El Cefereso 17 de Michoacán arrastra antecedentes por deficiencias médicas, atención psiquiátrica insuficiente y denuncias de agresiones contra internos.
Un interno conocido como “el Huasteco” tenía tratamiento psiquiátrico y, según un testimonio desde la prisión, dejó de recibir sus medicamentos antes de ser encontrado colgado en una del Cefereso 17.
Por Diego Gastélum
Christian Hernández Espinoza falleció en un hospital después de una golpiza recibida dentro del penal. Otro interno, conocido como “el Huasteco”, fue encontrado colgado después de que le suspendieran el tratamiento psiquiátrico que recibía, según testimonios entregados a Los Ángeles Press.
MICHOACÁN, México.— Dos internos del Centro Federal de Readaptación Social número 17, en Buenavista Tomatlán, Michoacán, murieron en hechos distintos ocurridos dentro del penal. Christian Hernández Espinoza falleció en un hospital después de una golpiza que recibió en prisión. Otro hombre, conocido entre los internos como “el Huasteco”, apareció colgado en su módulo después de que le suspendieran los medicamentos que tomaba por padecimientos psiquiátricos, de acuerdo con testimonios recabados por Los Ángeles Press.
La muerte del Huasteco ocurrió durante uno de los periodos de encierro que los internos describen como habituales. Un preso contó que se encontraba trabajando en sus manualidades dentro de la celda cuando comenzó a escuchar gritos.
“¡Abran la reja! ¡Abran la reja!”, gritaban desde el módulo.
La custodia que estaba en el área quedó paralizada, según el testigo. Los internos insistieron hasta que abrió la reja y varios de ellos llegaron hasta el hombre que estaba colgado.
“Los compañeros bajaron al Huasteco. Se había colgado”, relató.
El preso que dio su testimonio desconoce si el Huasteco todavía estaba vivo cuando sus compañeros lograron bajarlo. Tampoco supo qué ocurrió después.
“¿Murió colgado? Porque los compañeros lo bajaron. ¿Lo bajaron vivo? ¿Qué es lo que sucedió? Absolutamente nadie sabe nada”.
Según su relato, la custodia dejó de aparecer en ese módulo después de aquel día.
El Huasteco tenía problemas de salud mental conocidos entre los internos. El testigo señaló que había sido diagnosticado con esquizofrenia y ansiedad y recibía medicamentos varias veces al día.
“Tomaba mucho medicamento: medicamento para la mañana, medicamento para la noche, medicamento para el mediodía”, explicó.
El tratamiento fue suspendido antes de su muerte, según la misma fuente. Los internos observaron cambios en su comportamiento después de dejar de recibirlo.
“Al quitarle su medicamento, pues se volvió loco. ¿Qué pasaba en su mente? ¿Qué pasaba en su corazón? ¿Qué pasaba en su cuerpo? Lo invadió la ansiedad, no tenía estabilidad”, relató.
El testimonio no precisa quién ordenó suspender los medicamentos ni cuánto tiempo pasó entre la interrupción del tratamiento y la muerte.
La segunda víctima fue Christian Hernández Espinoza.
Una fuente relacionada con familiares de internos del Cefereso 17 dijo a Los Ángeles Press que Christian recibió una golpiza dentro de la prisión y murió posteriormente en un hospital.
La fuente tuvo contacto con su familia cuando acudió al hospital.
“De Christian, pues me tocó ir al hospital y recibir a la familia allá en el hospital”, explicó.
Después de la muerte perdió comunicación con ellos. Desconoce si denunciaron la agresión o qué información recibieron sobre las lesiones que presentaba Christian.
“Ya quería que todo terminara”, recordó sobre la reacción de la familia.
El testimonio recibido por este medio no identifica a quienes golpearon a Christian ni explica las circunstancias de la agresión. La fuente sostiene que las lesiones sufridas dentro del Cefereso precedieron su ingreso al hospital y su fallecimiento.
Los relatos sobre las dos muertes describen también la vida cotidiana dentro del penal. Los internos pasan buena parte del tiempo encerrados en sus celdas, con escasas actividades y pocas posibilidades de ocupar el día fuera del módulo.
“Estamos laqueados, como siempre. Como ya es costumbre, no llevamos una vida en reclusión normal”, contó uno de ellos.
El hombre explicó que utiliza las manualidades para trabajar y mantenerse ocupado. Fabrica piezas que después vende y pasa horas imaginando dónde terminarán los objetos hechos dentro de su celda.
“Tengo que utilizar mis manos, tengo que mantener mi mente ocupada. Fugarme imaginando cómo se verían mis manualidades colgadas en una pared, colgadas en un patio, colgadas del hombro de una mujer”.
Desde ese encierro piensa también en su familia y en el lugar al que no ha podido regresar durante los años que lleva preso.
“Cómo estará mi madre, cómo estará mi padre, qué estarán haciendo, cómo habrá cambiado el lugar que me vio salir”.
La muerte del Huasteco quedó atravesada por esa misma rutina. Para el interno que relató lo ocurrido, la suspensión de su tratamiento y la forma en que reaccionó el personal cuando apareció colgado muestran el abandono que perciben dentro del Cefereso.
“A las autoridades no les interesa, no les interesamos”, dijo.
Y terminó su relato con una frase sobre la muerte de su compañero:
“Para ellos, el Huasteco es un ahorcado más”.