Católicos de América Latina pierden confianza en la iglesia
Católicos abandonan algunos de los templos más representativos de su iglesia en América Latina. Imagen generada por la IA de Microsoft 365.

Rodolfo Soriano-Núñez

Compartir

En América Latina, los datos de la serie Latinobarómetro muestran devastadoras pérdidas de confianza en la Iglesia Católica a lo largo de tres décadas.

En una encuesta, sólo el 35 por ciento de los polacos tiene una confianza “firme” o “muy firme” en la Iglesia Católica, una pérdida del 22 por ciento respecto a 2016.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

En una entrevista con el noticiero estadunidense PBS Newshour, Michael Phạm Minh Cường, recientemente nombrado obispo de San Diego, California, reiteró la importancia de que la Iglesia Católica conserve la confianza de sus fieles.

Phạm es uno de los pocos miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos dispuesto a ayudar a los migrantes a afrontar las nuevas y duras realidades de la política migratoria de Donald Trump.

La mayor parte de la entrevista se centró en sus esfuerzos en ese ámbito, pero en un momento dado, Amna Nawaz le preguntó sobre la actual crisis de abusos sexuales por parte del clero en su diócesis, que ya se encuentra en bancarrota para resolver los casos que la afectan, al igual que otras diócesis en todo el mundo. Pham ofreció algunos detalles sobre la actuación de quien era su superior, el actual arzobispo de Washington, D.C., el cardenal Robert McElroy, al respecto.

Cuando Nawaz le preguntó sobre la capacidad de su diócesis para rendir cuentas en este asunto, Pham respondió: «Queremos asegurarnos de que la gente confíe y crea en nosotros». La transcripción completa de la entrevista está disponible en inglés aquí.

El año pasado, Los Ángeles Press analizó la crisis en San Diego y California en general como parte de una comparación sobre cómo la Iglesia Católica aborda el abuso sexual en California, Estados Unidos, y en los estados de Baja California y Baja California Sur, México. El artículo sobre California aparece abajo.

Lo que Michael Phạm Minh Cường ve como su misión, restaurar la confianza en su diócesis, es un desafío que enfrenta la Iglesia Católica a escala global, como lo demuestra una encuesta publicada casi simultáneamente en Polonia.

El obispo Pham de San Diego dirige un mensaje a su equipo diocesano el día previo a su instalación, 16 de julio de 2025. De las redes sociales de su diócesis.
El obispo Pham de San Diego dirige un mensaje a su equipo diocesano el día previo a su instalación, 16 de julio de 2025. De las redes sociales de su diócesis.

Allí, se encuentra una historia ya demasiado común en otros países europeos y latinoamericanos con grandes poblaciones católicas: una caída drástica de la confianza en la Iglesia Católica, acompañada de una pérdida igualmente asombrosa de la autoridad moral que dicha Iglesia solía tener allí.

Según informó el medio Our Sunday Visitor (contenido en inglés), “la Fundación del Instituto Polaco para la Investigación Social y de Mercado (IBRiS) publicó la encuesta, realizada para la Agencia de Prensa Polaca el 18 de septiembre, y señaló que el porcentaje total de personas que declaran confiar (“firme” o “muy firmemente”) en la Iglesia Católica se desplomó en más del 22 por ciento, y ha disminuido del 58 por ciento en septiembre de 2016 al 35.1 por ciento en el mismo mes de 2025”.

Desafíos en América Latina

En América Latina, estamos a semanas de la publicación de la encuesta más reciente (2025) de Latinobarómetro, el mejor instrumento disponible en la región para analizar cómo ha cambiado la región desde mediados de los noventa.

Al igual que en Polonia y otros países durante los últimos 30 años, los datos de Latinobarómetro muestran una caída abrupta en la confianza en las instituciones.

Lamentablemente, a diferencia de lo que ocurre con encuestas más específicas que permiten diferenciar el efecto en la Iglesia Católica, los datos de Latinobarómetro son difíciles de interpretar en materia de religión.

Además de encuestas con preguntas específicas sobre el tema, como la de IBRiS en Polonia, existe la llamada Encuesta Social General (GSS por sus siglas en inglés), que se realiza regularmente en Estados Unidos, Canadá y Europa.

El problema con los datos que ofrece Latinobarómetro es que, a diferencia de algunos de los estudios ya referidos, no permite observar cabalmente los cambios en la afiliación religiosa, pues carece de preguntas sobre cambios en la identidad o afiliación religiosa durante la vida.

Por otra, las submuestras de personas que no sean católicas son extremadamente pequeñas. Eso hace muy difícil determinar si los patrones de los católicos difieren significativamente de los observados en los no católicos.

Finalmente, el diseño de Latinobarómetro presenta otro desafío, ya que nadie sabe si la pregunta sobre la confianza en la “iglesia” representa a la Iglesia Católica o si es necesario algún tipo de ejercicio mental para determinar si se refiere a las iglesias en general o, peor aún, a la religión en general.

Incluso si uno pudiera construir submuestras relativamente robustas de la población católica para cada país, las submuestras de no católicos son extremadamente pequeñas, por lo que cualquier afirmación sobre las diferencias entre católicos y no católicos debe tomarse con mucha cautela.

En México, por nombrar sólo uno posible ejemplo, en 1996, la muestra total era de mil 526 personas, de las cuales mil 255 eran católicas. Esto deja una submuestra de 271 no católicas. En 2024, la muestra total se redujo a mil 200, e incluso si la submuestra de no católicas aumentó a 380, es muy difícil decir algo significativo sobre ellas, ya que abarca un universo muy complejo y diverso. Desde mormones mexicanos practicantes en la Chihuahua rural o presbiterianos igualmente devotos en Chiapas, hasta no creyentes en la Ciudad de México o Tijuana.

La edición 2024 del Latinobarómetro sólo incluye en su muestra a dos mormones, 40 personas que afirman no tener afiliación religiosa, 58 que pertenecen a alguna iglesia evangélica o protestante y 178 personas que declaran no tener religión alguna, además de una variedad de individuos con alguna otra identidad religiosa. Es imposible realizar un análisis sólido con ese tipo de submuestras.

Es cierto que el mínimo para una submuestra de una población grande se acerca a esa cifra de 380, pero incluso si se estuviera dispuesto a asumir un bloque religioso no católico en México, que 178 de los 380 digan carecer de una identidad religiosa hace muy difícil decir algo en concreto sobre el “bloque” no católico, pues en América Latina, como en Estados Unidos, Canadá y otros países, hay un crecimiento significativo de poblaciones que abandonan la religión organizada.

El cuestionario de Latinobarómetro sólo incluye tres preguntas relacionadas con la religión: una sobre la afiliación religiosa (S_701), otra sobre la asistencia religiosa (S_702) y una tercera sobre la confianza en algo que Latinobarómetro engloba en la palabra “iglesia” (H_002_101).

El llamado Diccionario Integrado, que reporta estas y todas las variables utilizadas durante los casi 30 años que Latinobarómetro ha dado cuenta del cambio social en América Latina, está disponible aquí.

Y esto no es una crítica a los métodos del Latinobarómetro. Estoy seguro de que enfrentan restricciones financieras y estoy casi seguro de que, de ser posible, querrían realizar encuestas con muestras más amplias. Esto es sólo un reflejo del estado del arte en América Latina en comparación con las muestras extremadamente robustas del GSS en Canadá, Europa o Estados Unidos.

Para Estados Unidos, el así llamado por sus siglas en inglés GSS se puede consultar, en inglés, aquí.

En cuanto a Canadá, el GSS los datos de sus ciclos quinquenales están disponibles en inglés y francés aquí. La principal preocupación revela por sí sola el efecto de la pérdida de confianza en las formas institucionales de religión: la aparición masiva de personas sin afiliación religiosa, los llamados en inglés “nones”, como se puede ver en los textos disponibles, mayormente en inglés pero con algunos también en francés, en esta página en el Centro Canadiense de Datos de Investigación, aquí.

El GSS europeo, está disponible, mayormente en inglés, aunque hay secciones en las que hay información en otros idiomas, aquí. Es notable el interés de los investigadores en la relación entre práctica e identidad religiosa y la radicalización política.

Pérdida de confianza

Al margen de estas cuestiones, si las cifras generales que genera Latinobarómetro prueban algo, es que la época de una sólida confianza en la Iglesia Católica y, en términos más generales, en la religión organizada ha quedado atrás.

Desde México hasta Argentina y Chile, existe evidencia de una destrucción masiva de la confianza, lo que algunos llaman, en ciertos contextos, capital social. El ejemplo más claro de ello, como se verá más adelante es Chile.

A pesar de ello, Latinobarómetro facilita la comparación de datos sobre ciertos temas. Aunque la serie comienza formalmente en 1995, las comparaciones no siempre pueden iniciarse ahí ya que sólo existen datos de unos pocos países.

La forma más segura es comenzar con la segunda encuesta de la serie (1996). Allí, el único país de la muestra donde lo que Latinobarómetro engloba bajo la categoría de “iglesia” que parecía tener un nivel de confianza relativamente bajo, para los estándares latinoamericanos tradicionales, era Uruguay.

En aquel entonces, el 56 por ciento de sus habitantes declaraba tener mucha o alguna confianza en la Iglesia, con resultados similares en 2005 (véase el gráfico arriba). Para 2015, Uruguay ya se encontraba por debajo del 50%, y aunque para 2024, el último año de la serie, los datos de la categoría de “nada de confianza” mostraron cierta mejora, la suma de “mucha” y “alguna” confianza en la iglesia para 2024 seguía siendo inferior al 50 por ciento.

A pesar de marcadas diferencias entre Uruguay y el resto de la región, la situación es similar en todos los demás países de América Latina. Es imposible abarcar todos los países de la serie Latinobarómetro, pues haría la comparación imposible de seguir. Al restringir el análisis a siete países representativos de la región, es posible apreciar mejor las tendencias en América Latina.

Con una muestra reducida como esta o con la serie completa, la situación es grave, independientemente de lo que se considere la categoría “iglesia”.

Perder la religión

En Argentina (ver el gráfico a continuación) hubo una pequeña reducción en el número de personas que dijeron no confiar en lo que sea que se llame "la iglesia" en 2024, en comparación con toda la serie. Sin embargo, esto permite pensar en una compensación, ya que quienes respondieron "mucha" o "algo" en 2024 son casi la mitad de quienes lo dijeron en 1996.

En Brasil, la situación es similar a la de Argentina, aunque las pérdidas en la categoría de los que dicen confiar mucho son más pronunciadas. En 1995, cuatro de cada diez brasileños afirmaban tener mucha confianza en "la iglesia". Para 2024, esa cifra se redujo a poco menos del diez por ciento, como se puede apreciar en la gráfica después del siguiente párrafo.

Como si fuera un reflejo, quienes afirmaban no confiar en 1995 representaban el 7.7 por ciento de los adultos, y para 2024, tres de cada diez brasileños declararon no confiar en "la iglesia".

En Chile, la situación es probablemente la más grave de la región. En 1996, poco más del 40 por ciento de los mayores de 18 años declaraba tener mucha confianza en “la iglesia”. Casi tres décadas después, en 2024, era un desastroso 9.8 por ciento de la población adulta.

Como muestra el gráfico anterior, la disminución de quienes declaran tener mucha confianza en “la iglesia” casi refleja el número de los que declaran no tener confianza. Esta cifra se disparó del 7.7 en 1996 al 30.5 por ciento en 2024.

En Colombia, en 2005, se observó un aumento inusual en el número de adultos que declaraban tener mucha confianza en “la iglesia”.

En ese entonces, la cifra alcanzó un máximo de más del 52.3 por ciento, como se puede ver en la gráfica a continuación, quizás un reflejo del papel de la Iglesia Católica para pacificar lo que era, y es, un país muy violento.

Para 2024, el combustible que impulsaba ese pico se había perdido y sólo el 31.2 por ciento de los colombianos adultos decía tener mucha confianza en "la iglesia".

Si bien el número de quienes no confían no ha crecido tanto como en otros países, la tendencia es clara, como lo demuestra la gráfica anterior.

En México, la tendencia no es muy diferente. En 1996, al sumar a quienes declaraban tener mucha y algo de confianza en "la iglesia", se obtenía poco menos del 73 por ciento con un 10.5 por ciento que no tenía confianza.

Para 2024 (véase la gráfica anterior), al sumar mucha y algo, el resultado era menos del 52 por ciento de los mexicanos adultos, con un 20.4 por ciento. Casi el doble de los que decían no confiar en “la iglesia” en 1996.

En Perú, las cifras son similares. En 1996, el 78 por ciento de los peruanos adultos decía tener mucha o algo de confianza en “la iglesia”. En 2024, el resultado es de poco más del 64 por ciento, como demuestra la gráfica a continuación, y quienes no confían pasaron de 5.6 al 13.1 por ciento, por lo que sólo los más fieles lo verán como una buena noticia.

No es el viejo cliché

No siempre corresponde con el viejo cliché del anarcoateo radical o del marxista-ateo, igualmente radical. Algunos son personas profundamente espirituales, con prácticas espirituales complejas similares a la disciplina que se encuentra en las religiones estrictas, pero lo hacen en grupos muy pequeños o de forma individual.

Otra forma de medir los efectos sería prestar atención a los datos disponibles sobre afiliación religiosa. Para esta variable, es posible remontarse a 1995, ya que existen datos para los siete países considerados aquí.

El gráfico anterior a este párrafo muestra, y la tabla a continuación ofrece un resumen, los tipos de cambios que se han producido en América Latina en lo que respecta al tema de la afiliación religiosa.

En esta tabla, el peor escenario es el de Brasil, con una pérdida de casi un tercio del total, mientras que en México las pérdidas parecen estar controladas, al menos por el momento, con una pérdida de poco menos del nueve por ciento, pero incluso en Uruguay, donde la situación ya era mala, empeoró, pues en esta categoría la Iglesia Católica perdió poco más de la mitad de su feligresía.

En cualquier caso, de estos siete países, de los más representativos de América Latina, no existe una sola historia de éxito para la Iglesia Católica en las menos de tres décadas que abarca la serie Latinobarómetro.

Incluso si no existe una prueba irrefutable, una sola encuesta multinacional a gran escala que demuestre los efectos del abuso en la confianza y la afiliación, no se necesita ese tipo de conocimiento para comprender cómo la crisis de abuso sexual del clero afecta los niveles de confianza en la institución.

Es difícil imaginar que un sobreviviente y sus familiares vuelvan a confiar plenamente en la institución. Incluso quienes han regresado a la feligresía, y conozco casos similares, lamentan haber aceptado sin reservas cualquier cosa que un sacerdote o un obispo estuviera dispuesto a ofrecerles.

Donde el escándalo obligó a grandes movilizaciones no sólo en la cosmopolita Santiago, sino incluso en pequeñas ciudades aisladas como Osorno, es difícil olvidar cómo hasta el amargo final el cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa protegió a Fernando Karadima y a su propio primo, en algún momento obispo de La Serena, Francisco José Cox Huneeus, quien renunció en silencio en 1997 y fue enviado a Alemania a una especie de exilio dorado hasta que, en 2018, fue laicizado por el papa Francisco después de que el pontífice argentino realizara en Chile una desastrosa visita pastoral ese año.

Más, dado que tanto Errázuriz Ossa como Cox Huneeus también eran miembros del Instituto de los Padres de Schönstatt, una organización similar a una orden, con un historial propio de abusos de clérigos en América del Sur y Alemania.

Se necesitaría un libro entero para repasar los muchos otros casos de clérigos chilenos que arruinaron la buena voluntad que existía hacia la Iglesia Católica en el país. Entre ellos se incluyen figuras prominentes, desde los “guerreros” de la justicia social Renato Poblete y Felipe Berríos, ambos jesuitas, hasta el discípulo irlandés de Marcial Maciel, el legionario de Cristo John O'Reilly.

¿Es la única causa?

Es imposible probar la causalidad. Es decir, es imposible probar realmente que exista un vínculo directo entre la crisis de abusos sexuales del clero en la región, que dura ya tres décadas, y el desplome de la confianza en lo que Latinobarómetro encapsula en el concepto de "iglesia".

Más aún porque la pérdida de confianza no puede atribuirse a una sola causa ni a una sola institución religiosa. No todos los casos de abuso sexual por parte del clero provienen de la Iglesia Católica. En México, existe el notorio caso de la Iglesia de la Luz del Mundo, originaria de Jalisco, en el occidente de México, desde donde se expandió a California y otros estados de Estados Unidos, así como a varios países de Centroamérica y Sudamérica.

Son conocidos por sus prácticas depredadoras y su capacidad para congraciarse con las élites políticas mexicanas; incluso el actual gobierno nacional, supuestamente de izquierda, está dispuesto a ignorar dichas prácticas a cambio de los votos que los líderes de la Luz del Mundo logran obligar a sus fieles a emitir en cualquier elección que se celebre en México.

Aún más preocupante es que, durante la última semana, surgió un posible vínculo entre la Iglesia Luz del Mundo y la organización terrorista Cártel Jalisco Nueva Generación en un tranquilo pueblo de Michoacán, en el occidente de México, como lo demuestra el texto enlazado un poco más adelante.

Como se afirma allí, consistentemente, han sido las autoridades estatales y federales de Estados Unidos quienes han estado revelando la magnitud de los daños y abusos perpetrados por los líderes de la Iglesia de la Luz del Mundo.

Este hecho revela la ceguera del gobierno mexicano ante estos temas y cómo toda la retórica sobre el llamado Estado laico les sirve de mucho al celebrar el 21 de marzo de cada año el natalicio de Benito Juárez como mito fundacional del país, pero nada más.

El fracaso tanto de la Iglesia Católica, con prácticas como el llamado “sistema Ratzinger”, que prioriza la negación y aplicación de cualquier castigo significativo a clérigos depredadores, como de las instituciones políticas, renuentes a pagar el precio político de perder bloques electorales dóciles, ha contribuido a un cambio radical en el panorama religioso.

En Argentina, la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos publicó recientemente una alerta sobre las denuncias presentadas en comisarías de la provincia de Rosario sobre las prácticas de Walter Rojas.

Lo mismo puede decirse de Centroamérica y países andinos como Bolivia y Perú, donde existe un mercado religioso volátil que socava las abrumadoras mayorías católicas de antaño.

En Colombia, hace poco más de un año, se produjo este caso en el Valle del Cauca, y en abril de este año, otro en Medellín.

En Perú, en junio de 2023, José Luis Linares Cerón, predicador evangélico con profundos vínculos con la ultraderecha católica peruana a través del movimiento Con mis hijos no las metas, originalmente surgido en España como una derivación del Yunque, fue acusado de abuso sexual de su propia hija. El Yunque ha sido objeto de entregas previas de esta serie, la más reciente enlazada después de este párrafo.

Linares Cerón abusó de su hija durante más de nueve años, desde que ella tenía 7 años. La dejó embarazada a los 12 y 15 años, obligándola a dar a luz en ambos casos. Su hermano, Robert, fue su cómplice en el abuso sexual de su propia hija.

La impunidad de Linares Cerón fue consecuencia de su participación en la política. En enero de 2025, fue felicitado por el ministro de Educación del Perú, Morgan Quero, quien elogió a Linares Cerón.

En 2013, otra mujer acusó a Linares Cerón de abusar sexualmente de ella cuando era menor de edad en 1991. Como es común en América Latina, el caso duerme el “sueño de los justos”. Y es posible que la impunidad de Linares Cerón sea consecuencia de sus profundos vínculos con la clase política, lo que no contribuye a la confianza en la religión organizada en Perú ni en otras áreas de la región.

Además, cabe señalar que, a diferencia del catolicismo, donde existen varios niveles de autoridad jerárquica sobre él, Linares Cerón es su propio jefe, como suele ocurrir en muchas pequeñas denominaciones evangélicas, por lo que las posibilidades de alguna rendición de cuentas institucional son mucho menores.

Sin embargo, existe un problema clave con la respuesta de la Iglesia Católica pues, a pesar de su estructura más amplia, su supuesta adhesión a de normas de larga data para abordar el problema, su incapacidad para rendir cuentas y compensar a sus víctimas, prueba que no existe una ventaja real, mientras que los riesgos derivados de su capacidad influir en la política son mayores.

Cambio demográfico

Según Latinobarómetro de 2024, Honduras tiene un 36 por ciento de población católica, mientras que Guatemala tiene un 39 por ciento. Esos países de América Central son de los “menos católicos” de América Latina, con la única excepción de Uruguay, que tiene un 36 por ciento de población católica (33 según Latinobarómetro) y una tasa mucho mayor de personas “no afiliadas” o “sin religión”.

Nada parece frenar las tendencias que conducen a esta nueva realidad de la que la Iglesia Católica ha optado por desentenderse pues, lejos de ser honesta y abordar los principales problemas que afectan su credibilidad, insiste en hablar de sí misma en la lógica de la víctima perpetua de otros factores.

Es cierto que incluso antes del estallido de la crisis de abusos sexuales del clero a mediados de la década de 1980, cuando Jason Berry expuso los numerosos abusos en las diócesis del estado de Luisiana, en Estados Unidos, existían otras tendencias que fomentaban la disolución de la mayoría católica en América Latina.

Cuarto de izquierda a derecha en la primera fila de personas sentadas en una silla, Alberto Hurtado (1901-52), 1937. Biblioteca Nacional de Chile en Wikicommons.
Cuarto de izquierda a derecha en la primera fila de personas sentadas en una silla, Alberto Hurtado (1901-52), 1937. Biblioteca Nacional de Chile en Wikicommons.

En 1944, Alberto Hurtado, ahora santo de la Iglesia Católica, fue despedido y humillado por los obispos, indignados porque publicó un libro, ahora profético, titulado ¿Es Chile un país católico?, donde enfatizaba los problemas de la pérdida de confianza en la jerarquía católica en un país con una marcada desigualdad.

Doce años después, con Hurtado ya humillado por los obispos al restringir sus actividades, sus herederos al frente de la revista católica Mensaje publicaron el primer análisis de datos del censo nacional que mostraban un gran éxodo de católicos hacia otras denominaciones cristianas, confirmando la tesis de Hurtado en su libro de 1944.

Sin embargo, sería ingenuo asumir que las cifras actuales de afiliación religiosa y confianza en la región no reflejan, ni siquiera parcialmente, la falta de voluntad de la jerarquía católica para adoptar reformas que resuelvan la crisis, mientras intentan desviar la atención para culpar a factores externos como la modernidad, la ideología de género, la renuencia de la comunidad LGTBQ a aceptar ser ciudadanos de segunda o recurren al viejo truco del abominable depredador solitario para explicar los abusos sexuales del clero.

Prueba de esa actitud es que incluso los tímidos intentos de reforma y cambio del papa Francisco fueron desestimados por muchos obispos que no estaban dispuestos a abandonar el papel de víctimas que tanto les gusta representar.

El año pasado, el texto enlazado arriba probó la desalentadora respuesta a la petición del papa Francisco a todas las conferencias de obispos de crear al menos una comisión para prevenir el abuso sexual del clero en cada diócesis.

Y como se demostró la semana pasada al abordar la entrevista del papa León XIV con el medio Crux, al cuestionar la legitimidad de diez por ciento de las denuncias de abuso sexual de a manos de clérigos llevó a organizaciones de sobrevivientes de habla inglesa y española a criticar su compromiso para abordar el problema, lo que debilita aún más cualquier expectativa de una solución a largo plazo, como señala el texto enlazado antes de este párrafo.

Peor aún, esto dio lugar a una reconsideración de su propia gestión del abuso sexual en Chiclayo, la diócesis peruana donde sirvió antes de convertirse en cardenal bajo el papado de Francisco (véase el texto enlazado abajo).

En octubre de 2024, esta serie consideró los datos disponibles en Alemania y Austria de los estudios levantados en ambos países por el Grupo de Investigación sobre Cosmovisiones en Alemania (Forschungsgruppe Weltanschauungen in Deutschland). Los patrones observados son prácticamente los mismos.

También son casi idénticos los datos para América Latina que se encuentran en las encuestas levantadas por el Pew Research Center sobre las opiniones favorables o no del papado del ahora finado Francisco de 2013 a 2024. La información está disponible en la sección titulada “Torschlusspanik: Miedo a que se cierre la puerta” en el texto enlazado después de este párrafo.

Postdata

Cuando este texto ya estaba redactado, surgieron noticias de Roma sobre la primera renuncia forzada de un obispo durante el papado de León XIV. Se trata de Ciro Quispe López, de 52 años, ahora obispo emérito de Juli, Perú. Como es habitual, la información es fragmentaria y escasa.

En el Bollettino que publica a diario la Santa Sede, una frase resume la situación. Hay que consultar otras fuentes para descubrir que la renuncia es por mala gestión financiera y conducta sexual inapropiada, pero no hay nada oficial sobre esas “acusaciones”.

Al consultar la página de Quispe López en Catholic-Hierarchy, es difícil detectar algún problema más allá de la edad en la que ocurre la renuncia.

El ahora emérito de Juli, Perú, Ciro Quispe López, preside la misa para celebrar la creación de la diócesis el 8 de agosto de 2025, menos de dos meses antes de su renuncia. De las redes sociales de su antigua diócesis.
El ahora emérito de Juli, Perú, Ciro Quispe López, preside la misa para celebrar la creación de la diócesis el 8 de agosto de 2025, menos de dos meses antes de su renuncia. De las redes sociales de su antigua diócesis.

A menos que se pase de la suya a la página de la diócesis. Allí se observa que Juli tiene ahora dos eméritos, ambos menores de 75 años. El predecesor de Quispe López, José María Ortega Trinidad, fue uno de los muchos obispos que el papa Francisco obligó a renunciar.

El pontífice argentino obligó a Ortega Trinidad a dejar el cargo en 2018, cuando sólo tenía 67 años, para nombrar a Quispe López. En ese sentido, a menos que uno sea un incondicional de Francisco, es difícil no cuestionar el nombramiento de Quispe López. Más aún, es difícil no pensar si el remedio resultó peor que la enfermedad.

El obispo José María Ortega Trinidad preside una misa en la catedral de Juli, Perú, 12 de diciembre de 2018. From his former diocese social media.
El obispo José María Ortega Trinidad preside una misa en la catedral de Juli, Perú, 12 de diciembre de 2018. From his former diocese social media.

En Perú, el gobierno seguirá pagándoles un salario, porque esa es la naturaleza de la relación Estado-Iglesia allí, pero en cualquier otro país sin este tipo de disposiciones, la diócesis se vería obligada a pagarles, ya que ahora ambos son eméritos. Lo que es peor, como emérito, Quispe López tendrá libertad de hacer lo que quiera, ya que Roma no impuso restricciones a su ministerio.

¿O las impuso? Porque ya se conoce la historia de las “penas” impuestas en secreto a obispos y cardenales con mala conducta. En enero de este año, el arzobispo emérito de Lima, Juan Luis Cipriani Thorné, decidió retar las “penas” de Francisco.

Como un síntoma de los problemas que explican la crisis de abusos sexuales del clero, Cipriani Thorné lo hizo al jugar a ser la víctima. El texto enlazado a continuación detalló su caso en la sección “Eje Lima-Madrid-Roma”.

En ese sentido, lo que antes se consideraba el castigo máximo para un obispo en ejercicio, obligarlo a dejar su cargo, ahora es una especie de rutina. A principios de este año, esta serie publicó un texto sobre los 30 obispos que el papa Francisco obligó a renunciar en los últimos dos años de su vida.

Peor aún, existe la posibilidad de que algunas de esas renuncias no sean consecuencia de abusos, pero en el actual escenario de desconfianza, derivado de la crisis de abusos sexuales del clero, es realmente difícil entender por qué se producen. En ese sentido, lejos de actuar como un castigo real, estas renuncias forzadas son una forma perversa de recompensar el abuso.

Es el caso del obispo argentino Gustavo Zanchetta, de cuyo caso se ofreció un breve resumen en una entrevista con un sobreviviente de ese país, disponible al final de este texto. Zanchetta obtuvo una libertad anticipada de lo que ya era un castigo irrisorio por el abuso de seminaristas en su antigua diócesis de Orán.

Su condena ya era simbólica, tan sólo cuatro años y medio de prisión. La cumplía en una propiedad de la Iglesia Católica, con poca o ninguna supervisión real, y el viernes 26 de septiembre obtuvo la libertad condicional anticipada, a pesar de lo dicho en el juicio por el fiscal y el juez.

Es realmente difícil imaginar cómo noticias como estas de Perú y Argentina podrían fomentar, en lugar de socavar, lo que queda de la confianza en la Iglesia Católica en esos dos países y en la región en general.

Imagen creada por la IA de Microsoft 365 que presenta sitios representativos del catolicismo latinoamericano abandonados por sus fieles. Los sitios se inspiran en la antigua basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, la catedral de Buenos Aires y la de Lima. Aspira a representar la masiva pérdida de confianza y el éxodo de esa denominación que resulta de ello.

Agréganos como fuente preferida en Google