una posible pista la ofreció la propia Sheinbaum al insistir, una vez más, en sus elogios al trabajo realizado por las secretarías de Seguridad, de la Defensa Nacional y de la Marina-Armada de México hoy mismo en Tuxtla Gutiérrez.
Incluso si uno olvidara lo dicho acerca de la posible participación de la ONU en una nueva investigación de lo ocurrido en Iguala, lo que es un hecho es que Sheinbaum sólo tuvo elogios para el trabajo hecho por el secretario de Seguridad Omar García Harfuch, el titular de la SEDENA Ricardo Trevilla Trejo y el titular de la SEMAR Raymundo Morales Ángeles.
Para ello se valió tanto de las estadísticas a modo que su gobierno usa siempre que le es posible en las que se enfatiza la reducción de corto plazo en el número de homicidios sin reconocer que aunque buena en sí misma, es una reducción que simplemente nos regresa a la “normalidad” que vivía México en 2015 cuando Peña Nieto era presidente de México, como se hizo ver recientemente en estos espacios.
En otro punto de la actividad de este viernes, Sheinbaum aprovechó el viaje que algunos dirigentes del Partido Acción Nacional hicieron a Europa en estos días para insistir en la versión de la historia de México que heredó de López Obrador, en la que Morena es, de algún modo, el partido que hereda todo lo bueno del siglo XIX mexicano y quienes no se alineen con lo que Morena hace son, por ese hecho, traidores a México.
Sheinbaum no pudo adelantar alguna razón para condenar o criticar el viaje de los panistas. Incluso reconoció su derecho a hacerlo y, sin embargo, de todos modos, lo usó para condenarlos por ser sospechosos de no alinearse con su voluntad.
A pesar de ello, Sheinbaum concluyó su actividad, al deslindarse de las amenazas que hizo el senador de Morena por Coahuila Luis Fernando Salazar Fernández.
El legislador espetó recientemente a un periodista un «vamos a ir por ti». Aunque no es claro quiénes irían con él por Enrique Acevedo, el amago ocurrió luego de que Televisa difundiera un reportaje que aparentemente causó la furia de Salazar Fernández.
Es cierto que Salazar ya emitió algo parecido a una disculpa y Sheinbaum hoy se deslindó de los dichos del legislador de su partido y dijo, en los últimos minutos de la actividad:
«No estoy de acuerdo en la forma en que se expresó el senador de Morena de Coahuila, al periodista Enrique Acevedo. No es correcto. Mi solidaridad. Ayer hablé del tema, de la nota, pero no mencioné ello y es muy prudente e importante hacerlo, porque la manera en que se utilizó la red social y las frases que dijo contra este periodista son condenables y no deben pasarse por alto».