
La designación de Julieta Ramírez reaviva cuestionamientos sobre experiencia, método de selección y conducción política de Morena en Baja California.
Por Amador Rodríguez Lozano
He estado analizando mucho el proceso de designación de Julieta Ramírez. Mi conclusión es que no se llevó a cabo el proceso como se publicó en la convocatoria. Es claro para mí que ya había una decisión previamente tomada.
¿En qué me baso? Primero, en que todos los comunicadores pro 4T apoyaron, difundieron y defendieron previamente todo lo relacionado con Julieta: Manuel Pedrero, Julio Astillero, los periodistas Nacho Rodríguez, etcétera; todos hablando a favor de ella.
Además, nunca dijeron qué encuestadoras serían las que levantarían la encuesta inicial, ni quién realizaría la encuesta espejo. Habían propuesto que inicialmente solamente cuatro serían analizados y encuestados, previa depuración mediante una mini encuesta o auscultación. No se cumplió. Siguieron hasta el final todos, como porque no importaba: ya estaba decidido.
Me pregunto: ¿esta persona que quedó es la mejor? No conozco su pensamiento, solo sus discursos y sus gritos. ¿Cómo va a enfrentar el tema de la inseguridad, con todas sus variantes, que son muchas? La caída económica del estado en todos los sectores —agricultura, comercio, industria, pesca, etcétera— no la conoce.
No soy un enemigo de los jóvenes; por el contrario, siempre he tenido secretarios y asesores jóvenes. Pero esta mujer, sin experiencia administrativa, sin haber ocupado un puesto que haya exigido que sus verdaderas aptitudes surjan, de tan solo 31 años, con tan solo tres cargos que nunca terminó, ¿va a ser quien dirija y coordine los esfuerzos de nuestro estado para mejorar las condiciones de todos?
¡Esto no es un juego! ¡Son vidas, economías y libertades de millones de personas!
Una mujer —y tampoco soy machista— que no se caracteriza por sus decisiones sabias y maduras, cuya vida personal no nos muestra esa madurez o ese conocimiento capaz de coordinar este dinámico estado.
Me parece que quien lo decidió no pensó en los bajacalifornianos; solo reflexionó sobre quién era el menos peor de los contendientes de Morena y, sobre todo, que fuera mujer. A partir de ahí se tomó la decisión, que solamente satisfizo a sus papás y a un grupo de su alrededor.
Muy mal augurio para Baja California.