Trump combinó sus señalamientos contra los cárteles con amenazas militares a Irán y un discurso de fuerza ante la Asamblea General.
Los Ángeles Press
NUEVA YORK.— Donald Trump aprovechó su intervención del martes ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para reiterar algunas de las líneas que han definido su segundo gobierno: la disposición a utilizar el poder militar estadounidense, la presión sobre México por la presencia de los cárteles y su apuesta por las tecnologías de inteligencia artificial, a las que ahora decidió llamar “superinteligencia”.
En uno de los tramos más duros de su discurso, Trump volvió sobre la guerra con Irán y planteó abiertamente la posibilidad de “aniquilar” a la República Islámica si no se alcanza un acuerdo que, desde la perspectiva estadounidense, impida a Teherán desarrollar armas nucleares. El mandatario presentó esa amenaza como parte de una política exterior en la que Estados Unidos está dispuesto a recurrir a su fuerza militar para defender lo que considera sus intereses.
Pero el mensaje tuvo también un capítulo directamente relacionado con México.
Trump afirmó que México es “el epicentro de la violencia de los cárteles” y calificó como inaceptable que Estados Unidos comparta una frontera de más de 3 mil kilómetros con territorios que, según él, están controlados por organizaciones criminales. Después exigió al gobierno mexicano “recuperar el control de su territorio”.
El señalamiento fue parte de un discurso más amplio en el que Trump equiparó a los cárteles con ISIS y defendió la política de su gobierno de tratarlos como organizaciones terroristas. También reivindicó los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones que Washington identifica como vinculadas con el narcotráfico.
Casi inmediatamente después, sin embargo, Trump introdujo un matiz importante. Dijo que mantiene “una muy buena relación” con el gobierno mexicano y afirmó que ambos países han logrado avances en la lucha contra los cárteles. Agregó que México tampoco quiere la presencia de esas organizaciones.
Ese matiz no elimina el contenido principal del mensaje. La idea de que México tiene un problema de pérdida de control territorial frente a las organizaciones criminales se ha convertido en una constante del discurso de Trump y de distintas agencias de su gobierno.
Apenas una semana antes de su intervención en Naciones Unidas, Trump había mantenido a México dentro de la lista de 23 países considerados por Estados Unidos grandes territorios de tránsito o producción de drogas ilícitas para el año fiscal 2027. México no fue incluido entre los cuatro gobiernos que Washington consideró incumplidos en sus compromisos antidrogas —Afganistán, Bolivia, Birmania y Colombia—, pero permaneció dentro de la clasificación general.
De inteligencia artificial a “superinteligencia”
El discurso tuvo otro momento característico del estilo personal de Trump cuando anunció que su gobierno dejará de referirse a la inteligencia artificial con ese nombre y comenzará a utilizar oficialmente el término “Super Intelligence”, superinteligencia.
La decisión había comenzado días antes en su propia cuenta de Truth Social. El 19 de septiembre, Trump pidió a sus seguidores que eligieran entre tres denominaciones: “Superior Intelligence”, “Extreme Intelligence” y “Supreme Intelligence”.
Al final escogió una cuarta opción, que ni siquiera figuraba entre las alternativas de aquella consulta.
Ante Naciones Unidas anunció que Estados Unidos rechaza cualquier intento de establecer un sistema internacional de control sobre la inteligencia artificial y añadió que, a partir de ahora, su gobierno hablará oficialmente de “superinteligencia”.
La ocurrencia sobre el nombre de la tecnología apareció en el mismo discurso en que Trump habló de la posibilidad de destruir al régimen iraní, comparó a los cárteles con ISIS y volvió a colocar a México dentro de su narrativa sobre la seguridad del hemisferio occidental.
Trump llega a la ONU con su aprobación en mínimos personales
Todo ello ocurre en un momento político complicado para el mandatario estadounidense.
Una encuesta Reuters/Ipsos realizada entre el 17 y el 20 de septiembre colocó la aprobación nacional de Trump en 32%, el nivel más bajo registrado por esa serie durante sus dos presidencias. El mismo estudio mostró una caída del respaldo entre votantes republicanos, de 82% a 73% en una semana, y un deterioro especialmente pronunciado en la evaluación de su manejo del costo de vida.
Es una cifra muy baja, aunque no carece de antecedentes en la historia moderna de Estados Unidos.
Richard Nixon llegó a una aprobación de 24% en agosto de 1974, poco antes de abandonar la Presidencia como consecuencia del escándalo Watergate.
George W. Bush, durante los últimos meses de su segundo mandato y en plena crisis financiera de 2008, cayó a 25%, apenas un punto por encima del mínimo alcanzado por Nixon.
Trump todavía se encuentra por encima de esos registros, pero su actual 32% lo sitúa en un terreno de aprobación presidencial que en Estados Unidos ha estado asociado históricamente con momentos de fuerte desgaste político.
La misma encuesta Reuters/Ipsos encontró que, entre los votantes registrados para las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre, 43% prefería a los candidatos demócratas y 35% a los republicanos. Esa es una medición de intención de voto realizada seis semanas antes de los comicios, no una proyección del resultado.
Trump llegó así a Nueva York con una aprobación en su nivel más bajo, pero utilizó el principal foro diplomático mundial para reafirmar exactamente las líneas que han marcado su gobierno: fuerza militar frente a sus adversarios, presión sobre los países vecinos en materia de seguridad y una política tecnológica que él mismo intenta rebautizar.
En el caso de México, la frase sustantiva quedó pronunciada ante los representantes de prácticamente todo el mundo: Trump considera que los cárteles ejercen un control territorial que el gobierno mexicano debe recuperar. El reconocimiento posterior de la cooperación bilateral moderó el tono, pero no retiró ese señalamiento.
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Con información de agencias.