Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 29 de Abril del 2024
El sacerdote acusado de abuso sexual presidió la fiesta patronal de San José del Rincón, Estado de México, el 19 de marzo de este año.
Religión y vida pública: La actitud del exrector del seminario de Atlacomulco, evidencia como los clérigos acusados de abuso sexual incumplen incluso las reglas de su iglesia.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Hoy, lunes 29 de abril, la diócesis de Atlacomulco, Estado de México, está de manteles largos. Su obispo, Juan Odilón Martínez García, celebra 75 años de haber nacido y, por ello, en los días previos estaba obligado a enviar a Roma una carta en la que debe haber presentado su renuncia por razones de edad a ese cargo.
Quienes no están para fiestas son los familiares de Joana Cruz Galván, vecina de esa diócesis y víctima de un grupo de sacerdotes encabezado por Doroteo Ildefonso Santos, quien fue el rector del seminario de la diócesis que preside Martínez García.
Joana era una niña entonces y estaba en esa institución de educación superior de la Iglesia Católica porque su madre era una empleada allí, como se detalló en una entrega previa de esta serie Religión y vida pública que aparece vinculada un poco más adelante y aquí.
Aunque el caso no ha avanzado ni en los juzgados del Poder Judicial del Estado de México ni en la ruta canónica en Roma, fue notable que, el 19 de marzo de este año, Doroteo Ildefonso Santos decidió hacer un retorno en grande a sus funciones públicas como sacerdote, a pesar de estar impedido por la acusación que pesa sobre él.
Ese día acudió a la parroquia de San José del Rincón y, en compañía de otros dos sacerdotes, presidió la misa principal de ese día, la de la fiesta patronal de esa comunidad del Estado de México. De esa actividad es de donde se tomó la secuencia de fotos que aparece como imagen principal de este texto.
El video, del que se presenta un fragmento un poco más adelante, estaba disponible todavía hasta el mediodía de este domingo 28 de abril en la cuenta de Facebook de la parroquia de San José del Rincón, diócesis de Atlacomulco, en el Estado de México.
La totalidad del vídeo de esa celebración está contenida en el vídeo enlazado inmediatamente después de este párrafo y en esta dirección, aunque es posible que los administradores de esa cuenta decidan eliminarlo.
Hasta donde se sabe, Doroteo Ildefonso Santos ya estaba advertido por sus superiores en la diócesis de Atlacomulco de la importancia de que respetara la suspensión de sus actividades públicas como sacerdote, pero—como suele ser el caso con el clero católico en México y otros países—ellos no respetan ni siquiera las reglas de su propia iglesia.
Es por ello que el cumpleaños 75 del obispo Odilón Martínez García es relevante. Ese hecho marca, de manera inevitable, el final de su paso por esa diócesis. Quizás el papa Francisco “aguante” su renuncia unos meses más, pero la edad es uno de los pocos mecanismos de control que la Iglesia Católica tiene sobre sus obispos, por lo que tarde o temprano se nombrará a un sucesor.

No es claro cuánto tiempo le tomará Francisco tomar una decisión respecto del futuro de Atlacomulco, pues el hecho que haya casos pendientes de abuso sexual como el de Joana Cruz Galván llega a ser, frecuentemente, uno de los argumentos que los obispos usan para obtener de Roma alguna prórroga en el encargo.
Apenas en junio del año pasado Odilón Martínez fue a Roma—como se puede ver en la imagen que aparece a continuación—con el grupo de obispos de México que celebró su visita ad limina, expresión en latín que se refiere a que los obispos se acercan al umbral de Roma, donde está el papa, sucesor de san Pedro. Esa visita ad limina es una actividad que debe realizar de manera regular cada cinco años en promedio, pero que se vio alterada en los últimos tres años por las dificultades para viajar que trajo consigo la pandemia.

En esas visitas ad limina, los obispos que viajan a Roma proclaman su fidelidad al papa y a sus enseñanzas. Aunque abundan las declaraciones en ese sentido, la evidencia de que efectivamente sean fieles u obedezcan al papa Francisco es escasa.
Ello es más notable en el caso de la crisis de abusos sexuales a manos de clérigos. El papa Francisco, por ejemplo, ha proclamado desde mayo del año pasado la idea de la “espiritualidad de la reparación” como el eje de lo que debería ser la respuesta de la Iglesia Católica a esa crisis de abusos.
No hay evidencia de que Odilón Martínez esté verdaderamente dispuesto a seguir esa ruta de la “espiritualidad de la reparación”. Ello tendría que llevarlo a deponer la actitud pugilística con la que enfrenta las denuncias de abuso contra sus clérigos y a que sus clérigos mismos dejaran de actuar como si las reglas, incluidas las de su iglesia, no fueran aplicables a ellos.
Lejos de aceptar que sus clérigos pueden cometer errores y apostarle a reparar esos errores, obispos como Odilón Martínez se empeñan en usar al máximo el poder y el prestigio del que disfrutan en sus diócesis para demostrar que sus clérigos son inocentes o para eludir, por todos los medios a su alcance, el pago de cualquier reparación a las víctimas que, debe quedar claro, no es que quieran que la Iglesia Católica les resuelva la vida.
Piden que la Iglesia Católica haga en México lo que hace en otros países, como Estados Unidos, Alemania o Francia, donde las víctimas tienen la oportunidad de escoger a los terapeutas con los que quieren trabajar sus casos.
En México, por ejemplo, los pocos obispos que llegan a reconocer que sus clérigos son depredadores sexuales, regatean el derecho de las víctimas a escoger a sus propios terapeutas.
Como lo hizo ver Joana Cruz Galván en la dolorosa denuncia que hizo a finales de año pasado, una característica de esas terapias contratadas por los obispos católicos en México es que lejos de reconocer el papel que los clérigos tuvieron como depredadores de sus víctimas, buscan culpar a las víctimas.
Ello es más absurdo en el caso de víctimas que, como lo era Joana cuando ocurrió el abuso al que la sometieron los clérigos de Atlacomulco, eran menores de edad.
Lo que es peor. El objetivo de muchas de esas terapias contratadas por las diócesis católicas mexicanas es lograr un perdón apresurado, de “fast-track”, en el que la víctima se compromete, además, a no buscar algún tipo de justicia en los ámbitos civil o penal por los daños que le causaron los clérigos al servicio de esa institución.
Es una lógica que más que seguir la intuición básica de la espiritualidad de la reparación del papa Francisco, le apuesta insistir en la lógica de la pugna, del conflicto y, sobre todo, de replicar y amplificar la experiencia del abuso a las víctimas.
Lo que es peor, a la par de tratar de imponer esas terapias, también presionan a los familiares de las víctimas para que las víctimas eludan presentar denuncias adicionales o para que otorguen perdones amplios que eximan de responsabilidades civiles o penales a los clérigos depredadores sexuales y, sobre todo, para que eximan de responsabilidad a las diócesis o a las órdenes religiosas.
Lo hacen, además, en nombre de preservar a la Iglesia Católica de los ataques de "sus enemigos", figura que casi siempre hace referencia a molinos de viento construidos por los propios clérigos para excusar su irresponsabilidad.
Odilón Martínez, como muchos otros obispos de México, lejos de reconocer el riesgo que genera ese tipo de actitud de las instituciones que presiden, apuesta todo su capital político y social en esa lógica de “resolver” desde la perspectiva de la pugna, del conflicto y de la confrontación las acusaciones contra sus clérigos.
Menos de la mitad
Basta considerar que, como se demostró en una de las entregas más recientes de esta serie, menos de la mitad de las diócesis católicas de México han cumplido con el trámite de crear una comisión para prevenir abusos.
Odilón Martínez está entre la minoría de los obispos que ha reconocido la necesidad de crear una comisión para prevenir abusos. Que la mayoría de los obispos no sigan esa norma básica, deja ver qué tan lejos está el catolicismo mexicano de efectivamente “atender la voz de su pastor”.
Lejos de escuchar o de obedecer lo que indicaba el papa Francisco en el mensaje que pronunció hace ya casi un año ante Tutela Minorum, la comisión para la protección de los menores a escala global de la Iglesia Católica, lo que hay es una resistencia sorda, soterrada, de la mayoría de los obispos mexicanos a quienes les importa un pepino lo que diga el papa y por eso es que simplemente no crean ni siquiera las comisiones para prevenir los abusos.
No se trata ni siquiera de comisiones que tuvieran que abordar el problema, ese sí más complejo, de reparar los muchos daños que los clérigos depredadores sexuales causan en víctimas como Joana Cruz Galván. Son sólo comisiones cuyo propósito declarado es evitar que se acumulen más víctimas.
Pero incluso en los casos en que se han creado ese tipo de comisiones para prevenir abusos, como ha ocurrido en Atlacomulco con Odilón Martínez, su comisión está marcada por una mayoría abrumadora de clérigos, lo que hace muy difícil llamar a cuentas o imponer reglas eficaces, a los clérigos como lo demuestra el hecho que Doroteo Ildefonso Santos haya presidido la misa principal de la fiesta de San José en la parroquia homónima de la diócesis de Atlacomulco en marzo de este año.
La comisión tiene un total de 14 o 15 miembros, según cómo se considere al propio obispo. En todo caso, de esos 14 o 15 integrantes, sólo cinco no son sacerdotes y sólo tres son mujeres, como se puede ver en la imagen que aparece a continuación, que reproduce el decreto que creó la comisión de Atlacomulco y que se puede consultar como archivo PDF aquí.

Dos terceras partes de la comisión son clérigos ordenados que supuestamente vigilan a otros clérigos. Ni siquiera si los cinco integrantes que no son clérigos ordenados se unieran en alguna hipotética votación para decidir algún asunto, así fuera el color del papel membretado de esa comisión, podrían ganar a los clérigos ordenados.
La distinción no es ociosa. Va al fondo de uno de los problemas que, como suele ser el caso con el papa Francisco, él diagnostica bien, pero para los que no cuenta con el apoyo de quienes en teoría deberían apoyarle y secundar sus iniciativas como en el caso de los obispos.
El problema es el clericalismo, asunto al que él y su mano derecha, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, han dedicado muchos textos, como el que se enlaza inmediatamente después de este párrafo, y entrevistas.
Y efectivamente, no hay duda que la causa de muchos de los problemas del catolicismo es el clericalismo, pero ese es un diagnóstico que el grueso de los obispos de esta iglesia, incluidos los mexicanos, no comparten.
En este caso concreto lo demuestra el hecho que, más allá de lo que el papa Francisco o el cardenal Fernández puedan decir en sus declaraciones, en los documentos que publican o en las entrevistas que conceden, en la práctica cotidiana que imponen obispos como Odilón Martínez se insiste en un modelo altamente clericalizado en que se le sigue apostando a que clérigos vigilen a otros clérigos.
Clericalismo
Lo que es peor. No hay ninguna garantía de que los cinco miembros que aparecen ahí como personas que no son clérigos, no sean integrantes del Regnum Christi, del Opus Dei o de algún otro movimiento u “orden” católica, cuyos miembros no se asumen como clérigos, pero que al final están más clericalizados que muchos clérigos.
Los problemas no acaban ahí. Además de que los obispos, incluido el cumpleañero Odilón Martínez, arrastran los pies para cumplir con lo que les pide el papa Francisco, también es notable su disposición a valerse de sus amarres en el mundo de la política local, estatal e incluso nacional para eludir cualquier responsabilidad.

El caso de Joana Cruz Galván es más notable en este sentido porque ella ya había logrado una sentencia favorable en la primera instancia que está en una suerte de limbo en la actualidad luego de que los abogados de la diócesis de Atlacomulco impugnaran el fallo.
En ese sentido, lejos de tratar de resolver este asunto Odilón Martínez y los abogados de la diócesis insisten en revictimizar a Joana. Inmediatamente después de este párrafo es posible escuchar un audio que da cuenta del trato que Joana y una acompañante recibió durante una reunión con uno de los canonistas de la diócesis de Atlacomulco.
Audio del encuentro de Joana Cruz Galván con Bonifacio Martínez Torrres, canonista de la diócesis de Atlacomulco.
Lejos de apreciarse algún interés de esa institución de la Iglesia Católica en allanarse a lo que el papa Francisco propone en la lógica de la “espiritualidad de la reparación” lo que se demuestra es que el clero mexicano sigue en una lógica de pugna, de conflicto y confrontación.
El audio permite escuchar al sacerdote Bonifacio Martínez Torres, uno de los canonistas que forman parte de la comisión para prevenir abusos en Atlacomulco, negarse a recibir un escrito que Joana Cruz Galván trataba de entregar. El primer pretexto para negarse a recibir el documento es que ella no iba acompañada de su madre, a pesar de ella ya es mayor de edad.
Luego, Martínez Torres alegó que su negativa a recibir el documento obedecía a que el escrito estaba dirigido a su superior, el obispo Odilón Martínez García. Incluso cuando se le ofreció volver a imprimir el documento poniéndolo a él como destinatario se negó. Un tercer pretexto para negarse a recibir el documento fue que—según él—la fase de acopio de pruebas en la parte canónica ya estaba concluida y que por eso ya no se podía recibir otro documento adicional.

En otra parte del audio se le puede escuchar reconocer que efectivamente Doroteo Ildefonso Santos estaba suspendido como sacerdote, lo que no evitó que—como ya se señaló y se puede confirmar en el vídeo que aparece inmediatamente después de este párrafo—se presentara en la parroquia de San José del Rincón en la misma diócesis de Atlacomulco a actuar como celebrante principal en la misa de la fiesta patronal de esa parroquia. Se optó por no desplegar la imagen del video por completo para que quede claro que originalmente fue la parroquia de San José del Rincón la que subió ese vídeo en el que Doroteo Ildefonso Santos aparece como celebrante principal de esa misa.
Extracto del vídeo de la misa de la fiesta patronal, originalmente disponible en la cuenta de la parroquia de San José del Progreso, diócesis de Atlacomulco, en Facebook.
Advertencias
Bonifacio Martínez Torres asegura haber llamado a Doroteo Ildefonso Santos para advertirle acerca de su situación y de los posibles efectos adversos que podría tener para su caso el que se le vea, como ocurre en ese vídeo, celebrar una misa, lo cual uno podría suponer que ya debería saberlo el propio Doroteo Ildefonso, así como el resto de los sacerdotes de esa diócesis. Y es que, como se puede ver en el vídeo, Doroteo concelebra ese día con otros dos sacerdotes.
No es posible saber si la nueva advertencia del canonista Martínez Torres será suficiente para evitar que Doroteo Ildefonso Santos acuda a otros templos de la diócesis de Atlacomulco o de otras diócesis de México a celebrar misas u otros sacramentos o rituales de su religión. Lo que queda claro es que los clérigos depredadores sexuales tienen dificultades para observar las reglas de su iglesia. También deja ver que la jerarquía de esa iglesia se desentiende de su propia incapacidad para obligar a que se cumplan con esas normas.
A Martínez Torres se le escuchar decir en Atlacomulco, Estado de México, palabras similares a las que usaron los jerarcas chilenos para desentenderse de la decisión del supredepredador chileno Fernando Karadima para seguir celebrando sacramentos en el país de América del Sur a pesar de que ya pesaba sobre él una suspensión directa del entonces papa Benedicto XVI.
Lo que es un hecho es que el clero católico insiste en abusar de la confianza que le extienden sus fieles, así como de la laxitud con las que las autoridades de México y otros países de América Latina enfrentan la crisis de abuso sexual a manos de clérigos. Lejos de reconocer la necesidad de controlar de manera eficaz a los clérigos acusados de haber abusado y evitar confrontaciones con los fieles, parecen más bien interesados en apostarle a que los fieles acepten el regreso a la vida activa como clérigos de personajes como el exrector del seminario de Atlacomulco.
Este problema se agrava por la manera en que el Poder Judicial del Estado de México no acierta a dictaminar de manera definitiva un caso que en la primera instancia se resolvió a favor de la víctima.
Es en ese contexto en el que, además, emergen dudas acerca de la conducta del obispo Martínez García.
No sería difícil que mientras se resuelve su futuro en Roma, así como el futuro judicial de Doroteo Ildefonso, Odilón Martínez aproveche sus muchos contactos con el mundo de la política mexiquense para ayudar a quien fuera, en su condición de rector del seminario de su diócesis, uno de sus más cercanos colaboradores.
Hay que recordar que su nombramiento como obispo de Atlacomulco fue celebrado en 2010 por Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México y luego presidente de la República, quien celebró el nombramiento de don Odilón a quien dijo conocer desde que era niño en Atlacomulco, como se puede leer en esta nota de la época.
Aunque actualmente disminuido en su capacidad para influir en la vida pública mexiquense, el Partido Revolucionario Instituicional sigue siendo una figura clave en Atlacomulco. Odilón Martínez se reunió públicamente con Gustavo Cárdenas Monroy, diputado federal del PRI el 19 de febrero de este año, un mes antes de que Doroteo Ildefonso decidiera volver a celebrar una misa en público el día de san José.

Señor juez, señor juez
Es difícil saber qué sucederá con el Poder Judicial del Estado de México, notable por la disparidad de sus criterios; capaz de sorprender a veces por la bondad de algunas de sus determinaciones, pero igualmente dispuesto a aprobar esperpentos jurídicos que revictimizan a las víctimas de distintos tipos de delitos.
Lo que queda es esperar a que resuelva y a que también en Roma envíen alguna señal sobre casos como el de Joana. Este caso es fundamental porque incluso si Roma optara por dejar las cosas como están es una prueba más de qué tan equivocado estaba, hasta su muerte, Benedicto XVI. Para el papa alemán, el problema de los abusos en la Iglesia Católica se resolvía echando a los sacerdotes homosexuales.
Lo que el caso de Joana Cruz Galván demuestra es que las niñas y las mujeres también son víctimas de abuso sexual a manos de clérigos de esa confesión y que la condición de homosexual de una persona no es el factor determinante de la crisis de abusos.
Habrá que ver también qué hace el papa Francisco con el relevo de Odilón Martínez en Atlacomulco. ¿Le concederá una prórroga en el cargo? ¿Nombrará a algún clérigo ajeno a esa zona del país en la que confluyen los estados de México, Michoacán, Querétaro y Guanajuato?
Esas prórrogas pueden comprenderse en casos como el del arzobispo de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega, quien cumplió sus 75 años en marzo de este año y quien anunció, la semana pasada que permanecerá en esa sede por algún tiempo más.
En el caso de Guadalajara, por cierto, la decisión de que Robles Ortega permanezca en el cargo quizás tenga que ver más con la necesidad de mantener ahí un contrapeso a su predecesor, Juan Sandoval Íñiguez, quien la semana previa publicó un vídeo, rápidamente difundido por los diarios del Grupo Reforma, en el que abiertamente llama a no votar por Claudia Sheinbaum.
Si el papa Francisco nombrara en ese momento a un sustituto de Robles Ortega como arzobispo de Guadalajara, no podría nombrarlo también cardenal, lo que colocaría a ese hipotético nuevo arzobispo en una situación de desventaja simbólica ante el locuaz Sandoval.
En Atlacomulco, el problema es si efectivamente usarán el tiempo extra que Roma les concede para resolver el problema o si sólo buscarán dar el “carpetazo” al caso en la vía judicial para facilitar el tratar de obtener de Roma una absolución.
