Tulum: donde el crimen cobra y el Estado calla
Vigilancia nocturna en los bares de Tulum.

Alfredo Griz

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Detrás del turismo de lujo y la narrativa oficial, Tulum enfrenta una violencia estructural que lo coloca entre los municipios más letales del país.

Despacho 14

El violento oficio de escribir

Por Alfredo Griz

Tulum ya no es una postal para turistas sino un territorio en disputa. Detrás del discurso oficial de playas vírgenes, espiritualidad y turismo de lujo, Tulum se convirtió en uno de los municipios más violentos de México en proporción a su población. No es una percepción: son cifras, cadáveres y ejecuciones.

Con poco más de 55 mil habitantes, Tulum registró entre 2024 y 2025 tasas de homicidio que superaron los 80 asesinatos por cada 100 mil habitantes, colocándolo entre los 20 municipios más violentos del país, por encima de ciudades históricamente marcadas por el crimen organizado.

En términos simples, en Tulum se mata más que en muchas zonas en conflicto abierto.

En 2024, los homicidios dolosos cerraron en torno a 45–50 ejecuciones. En 2025, la cifra escaló a aproximadamente 60 homicidios, la mayoría ejecuciones directas con armas de alto calibre, muchas en zonas turísticas, bares, restaurantes y avenidas principales. No obstante, no son solo daños colaterales. Son mensajes.

La economía de la muerte

El crimen organizado no llegó a Tulum para esconderse. Llegó para cobrar.

Entre los delitos más recurrentes (2024–2025), en los registros de seguridad y denuncias coinciden en un patrón claro:

  • Homicidio doloso / ejecuciones
  • Narcomenudeo (control de venta de drogas en zonas turísticas)
  • Extorsión y cobro de piso a bares, beach clubs, restaurantes y desarrollos inmobiliarios
  • Amenazas armadas
  • Desapariciones y secuestros exprés
  • Infiltración policial y corrupción institucional

Tulum no es plaza de paso: es caja chica. Cada turista es dinero para el crimen. Cada negocio, una renta forzada.

¿Quién controla Tulum?

No hay un solo dueño. La disputa es permanente. La guerra por la plaza

Tulum forma parte del corredor criminal del norte de Quintana Roo, donde células vinculadas a grandes cárteles nacionales operan a través de grupos locales armados. No usan nombres oficiales, pero sí métodos reconocibles que van desde las ejecuciones públicas, ataques en bares, levantones selectivos, mensajes de terror para disciplinar la plaza.

El control no es territorial en el sentido clásico. Es económico y psicológico. El que manda no es el que gobierna, sino es el que cobra. El punto de quiebre llegó cuando el secretario de Seguridad Pública de Tulum fue ejecutado a plena luz del día. No se trataba de un crimen cualquiera.

Fue una declaración de poder.

Ese asesinato dejó claro que el crimen organizado tiene capacidad de inteligencia. Conoce rutinas, escoltas y movimientos. Puede atacar al corazón del aparato de seguridad, y cuando matan al jefe de la policía, el mensaje es inequívoco: el Estado no manda aquí.

Cifras que desmienten el discurso oficial

Mientras las autoridades hablan de “reducciones porcentuales”, la realidad se mide en cuerpos. Tulum registra una de las tasas de homicidio más altas de Quintana Roo. La mayoría de los asesinatos no se esclarecen. Los ataques armados se concentran en zonas de alto flujo turístico

La presencia militar y policial no ha desarticulado las estructuras criminales, pese a que hay operativos y discursos, pero no hay un control real del crimen.

Entre 2024 y 2025, más de 100 personas asesinadas en un municipio pequeño, decenas de familias desplazadas o silenciadas, comerciantes extorsionados, policías amenazados o cooptados, ciudadanos atrapados entre el miedo y el silencio.

Tulum dejó de ser un lugar para vivir, para convertirse en un lugar para sobrevivir.

El costo económico: el paraíso que se vacía

La violencia no solo mata personas. También mata inversión. Los negocios cierran o pagan cuotas, no tienen más opciones. Se incrementan costos de seguridad privada y los inversionistas frenan los proyectos.

El turismo se vuelve volátil ante cada ataque mediático. A nivel nacional, el crimen organizado le cuesta a México billones de pesos al año.

En Tulum, el impacto se siente en cada restaurante vacío después de una balacera.

El silencio como política

Lo más grave no es la violencia, sino la normalización. Tulum se vende como destino premium mientras entierra a sus muertos en silencio.

Las ejecuciones duran horas en los titulares y años en las familias.

  • No hay depuración real de corporaciones.
  • No hay rendición de cuentas.
  • No hay justicia.

Solo rotación de mandos, discursos y promesas.

Tulum ya no es la excepción

Tulum es el ejemplo perfecto del nuevo modelo criminal en México:

  • Violencia selectiva
  • Control económico
  • Infiltración institucional
  • Impunidad estructural

El paraíso no se perdió por casualidad, sino que lo arrebataron a balazos. Y mientras no se rompa la red de corrupción, dinero y silencio, Tulum seguirá siendo un destino turístico de día y un campo de ejecución de noche.

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