La falsa dualidad entre Saskia Niño de Rivera y Carmen Salinas
A la izquierda, la extinta Carmen Salinas y el presidiario "Beto"; a la derecha la youtuber Saskia Niño de Rivera.

Antonio Rosales

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La polémica del caso “Beto” ilustra cómo la polarización mediática convierte discusiones complejas en una falsa elección entre Saskia Niño de Rivera y la fallecida actriz Carmen Salinas.

Por Antonio Rosales

Es un arma de doble filo cuando casos en que posiblemente se cometieron crímenes de lesa humanidad se mediatizan y viralizan hasta el hartazgo, la saturación y, finalmente, la trivialización. Lo ideal es que una mayor visibilidad y la constante repetición de historias atroces logren una mayor y profunda concientización en la sociedad, y eso mismo lleve a presionar colectivamente cambios en instituciones o en el sistema, investigación o justicia. Eso siempre ocurre en una parte de la población. Sin embargo, también en muchos otros se da el efecto contrario: acostumbrados a la espectacularización de la vida y ya desensibilizados por contenidos chatarra de los medios y redes, se toman a broma lo ocurrido (o posiblemente ocurrido) y lo transforman en bromas, memes y acaban riéndose de lo que debería avergonzarnos o indignarnos.

Ejemplos de esto sobran: desde casos terribles como el de Las Poquianchis, que convirtieron en libros, películas y series plagadas de humor negro, pasando por los literalmente diabólicos abusos en el clan Trevi-Andrade (cuyas víctimas siguen siendo objeto de burlas, escarnios e invisibilización de sus denuncias y testimonios por el 99.9% de los mass media en México), continuando con las torturas y fabricación de culpables en los casos Cassez Vallarta y Wallace (cuyas víctimas han sido invisibilizadas u objeto de ataques y calumnias innumerables veces), el caso Ayotzinapa (cuyas víctimas fueron objeto de burla e insultos por escritores como Luis González de Alba, en el periódico Milenio), el infame caso Jeffrey Epstein (cuya indolente e indiferente inmovilidad de la mayor parte de la población mundial ha sido más que elocuente) y, finalmente, el caso de la narración de “Beto”, presidiario mexicano que fue entrevistado por la youtuber Saskia Niño de la Rivera, que ha despertado toda clase de críticas, suspicacias y controversias por sus declaraciones.

Si a todo esto le sumamos la frivolización, el maniqueísmo y la insensibilidad con que muchos de los periodistas de la fuente de espectáculos suelen abordar estas situaciones, cuando se entrecruzan con personajes endiosados en la farándula, la fórmula está completa. Para muestra tenemos las expresiones denigrantes que han vertido contra las víctimas del clan Trevi-Andrade conductores como René Franco, Claudia de Icaza (que incluso se enfrentaba furiosa con las víctimas en programas como los de Cristina Saralegui) y un sinfín de comunicadores más que, sin ápice de vergüenza, hicieron gala de su indolencia no sólo en ese caso, sino también en otros temas, como las adicciones de la modelo Carmen Campuzano, que por años les sirvieron para llenar miles de horas de tiempo al aire, sin el menor respeto por una persona que no estaba en condiciones de respetarse ni siquiera a sí misma.

Todo esto viene a colación tras la controversia que desató una de las últimas entrevistas de Saskia Niño de Rivera. El pasado 24 de febrero, en el canal de Youtube Penitencia, se subió una entrevista de casi una hora de duración en la que Niño de Rivera habla con “Beto”, un preso que le narra su infancia difícil, su orfandad, cómo fue reclutado para trabajar en el crimen organizado, el proceso de entrenamiento y torturas que vivió para convertirlo en sicario desde muy corta edad y, finalmente, el hecho de que conoció a la fallecida actriz Carmen Salinas y la acusó de sacrificar niños para realizar rituales satánicos.

El ministro de la SCJN, Arturo Zaldívar, Saskia Niño Rivera y la periodista Paola Rojas, sobrina de Felipe Calderón. Foto: Especial.

Desde la publicación de la entrevista se desató el escándalo y la indignación entre familiares de la señora Salinas, periodistas de espectáculos y celebridades de la farándula mexicana. Mientras la hija y nietos de la comediante exigen disculpas, analizan demandar y dicen que “Beto” miente en busca de fama, gente de la farándula como Maxine Woodside (en los últimos años recordada por la demanda por despido injustificado de su excolaboradora Ana María Alvarado), Raquel Bigorra, Cynthia Klitbo, Victoria Ruffo, Alfredo Adame, entre otros, han saltado en defensa de la otrora productora de la obra “Aventurera”. En tanto, Saskia Niño de Rivera ha terminado por disculparse y dice haberse arrepentido de transmitir el contenido. No obstante, si uno observa los comentarios y posts, la reacción de gran parte de los usuarios de redes sociales ha sido de apoyo a “Beto”, creyendo completamente en sus palabras.

Entre los comentarios que pueden encontrarse en redes también hay quienes extienden su apoyo y simpatía a la activista e influencer Saskia Niño de Rivera, considerándola una “valiente” que “lucha por la verdad” y que “está corriendo muchos riesgos al haber sacado esta entrevista”. Uno de los comentarios en X (antes Twitter) que llamó mi atención fue uno que, palabras más palabras menos, llamaba a atacar y perseguir a cualquiera que se atreva a criticar a Saskia Niño de Rivera porque “seguro lo hacen para encubrir pedófilos satánicos, o son parte de ellos”, equiparándola con una nueva Lydia Cacho o algo parecido (¡Ver para creer!, como se titulaba un programa de televisión).

Desde luego, resultaría ingenuo pensar que todas las discusiones y debates en redes son orgánicos y espontáneos. Mucho de todo lo que vemos en redes está contaminado por inmensas granjas de bots, manejadas por todos los frentes (hasta desde lo más irrelevante o superfluo que uno podría pensar), y no sería raro que cuentas bots en ambos bandos estén inflando la polémica con el fin de desviar la atención de otros temas coyunturales. Sin embargo, habrá un buen porcentaje de comentarios reales, que auténticamente se están tomando en serio la situación y posicionando en un bando u otro. Y he ahí donde resulta pertinente precisar algunos aspectos.

En primer lugar, nos ha hecho mucho daño creer que ubicarse en un lado u otro es una especie de lucha entre “el bien y el mal”: ese maniqueísmo barato, ese binarismo ridículo y pueril en que suelen enfrascarse la mayoría de las discusiones públicas. Blanco o negro, arriba o abajo, izquierda o derecha, oriente u occidente, norte o sur… Esa manía de verlo todo como si se tratase de lucha libre, un partido de fútbol soccer o americano, una película o una serie donde, si queremos integrarnos en la dinámica, estamos obligados a unirnos en un lado u otro, producto de la mala educación y condicionamiento psicológico que nos ha dejado vivir tan mediatizados, tan anclados a gregarismos virtuales y tan poco dispuestos a invertir energía en formarnos nuestro propio criterio y, muy posiblemente, terminar difiriendo radicalmente de ambos polos. Matizar, buscar, encontrar y analizar los errores e incongruencias en ambos polos (e incluso en lo intermedio) no vende, o al menos es lo que nos han hecho creer. Y así, manipulados por esa creencia, se pierde mucho de lo que se debería analizar y discutir.

Habría que empezar por reconocer que dividirse entre Saskia Niño de Rivera y Carmen Salinas no sólo es infantil y estéril, sino tan absurdo como elegir entre la cicuta y el cianuro. No me refiero a que ambas sean veneno ideológico y mediático para públicos que las siguen acríticamente. Nada de eso. Aquí nos referimos a que ambas son dos caras de una misma moneda: un sistema económico, político y mediático que necesita de audiencias enajenadas, inmovilizadas, teledirigidas, pero unidas o enfrentadas entre sí, según convenga. Desde luego, no solo ocurre con ambas, sino que eso se extiende y es más claro en los partidos políticos, pero eso ameritaría otra conversación.

Creer que Saskia es una especie de “heroína antisistema” es desconocer no solo su origen, sino también la engañosa forma en que funcionan las cosas. Avital Saskia Niño de Rivera Cover, mejor conocida solamente como Saskia Niño de Rivera, pertenece a una de las familias con suficiente dinero, poder y conexiones para aparecer frecuentemente en las revistas y secciones de Sociales de los periódicos y portales informativos en México. Luis Niño de Rivera Lajous, familiar de Saskia, ha sido presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM) desde 2019, miembro del Club de Banqueros de México y, en 2002, fue uno de los fundadores de Banco Azteca, institución perteneciente al conglomerado de Grupo Salinas de Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca y las tiendas de Grupo Elektra. De igual manera, Niño de Rivera ha sido director general y miembro del consejo de diferentes instituciones financieras de México y Estados Unidos. En febrero de 2024, Luis Niño de Rivera dejó sus cargos en Banco Azteca, aunque desde hace décadas y hasta la actualidad se mantiene como conductor del programa dedicado a la tauromaquia, México Bravo, en el canal ADN40 de TV Azteca.

Por su parte, Saskia, antes de abrir su canal Penitencia y su asociación civil Reinserta, fue Directora de Enlace Penitenciario durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y bajo el mando de Renato Sales Heredia, entonces Coordinador Nacional Antisecuestros y Comisionado Nacional de Seguridad durante ese mismo gobierno. “En ese momento estaba todo el tema de los secuestros, de Fernando Martí, de María Elena Morera, con esa ola de personas que se volvieron activistas por situaciones de secuestro”, declaró Saskia en entrevista para el portal Líderes Mexicanos.

Una de esas “activistas” fue Isabel Miranda de Wallace, por quien Saskia siempre mostró especial simpatía públicamente, igual que su entonces esposo, Manuel López San Martín, periodista de TV Azteca y MVS. En su libro conjunto, El infierno tan temido: El secuestro en México, culpabilizaron a César Freyre Morales, víctima de tortura y fabricación de culpables por parte de Miranda de Wallace, en el falso caso Wallace. En el mismo narran una supuesta entrevista con Freyre, que él, en diversas comunicaciones con la periodista Guadalupe Lizárraga, negó haber concedido.

Además, Saskia se refirió a César como “el diablo en persona” en numerosas entrevistas, legitimando una y otra vez las fabricaciones de Isabel Miranda. En marzo de 2025, tras la muerte de Isabel Miranda, Saskia seguía expresándose bien de ella y validando su versión, aunque en los últimos meses ha dicho que ha cambiado de postura. En la entrevista que le realizó a Brenda Quevedo Cruz (víctima también de fabricación de culpables en el caso Wallace) en junio de 2025, luego de que Brenda le narró las torturas sufridas por orden de Isabel Miranda, Saskia le dijo, sin sensibilidad por lo que acababa de escuchar, que Wallace “era un referente en el tema de secuestro y que había ayudado a muchas víctimas”. Su tratamiento del caso Wallace no ha sido su único tropiezo: en 2024, Niño de Rivera intentó presionar a Antonio Barragán Carrasco (víctima de tortura y fabricación de culpables por Eduardo Gallo y García Luna) a dar declaraciones falsas en una entrevista, como reportó Los Ángeles Press.

Carmen Salinas y el reportero de espectáculos, Gabo Cuevas, cuando hicieron un video en Periscope insultando a mexicanos que exigían su renuncia. Foto: detalle de video.

Asimismo, habría que agregar que Saskia mantiene amistad con el exministro presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, actual Coordinador de Política y Gobierno con Sheinbaum. Zaldívar no solo escribió el prólogo del libro de Saskia (Maldita entre todas las mujeres, 2022), sino que, tal como reportó la revista Clase, también fue uno de los invitados a la segunda boda de Saskia en junio de 2023 con Mariel Duayhe, representante de futbolistas. El poder de Saskia también alcanza el ámbito internacional: aparece reconocida por su activismo como "Joven Líder" en el sitio oficial del Foro Económico Mundial, organismo supranacional cuyo presidente Borge Brende tuvo que renunciar en febrero pasado tras revelarse sus vínculos con el financiero y depredador sexual, Jeffrey Epstein.

Por otra parte, Carmen Salinas no era solamente una actriz de teatro, cine y televisión. Más allá de lo popular que era y de que Televisa siempre le hizo una imagen de mujer cercana al pueblo, lo cierto es que “La Corcholata”, como también la apodaban, se acercó al poder político. “He sido priista desde que tengo uso de razón”, declaraba y en 2015 fue nombrada diputada federal por dicho partido. Los escándalos no se hicieron esperar: desde la vez que se quedó dormida en una sesión en septiembre de 2015, pasando por el video donde, junto con el periodista de espectáculos Gabo Cuevas, le hizo una señal obscena a los más de 100 mil usuarios de redes que reunieron firmas pidiendo su renuncia, entre otros episodios donde minimizó casos como la Casa Blanca de Enrique Peña Nieto y mostró su insensibilidad y cinismo ante las crisis de Derechos Humanos y económica que vivió el país durante el gobierno de Peña Nieto, a quien apoyó en todo momento. En 2019 se hizo público que la actriz había recibido servicios de seguridad especial por parte del gobierno capitalino de Miguel Ángel Mancera.

Es cierto que, en un mundo ideal, y fuera de las simpatías por celebridades o activistas que tenga cada quien, las graves declaraciones de “Beto” tendrían que venir acompañadas de una denuncia sólida, investigarse con rigor y brindarle protección al denunciante. También es lógico que, tras los crímenes impunes del caso Epstein, haya avidez de justicia en casos relacionados con posible violencia a menores. Pero es importante no dejarse deslumbrar y aprender a distinguir entre verdadero heroísmo (como el de periodistas como Lydia Cacho, quien se mantiene exiliada en España tras destapar la red de pedofilia de Jean Succar Kuri), posibles mentiras y oportunismo con fines de monetización, o posibles verdades (que, de momento, no podemos asegurar), pero que son instrumentalizadas y banalizadas, no con afán de justicia, sino únicamente con fines de lucro, morbo y publicidad…

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