Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 07 de Abril del 2024
Los oblatos ya han usado antes la “solución geográfica”. Uno de sus sacerdotes depredadores vivió en Tehuantepec, en los sesenta.
Religión y vida pública: Argentina, Canadá, Francia, México, Paraguay y Estados Unidos se encuentran entre los países donde los oblatos le han apostado a la “solución geográfica” para los casos de abuso sexual del clero.
Por Rodolfo Soriano Núñez
Hace tres semanas, Los Ángeles Press publicó un reporte sobre la llegada de un sacerdote católico paraguayo, miembro de la orden religiosa de los Oblatos de María Inmaculada, desde su país natal a la parroquia de Santa María Magdalena Tequisistlán, en Oaxaca, México.
Hasta entonces, llevaba al menos seis meses en México. Mantuvo un perfil bajo. No hay constancia de que haya participado como sacerdote en actividades públicas realizadas por esa orden.
Luego de llegar a México, Juan Rafael Fleitas López se desempeñó como instructor en las escuelas donde los oblatos forman a sus llamados escolásticos, que es como órdenes religiosas católicas como los oblatos llaman a los que de otro modo serían identificados como seminaristas: jóvenes estudiantes que aspiran a convertirse en miembros de pleno derecho de la orden y, en algunos casos, en sacerdotes.
Fleitas López fue, en ese sentido, un ejemplo prístino de la llamada “solución geográfica”, que es como los analistas de la crisis de abusos sexuales del clero que ya dura cuarenta años en la Iglesia Católica llaman a la decisión de algunas órdenes e incluso de algunos obispos diocesanos de trasladar a los sacerdotes de una diócesis a otra y, si las circunstancias lo permiten, de un país a otro cuando enfrentan acusaciones de abuso sexual.
Uno de los muchos ejemplos de la “solución geográfica” es, en México y Estados Unidos, la forma en que Norberto Rivera Carrera y Roger Michael Mahony, aceptaron trasladar de México a Estados Unidos y viceversa a Nicolás Aguilar Rivera, quien en algún momento fue llamado por los medios de comunicación de Puebla, su estado natal, “una vergüenza para todo el estado”.
Norberto Rivera envió por primera vez a Nicolás Aguilar Rivera (sin relación familiar con el cardenal) desde Tehuacán, 260 kilómetros o 160 millas al este de la Ciudad de México, en el estado de Puebla, a Los Ángeles, California, durante su primer encargo como obispo. Roger Mahony era, en ese momento, el todopoderoso cardenal y arzobispo de la diócesis católica más grande de Estados Unidos, con más de tres millones de almas bajo su cuidado.

Aguilar Rivera fue una especie de revelación temprana de la profundidad de la crisis de abuso sexual por parte del clero en México a fines de la década de los ochenta, cuando este tema se mantenía oculto por la jerarquía católica, como por el gobierno y los medios de comunicación mexicanos.
Dado que pudo moverse de Tehuacán, un área metropolitana mediana en Puebla, en el centro de México, hasta Los Ángeles, California, y luego de regreso a México, Aguilar Rivera es uno de los superdepredadores más notables del clero católico en México.
Jerarcas de la Iglesia Católica a escala global, como Norberto Rivera o Roger Mahony, lejos de prevenir que cometiera esos crímenes se los facilitaron al ofrecerle las condiciones para que depredara sexualmente de otras personas, así como al encubrir sus actos.
La arquidiócesis de Los Ángeles pagó casi 13 millones de dólares como indemnización. Aunque sólo recibieron los dineros las víctimas de Aguilar en esa demarcación de la Iglesia Católica en Estados Unidos.
Cientos de víctimas
No hay información oficial sobre si algunos pagos fueron realizados por las diócesis mexicanas de Tehuacán, Puebla o Ciudad de México, que en algún momento tuvieron competencia sobre el desempeño sacerdotal de Aguilar en México, aunque se sabe que algunas de sus víctimas recibieron algún tipo de compensación para evitar el escándalo que generó el hecho de que el cardenal Rivera fuera llamado a declarar en California, como se puede ver en esta transcripción de su declaración de 2007.
En 2007, los medios estadounidenses y mexicanos estimaron que las víctimas de Aguilar eran al menos noventa menores. Él cuestionó repetidamente esa cifra, pero no hay razón para creer en su palabra, ya que pudo moverse entre ambos países, lo que le daba más oportunidades para depredar.
En México, pudo moverse oficialmente entre al menos dos diócesis católicas: Tehuacán y Ciudad de México, aunque los últimos informes sobre su vida activa, de la primera década de este siglo, hablan de que desempeñó funciones como sacerdote en el Estado de México, la entidad que rodea la Ciudad de México, que ha tenido el mayor número de diócesis católicas desde principios de los años 1990, aunque no es claro en qué diócesis en concreto habría estado temporalmente habilitado para ejercer.

Gracias a la “solución geográfica”, Aguilar pudo encontrar nuevas víctimas desprevenidas, cada vez que sus jefes en la jerarquía católica decidían hacer girar la rueda de la fortuna, dándole una nueva oportunidad como sacerdote, aunque nunca fue nombrado titular de una parroquia después de que Mahony lo acogiera con un nombramiento temporal allá por 1987.
Fue recién en 2009, más de 20 años después de las primeras acusaciones contra Aguilar, que se supo que Benedicto XVI lo había expulsado del sacerdocio. Sólo entonces los obispos mexicanos admitieron públicamente que Aguilar era un depredador sexual. Aunque no hubo admisión oficial sobre el número de sus víctimas ni en México ni en Estados Unidos, la revista mexicana Proceso las estimó en “más de cien” menores.
E incluso si los últimos tres papas se han disculpado por el alcance y las consecuencias del abuso sexual del clero, y muchos líderes de la Iglesia Católica imitan la retórica del papa reinante sobre el tema, a escala global, el hecho permanece: la “solución geográfica” es una suerte de primer impulso de la jerarquía para protegerse.
Es un impulso a trasladar a los sacerdotes con acusaciones de diferentes tipos de conducta sexual inapropiada como una forma de darles una segunda, tercera o cuarta oportunidad en el ejercicio del sacerdocio, con poca o ninguna consideración por el riesgo potencial de tales decisiones.
Apresurar la publicación de los datos disponibles sobre el posible destino de Juan Rafael Fleitas López como sacerdote asociado en la parroquia de Santa María Magdalena en Tequisistlán, Oaxaca, fue para evitar nuevos abusos.
Era necesario ya que no hay constancia de un interés activo y real de la jerarquía católica mexicana en abordar el tema, como lo demuestra el hecho de que menos de la mitad de las diócesis mexicanas hayan creado una comisión para prevenir abusos, como se demostró la semana pasada en estas páginas.
Más todavía porque no hay indicios de que el actual gobierno federal mexicano vaya a perseguir las acusaciones hechas por los sobrevivientes, sus amigos y defensores en 2017.
Cambio de guardia
Al respecto, mis fuentes en el tema me dicen que el nombramiento de Fleitas en Tequisistlán se desplomó, aunque estuvo allí en marzo, cuando otras parroquias administradas por los oblatos tuvieron cambios de párrocos a su cargo. El más reciente de estos cambios en la diócesis de Tehuantepec, Oaxaca, fue el 4 de marzo.
El cambio de guardia ocurrió en San Pedro Mártir Quiechapa, como da cuenta la entrada en la cuenta oficial de Facebook de los oblatos que aparece inmediatamente después de este párrafo o aquí también.
Posteriormente, el 23 de marzo, los oblatos tuvieron un cambio de dirección en la parroquia de Cristo Nuestro Señor y Salvador, en la diócesis de Iztapalapa, al oriente de la Ciudad de México, según relata esta entrada de la misma cuenta oficial de Facebook, enlazada también inmediatamente después este párrafo.
Es la temporada en la que los oblatos trasladan a sus sacerdotes de una parroquia a otra o de una obra a otra. Esta es una práctica saludable, pues obliga a los sacerdotes y otro personal religioso a enfrentar nuevos desafíos y a encontrar nuevas formas de hacer su trabajo. No son estos cambios regulares los que constituyen la práctica de la “solución geográfica” al problema del abuso sexual del clero.
Además, los oblatos no son nuevos en el uso de la “solución geográfica” para desplazar a los sacerdotes y hermanos religiosos que han enfrentado acusaciones de abuso sexual. Hay un largo historial de esa orden trasladando a sacerdotes y hermanos religiosos de una de sus provincias a otra, ya sea para encubrir los abusos sexuales ya perpetrados por algunos de ellos o como algún tipo de medida preventiva, cuando un superior se da cuenta de que algo anda mal con uno de sus subordinados en una de sus provincias.
Aunque Bishop Accountability no puede verse como una representación precisa de lo que ha sucedido en cuanto a la crisis de abuso sexual del clero en la Iglesia Católica a escala global, ya que tiene un sesgo claro, aunque no deseado, pues el grueso de su información proviene de materiales publicados originalmente en inglés y español, en sus páginas es posible encontrar información que describe con precisión cómo, al menos en los mundos católicos de habla inglesa y española, la “solución geográfica” ha sido utilizada por los oblatos y muchas otras órdenes religiosas católicas para trasladar de una diócesis a otra, sin importar si se trata de países distintos, a sacerdotes con acusaciones de conducta sexual inapropiada.
Más de sesenta oblatos
En ese sentido, Bishop Accountability ha identificado en una de sus páginas a un mínimo de 59 sacerdotes oblatos acusados de abuso sexual por parte del clero en diócesis de Estados Unidos y Canadá. Además, en las páginas en español del mismo sitio web hay información sobre otro oblato, Luis Sabarre, originario de Filipinas pero que actuaba como sacerdote en la arquidiócesis de Mendoza, Argentina.
Además, se tiene información de al menos otros dos miembros argentinos de esta orden religiosa, Gustavo Ovelar y Francisco Bareiro. La historia enlazada arriba, la primera de esta serie sobre los oblatos, menciona a Bareiro y el impacto que han tenido las acusaciones contra él. El periódico paraguayo La Nación los describió en 2016 como escondidos en Paraguay. Ese diario destaca que se les acusó en 2014 de agresión sexual.
Una segunda página en español en Bishop Accountability detalla cómo, hasta 2020, los oblatos guardaron silencio sobre el paradero de Ovelar y Bareiro.
Lo que es peor. La base de datos de habla inglesa de Bishop Accountability ha añadido recientemente datos sobre otros dos oblatos involucrados en casos de abuso sexual en Canadá.
Se trata de los oblatos franceses Edouard Meillieur y Johannes Rivoire quienes trabajaron en distintos momentos en misiones de habla francesa e inglesa en Canadá desde la década de 1950. Ambos son también representantes de la "solución geográfica" tal como la practican los oblatos.

Llama la atención que el comunicado emitido por la provincia canadiense de los oblatos parece ser consciente de la necesidad de utilizar las palabras adecuadas al hablar del dolor que los miembros de esa orden traen a sus víctimas y a las comunidades a las que supuestamente debían servir.
La declaración emitida por el líder de los oblatos en Canadá, el presbítero Ken Thorson, dice: "Los oblatos reconocen el trágico legado del abuso del clero y están sinceramente comprometidos a apoyar a los pueblos inuit que abogan por la verdad, la justicia, la curación y la reconciliación".
¿Cómo puede ser que, si los oblatos canadienses parecen ser conscientes de las “trágicas” consecuencias de la “solución geográfica” utilizada por las provincias francesas y canadienses de esa orden allá durante el siglo XX, los líderes mexicanos y paraguayos de la misma orden están tan dispuestos a poner a los fieles mexicanos en riesgo de ser abusados por Juan Rafael Fleitas López?
Éste es el aspecto más triste de la neurosis institucional que afecta hoy a la Iglesia católica.
Sacerdote depredador
Lo que es peor, en la base de datos en inglés disponible en Bishop Accountability, es posible encontrar información sobre un sacerdote depredador trasladado desde Estados Unidos a la misma diócesis de Tehuantepec, Oaxaca, donde los líderes de la provincia mexicana de los oblatos intentaron instalar a Fleitas López como sacerdote con la bendición del obispo Crispín Ojeda Márquez, antiguo auxiliar del cardenal Norberto Rivera Carrera.
Utilicé el término “sacerdote depredador” con conocimiento y precisión. Bishop Accountability presenta una breve biografía de Donald L. Stavinoha como muerto en 2007 pero condenado a diez años de prisión en 1988, aunque las autoridades de Texas lo liberaron en 1991.

No está claro si agredió o abusó de alguien en Tehuantepec, México. Sabemos, a través de un artículo publicado en 1992 en el periódico texano The Houston Chronicle, que pasó algún tiempo en Tehuantepec entre finales de los años sesenta y principios de los setenta, cuando José de Jesús Clemente Alba Palacios era obispo de Tehuantepec.
Curiosamente, Alba Palacios renunció a su cargo de obispo de Tehuantepec en 1970, cuando sólo tenía 60 años. El papa Pablo VI lo nombró auxiliar de la arquidiócesis de Oaxaca, una medida extraña para un obispo católico. ¿Será porque ya entonces había problemas relacionados con abusos en Tehuantepec? Sólo Dios sabe.
Mientras escribo esta historia no hay noticias oficiales sobre el destino de Juan Rafael Fleitas López. Sé que su nombramiento en Tequisistlán, diócesis de Tehuantepec, fracasó, pero no hay garantía de que los líderes de la orden oblata en México no intentarán enviarlo a alguna de sus otras parroquias.
Lo único que sé con seguridad es que Fleitas López no volverá a ser sacerdote en la parroquia que los oblatos tienen en Tijuana, Baja California. Aunque esa parroquia está en México, no corresponde a los oblatos mexicanos decidir quién va allí a ejercer el sacerdocio. Son los oblatos de Estados Unidos quienes gestionan esa parroquia como “territorio de misión” en México (ver aquí y también aquí).
Si Fleitas López hiciera algo allí, serían los oblatos en Estados Unidos, y bajo las leyes de Estados Unidos quienes serían responsables. Qué afortunados son los fieles católicos mexicanos de Tijuana, protegidos por las leyes estadounidenses…
