Los jesuitas y el abuso sexual por clérigos católicos
Arturo Sosa, el superior de los Jesuitas, al inaugurar la LXXI Congregación de Procuradores de esa orden en Loyola, España. Mayo 2023.

Rodolfo Soriano-Núñez

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El abuso sexual por clérigos católicos

Religión y vida pública

Por Rodolfo Soriano-Núñez

El pasado viernes 5 de mayo, el papa Francisco celebró una reunión de trabajo con los miembros de la Comisión para la Tutela de los Menores, la entidad que él creó el 22 marzo de 2014, para impulsar la muy lenta reforma de la Iglesia en materia de abusos sexuales que su papado desarrolla.

No es claro que la Comisión por sí misma sea una reforma de fondo, porque -como lo hizo ver otro jesuita en las últimas semanas- en los nueve años desde que fue creada, la comisión no ha logrado resolver problemas de su propio diseño institucional, de su encuadre en la compleja estructura de la burocracia vaticana. La más importante, la de cómo se acopla esta comisión en el aparato del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

 

La sesión de trabajo del papa Francisco con la comisión el 5 de mayo de 2023. Redes sociales de Vatican News.

Tanto que, cuando el 29 de marzo de este año el jesuita alemán Hans Zollner presentó su renuncia a la Comisión, sus razones para abandonar ese órgano resonaban con las que han llevado antes a otros miembros de la comisión a hacer lo mismo. En una entrega previa de esta serie se consideró la renuncia de Zollner y los paralelismos que se pueden trazar entre su decisión y la que tomó, seis años antes, la sobreviviente irlandesa Marie Collins.

Collins, en una entrevista con el diario británico The Guardian en 2017, evidenciaba su hartazgo con la actitud de la burocracia vaticana y dejaba ver, como lo hicieron antes otros miembros de esa comisión, que no responde a la magnitud del daño causado por los abusos sexuales en la Iglesia Católica.

Collins había advertido ya desde 2015 que la Comisión tenía problemas. Entre los más graves, el financiamiento de sus actividades, que dejaba ver las dificultades que la burocracia vaticana tenía para admitir la presencia de un órgano como la comisión.

Collins dijo que aun cuando había avances, entre los cuales citó el curso para la prevención de abusos que los nuevos obispos empezaron a recibir en ese año, le resultaba incomprensible que dependieran de un financiamiento temporal:

Personalmente me parece inexplicable pues creo que si la Iglesia dice que este asunto es de la mayor prioridad, debería habérsele dado adecuado financiamiento desde el inicio.

Las cosas mejoraron, pero no lo suficiente como para convencer a Collins de permanecer en la comisión, por lo que presentó su renuncia en marzo de 2017.

Espiritualidad de la reparación

La reunión del 5 de mayo de 2023 sirvió para que el papa presentara tres principios y planteara lo que debería ser algo normal ya, pero que el propio Jorge Mario Bergoglio no exigió de manera formal. Simplemente planteó como un deseo que se presente un reporte anual. No me queda claro si se va a cumplir y si, al cumplir con él, se va a ser lo suficientemente claro al señalar los alcances de los avances necesarios.

Ni siquiera entre los jesuitas hay una respuesta uniforme a los repetidos llamados a ser transparentes, a rendir cuentas. De hecho, la experiencia que ofrece la orden a la que pertenece Bergoglio no es alentadora. En Estados Unidos las provincias de la Compañía de Jesús de ese país, Canadá y Haití, que actúan de manera coordinada, efectivamente presentan informes regulares que detallan los alcances de investigaciones sobre denuncias de abuso contra sus miembros.

Hay, en los distintos sitios de Internet de esas provincias, detalladas listas con los nombres y cargos que ejercieron los acusados de abuso, lo cual es muy positivo. Esta, por ejemplo, es de 2018 de los jesuitas del Medio Oeste de Estados Unidos y cuenta ya con una actualización a 2020. Esta, más reciente aún, de 2023, es de los jesuitas de la provincia Central y del Sur de Estados Unidos. En ambos casos, los jesuitas publican los nombres y los cargos que desempeñaron quienes han sido encontrados como responsables de algún tipo de abuso.

Sin embargo, la provincia española de la misma Compañía de Jesús, lo mismo que algunas de América Latina, hacen hasta lo imposible por ocultar tanta información como sea posible. Este es el informe de 2021 sobre abusos en España. Lejos de que el reporte sea transparente e inspire confianza, más bien genera desconfianza; entre otras razones porque no se sabe quién es culpable de qué.

En todo caso, el papa Francisco presentó el 5 de mayo los tres principios que formarían parte de lo que él llamó una “espiritualidad de la reparación”. El primero es que “ahí donde se ha hecho daño a las vidas de las personas, estamos llamados a tener en mente el poder creativo de Dios para hacer que la esperanza emerja de la desesperanza y la vida de la muerte”.

El segundo es que, “dado que el abuso ha abierto tantas heridas (…), ahí donde la vida se ha quebrado, les pido que reparemos las partes rotas, con la esperanza de que lo que se ha roto o quebrado pueda ser reparado”.

El tercero es un llamado a “cultivar un enfoque que refleje el respeto y la ternura de Dios mismo”. El papa agregó: “Ahora es el momento de reparar el daño hecho en generaciones previas y a quienes continúan sufriendo”.

La traducción que presento aquí es mía, pues la Santa Sede, que tiene equipos de traductores para prácticamente cualquier idioma del mundo, sólo rebasados por los equipos de traductores de la Organización de Naciones Unidas, evita ofrecer traducciones oficiales en español de los textos que abordan el abuso sexual en la Iglesia.

Si no es así, por lo menos en este caso, más de cuatro días después de que se celebró la reunión de trabajo, sigue sin haber una traducción oficial al español. Está la versión que, quiero suponer, es la original, en italiano del mensaje y la traducción al inglés, de ese texto.

Es posible consultar una traducción extraoficial al español publicada por la Agencia Informativa Católica Argentina, pero esa traducción no tiene un carácter similar a las publicadas por la propia Santa Sede en inglés e italiano. Es tan extraoficial como la que yo hice del texto.

Por más que quiero pensar bien de la burocracia vaticana, no puedo dejar de pensar en los trucos de Angelo Sodano, el cardenal secretario de Estado de Juan Pablo II que, allá en los noventa, hacía estas mismas cosas. Era parte de la campaña para encubrir los abusos de Marcial Maciel y otros depredadores de habla hispana.

Evitaba que hubiera un registro de lo que el papa polaco dijera sobre los abusos en español. Ello servía para insistir en la idea tan burda de que el abuso era un problema ajeno a América Latina.

Mientras tanto en España

La reunión en Roma tuvo lugar casi al mismo tiempo que en Loyola, España, la cuna de la Compañía de Jesús, iniciaba la 71ª Congragación de Procuradores de la orden creada por Íñigo López de Recalde, conocido luego de su conversión como Ignacio de Loyola.

 

Convocatoria de Arturo Sosa a la 71ª Congregación de Procuradores de la Compañía de Jesús.

La reunión en Loyola fue convocada por el superior de los jesuitas, el venezolano Arturo Sosa, desde enero de este año. Se antoja difícil que hubiera podido ser más oportuna dado que, desde el domingo 30 de abril, España, Bolivia y el resto del mundo de habla española nos despertamos con la terrible noticia de la publicación de porciones significativas de algo parecido a las memorias de un depredador sexual, el jesuita español Alfonso Pedrajas.

Pedrajas estaría en la misma liga de Maciel, el chileno Fernando Karadima o el recientemente fallecido argentino Carlos Miguel Buela a quien ya se dedicó una entrega de esta serie. Luego de su formación en España, Pedrajas hizo su carrera en Bolivia y, por razones difíciles de entender, dejó un recuento detallado de los abusos que perpetró en sus años en la provincia boliviana de la Compañía de Jesús.

Quienes estén interesados en los detalles del abuso perpetrado por Pedrajas, pueden consultar la serie que El País, publica desde el domingo 30 de abril, pero si no se es suscriptor de ese diario español, es posible no se puedan consultar. Una opción en ese caso son las versiones que ofrecen diarios bolivianos, como Opinión que, además, ha publicado su propio seguimiento del asunto.

Como suele suceder, por cierto, el caso de Pedrajas hizo visibles otros abusos perpetrados por figuras públicas locales. En Bolivia, ello implicó que resurgieran los llamados para que se aclaren las acusaciones que existen contra el expresidente Evo Morales.

La historia de Pedrajas es similar a la de otros depredadores sexuales que aprovechan la pobreza para encontrar víctimas. Vienen a la memoria los casos, en México, de la llamada Ciudad de los Niños en Salamanca, Guanajuato, aunque con presencia en otras ciudades del Bajío mexicano, donde Pedro Gutiérrez Farías y sus cómplices captaban a huérfanos que eran entregados a esa obra de la Iglesia.

Está, desde luego, el caso del Instituto Próvolo de la provincia de Mendoza, Argentina. Ahí las víctimas eran vulnerables no sólo por la pobreza;  también eran vulnerables porque los niños ahí eran sordos, mudos o sordomudos. El Instituto Próvolo nació originalmente en Italia para atender a niños afectados por enfermedades que les hicieran perder la capacidad para hablar y/o escuchar y viajó a Argentina con la masiva migración italiana de finales del siglo XIX.

La única diferencia entre lo hecho por Pedrajas en el Colegio Juan XXIII de Cochabamba, Bolivia, y lo que ocurría en en la Ciudad de los Niños y en el Instituto Próvolo, es que en estos dos últimos casos además del abuso perpetrado por clérigos varones, hubo mujeres, monjas, involucradas como depredadoras. Toda la estructura de esas organizaciones religiosas en Guanajuato, México y Mendoza, Argentina, estaba volcada al abuso. En el caso del Próvolo incluso se documentó, además de la participación de monjas, la de empleados laicos de la orden en los ciclos de abuso perpetrados ahí.

Más importante es que el caso Pedrajas en el Colegio Juan XXIII confirma, como la Ciudad de los Niños y el Próvolo, que los abusos ocurren donde los gobiernos y las jerarquías religiosas renuncian a ejercer sus atribuciones. También porque, a contrapelo de lo que la jerarquía católica y muchas autoridades suelen decir acerca del abuso, en las memorias del jesuita Pedrajas, está la evidencia de que sus superiores en la Compañía de Jesús sabían qué hacía Pedrajas.

No actuaba, como casi siempre tratan de decirnos las autoridades y los jerarcas en una suerte de vacío institucional. Todo lo contrario.

La reacción en Bolivia

La provincia jesuita de Bolivia, que es dueña de la Agencia de Noticias Fides, ha desplegado por ese medio una inusual cobertura del caso. Apenas circuló el reportaje de El País, Bernardo Mercado, el superior de la orden publicó un comunicado en que informaba de su disposición a esclarecer los hechos. Hacía ver, que ya desde agosto de 2022 había una investigación interna en curso.

 

El antropólogo Bernardo Mercado, provincial de los jesuitas de Bolivia.

Un poco después, Mercado convocó a una rueda de prensa en la que confirmó la investigación iniciada en agosto de 2022, así como una segunda investigación interna iniciada en abril de 2023.

Aquí hay una diferencia crucial entre lo hecho por Mercado en Bolivia y lo que, más al sur y del otro lado de la cordillera de Los Andes, hicieron los jesuitas en la provincia de Chile cuando emergieron, en distintos momentos de los últimos 15 años, las acusaciones contra Renato Poblete, Leonel Ibacache y Felipe Berríos. 

Además de que Mercado no le ha apostado a la lógica del silencio y de su disposición a colaborar con las autoridades, el superior boliviano anunció la suspensión de ocho sacerdotes de la provincia que él lidera.

Los ocho fueron en distintos momentos sus antecesores en el cargo. Hasta donde es posible decirlo, sabían del abuso perpetrado por Pedrejas, de ahí la decisión de Mercado de suspenderlos.

Lo único que podría reprocharle al superior jesuita en Bolivia es que no exista un listado que precise los nombres y los cargos que los exprovinciales ejercieron antes y después de dirigir a la orden en Bolivia.

El 3 de mayo, Mercado acudió a la Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia, una dependencia del Ministerio Público, para presentar una denuncia contra los posibles corresponsables de los abusos perpetrados por Pedrajas al menos contra 85 niños.

Al día siguiente, uno de los antiguos provinciales jesuitas, Osvaldo Chirveches acudió a las autoridades y respondió preguntas de los fiscales del caso. Al informar a los medios sobre su declaración dijo que cuando fue provincial hizo lo que “en ese momento le tocaba hacer.”

Cerrar filas

No es claro hasta ahora si los superiores jesuitas informaron al arzobispado de Cochabamba del abuso sexual perpetrado por Pedrajas. Lo que es un hecho, en cambio, es que los obispos bolivianos ya cerraron filas según las más rancias tradiciones de la reacción a este tipo de acusaciones. La respuesta de los obispos contradice, en un sentido, lo que el papa Francisco pidió el 5 de mayo al hablar de una "espiritualidad de la reparación" y la apertura que uno observa de parte del provincial Mercado.

Este domingo 7 de mayo, el arzobispo de Cochabamba, Óscar Omar Aparicio Céspedes pidió a los fieles orar por la Iglesia y por los jesuitas. Ni una palabra de una oración o alguna expresión de solidaridad con las víctimas de Pedrajas. Es como si esas víctimas, ¡al menos 85 personas! no existieran.

Aparicio Céspedes llegó a Cochabamba en 2014, años después de la muerte de Pedrajas, por lo que es relativamente fácil para él decir aquello, de "lo que no fue en mi año no es mi daño", pero uno supondría que la preocupación por las víctimas debería ser una constante en la lógica de la "espiritualidad de la reparación".

Su predecesor en el cargo fue Tito Solari Capellari, un italiano, miembro de la orden de los salesianos de san Juan Bosco, que fue arzobispo de ese lugar desde 1998 y hasta que presentó su renuncia en 2014. La renuncia le fue aceptada de inmediato, 22 días después de que cumpliera los 75 años, algo inusual en la Iglesia, que suele dar unos meses más a los obispos que hacen bien su trabajo, pero que suele aceptar de inmediato las renuncias de aquellos con quienes Roma tiene alguna diferencia.

Solari Capellari llegó a Cochabamba en 1998 como coadjutor, es decir, ya había algún grado de problemas en Cochabamba a finales de los noventa, durante la gestión de René Fernández Apaza. ¿Será que ya se sabía de las andanzas de Pedrajas en el Colegio Juan XXIII?

También este domingo 7 de mayo cerró filas el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, Aurelio Pesoa, obispo de El Beni, quien pidió una investigación “efectiva” al tiempo que deploraba las…

“…palabras de condenas, palabras de reproche, de rabia, palabras de molestias y no es para menos, por aquello que ha sucedido. Pero también debemos decir que no ha sido extraño que, en otros, haya despertado contra la Iglesia sentimiento de odio o buscando desacreditarla totalmente, olvidando todo lo bueno que seguramente se ha hecho y se continuará haciendo, principalmente en aquellos a quienes les molesta el compromiso evangélico de la Iglesia porque también no conocen y no conocemos a la Iglesia”.

Esa es, por cierto, una línea de argumentación que todavía esgrimen en México miembros de la Legión de Cristo para justificar los abusos de Marcial Maciel. Es una idea, un cambalache ético, que lleva a que incluso quienes, como fieles, deseamos que se ataquen las causas de los abusos seamos vistos como enemigos de la Iglesia. Se nos presenta como miopes, incapaces de ver “el mucho bien”, que—según ellos—Maciel hizo, e incluso como traidores por escribir textos como este.

Más allá de esa discusión, lo que es un hecho es que el provincial boliviano Mercado parece legítimamente interesado en resolver el problema. Sus hermanos jesuitas reunidos en Loyola, podrían ayudarle si, en el marco de la 71ª Congregación de Procuradores, ellos piden a Arturo Sosa, que se convoque a una Congregación General.

Esa instancia, la máxima autoridad de la Compañía podría abordar uno de los temas cruciales para el futuro de los jesuitas y de la Iglesia: los abusos sexuales.

Soy pesimista respecto de esa posibilidad porque, hasta donde me fue posible investigar con los muy pocos jesuitas dispuestos a hablar de este asunto, “el horno no está para bollos”. Hay una robusta oposición a abordar el problema. Algunos creen que aferrarse al viejo modelo que niega todo y apuesta al silencio, todavía va a funcionar. Otros reconocen que una orden por su cuenta no puede impulsar las medidas radicales que serían necesarias en una situación como la actual.

Los jesuitas, después de todo, no tienen ni siquiera ahora con uno de los suyos como pontífice, la capacidad para resolver el problema de fondo por su cuenta. Mucho del abuso sexual tiene que ver con realidades teológicas y canónicas que ellos no pueden transformar por su cuenta.

Contrastes transandinos

Como sea, me alegra que Mercado haya tomado medidas tan distintas a las de sus pares chilenos cuando se supo de los abusos perpetrados por Renato Poblete. o luego, cuando emergieron los de Leonel Ibacache, o más recientemente los de Felipe Berríos

Con Poblete e Ibacache, como ocurrió con la versión oficial de los abusos de Maciel, se optó por la tesis del “lobo solitario”: Poblete como Ibacache y antes como se había dicho de Maciel en México, actuaron como lo hicieron porque eran diabólicos y muy capaces para esconder sus abusos.

Con Berríos la acusación de abusar le costó la posibilidad de sumarse al gobierno de Gabriel Boric. Ello puede ser considerado como una derrota personal, pero en estricto sentido él no ha enfrentado consecuencias aún y ningún superior jesuita en Chile ha sido llamado a cuentas o cuestionado por su caso, como tampoco lo han sido por los de Poblete o Ibacache.

En el caso de Poblete se supo de su conducta como depredador años después de su muerte en 2010. Incluso en el de Ibacache, a quien se acusó desde 2012 de haber perpetrado abusos desde los sesenta, sólo se le castigó con la expulsión de la Compañía de Jesús en 2019, poco antes de morir.

En ninguno de esos tres casos chilenos, han habido consecuencias para los superiores de la Compañía de Jesús. Y sí, es cierto, la Compañía hizo un muy buen trabajo para explicar el ciclo de abusos de Poblete, pero nunca quedó claro cómo había logrado Poblete actuar con la impunidad con la que lo hizo, durante más de 40 años, cuando él decía a sus víctimas estar muy preocupado porque sus superiores se enteraran de lo que hacía.

 

Al centro, con cuello romano, Renato Poblete SJ. Foto de mediados de los setenta.

Después de todo, esa era la razón por la que procuraba abortos para las mujeres que fueron sus víctimas. No quería que sus superiores estuvieran al tanto de sus andanzas; no quería afectar su carrera. Eso es más difícil de creer cuando uno considera que Poblete no abusó de una o dos mujeres. La comisión que investigó su caso encontró 22 casos de abuso.

Waldo Brown, el abogado chileno responsable de investigar a Poblete reconoce que algunos jesuitas sabían de los abusos perpetrados por Poblete y que, por la razón que sea, callaron, del mismo modo que hacía ver que hay responsabilidades que la Compañía de Jesús en Chile no había asumido. Cuatro años después de que Brown entregó su informe, hasta donde me es posible saberlo, la provincia chilena de la Compañía sigue sin asumirlas aunque, desde luego, podría estar yo equivocado.

En marzo de este año, la provincia chilena anunció que iniciaría una investigación contra Berríos. No me queda claro qué lograría desde una perspectiva canónica, pues ya en noviembre de 2022 Berríos anunció que renunciaba a esa orden religiosa. Quizás en el plano de la justicia civil o penal pudiera resultar algo, pero soy muy escéptico.

Las memorias de Pedrajas dejan ver que esos depredadores que actúan como “lobos solitarios”, no existen en la realidad. Depredadores así, ocurren en contextos institucionales que favorecen e incluso alientan el abuso. Esos contextos se crean del lado de la Iglesia, donde es posible encontrar tantas semejanzas en casos de tantos países tan distintos entre sí, que es imposible olvidar los incentivos que la Iglesia genera para que un cierto tipo de clérigo narcisista, aproveche del arreglo institucional que hace posible el abuso.

Lo es también del lado del Estado. No importa si es un país con una tradición jurídica derivada de la Common Law británica, como Estados Unidos, o del derecho penal español y francés, como los de América Latina. Los incentivos o, por lo menos, el descuido de las autoridades, están ahí.

Lo valioso de la suspensión dictada por Mercado contra sus predecesores es que deberán rendir cuentas de lo que sabían. Por lo demás, ojalá que la justicia boliviana esté a la altura de la situación.