Espías desempleados

Javier H. Contreras O.

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Gobiernos, empresas y organizaciones criminales recurren a tecnologías de vigilancia capaces de rastrear hábitos, relaciones y movimientos de millones de personas.

Por Javier H. Contreras O.

Ahora hasta nos vigilan halcones virtuales del crimen organizado.

Bond, James Bond…era la presentación del espía cinematográfico más conocido, mientras lanzaba una mirada seductora a una bella mujer o retaba al más criminal del mundo mundial.

La historia, novelas y películas de espionaje nos dejaron intrigados y fascinados de cómo se seguía a las personas, de las intervenciones telefónicas y de dispositivos muy sofisticados para intervenir en las vidas ajenas, ya fuera en el plano íntimo o público.

Desde relaciones, amores prohibidos y secretos hasta robo de documentos comprometedores y confidenciales. El trabajo del espía era violar las capas personales y luego con toda esa información presionar y chantajear.

Para ser espía no cualquiera lo lograba porque aparte de una condición física envidiable como los personajes de “espías con espuelas”, Bond o Tom Cruise, implicaba una memoria fotográfica, dominio de varias artes, seductor de mujeres o de hombres, versatilidad para disfrazarse y sobre todo, estar atentos las 24 horas del día para no ser sorprendidos por agentes de contraespionaje.

En una pluma o en unos lentes podrían llevar micrófonos y cámaras camuflajeados, armas letales en un anillo o en las suelas de los zapatos.

Diestro con las armas y artes marciales, asi como experto piloto de aviones, helicópteros o lanchas veloces. Todo reunido en una sola persona.

Sin embargo, parece que esas figuras legendarias de los espías se han ido quedando desempleados porque ya no hay empresas, gobiernos y corporaciones que los contraten. Esos viejos agentes 007, ahora son agentes IA. Agentes que hacen todo el trabajo con la tecnología de la inteligencia artificial.

Hoy, los tradicionales espías se apolillan en sus domicilios, viviendo de la nostalgia y el recuerdo de sus grandes hazañas por obtener documentos confidenciales, grabar llamadas íntimas interviniendo aparatos telefónicos o tomando fotografías a grandes distancias sin que los espiados u objetivos se percataran. Las “escuchas” ya no son tan artesanales de estar transcribiendo largas o reveladoras confesiones de política, poder, estrategia, negocios y amores.

Sus disfraces ahora pueden servir para poner un negocio de renta para fiestas de aniversario, temáticas y hasta de Halloween. Falsos bigotes, lentes obscuros, gabardinas y sombreros tipo Panamá. Su afán por clasificar, elaborar perfiles y rutinas de sus objetivos son parte del anecdotario y se entretienen para no dejar morir esa añoranza viendo la colección completa de películas del 007 incluyendo hasta el patrullero 777 con Cantinflas.

Ahora, las cámaras y micrófonos están por todas partes. En las oficinas, casas, fraccionamientos, calles, semáforos, teléfonos celulares, escuelas y tiendas. Un teléfono celular es un pequeño y sofisticado aparato que cuenta con varias funciones de grabar voces, tomar fotos, archivar, depurar, crear perfiles, conocer rutinas y detectar relaciones políticas, empresariales, amorosas y tener álbum de las demás personas. Y están al alcance hasta de los niños.

Con esa tecnología, los gobiernos también se dedican a espiar a los ciudadanos con el pretexto de dar mejor servicio, pero en realidad es para saber más de nosotros. Registros, tarjetas, señas biométricas, huellas dactilares, datos personales y por supuesto fotografías. Ahora, nos exigen registrar nuestros teléfonos para mejor control y tenernos identificados para excluirnos si somos críticos.

Dicen que es por nuestra seguridad y evitar extorsiones del crimen organizado, pero saben perfectamente que esos extorsionadores están en las cárceles y desde ahí, con teléfonos celulares “prohibidos” engañan y extorsionan a los ciudadanos pacíficos. ¿Por qué mejor no inhiben realmente el uso de celulares desde los penales, si ahí está el origen y las víctimas somos millones de mexicanos? ¿Muy sospechosa acción y nos restringen como si todos fuéramos delincuentes en potencia y a los auténticos criminales no les controlan o cancelan sus aparatos?

Sigue avanzando la tecnología de vigilancia y control, las grandes empresas han hecho el negocio de su vida creando plataformas para espiarnos que ya no se requieren espías. Por eso, los espías se han quedado sin chamba y aburridos. La inteligencia artificial y la tecnología digital los ha rebasado.

Ahora se espía con inteligencia artificial[1] y se plantea que el objetivo de la Inteligencia Artificial (IA) es facilitar la vida de los usuarios. Pero el que un asistente inteligente, como Alexa de Amazon, escuche a un usuario en la intimidad de su casa estar planeando unas vacaciones en familia y, a partir de ello, comience a enviarle información de viajes, ¿es una violación a su privacidad o la mejor herramienta para concretar sus planes?

Las corporaciones de investigación parecen estar padeciendo este cambio de paradigma, donde los nuevos espías ya no son sólo seres humanos extranjeros, ahora el principal adversario es una máquina, la cual es capaz de hacer una mayor cantidad de tareas en menor tiempo y tener una capacidad de recopilar información en tiempo récord. Es decir, ella muchas veces sí es capaz de ser invisible.

En el futuro, los robots podrían hacer gran parte del trabajo por nosotros. Tal como el teléfono celular es un sensor empleado para recolectar inteligencia, dispositivos cada vez más 'inteligentes' salen al mercado, lo cual incluye varios tipos de sensores. El día de mañana, nuestro propio equipamiento de cocina podría espiarnos, y esto no es una exageración. Estos robots no solo nos rodean y recopilan información sobre nuestros hábitos, sino que también trabajan en conjunto.

Asi como la tecnología y ahora la inteligencia artificial han empezado a desplazar las habilidades mentales, la memoria, observación y retención podríamos pensar que en este nuevo mundo ya no tienen cabida los espías humanos, les hemos cedido el trabajo a las máquinas, mientras conchuda y descuidadamente nos entretenemos en las pantallas con jueguitos e inducimos a los hijos a que hagan lo mismo.

Y por supuesto, hasta el crimen organizado acudió a la video vigilancia con un sistema operativo y peligrosísimo de halconeo virtual.

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[1] ¿La Inteligencia Artificial nos espía?, (2018) El Universal, sección Techbit, 9 de agosto de 2018, México

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