Guanajuato: la generación del cristal
Campaña preventiva sobre los riesgos del consumo de cristal en una escuela de León, Guanajuato. Foto: periodicocorreo.com.mx

Rosario Martínez De la Vega

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En Guanajuato, la falta de evaluación pública impide medir si los programas escolares han reducido el consumo de metanfetaminas entre adolescentes.

Por Rosario Martínez De la Vega

GUANAJUATO, Gto. — Durante los últimos años, las autoridades estatales han implementado programas escolares, estrategias de prevención y acciones institucionales dirigidas a reducir el consumo de sustancias entre niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, documentos obtenidos mediante solicitudes de acceso a la información con los numerales 2231100500094226 y 2202093900013726 muestran que, mientras las dependencias reportan actividades preventivas y miles de estudiantes atendidos, el cristal se ha consolidado como la sustancia más frecuente en las intervenciones relacionadas con drogas registradas por las corporaciones estatales.

Las cifras disponibles permiten observar un fenómeno que atraviesa distintos ámbitos de la administración pública de Guanajuato: prevención, seguridad, procuración de justicia, tratamiento de adicciones y derechos humanos.

El predominio del cristal

Los registros de la Secretaría de Seguridad y Paz muestran que el cristal concentró 1,303 intervenciones relacionadas con drogas, equivalentes al 80.3% de los casos analizados por la Subsecretaría de Inteligencia Operacional.

La magnitud de esta proporción coloca a las metanfetaminas por encima de otras sustancias reportadas en los registros operativos y confirma la presencia predominante del cristal dentro de las acciones de seguridad estatal. Más que una problemática general de consumo, los datos apuntan a un fenómeno específico: la expansión acelerada de las metanfetaminas como la principal sustancia asociada a las intervenciones policiales en Guanajuato.

Prevención sin indicadores de resultado

La Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG) informó haber beneficiado a más de 444 mil estudiantes mediante encuestas, jornadas de prevención, actividades escolares y convenios institucionales desarrollados entre 2020 y 2026.

Sin embargo, al solicitarse evaluaciones, indicadores de impacto o diagnósticos que permitieran conocer si esas acciones redujeron el consumo de sustancias entre la población estudiantil, la dependencia señaló que no contaba con esa información. La respuesta deja una interrogante relevante para la evaluación de la política pública: aunque existe información sobre la cobertura y el alcance de los programas, no hay evidencia pública que permita medir sus resultados reales.

El panorama adquiere mayor relevancia al revisar los recursos presupuestales específicos reportados para prevención de adicciones:

Del sistema educativo al sistema de justicia

Las respuestas oficiales también muestran que el fenómeno alcanza de manera crítica a adolescentes que terminan dentro del sistema de justicia penal:

  • Detenciones: La Secretaría de Seguridad y Paz informó que, entre septiembre de 2024 y octubre de 2026, se registraron 1,623 detenciones de adolescentes por posesión de droga.

  • Tratamientos forzados: 1,789 adolescentes fueron incorporados a tratamientos de adicciones mediante mecanismos de justicia terapéutica derivados de una suspensión condicional del proceso.

Los datos reflejan que una parte sustancial de la atención institucional a jóvenes con problemas de adicción ocurre de forma reactiva, posterior a su ingreso a procedimientos judiciales.

Un fenómeno extendido en el estado

Los registros de la Fiscalía General del Estado (FGE) muestran investigaciones relacionadas con adolescentes por narcomenudeo en municipios de distintas regiones de Guanajuato desde 2018.

Investigaciones por narcomenudeo con adolescentes detenidos en los municipios de Guanajuato, desglosadas por sexo, entre 2018 y septiembre de 2026, según registros de la Fiscalía General del Estado.

Municipios como León, Irapuato, Celaya y Salamanca concentran los mayores registros de carpetas de investigación, aunque la problemática se extiende por la gran mayoría del territorio estatal, con un marcado predominio masculino entre los involucrados. Pese a la gravedad del panorama, la Fiscalía informó que no cuenta con registros estadísticos que permitan identificar de manera sistematizada las sustancias aseguradas o las dosis relacionadas con cada investigación.

La dimensión de derechos humanos

La Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado de Guanajuato (PRODHEG) reportó 12 expedientes de queja relacionados con la atención a personas que enfrentan problemas de adicción.

Los expedientes incluyen señalamientos por:

  1. Demora o negativa de atención médica especializada.
  2. Presuntos malos tratos y violaciones en centros de rehabilitación (“anexos”).
  3. Posibles omisiones institucionales en servicios vinculados con salud mental y adicciones.

Una pregunta abierta

Las respuestas obtenidas mediante herramientas de transparencia muestran a distintas instituciones interviniendo en etapas fragmentadas del mismo fenómeno: prevención en escuelas, intervenciones policiales, investigaciones penales, tratamientos derivados del sistema de justicia y procedimientos por violaciones a derechos humanos.

En todos esos ámbitos aparece un elemento articulador: la presencia predominante del cristal. La información oficial permite documentar su expansión, pero deja preguntas abiertas sobre la eficacia de las estrategias preventivas, la evolución del consumo en las aulas y el impacto real de los recursos públicos ejercidos durante los últimos años.

“En la prepa oficial de León es normal ir al baño a consumir”: testimonio de un joven que se volvió adicto al cristal a los 16 años.

A los 18 años, un joven en condición de anonimato habla sin rodeos de una experiencia que comenzó en las aulas escolares y que lo llevó a una adicción al cristal marcada por la paranoia, el aislamiento familiar y un intento de suicidio derivado de un cuadro psicótico. Su relato coincide con la evidencia documental: la rápida naturalización de las metanfetaminas entre los estudiantes de Guanajuato.

“Me lo ofrecieron en la preparatoria”

“Tenía 16 años cuando probé cristal por primera vez. No fue en una esquina oscura ni en una casa abandonada. Fue en la preparatoria oficial de León, adscrita a la Universidad de Guanajuato. Había salido de clases. Estaba agotado; entre el estudio y el boxeo acumulaba días sin dormir. Entonces, un compañero se acercó y me dijo: ‘¿No quieres cristal?’. Yo sabía qué era, pero estaba agotado, así que le dije que sí”.

Hoy, a sus 18 años, analiza aquella decisión sin victimizarse, pero refutando las versiones oficiales sobre cómo penetra la sustancia en el entorno juvenil.

—¿Qué tan fácil es conseguir cristal siendo estudiante?

—Muy fácil. Muy, muy fácil. Es cuestión de preguntarle a alguien y ya.

—¿Qué desconocías de la sustancia en ese momento?

—Sabía que era muy adictiva, pero no sabía que te causaba tanta energía, tantas manías y que te detonaba tantas cosas en la cabeza.

—¿Por qué engancha tanto a los jóvenes, a diferencia de otras drogas?

—El cristal te hace sentir como un superhéroe. Te da mucha energía y mucha euforia; son cosas que ninguna otra droga genera. Además, no te apaga. Al contrario, te pone a hacer cosas, a armar y desarmar objetos, a moverte todo el tiempo.

Entre fiestas y baños escolares

El consumo no requería espacios marginales o clandestinos; estaba integrado a la rutina académica y social de los estudiantes.

—¿Dónde se consumía habitualmente?

—En fiestas, para bajar la peda (la borrachera). Y también dentro de la preparatoria; siempre se iban a los baños. Es algo muy común. Mi compañero, el que me lo ofreció por primera vez, consumía hasta tres boyas al día, como gramo y medio o dos gramos.

—En tu caso, ¿qué buscabas al consumir?

—Yo buscaba mantenerme despierto y no sentir hambre. Detrás de eso había problemas familiares. Principalmente, quería mantenerme despierto para no ser violentado físicamente. Si me preguntas qué emociones me llevaron a la sustancia: principalmente miedo y también tristeza.

El fracaso de las campañas institucionales

Durante su paso por la preparatoria oficial de León asistió a las pláticas preventivas impartidas por las autoridades. Su diagnóstico sobre ellas es severo.

“Eran los típicos mensajes de que las drogas son malas porque son malas. Para un adolescente que tiene tantos problemas, no sirve que le digan ‘no estés triste’ o ‘no te drogues porque te hace daño’. Uno no busca hacerse daño, busca sentirse bien. El problema es que, cuando menos te das cuenta, ya estás enganchado y no te puedes levantar de la cama sin consumir”.

—¿Qué le falta a la prevención oficial?

—Honestidad. Y gente que haya pasado por el tema. Una persona que nunca sufrió una adicción no entiende. Las campañas te muestran como si a la primera probada te fueras a morir, y justamente en eso mienten. Está muy distanciada la visión del gobierno de lo que viven los consumidores.

La psicosis y el estigma

Las consecuencias físicas y mentales no tardaron en manifestarse de forma drástica.

  • Deterioro físico y social: pérdida severa de peso y ruptura total de la confianza familiar.
  • Salud mental: “Empecé a escuchar voces y sentía que todo el tiempo alguien me estaba persiguiendo”.

La paranoia acumulada culminó en una crisis extrema: un intento de suicidio derivado de un episodio psicótico.

Tras tocar fondo, inició el proceso de abstinencia y buscó atención médica. Aunque en el sector privado encontró especialistas que lo acompañaron sin prejuicios, su experiencia con el sistema de salud público reveló carencias estructurales.

—¿Cómo es el trato en las instituciones públicas?

—Sentí cierta falta de capacitación para sobrellevar la situación. Uno siente que lo juzgan. Hay un estigma muy grande: “Ahí viene el marihuano”, “ahí viene el cricoso”.

—¿Qué opinas de los anexos o centros de internamiento?

—Los anexos son una de las peores cosas que se pueden hacer. Una persona tiene que tener voluntad para dejar la droga; eso no se construye con encierro e imposición.

Una epidemia en la sombra

A dos años de aquel primer contacto en los baños de su preparatoria, el joven se mantiene fuera del consumo, pero advierte que el problema en las escuelas sigue intacto.

“De lo que no se habla es de la enorme epidemia de personas adictas que existe. La droga sigue presente en los mismos espacios donde yo la conocí”.

A pesar del proceso atravesado, vislumbra su futuro con claridad: “Me imagino rehabilitado, estudiando o terminando una carrera. No lo volvería a hacer, pero no me arrepiento de haberlo vivido. Fue una etapa que me hizo darme cuenta de muchas cosas”, finalizó.

En Guanajuato, el cristal dejó de ser únicamente una droga para convertirse en un fenómeno que atraviesa aulas, hogares, corporaciones policiacas, tribunales, centros de tratamiento y oficinas de derechos humanos. Las cifras documentan su expansión; los testimonios revelan su costo humano. Entre ambos extremos queda una realidad difícil de ignorar: mientras las instituciones registran actividades, detenciones y programas, una generación de adolescentes sigue encontrando en las metanfetaminas respuestas que las políticas públicas aún no han logrado ofrecer.

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