Sheinbaum insistió en que su gobierno confía y colabora con el de Donald Trump luego de reunirse con Markwayne Mullin.
A pesar de ello, Sheinbaum evidenció el alcance de la desconfianza de su gobierno en el de Estados Unidos al pedir que se revise un acuerdo de Texas con Chihuahua de 2022.
Los Ángeles Press
La actividad de este viernes 22 de mayo en Palacio Nacional volvió a estar marcada por las tensiones que provoca en México la presión de Estados Unidos ante las operaciones de grupos criminales ahora catalogados como terroristas, y por la resistencia de Claudia Sheinbaum a reconocer la dimensión de esa amenaza.
Como ha hecho en semanas recientes, Sheinbaum recurrió nuevamente a referencias al “presidente López Obrador” y a las memorias de Miguel de la Madrid, particularmente a los reclamos que el mandatario mexicano —en funciones de diciembre de 1982 a noviembre de 1988— formuló en distintas ocasiones contra el entonces embajador estadounidense John Gavin por su abierto intervencionismo.
Paradójicamente, Sheinbaum hizo, al mismo tiempo, todo lo posible por presentar su relación con Donald Trump y sus funcionarios, incluido Markwayne Mullin, el nuevo responsable del Departamento de Seguridad Interior de Trump como marcada por la colaboración y, según ella, la confianza y el respeto mutuo.
La paradoja es que, al mismo tiempo, Sheinbaum dejó entrever un respaldo —acotado, pero respaldo al fin— a la más reciente propuesta de Ricardo Monreal, una de las figuras de Morena con las que nunca ha terminado de entenderse: incorporar la “intervención extranjera” como causal de nulidad electoral.
¿Qué podría considerarse “intervención extranjera”? Prácticamente cualquier conducta que incomode a un gobierno cuyos márgenes de maniobra se han reducido y que ahora, tras el desdén con el que trató a la Unión Europea en los primeros meses de su administración, empieza a mirar a Europa como contrapeso frente a una relación cada vez más tensa con Estados Unidos.
No es claro qué podría lograr en realidad México con la Unión Europea si, por la razón que sea, a final de cuentas Morena logra que naufrague la relación de México con Estados Unidos.
A final de cuentas lo que hizo atractivo para China, para Japón, Corea del Sur y la Unión Europea el instalar plantas de ensamblado que pudieran integrar suficiente mano de obra mexicana para cumplir con las normas del antiguo Tratado de Libre Comercio, es justamente lo que está en duda ahora porque Sheinbaum y Trump simplemente no logran un acuerdo real y de fondo sobre el futuro de la relación.
Incluso hoy, Sheinbaum aseguró no tener nada contra el pueblo de Estados Unidos y, al referirse brevemente a su encuentro con Markwayne Mullin, intentó presentarlo en los mejores términos posibles. Pero, para quien sepa leer las claves de su discurso, resulta evidente que no hay voluntad de ir más lejos en la cooperación con Washington en el combate al narcotráfico.
Suicidio
Sheinbaum aduce la constitución como la razón que, según ella, le impide mayor cooperación con el gobierno de Estados Unidos en materia de combate al narcotráfico, pero como lo demuestra la avalancha de reformas legales y constitucionales que ha propuesto ella y Monreal en la última semana, la Constitución suele reformarse siempre que conviene a los intereses de Morena.
El único escenario en que Morena no consiguió la reforma constitucional que deseaba, fue cuando Sheinbaum le pidió a los partidos del Trabajo y Verde Ecologista de México que se suicidaran para aprobar la eliminación de los plurinominales que Sheinbaum misma y, antes de ella Andrés Manuel López Obrador, aborrecen.
Fuera de ese caso extremo en el que el PT y el PVEM decidieron no suicidarse para cumplir un capricho de Palacio Nacional, cualquier otra propuesta presidencial se aprueba incluso a marchas forzadas, convocando a las legislaturas estatales a periodos extraordinarios si fuera necesario.

Que el problema es que Sheinbaum no quiere ceder en ese asunto lo entiende cualquier analista de la embajada de Estados Unidos en México recién llegado a la nueva sede de la representación diplomática.
No se necesita un doctorado en Estudios Mexicanos de la Universidad de Austin en Texas o uno en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de California en Los Ángeles para entender que en México manda Sheinbaum y que si ella quisiera, si ella en verdad confiara tanto como dice confiar en Donald Trump, reformaría la Constitución si fuera necesario, si es que en realidad ése fuera el obstáculo que impide lo que busca Trump: acción más definitiva y clara contra los cárteles de las drogas en México.
Por la razón que sea, Sheinbaum decide no hacerlo, al mismo tiempo dice tener una relación excelente y de mucha confianza, con “comunicación de alto nivel” con Trump y al tiempo que lanza una campaña contra el gobierno del estado de Chihuahua, al que ahora reprocha un acuerdo con Texas que fue ampliamente publicitado en 2022 cuando López Obrador era presidente de México.
Si el convenio de 2022 era tan nocivo a los intereses de México, ¿por qué Marcelo Ebrard, entonces secretario de Exteriores o el propio López Obrador no lo impugnaron y buscaron desconocerlo en su momento? Pues porque era claro que no querían comprar un pleito con Gregg Abbott, el gobernador republicano de Texas, que es uno de los principales aliados de Trump. Basta ver la manera en que Abbott ha apoyado todas y cada una de las iniciativas de Trump en los últimos diez años.
A pesar de ello, este viernes 22 de mayo, más de cuatro años después de que se firmó aquel acuerdo en abril de 2022, los influencers más dóciles a Palacio Nacional lo revivieron para que Sheinbaum tuviera algo más que criticar al gobierno de María Eugenia Campos en Chihuahua.
El acuerdo, por cierto, buscaba agilizar, en la medida de lo posible, el tránsito de Chihuahua a Texas y de Texas a Chihuahua en los temas que son competencia de los gobiernos de los estados en ambos países, toda vez que la operación de las aduanas compete sólo a los gobiernos federales.
El acuerdo, además, recibió amplia publicidad de parte tanto de la gubernatura como del congreso local de Chihuahua en México, como se puede ver aquí en el sitio del gobierno del estado.
Cualquier analista en la embajada de Estados Unidos, puede identificar la estrategia mediática de Palacio Nacional.
Como sea, a diferencia de otros días en los que la actividad de Sheinbaum suele centrarse en anunciar acciones ya ejecutadas o próximas a ponerse en marcha por el gobierno federal, este viernes transcurrió como una suerte de compás de espera. Se cumplió con la formalidad de informar, sin entrar demasiado en el fondo, sobre el encuentro con Mullin y se insistió en que la relación con Estados Unidos atraviesa un buen momento, en momentos en que el gobierno mexicano sigue apostando a preservarla para mantener al país como destino atractivo para las inversiones extranjeras. Pero, en sentido estricto, los problemas continúan acumulándose.
Basta observar la crítica de Sheinbaum a la decisión de Estados Unidos de reactivar cargos contra Raúl Castro por el derribamiento de aeronaves civiles a mediados de los años noventa. ¿Basta con que hayan transcurrido 15, 20 o 30 años —como planteó este viernes la propia Sheinbaum— para que el gobierno estadounidense deba dar esos hechos por olvidados?
El problema, en todo caso, no es que Estados Unidos rescate esos hechos para ir tras el expresidente cubano. El problema es la selectividad política con la que decide qué crímenes permanecen vigentes y cuáles merecen ser olvidados: mientras reactiva acusaciones por hechos ocurridos hace décadas, guarda silencio frente a lo que Israel sigue haciendo contra Palestina o frente a la guerra que Vladimir Putin mantiene en Ucrania desde hace más de diez años.
Como sea, en el discurso oficial de Palacio Nacional, la relación entre México y Estados Unidos es "excelente", aunque en los hechos, como lo demuestra lo dicho hoy mismo en Palacio Nacional, esté marcada por profundas contradicciones que Claudia Sheinbaum no puede disimular.
En ese sentido, quizás habrá algo positivo en que la mandataria lea las memorias de Miguel de la Madrid y aprenda de los errores del priísta cuando dejó crecer como lo hizo a lo que era en algún momento una estructura que, si se hubiera contenido entonces, en los ochenta, no se hubiera permitido el surgimiento de lo que, andado el tiempo fueron las distintas organizaciones criminales que han asolado a México desde entonces y hasta hoy mismo.
De la Madrid no pudo o no quiso combatir esas estructuras criminales. En ese entonces la excusa era que el consumo era un problema de Estados Unidos y la producción era un problema de Colombia y que México no tenía por qué meterse en esos problemas.
Lo que se permitió, en los hechos, fue que las organizaciones criminales mexicanas avasallaran a las de Colombia y crearan nuevos mercados que ya no dependen de la producción de hoja de coca y que están perfectamente integradas con las grandes empresas de capital estatal chino que controlan la producción de los elementos necesarios para producir fentanilo y otras drogas similares.
Fue notable en ese sentido que, hacia el final de la actividad, Sheinbaum dijera no estar al tanto de si la Unidad de Inteligencia Financiera de su gobierno había congelado o no las cuentas de familiares y socios del “gobernador con licencia” de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
