Foro Público: La otra guerra de Trump

Ignacio García

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Trump podría ser un símbolo del combate al crimen organizado que ha actuado de manera efectiva en contra de los cárteles.

Para Trump es fundamental que el gobierno de Sheinbaum realice operaciones en contra de los cárteles y si no entrega a los narcopolíticos podría actuar de manera unilateral con una intervención militar.

Foro Público

Donald Trump ha abierto diferentes frentes de batalla desde que regresó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025. Aunque pretendía obtener el Premio Nobel de la Paz, ha iniciado una guerra en contra de Irán, y ha intervenido militarmente en Venezuela.

Sin embargo, la otra guerra que ha encabezado es contra el narcotráfico. Una de sus prioridades fue clasificar a los cárteles de las drogas mexicanos como organizaciones terroristas. El mandatario republicano ha insistido en que el gobierno mexicano no ha hecho lo suficiente para combatir al crimen organizados.

En reiteradas ocasiones ha referido que existen regiones del país que están controladas por los grupos criminales y por ello ha dejado entrever que podrían llevar a cabo una serie de operaciones militares en suelo mexicano para desarticular a los cárteles de las drogas.

Aunque Claudia Sheinbaum, ha cambiado la política de seguridad con respecto a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, que priorizó la estrategia “abrazos no balazos”, en el caso de la mandataria federal ha impulsado el combate frontal a los cárteles y por ello logró la mayor acción penal en contra del crimen organizado desde la captura de Joaquín El Chapo Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa (CDS) en 2016, durante la administración de Enrique Peña Nieto, con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alías El Mencho líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el pasado 28 de febrero, para Washington estas acciones han sido insuficientes.

Sheinbaum ha optado por enviar a varios narcotraficantes a Estados Unidos como una prueba de voluntad política para combatir al crimen organizado, pero Donald Trump ha considerado que tampoco ha sido suficiente y por ello ha demandado la entrega de narcopolíticos vinculados con los cárteles.

El problema para la mandataria radica en que esto podría afectar a su movimiento, pues varios de los perfiles que han sido señalados por las autoridades norteamericanas militan en la autodenominada “cuarta transformación”, por lo cual ha tratado de proteger a los gobernadores que son relacionados por su cercanía con los cárteles de las drogas.

Para Trump es fundamental que el gobierno de Sheinbaum realice operaciones en contra de los cárteles y si no entrega a los narcopolíticos podría actuar de manera unilateral con una intervención militar que desencadenaría en la extracción del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

La presidenta ha referido que buscará la defensa de la soberanía nacional, pero se ha evidenciado que Estados Unidos realiza operaciones encubiertas en territorio mexicano como sucedió hace unos días con la presencia de miembros de la Agencia Central de Investigación (CIA, por sus siglas en inglés) en un operativo en colaboración con el gobierno de Chihuahua.

La protección de Rocha puede representar un alto costo político para Sheinbaum, mientras que para Trump podría ser un símbolo del combate al crimen organizado que ha actuado de manera efectiva en contra de los cárteles, lo que podría ayudarle ante el momento de mayor debilidad electoral de los republicanos.

El gobierno de Trump ha dictado en su política de seguridad que las acciones contra el crimen organizado son fundamentales para impulsar la limpieza en las calles del tráfico de fentanilo, pues ha acusado a los cárteles de las drogas mexicanos de ser los principales responsables del flujo de estas sustancias químicas en el territorio estadounidense.

Desde que Richard Nixon anunció el inicio de la guerra contra las drogas, ningún otro presidente norteamericano había asumido con una visión beligerante el control del paso de las drogas y por ello ha considerado que se trata de una invasión química que intoxica a los jóvenes estadounidenses.

Trump necesita legitimar su gobierno y ante el deterioro que ha representado la guerra en Irán, la operación en contra de los cárteles de las drogas puede representar un bálsamo para calmar los ánimos de la población estadounidense que ha cuestionado a la administración federal.

El mandatario republicano busca evitar la victoria de los demócratas en las elecciones de medio término, pero para ello debe entregar resultados tangibles sobre su lucha contra el narcotráfico y para eso necesita que el gobierno mexicano entregue respuestas a sus demandas.

El presidente más belicista desde Bush

La política intervencionista de Estados Unidos ha sido una constante. El gobierno de la Unión Americana ha impulsado una campaña de salvador del mundo libre y con ello ha justificado su intervención militar en diferentes países.

No obstante, la última campaña militar emprendida por un presidente de Estados Unidos fue en 2003 con la guerra que inició George W. Bush en contra de Irak, al asegurar que el régimen de Sadam Hussein había elaborado armas de destrucción masiva y por ello formaba parte del “eje del mal” que también integraban Irán y Corea del Norte.

Pero el costo político, económico y social de la guerra en Irak sepultó la imagen de Bush, lo que causó que Barack Obama ganara la presidencia de Estados Unidos con un enfoque “pacificador”, con lo cual el Comité Nobel le entregó el Premio Nobel de la Paz.

En su primera administración, Trump afirmó que no emprendería ninguna guerra y se enfocaría en una política interna. Aunque su primer periodo fue controversial no inició hostilidades militares con otra nación, pese a que constantemente amenazaba a Corea del Norte.

El gobierno de Joe Biden tampoco se caracterizó por un enfoque belicista, y por ello optó por el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán, mismas que estaban instaladas en ese territorio desde 2001, cuando inició la cacería en contra de Osama Bin Laden, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

En su regreso a la Casa Blanca, Trump prometió que no iniciaría ninguna guerra e incluso responsabilizó a Biden de haber permitido la invasión de Rusia a Ucrania, así como de la guerra de Israel contra Palestina, y por ello se comprometió a erradicar estas prácticas.

En los primeros meses aseguró que lograría el final de la guerra entre Rusia y Ucrania, pero hasta el momento no ha conseguido ningún avance, mientras que en Palestina permitió que Israel cometiera el genocidio en contra de la población civil en la Franja de Gaza.

Según Trump, evitó una nueva guerra entre India y Paquistán, y por ello merecía el Premio Nobel de la Paz, pero ese galardón lo obtuvo la lideresa de la oposición venezolana, María Corina Machado, que ha sido ferviente fanática del mandatario republicano y por ello le regaló su medalla.

Su desilusión por no obtener el galardón causó que Trump mostrar su lado más belicista con una intervención militar en Venezuela para detener a Nicolás Maduro y con el ataque a Irán que causó la muerte del líder de los ayatolas, Ali Jomeneí, pero con un elevado costo político.

Ante la pérdida de la credibilidad social, Trump decidió declarar que la guerra con Irán había finalizado, y por ello ha decidido impulsar una guerra de baja intensidad tanto contra los cárteles mexicanos como contra Cuba para impulsar la caída del régimen castrista.

Así, Sheinbaum se encuentra en una disyuntiva contra el presidente más belicista que ha tenido Estados Unidos desde Bush, pero menos político y más fanfarrón, por lo cual exige forzosamente resultados tangibles al gobierno de México para detener a varios personajes implicados a los cárteles de las drogas.

Desde esta óptica, Estados Unidos asume que toda la responsabilidad del tráfico de las drogas depende de México, pese a que es la Unión Americana el principal mercado de consumo y el país en donde se envían miles de armas anualmente al territorio mexicano.

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