De Tlalpan a Izcalli, la ruta del abuso sexual en la Iglesia Católica de México
Morseo Miramón en el seminario de Izcalli, 2016

Rodolfo Soriano-Núñez

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La diócesis de Izcalli y la arquidiócesis de México ignoraron avisos sobre el riesgo de ordenar a quienes ahora son acusados de abuso sexual.

Religión y vida pública: La urgencia por ordenar sacerdotes a como dé lugar, incluso a quienes son proclives al abuso sexual, no resuelve problemas a los obispos.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

En dos de los casos de abuso sexual a los que se ha dado seguimiento en Los Ángeles Press en las últimas semanas hay un común denominador que debería llamar la atención de quienes, de manera sincera quieran resolver la crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica: los dos sacerdotes ahora acusados de abuso no debieron ser ordenados.

Tanto en el caso de Sergio González Guerrero, el sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México, como en el de Morseo Miramón Santiago, de la diócesis de (Cuautitlán) Izcalli en el Estado de México, los responsables de esas ordenaciones, Carlos Aguiar Retes y Francisco González Ramos, corrieron riesgos al ordenar candidatos al sacerdocio que habían tenido problemas en etapas previas de su formación.

Como se dio cuenta puntualmente en la serie de tres entregas dedicadas al caso de González Guerrero, la Arquidiócesis Primada de México, estuvo dispuesta a darle una “segunda oportunidad” a un exmiembro de los josefinos de Murialdo, una orden religiosa que le había expulsado por un “conflicto de autoridad”.

En la diócesis de (Cuautitlán) Izcalli, una de las más jóvenes de México, creada ya por el papa Francisco hace diez años, en junio de 2014, recibieron a un exseminarista de la arquidiócesis de Acapulco que luego de recibir lo que antes se llamaba las “órdenes menores” y ahora se denominan “ministerios”, desapareció del así llamado Seminario del Buen Pastor de Acapulco.

No es claro si hubo avisos formales, es decir, si los superiores de los josefinos de Murialdo y los de la arquidiócesis de Acapulco efectivamente notificaron a otros seminarios de México acerca de la salida de González Guerrero y Miramón Santiago de sus filas, pero tampoco es claro si los reclutadores y/o formadores del seminario de la Arquidiócesis Primada o los del Seminario Diocesano de Izcalli se esforzaron en buscar información sobre González Guerrero y Miramón Santiago, respectivamente.

Y el problema se agrava porque ninguna de esas dos diócesis o, para propósitos prácticos, de cualquier diócesis de México, es transparente respecto de los procesos de reclutamiento y formación de sus candidatos al sacerdocio.

Uno tiene que pasar muchas horas haciendo minería de cientos de mensajes, vídeos y memes de redes sociales para reconstruir, con notables huecos y ausencias, la historia académica y profesional de quienes, luego de ser ordenados, han probado ser peligrosos para las comunidades que, esperanzadas, los reciben como representantes de una organización que dice actuar en nombre de Dios.

 

 

En el caso de la diócesis de (Cuautitlán) Izcalli conviene tener presente que, al ser una de las de más reciente creación en México ya sabían que surgían en un contexto marcado por la crisis de abuso sexual que ha afectado a la Iglesia Católica durante al menos los últimos 40 años. En otras palabras, ya sabían la clase de problemas que iban a enfrentar al dar vida a una nueva diócesis, pero, lejos de actuar de manera prudente y responsable, le apostaron a conseguir una ordenación relativamente "barata".

¿Eran conscientes?

Lejos de demostrar que eran conscientes de esa realidad, los clérigos más directamente involucrados en la creación de la diócesis de (Cuautitlán) Izcalli, actuaron como si nada hubiera ocurrido y recibieron en su seno a una persona que abandonó sus estudios o fue forzado a abandonarlos, por razones que sólo los jerarcas de la Arquidiócesis de Acapulco y los directivos del Seminario del Buen Pastor del puerto del Pacífico conocen.

En el caso del Seminario de Izcalli, además, algo ocurrió con los administradores de sus redes sociales que hay un periodo de poco más de dos años, entre 2016 y 2018, en que la cuenta de la llamada Pastoral Vocacional en Facebook dejó de alimentar a esa red social con fotografías y mensajes.

El año de 2016 es clave porque es el momento en que sería de suponerse que Morseo Miramón habría llegado de Acapulco a Izcalli. En la cuenta Pastoral Vocacional Izcalli la última foto (disponible aquí) de 2016, corresponde a una actividad en el estado de Puebla en julio de ese año y luego pasan casi dos años hasta que vuelven a publicar una imagen en julio de 2018, que está disponible aquí.

En la cuenta del Seminario Diocesano de Izcalli es posible encontrar una foto publicada el 23 de enero de 2017 en la que Morseo Miramón ya aparece ataviado con una dalmática verde, es decir, un tipo de ornamento de los ministros de culto de la Iglesia Católica, a la izquierda del obispo. Aparentemente, la fotografía se tomó después de la celebración de una ceremonia en la que, además del obispo y de Morseo, se puede ver a varios seminaristas que portan la sotana negra con la faja de color azul que los identifica como tales, además de los sobrepellices o roquetes blancos que deben usar cuando están al servicio del altar, así como sacerdotes que se distinguen de los otros por su edad y por el uso del alba o túnica blanca y la estola sobre sus hombros.

 
Morseo Miramón Santiago, a la izquierda del obispo de Izcalli, Francisco González Ramos, 2017. Redes sociales de la diócesis de Izcalli.

La dalmática que Morseo porta en esa fotografía podría indicar que ya para entonces habría sido ordenado como diácono, aunque no hay modo de confirmar cuando y quién le habría ordenado como tal.

¿Llegó ordenado diácono de Acapulco? ¿Lo ordenaron diácono en Izcalli? Si fue así debió ser una ceremonia atípica, pues suele ser que las diócesis mexicanas celebran efusivamente incluso cuando les dan o imponen las sotanas a los seminaristas.

Omisión y opacidad

Que las cuentas de las redes sociales de la diócesis de (Cuautitlán) Izcalli sean omisas respecto de ese hecho no es inaudito, porque tampoco hay algún residuo digital de entusiasmo por la ordenación de Morseo Miramón como presbítero, con excepción de la referencia en la revista Mensaje de la que se dio cuenta en la entrega previa de esta serie y que vuelve a presentarse inmediatamente después de este párrafo.

 
La nota publicada en la revista Mensaje de julio de 2017. Con el círculo rojo se identifica a Morseo Miramón Santiago. 

Es notable también, por ejemplo, que aunque Morseo ocupó una posición protagónica como presbítero recién ordenado durante la misa de la peregrinación de la diócesis de Izcalli a la Basílica de Guadalupe, celebrada el 24 de agosto de 2017, que puede verse inmediatamente después de este párrafo, el año previo no hay rastro de él.

 
 

Morseo Miramón Santiago como segundo concelebrante de la misa de la peregrinación a la Basílica de Guadalupe de la diócesis de Izcalli, 2017

En efecto, durante la misa de la peregrinación realizada el 25 de agosto de 2016, cuyo vídeo está disponible aquí, cuando tendría que haber sido diácono o estar a punto de ser ordenado como tal, no es posible encontrarlo como ceremoniero del obispo, ni durante la lectura del Evangelio, una de las tareas normalmente encomendadas a un diácono en ese tipo de ceremonias. Tampoco se le ve en 2016 incensando el altar o las imágenes, ni preparando los cálices y patenas durante la celebración de la misa. Son otros seminaristas o clérigos quienes realizan esas tareas.

Tampoco es posible encontrarlo durante la misa de la peregrinación del año previo, realizada el 27 de agosto de 2015, que está disponible aquí.

El vídeo completo de la misa de la peregrinación de la diócesis de Izcalli a la Basílica de Guadalupe en 2017, está disponible aquí.

Entre la ordenación de Morseo realizada el 23 de junio de 2017 y su participación en la misa de agosto de ese año en la Basílica de Guadalupe, Morseo viajó de regreso al municipio del que, aparentemente, es originario en Guerrero.

En efecto, a finales de junio de 2017, viajó a Xochistlahuaca, Guerrero y con él viajó también el obispo de (Cuautitlán) Izcalli, como se puede ver en la fotografía que aparece inmediatamente después de este párrafo.

 
Miramón abraza a otro clérigo luego de su primera misa en San Miguel Xochistlahuaca, Gro. en 2017. Atrás de ambos, el obispo de Izcalli en atuendo de coro.

¿Sabía o no sabía?

En esa fotografía el obispo Francisco González Ramos aparece con una sotana en color púrpura, con sobrepelliz o roquete, el así llamado atuendo de coro que usan los obispos y otros prelados cuando asisten a una misa u otra actividad eclesiástica que no celebran ellos.

En ese sentido, es posible intuir que González Ramos debía saber algo acerca de las razones que llevaron a Morseo Miramón a dejar la arquidiócesis de Acapulco, a la que está adscrita la parroquia de San Miguel Arcángel de Xochistlahuaca, Guerrero.

En todo caso, hay aproximadamente dos años de los que no es posible establecer con precisión qué hacía Morseo. En la arquidiócesis de Acapulco se sabe que la última función pública en la que apareció de manera formal fue la ceremonia en la que aparentemente se le instituyó o nombró lector o acólito.

Lector, acólito, exorcista, ostiario y subdiácono solían formar parte de las antiguas “órdenes menores” una denominación que desapareció en 1972, en el documento Ministeria Quaedam del entonces papa Pablo VI para ser sustituida por la denominación actual de "ministro lector" y "ministro acólito".

Que Morseo Miramón fue instituido o nombrado como ministro lector o ministro acólito por la arquidiócesis de Acapulco se sabe porque una de las fotos que se publicó en la primera entrega de esta serie, que aparece inmediatamente después de este párrafo, pudo vincularse con otras fotos tomadas ese día, que fueron publicadas en la cuenta de Facebook de otro clérigo de la arquidiócesis de Acapulco.

 
En el círculo rojo, Morseo Miramón. Al centro del grupo, con báculo, el entonces arz. de Acapulco Carlos Garfias Merlos, 2014.

En la foto que aparece inmediatamente después de este párrafo, puede verse atrás de la imagen del entonces arzobispo de Acapulco, ahora de Morelia, Carlos Garfias Merlos, un letrero en el que se pueden leer las palabras “Lectores” y “Acólitos”, que se ha destacado con una flecha roja para facilitar su identificación.

 
Carlos Garfias, entonces arz. de Acapulco preside el nombramiento de seminaristas como lectores y acólitos. Redes sociales de la arq. de Acapulco, 2014.

Otra marca de que la condición de Morseo cambió ese día es que ya no porta la sotana negra con la faja de color azul en la fotografía con el arz. Garfias Merlos. En lugar de ello, ya porta -en cambio- el alba o túnica blanca, con el cíngulo, cordón o faja blanca que aparece en la foto con el entonces arzobispo de Acapulco, así como en la foto que aparece inmediatamente después de este párrafo, en la que están algunas de las personas que acompañaron a Morseo en sus estudios en el seminario de Acapulco.

 
Morseo Miramón, en un círculo azul, y sus compañeros de generación en el Seminario del Buen Pastor de Acapulco, 2014.

Ordenados

Sin embargo, a diferencia de lo que sucede con algunos de las personas que aparecen en esa imagen publicada el 20 de marzo de 2014, que siguen apareciendo juntos en sus propias cuentas de redes sociales o en las de la arquidiócesis o el Seminario del Buen Pastor de Acapulco, Morseo desaparece de las redes sociales de esas dos entidades y no aparece en las de la diócesis de Izcalli hasta casi dos años después, hacia principos de 2016, en fotografías como la del 3 de abril de ese año, que se usa como principal de este texto.

Fue posible establecer que compañeros de generación de Morseo en el seminario de Acapulco se ordenaron como diáconos el 19 de mayo de 2016, como se puede ver en anuncio que aparece inmediatamente después de este párrafo.

 

Invitación pública a una de las ordenaciones en el seminario del Buen Pastor de Acapulco, 2015.

Incluso fue posible encontrar una invitación similar a la ordenación ya como presbíteros de miembros de esa generación de clérigos de la arquidiócesis de Acapulco, como se puede ver en la imagen que aparece inmediatamente después de este párrafo.

 

Invitación de 2016 para la ordenación de egresados del Seminario del Buen Pastor de la arquidiócesis de Acapulco.

En todo caso, el 3 de abril de ese mismo año, la cuenta del Seminario Diocesano de Izcalli publicó la fotografía que aparece inmediatamente después de este párrafo, la misma que sirve de principal. En ella Morseo está con un grupo de seminaristas de Izcalli que, arrodillados siguen la oración presidida por un sacerdote que lee un ritual desde un teléfono celular.

 
Morseo Miramón, quizás ya como acólito y ataviado con alba en el Seminario Diocesano de Izcalli, 2016.

Morseo en ese momento ya no aparece como seminarista. Aparece como lector o como acólito, es imposible establecer eso. Ello es así, pues porta un alba o túnica blanca y, a diferencia de la faja blanca que portaba sobre la túnica en las fotos tomadas en Acapulco, porta un cíngulo o cordón también blanco. Él y el seminarista a su derecha, se distinguen del resto del grupo, pues todos los que no han sido instituidos o nombrados como ministro lector o ministro acólito, portan la sotana negra con faja azul y sobrepelliz o roquete blanco, mientras que el sacerdote que preside, porta una casulla gótica sobre la túnica o alba.

Qué pasó en esos dos años, es imposible determinarlo. Si la arquidiócesis de Acapulco o la diócesis de (Cuautitlán) Izcalli desean aclararlo, estamos en la mejor disposición de escucharles y dar cuenta de sus respuestas pero, lamentablemente, la opacidad de la Iglesia Católica en México, hace muy difícil suponer que habrá una aclaración de alguna de esas dos entidades que permita saber por qué se truncó la carrera eclesiástica de Morseo Miramón Santiago en la arquidiócesis de Acapulco y cómo es que la diócesis de Izcalli estuvo dispuesta a rescatarlo.

¿Hubo algún episodio de indisciplina en el Seminario de Acapulco? ¿Algún "conflicto de autoridad" como habrían dicho los josefinos de Murialdo de Sergio González? ¿Esa indisciplina involucró el abuso de sustancias, legales como el alcohol o ilegales como alguna droga, como se nos dijo que fue el caso de González Guerrero en la Ciudad de México? ¿Involucró alguna agresión sexual de su parte contra otro seminarista en Acapulco?

Ojalá las dos diócesis estuvieran dispuestas a aclarar qué sucedió en este caso. Su silencio quizás les sirve para eludir alguna posible responsabilidad jurídica, pero no abona a la construcción de confianza con su feligresía y con la opinión pública.

¿Y después de ordenado?

El otro asunto que es posible establecer a partir de la revisión de cientos de mensajes publicados en las redes sociales de la diócesis es que después de la ordenación como presbítero, es decir, como sacerdote, de Morseo de junio de 2017, el protagonista de esta investigación fue enviado a la parroquia de Santa Bárbara Virgen y Mártir de la diócesis de Izcalli en el pueblo homónimo en el municipio de Tepotzotlán, Estado de México.

 
Mapa de la diócesis de (Cuautitlán) Izcalli. Mapa base de INEGI.

La diócesis de Izcalli está integrada por tres municipios, como se puede ver en el mapa que aparece inmediatamente antes de este párrafo: el de Cuautitlán Izcalli, el así llamado municipio 121 del Estado de México; el de Nicolás Romero, al poniente de Izcalli y el de Tepotzotlán, al norte de Izcalli.

La parroquia de Santa Bárbara está ubicada en uno de los pueblos más antiguos de esa zona del Estado de México y su territorio casi se confunde con el del ejido del mismo nombre, que se puede ubicar con un círculo rojo en el mapa que aparece a continuación.

 
El Ejido Santa Bárbara, cercano a la parroquia del mismo nombre en Tepotzotlán, Estado de México. Mapa base de Google Maps.

A diferencia de los templos de Izcalli que son modernos, funcionales y reflejan mucha de la filosofía urbana con la que se creó ese municipio durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, como una comunidad planeada, los templos de Tepotzotlán son muy pequeños, algunos son del periodo colonial e insuficientes para una población que ha aumentado gracias al crecimiento económico de Izcalli y, de manera más general, de todo el poniente de la zona metropolitana de la Ciudad de México.

En las redes sociales de la parroquia de Santa Bárbara fue posible encontrar algún rastro del paso de Morseo Miramón por ese lugar. Nada oficial, desde luego. Al menos uno de ellos es un mensaje críptico, difícil de descifrar, que refleja muchos de los problemas que ocurren en las parroquias y comunidades católicas cuando sus clérigos son “motivo de escándalo”.

De agosto de 2022 fue posible encontrar una felicitación de una fiel a los dos sacerdotes que, aparentemente, estaban adscritos a esa parroquia en ese momento, Jorge Emilio Fragoso Godínez y Morseo Miramón, con motivo de la fiesta de Juan María o Jean Marie Vianey, el patrono de los párrocos. Debe notarse, en todo caso, que el mensaje original de la parroquia como tal no reconoce o menciona a Miramón. Sólo al párroco Fragoso Godínez.

 
 

Es sólo la fiel que se identifica en Facebook como Manuela Pérez que menciona a Morseo Miramón. El original de ese mensaje estaba disponible hasta la tarde del domingo 4 de febrero de 2024, aquí.

Un poco más de un año después, fue posible recuperar un mensaje presentado como un “Ramillete espiritual” publicado en noviembre de 2023, se pide de manera expresa por las necesidades materiales y espirituales del presbítero Morseo Miramón Santiago. No es algo oficial, incluso estoy seguro de que la diócesis de Izcalli y la parroquia de Santa Bárbara negarían estar al tanto de que los fieles publicaron ese mensaje en la cuenta de la parroquia, pero el hecho es que ahí está, como testimonio de que hubo quien lo conoció en esa parroquia e incluso estuvo dispuesto a hacer oración por él, aunque no digan cuáles son los problemas que ya entonces enfrentaba.

 
El original de este mensaje estaba disponible hasta la tarde del domingo 4 de febrero de 2024 aquí.

Aquí se presenta el detalle del mensaje donde aparece la fotografía de Morseo Miramón.

 
El detalle de la petición "por las necesidades espirituales y materiales" de Morseo Miramón.

¿Esos problemas de Morseo afectaron a familias de la parroquia de Santa Bárbara o se refieren ya a los problemas que Morseo tuvo con la familia que vive en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en el municipio de Nicolás Romero?

Sólo la diócesis lo podría aclarar y, lamentablemente, dada la política de opacidad absoluta que siguen las diócesis mexicanas es posible asumir que no lo harán.

¿Con o sin aval?

Lo que sería necesario es establecer en qué momento dejó Morseo Miramón la parroquia de Santa Bárbara. Sería necesario establecer si sus actividades en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima contaban con algún aval de la diócesis o si acudía a ese otro municipio mexiquense a cultivar víctimas por su cuenta.

Si era por su cuenta que acudía al territorio de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, ¿quién le daba acceso a la casa cural de esa parroquia en el municipio de Nicolás Romero? Ello es importante, pues la madre de la víctima señala que fue ahí donde ocurrieron las agresiones sexuales.

Y si llegó a Nuestra Señora de Fátima de manera oficial, ¿cómo es que lo hizo? ¿Salió de Santa Bárbara porque hubo ahí ya alguna agresión contra un feligrés? ¿Salió de Santa Bárbara como parte de la rotación regular de los sacerdotes relativamente jóvenes en cualquier diócesis?

Ninguna de estas preguntas sería necesaria si las diócesis mexicanas dieran cuenta de manera transparente y puntual de quién y cuándo es transferido de una parroquia o capellanía u obra de una diócesis a otra función dentro o fuera de esa misma diócesis, pero como—de nuevo—la política de opacidad absoluta de las diócesis mexicanas no lo permite, lo único que queda es tratar de investigar, con estos métodos indirectos, qué ocurre y especular acerca de las causas de esos cambios.

Una pregunta inevitable, tanto en el caso de Sergio González Guerrero como en el de Morseo Miramón Santiago, es si hay algún grado de responsabilidad del actual titular de la Arquidiócesis Primada de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes.

No se sabe a ciencia cierta si fue él o su predecesor, Norberto Rivera Carrera, quien recibió a Sergio González Guerrero en la Arquidiócesis Primada de México luego de su “conflicto de autoridad” con los josefinos de Murialdo, aunque se sabe que el enviarlo a la parroquia de María Madre de la Iglesia en Aragón, alcaldía Gustavo A. Madero, muy cerca de la parroquia de San Jorge, en esa misma alcaldía, fue una decisión total del cardenal Aguiar, como lo fue la de ordenarlo como presbítero en la Basílica de Guadalupe.

 

 

En el caso de la diócesis de Izcalli, aunque Aguiar no dirigía esa entidad, tuvo un papel determinante en llevar a un clérigo del Bajío mexicano, una de las zonas más afectadas por la crisis de abuso sexual a manos de clérigos, a dirigir esa diócesis de reciente creación a mediados de la década pasada.

Aguiar desempeñó un papel determinante en establecer qué municipios se desprenderían de la antigua diócesis de Cuautitlán para dar vida a la nueva diócesis. Incluso si nos atuviéramos a una interpretación rigorista de su papel, dejando de lado la influencia que le permitió ser cardenal y suceder a Norberto Rivera en la Arquidiócesis Primada de México, tendría que haber sido consultado al menos por Roma cuando se tomó la decisión de dividir la antigua diócesis de Cuautitlán.

Además, Morseo Miramón Santiago llegó a Izcalli cuando Carlos Aguiar todavía era titular de la arquidiócesis de Tlalnepantla. Lo que es más, Morseo Miramón fue ordenado en Izcalli cuando Aguiar todavía era metropolitano de Izcalli, al ser arzobispo de Tlalnepantla.

¿Estuvo al tanto de la apuesta que tomaba el obispo Francisco González Ramos al recibir a Morseo Miramón en Izcalli?

Influencia

Quien quiera que conozca la manera en que han operado las diócesis del Estado de México en los últimos 20 años sabe de lo influyente que ha sido el cardenal Aguiar ahí. Por ello es que resulta difícil creer que algo se hubiera movido en una diócesis de reciente creación sin tomar el parecer del entonces arzobispo de Tlalnepantla, metropolitano de la diócesis de Izcalli. 

Pero incluso si efectivamente no hubiera estado al tanto de los problemas con los que Morseo llegaba de Acapulco a Izcalli, Aguiar Retes es una figura con peso político y autoridad moral en las diócesis del Estado de México. Él, si deseara ser consistente con la idea de la espiritualidad de la reparación podría usar su mucha influencia en las estructuras de la Iglesia Católica en el Estado de México para aclarar qué pasó en Cuautitlán Izcalli con Morseo Miramón.

Debe tenerse presente que en esa diócesis ya ocurrió el asesinato de un sacerdote a quien un varón adulto apuñaló en un templo. Inmediatamente después de este párrafo se reproduce una imagen del comunicado que en su momento publicó, en abril de 2018, la diócesis de Izcalli.

 
Primer comunicado de la diócesis de Izcalli sobre el asesinato del pbro. Alcántara.

Como se puede ver en ese comunicado, el sacerdote apuñalado, Rubén Alcántara Díaz, era vicario judicial de la diócesis de Izcalli.

¿Qué significa eso? Implica que era responsable de investigar—entre otros asuntos—casos como el actual de Morseo Miramón Santiago.

¿Había acusaciones previas contra otros sacerdotes de la diócesis de Izcalli? 

Al día siguiente, la diócesis publicó un segundo comunicado. En él reconocían que había rumores acerca del posible móvil del asesinato, como se puede ver en la imagen que aparece después de este párrafo.

 
Segundo comunicado de la diócesis de Izcalli sobre el pbro. Alcántara.

Hasta donde me ha sido posible hurgar en los archivos en línea de distintos medios de comunicación, el asesinato de Alcántara Díaz sigue sin esclarecerse.

La noticia más reciente que pude encontrar la publicó la agencia Quadratín en mayo de aquel año, casi un mes después de los hechos, y habla de la esperanza que tenía la autoridad civil de dar con quien asesinó al sacerdote, pero luego de eso no pude encontrar información sobre ese asesinato.

No deja de sorprender que la jerarquía católica, que ha recuperado su voz para denunciar los hechos de violencia en México, luego de más de 20 años de no decir cosa alguna acerca de esos temas, no incluya a Alcántara Díaz entre los casos de homicidios de clérigos que esperan alguna forma de justicia en México, como hacen con los jesuitas asesinados en la Sierra Tarahumara.

En todo caso, establecer la ruta que siguieron sacerdotes acusados de abuso en su proceso de formación, como en el caso de Morseo Miramón o Sergio González es clave para identificar posibles víctimas y para que la jerarquía católica y, sobre todo, los fieles de esa iglesia puedan saber dónde se están cometiendo los errores que llevan a que las víctimas sigan acumulándose.

También debe quedar claro que si algo demuestran estas dos denuncias de abuso sexual en la Iglesia Católica es que no son casos aislados, como la jerarquía mexicana, agrupada en la Conferencia del Episcopado Mexicano insiste en decir. Siguen patrones muy parecidos a los que se observan en otros países, tanto de América Latina como de América del Norte y Europa.

Lo que es más, si algo demuestran las acusaciones contra Miramón y González es que la supuesta política de "tolerancia cero" de Benedicto XVI contra los abusos, centrada en la demonización de las personas homosexuales, no sirvió de cosa alguna. Miramón Santiago y González Guerrero crecieron y se formaron en ese clima de supuesta "ortodoxia" doctrinaria de Joseph Ratzinger, que en los hechos sólo sirvió para ocultar las causas de la crisis de abusos "abajo de la alfombra". 

Lo aterrador, en todo caso, es que tampoco parece que haya disposición a hacer realidad la espiritualidad de la reparación del papa Francisco