Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 04 de Diciembre del 2023, 23:00
Cuando inició el abuso, Joana tenía 12 años y estaba en el seminario de la diócesis de Atlacomulco porque su madre trabajaba ahí.
Religión y vida pública: Joana, víctima de abuso, está a la espera de que la autoridad judicial resuelva un amparo extendido a favor de su agresor Doroteo Ildefonso Santos, quien fungía como rector del seminario de esa diócesis.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Joana Cruz Galván es ahora una joven estudiante de la carrera de Derecho en una universidad del Estado de México. Quien la vea difícilmente podría creer que es el prototipo de muchos de los nuevos casos de abuso sexual en la Iglesia Católica que se hacen públicos en la actualidad.
Ya no son jóvenes varones como los que Marcial Maciel reclutaba entre las familias acomodadas de la sociedad mexicana de los sesenta y setenta, con historias que lo hacían a él víctima de la persecución de peligrosos comunistas.
Son mujeres como Joana quienes revelan qué tan equivocados estaban Juan Pablo II y Benedicto XVI cuando decían que la crisis de abusos sexuales se reducía a un problema causado por “curas homosexuales”, infiltrados en la Iglesia Católica contra la voluntad de la propia Iglesia.
Joana Cruz Galván hizo lo que muchas víctimas en las más de 90 diócesis en las que está organizada la Iglesia Católica en México no se atreven a hacer: desde la fragilidad que la lleva a presentarse en público a sí misma como víctima de violaciones múltiples, nombra a sus agresores, así como a quienes les protegen en las estructuras de la Iglesia Católica y del aparato de justicia del Estado de México.
En concreto, Joana denuncia la actuación tardía tanto de la jerarquía de la Iglesia Católica como de las autoridades del Estado de México.
La primera trató culparla a ella de lo ocurrido. La segunda hace todo lo posible por retrasar decisiones que sólo los magistrados pueden tomar al resolver un amparo interpuesto por quien ella ha denunciado como su agresor y que fue encontrado culpable en la segunda instancia del proceso, el presbítero Doroteo Ildefonso Santos, quien fungía cuando agredió a Joana como rector del seminario de Atlacomulco.

Abuso sistemático
El abuso sistemático y reiterado del que fue objeto Joana desde que tenía 12 años, inició en 2015 en el Seminario de la diócesis de Atlacomulco. Joana tenía que estar ahí porque su mamá trabajaba en esa institución, además de que—como lo demuestran los testimonios de abuso de otras víctimas en distintos países—la educación religiosa que recibió la víctima, marcada por el clericalismo, favorecía el que el agresor pudiera imponer su voluntad sin recurrir a la violencia física, como lo narra la propia Joana en el vídeo tomado de la conferencia de prensa que se presenta unos párrafos más adelante.
Aunque el abuso a veces ocurría en las instalaciones mismas del seminario, hubo ocasiones en que los clérigos involucrados en estas prácticas llevaban a Joana a un hotel “de paso”. Fue luego de dos años, en 2017, cuando Joana decidió hablar con su familia sobre la situación a la que era sometida por los clérigos.
Como resultado de ello, su familia presentó primero una queja en las instancias internas de la diócesis, que derivó en una investigación parcial de los delitos. En este punto, la jerarquía de la diócesis de Atlacomulco ofreció un “arreglo” que incluía “apoyos económicos”, además de “apoyarla” con terapias, siempre y cuando el caso en las instancias civiles no avanzara.
Esa oferta llegó, sin embargo, luego de que la jerarquía católica intentó—por medio de una psicoanalista pagada por la diócesis de Atlacomulco—culparla a ella de ser quien había “incitado” el abuso, a pesar de que ella era una niña de doce años, como se puede observar en el vídeo, tomado de la conferencia de prensa, que aparece a continuación.
Fue dos años después que se informó a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México. Ello fue resultado parcial de que llegó un nuevo encargado del área jurídica del Seminario de Atlacomulco (cuya cuenta de Facebook se puede consultar aquí), quien estimó que se debía dar aviso a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, lo que derivó que en agosto de 2019 se integrara el expediente ORO/FVG/VIA/014/240413/19/08.
Los acusados
El que la diócesis no haya informado antes a las autoridades judiciales del Estado de México permitió que cuatro de los involucrados en las agresiones se fugaran: los sacerdotes César Israel Dávila Alquisiras, Luis Alberto Vázquez Mendoza y Francisco González Hernández, así como el acólito Gustavo Ramírez Jiménez.
El único detenido acusado del delito de violación equiparada fue Doroteo Ildefonso Santos, rector del Seminario en la época en que ocurrieron los hechos. Él actualmente se encuentra en libertad y en su perfil en la red social profesional LinkedIN todavía se ostenta como rector del seminario de la diócesis de Atlacomulco. Lo que es peor, se encuentra ahora activo como sacerdote y preside servicios religiosos.
Ello revela uno de los problemas derivados de la laxitud con la que enfrentan la realidad del abuso sexual tanto la jerarquía de la Iglesia Católica como las autoridades civiles en México. Lejos de separar del cargo a los presbíteros acusados de abuso, hacen todo por mantenerlos activos y preservar la apariencia o de normallidad o, lo que es peor, de que nada de las acusaciones que se hacen contra ellos es cierto.
Ni la jerarquía católica en México, ni las autoridades civiles reconocen la necesidad de impedir que ocurran otros casos de abuso al suspender de sus actividades a quienes, como en el caso de Santos, enfrentan aun el proceso penal en las instancias civiles.

De la investigación parcial interna hecha por la diócesis de Atlacomulco, que preside el obispo Juan Odilón Martínez García, se derivaron suspensiones temporales de los cuatro sacerdotes ya referidos, además de Lucio Alcántara García y Juan Carlos Pichardo Reyes, a quienes se les destituyó como sacerdotes o, como reza la jerga del Derecho Canónico, se les "redujo a la condición de laicos".
En total, la diócesis de Atlacomulco investigó a seis sacerdotes. Todos fueron suspendidos temporalmente del ministerio, aunque—como ya se indicó—Dávila Alquisiras, Vázquez Mendoza y González Hernández decidieron fugarse.
De igual modo, ni las autoridades civiles ni la jerarquía católica han procedido contra los abogados de los clérigos, que ofrecieron a Cruz Galván un soborno de un millón de pesos mexicanos a cambio de que ella y su familia retiraran la demanda ante los juzgados penales del Estado de México.
Cuando se desahogó el juicio en la primera instancia, el juez resolvió en contra de Joana, de modo que Doroteo Ildefonso Santos, quedó libre de todos los cargos. Ante esa resolución, se apeló ante el Tercer Tribunal de Alzada en Materia Penal, radicado en Texcoco.
Como resultado, el 15 de agosto de 2023 se dictó una sentencia condenatoria; sin embargo, el 5 de septiembre de 2023 los abogados del imputado interpusieron un amparo en contra de dicha resolución, por lo que actualmente las partes están a la espera de que se resuelva el amparo.

"Cadena infame"
Este lunes, 4 de diciembre de 2023, Joana Cruz Galván estuvo acompañada de Ana Lucía Salazar, de Alberto Athié, de José Barba, además de Cristina Sada Salinas, la fundadora y promotora de Spes Viva, asociación civil que trata de hacer consciente a la opinión pública, al gobierno y a la jerarquía católica en México del alcance de la crisis de abusos sexuales a manos de clérigos y que la propia Sada Salinas calificó este lunes 4 de diciembre como una “cadena infame”.
Salazar es periodista y, gracias al coraje con el que da cuenta de la manera en que un sacerdote de la Legión de Cristo abusó de ella y la manera en que ha logrado superar las muchas secuelas del abuso, se ha convertido en un referente para las víctimas de la "cadena infame" de la que habló Sada Salinas.
Salazar, valiente y decidida, denuncia a su agresor y, al hacerlo, anima a otras víctimas a hacerlo al tiempo que hacía un apasionado llamado a reconocer el alcance de los daños que las víctimas de abuso enfrentan que, como ella hizo ver, se cristalizan en el hecho que tienen una menor esperanza de vida, además de mayor riesgo de padecer distintos tipos de enfermedades, fruto directo de la agresión de la que fueron objeto.
Don José Barba es una de las primeras víctimas mexicanas que denunció a Marcial Maciel. Gracias a él y otras víctimas como él, el mito de la santidad de Maciel pudo desmontarse, además de que, a lo largo de los últimos años, ofrece a otras víctimas algo que puede parecer poco, pero que es vital para ellas: la disposición a escuchar y a creer lo que dicen las víctimas.
Alberto Athié, quien fuera sacerdote católico adscrito a la Arquidiócesis de México intentó convencer a la Santa Sede del alcance de los abusos perpetrados por Marcial Maciel, sin lograrlo del todo, pues ni se reparan los daños, ni se castiga a los muchos cómplices que ayudaron a Maciel y a otros muchos clérigos depredadores en México a perpretar los delitos de los que se les acusa.
Joana actualmente tiene 19 años, trabaja y estudia la licenciatura en Derecho. Sus gestos amables pero firmes y resueltos dejan ver la bravura con la que acomete una tarea difícil pero necesaria para ella misma: la de dar cuenta de la manera en que, cuando tenía 12 años fue víctima de un sacerdote en el que su familia y ella misma confiaba totalmente, como se puede ver en el vídeo que aparece a continuación:
El testimonio que Joana ofrece es doloroso, pero permite dimensionar la escala del abuso que ha ocurrido en México.
¿Cuántas víctimas en Atlacomulco?
Los Ángeles Press publicó recientemente una estimación del número de víctimas que existen en 64 países a escala global.
En el caso de México, ciframos esa estimación en un rango que va de las 15 mil y hasta las 40 mil víctimas de abuso sexual en la actualidad en México, sin considerar las víctimas previas..
Ese número de víctimas no es fruto de una elucubración. Es resultado de aplicar para México los muy conservadores parámetros que los autores del más ambicioso estudio a escala global en materia de abuso sexual hicieron en Francia y que presenté, como parte de una reflexión más amplia, en una serie publicada a mediados de este año.
Como se hizo ver al publicar esa estimación, al seguir los parámetros del Informe Sauvé se construyó un límite superior o máximo y un límite inferior o mínimo de la estimación para cada país.
El Informe Sauvé supone un mínimo de 25 y un máximo de 63 víctimas por cada clérigo depredador sexual, con una cifra "media" de 35 víctimas por depredador.
El Informe Sauvé, encargado por la conferencia nacional de obispos católicos en Francia, fijó un mínimo del tres por ciento del total del clero masculino, tanto varones ordenados como no ordenados, como base para las comparaciones internacionales sobre abuso sexual (p. 162 de la versión en inglés del informe o reporte Sauvé). Ese documento afirma que...
...una tasa de alrededor del tres por ciento de sacerdotes y miembros de órdenes religiosas que cometieron violencia sexual contra niños, constituye una tasa mínima y un punto relevante de comparación con otros países.
A partir de los parámetros que fijó el Reporte Sauvé, dado que en la actualidad Atlacomulco cuenta con 119 sacerdotes, cuatro religiosos varones y un diácono permanente, para un total de 124 clérigos varones. El dato lo reportó esa diócesis en la información que entregan al Annuario Pontificio. Por ello, el número de agresores sexuales sería un mínimo de 4. El dato de 119 sacerdotes, cuatro religiosos y un diácono permanente está disponible en la página dedicada a la diócesis de Atlacomulco en el sitio Catholic-Hierarchy.org, que aunque no es oficial de la Iglesia Católica, acopia la información que las diócesis como la de Atlacomulco reportan de manera oficial a la Curia Romana.
Dado que según el Reporte Sauvé cada sacerdote depredador podría abusar de entre 25 hasta 63 posibles víctimas, es muy probable que en Atlacomulco, ahora mismo, haya un mínimo de entre 90 y hasta 225 víctimas de abuso sexual a manos de los cuatro clérigos que, como mínimo, según los parámetros del Reporte Sauvé, existirían ahí.
Debe considerarse, sin embargo, que la denuncia de Joana ha permitido identificar ya a seis clérigos que participaron del abuso al que fue sometida. En ese sentido, la estimación basada en el parámetro del Reporte Sauvé ya se cumplió y se ha rebasado de hecho, por lo que es muy probable que haya más de las 225 víctimas que el límite superior de la estimación señala.

La historia de Atlacomulco
La diócesis de Atlacomulco ocupa, como se puede ver en el mapa que aparece un poco antes de este párrafo, el norponiente del Estado de México. Es una diócesis mayormente rural, cuya catedral está en la que fue la cuna de una de las dinastías políticas más importantes en la historia del Estado de México y del país.
Que a mediados de los ochenta se haya creado ahí una diócesis fue una decisión impulsada por el entonces delegado apostólico en México Girolamo Prigione, como parte de los complejos acuerdos que le permitieron, poco menos de ocho años después, restablecer las relaciones entre la Santa Sede y México y convertirse así en el primer nuncio que ejerció de manera efectiva el cargo en la historia de México.
La situación actual en Atlacomulco es inseparable de la historia de esa diócesis y de la situación en otras diócesis de México. Antes de ser nombrado arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda Wechmann fue obispo de Atlacomulco de 1998 a 2009.
Los Ángeles Press ha publicado una serie de textos que da cuenta del alcance de la crisis de abusos sexuales en la diócesis de Ciudad Juárez, Chihuahua, que dadas las dinámicas entre esas dos ciudades, terminó por tocar a la arquidiócesis de la capital de ese estado, además de que terminó por involucrar a la diócesis de Cuernavaca, Morelos, donde actualmente presta sus servicios un sacerdote que fue acusado públicamente por una víctima en la primera década de este siglo. Esa historia se narró con todo detalle en el reportaje referido inmediatamente después de este párrafo.
Dado que algunos de los sacerdotes involucrados en el abuso sexual de Joana fueron formados o fueron admitidos como sacerdotes en Atlacomulco por Miranda Wechmann es inevitable preguntarse desde cuándo ocurren este tipo de abusos y cuántas víctimas más hay, así como preguntarse qué medidas tomó Miranda Wechmann a su paso por Atlacomulco para evitar casos como el denunciado por Joana.
Y todavía peor, el primer obispo de Atlacomulco fue Ricardo Guízar Díaz, primo de Marcial Maciel, depredador sexual señalado como tal por Benedicto XVI y fundador de la Legión de Cristo. Cuando la diócesis fue creada en 1984, Guízar venía de ser obispo auxiliar de Aguascalientes, cargo que ejerció siete años y todavía antes lo había sido de Puebla.

No es posible extender el análisis de las relaciones entre Guízar y Maciel, que pueden comprobarse al observar el árbol genealógico que aparece inmediatamente antes de este párrafo, pero es un elemento que—dada la historia de abusos que ocurrieron la Legión de Cristo—no puede perderse de vista porque es poco probable que Joana sea la única víctima del clero de Atlacomulco.
El obispo Juan Odilón Martínez García está a menos de seis meses de cumplir los 75 años, momento en el que deberá presentar a Roma su renuncia por mandato canónico. Su inminente salida seguramente podría ayudar a limpiar las cosas ahí. En todo caso, muy pronto se conocerá a quien será el cuarto obispo de esa diócesis.
Dado el testimonio de Joana Cruz Galván, así como antes el de Ana Lucía Salazar, no sería difícil que la crisis de abusos sexuales a manos de clérigos siguiera en México el patrón que se ha observado en otros países de América Latina y Europa, además de Estados Unidos, Canadá y Australia, que es el una avalancha de casos de mujeres víctimas de abuso sexual.

Cruz Galván y Salazar insistieron en sus intervenciones en las instalaciones del Centro de Comunicación Social, CENCOS, en la colonia Roma de la Ciudad de México, en la necesidad de que las víctimas de abuso sexual denuncien a sus agresores. Sólo así se podrá dimensionar el verdadero alcance de la crisis de abusos sexuales a manos de clérigos y en otros ámbitos en México.
Spes Viva, la agrupación que organizó la conferencia de prensa es una asociación civil dedicada a promover mejores prácticas tanto de parte de la Iglesia Católica como de las autoridades civiles para atender la crisis de abusos sexuales en contextos religiosos.
Spes Viva significa esperanza viva en latín. Se les puede contactar por medio de sus redes sociales o en su portal web.
Hace unos meses, Spes Viva organizó junto con la organización no gubernamental de alcance global Bishop Accountability otra conferencia de prensa en la que denunciaron la manera en que al menos 15 obispos y una superiora de una orden religiosa femenina encubren abuso sexual de clérigos mexicanos. Los Ángeles Press publicó el material que aparece a continuación que da cuenta de esa denuncia.