Juicio a Genaro García Luna en EEUU, el trasfondo político para México

Guadalupe Lizárraga

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Los controles internacionales que todavía pueden ser impuestos desde el norte

Por Guadalupe Lizárraga

El juicio contra de Genaro García Luna en Nueva York tiene varias implicaciones políticas para México, y el resto de América Latina. Es el juicio contra un prominente exfuncionario de seguridad pública bajo el mandato de expresidente Felipe Calderón, que declaró la guerra al narcotráfico, con el apoyo y -en gran parte- recursos de Estados Unidos.

En el trasfondo político, este juicio revela el fracaso de las estrategias de combate al narcotráfico, que no sólo implica a México, sino al resto del continente americano, al poner en juego una visión estratégica de Estados Unidos con respecto a América Latina, sobre todo porque se presenta como un ejemplo de los controles internacionales que todavía pueden ser impuestos desde el norte.

Un rápido contexto es que García Luna fue secretario de estado, responsable de la seguridad pública en México, pero antes estuvo en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, el CISEN, como se le conoce a la entidad gubernamental de Inteligencia mexicana, en el periodo presidencial de Vicente Fox. El CISEN, formalmente, era un órgano desconcentrado dependiente de la oficina del titular de la Secretaría de Gobernación, que entre sus funciones tenía la misión de generar inteligencia en materia de seguridad nacional, desde el ámbito civil, pero en realidad se enfocaban al espionaje político y represiones a opositores.

Para recordar: Represión operada por Cisen y Gobierno del DF: #YoSoy132 Morelos – (losangelespress.org)

 

García Luna entró a este organismo en 1989, recomendado por el expresidente Carlos Salinas de Gortari, y fue escalando cargos públicos durante diez años. En el 2000, con el gobierno de la alternancia, como se denominó al mandato de Vicente Fox, por ser del Partido de Acción Nacional que por primera vez tumbaba al PRI, después de 71 años, García Luna se convirtió en la mano derecha de Eduardo Medina Mora, entonces titular del CISEN.

Al año siguiente, en 2001, se creó una comisión de académicos, periodistas e intelectuales para que supervisaran y avalaran la no infiltración del narcotráfico en el nuevo organismo. Hoy, 22 años después, con el desfile de nombres de servidores públicos mencionados en el juicio de Nueva York, cuando García Luna recibió su primer soborno de 1.5 millones de dólares, en 2001, por parte de Jesús ‘El Rey’ Zambada, confirma que aquella supervisión de la “no infiltración del narco” fue una farsa desde el gobierno, que ya estaba operando con el Cártel de Sinaloa.

En esa simulación, Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico, en noviembre de 2007, y a la par se impulsaba una política de fabricación de culpables, chivos expiatorios de manera masiva, para simular el combate al narcotráfico y eficiencia policial, mientras desde el gobierno se protegía a los cárteles de la droga.

Pero desde el gobierno de Vicente Fox, surgía el grupo de “activistas” bajo el amparo de García Luna, como Isabel Miranda de Wallace, Rosi Orozco, Teresa Ulloa, Eduardo Gallo y Tello, María Elena Moreira, entre otros, para legitimar las acciones de la AFI, creada en 2001, para «combatir» secuestros y delincuencia organizada.

Leer más: La corrupta sociedad civil de García Luna y Felipe Calderón – (losangelespress.org)

 

La simulación del combate, un tópico recurrente

Desde antes de que fuera detenido García Luna en Estados Unidos, ya había caído su imagen política en México. El tópico recurrente por parte de periodistas y políticos mexicanos era su relación estrecha con el narcotráfico. Esto no era un secreto, sin embargo, no había una denuncia formal o una investigación al respecto. La vida política nacional se disimuló de García Luna y de sus policías de elite. Hasta la fecha, la mano derecha de García Luna, el expolicía federal Luis Cárdenas Palomino, se encuentra en prisión por delitos de tortura, pero no por narcotráfico. Porfirio Javier Sánchez Mendoza, otro de sus super policías, fue acusado por la tortura y detenciones arbitrarias a George Khoury Layón, víctima de Eduardo Margolis e Isabel Miranda. Estuvo unos meses en prisión, y sin saber cómo y por qué salió de prisión y se reincorporó a sus actividades de seguridad pública en Aguascalientes, se anunció que había fallecido en un accidente de helicóptero. Pero nunca fue denunciado por narcotráfico.

Por lo que el juicio en Nueva York es un ejercicio que cuestiona la autoridad moral de la elite gubernamental que ha intervenido en la política de seguridad pública. Desde tiempos de Salinas de Gortari, el fallecido colega Eduardo Valle Espinoza El Búho ya señalaba de «narcodemocracia» a México, y algunos legisladores de Estados Unidos le hacían eco a mediados de los 90.

Leer más: México visto como narco Estado, tras molestia de AMLO por anuncio de recompensa contra Los Chapitos – (losangelespress.org)

 

Lecciones del juicio de García Luna

Lo que nos deja ver tres puntos clave del juicio a García Luna en Nueva York acusado de conspiración y narcotráfico:

1) Que el narcotráfico no podría existir sin la colaboración al menos de una parte del gobierno o cúpula de poder, y esto es en cualquier país y en todo el continente incluyendo a Estados Unidos y Canadá.

2) Que se actuó trasnacionalmente desde la elite del gobierno mexicano, de allí que los cargos sean por conspiración contra los EE. UU.

3) Que hubo una coordinación estratégica y sistemática de al menos una parte del gobierno mexicano y los líderes de los grupos criminales, lo que hace la diferenciación entre los narcotraficantes admitidos y los combatidos. Es decir que había un combate selectivo, y previo a ello hubo un plan. Por lo que la conspiración no sólo fue contra Estados Unidos, sino principalmente contra México.

 

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