A diferencia de lo que uno ve en Ottawa estos días, en la Ciudad de México, Sheinbaum evitó confrontarse tanto como fue posible con Donald Trump.
Sheinbaum expresó su gratitud a Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, así como a los titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Marina-Armada de México.
Los Ángeles Press
Este martes 1 de septiembre, el patio principal de Palacio Nacional fue el escenario para que Claudia Sheinbaum presentara el informe anual de su gestión.
Rodeada sólo de correligionarios y leales de la Cuarta Transformación —acaso con la excepción de los militares, obligados a asistir a este tipo de actividades como parte de sus funciones—, Sheinbaum aprovechó los poco más de 50 minutos efectivos de su mensaje para marcar algunas diferencias entre su gobierno y el de Andrés Manuel López Obrador.
Resulta difícil comprender, en ese sentido, por qué algunos medios de comunicación a ambos lados del río Bravo insisten en los últimos días en hablar de una ruptura entre Sheinbaum y su predecesor. Al menos en Palacio Nacional, nada de lo dicho este lunes permite sostener esa interpretación.
No hubo señales de distanciamiento en el discurso, los giros del lenguaje ni en el tono con que se desarrolló la actividad. Sheinbaum estuvo además rodeada de varios gobernadores electos durante la segunda mitad del sexenio anterior y de legisladores del Movimiento de Regeneración Nacional cuya lealtad a López Obrador es, o al menos parece ser, absoluta.
En primera fila estuvieron, entre otras, algunas de las más connotadas pupilas del expresidente: Clara Brugada, Layda Sansores y Marina del Pilar Ávila quienes, a la menor provocación, aplaudían entusiastas cualquier idea que articulara el mensaje de Sheinbaum.

Dada la actual práctica de los informes de gobierno, no hay nada parecido a un mensaje de alguien más que no sea la titular del Ejecutivo Federal por lo que, quien desee encontrar algo que rompa con la oda de elogios y alabanzas que Sheinbaum se dedicó a sí misma, deberá buscarlo en algún otro lugar o momento.
En Palacio Nacional no hubo espacio para reconocer errores propios, ni de López Obrador ni de Sheinbaum. Aunque no los mencionó por nombre, todos los males quedaron atribuidos al “periodo neoliberal”, una figura a la que la presidente recurrió, al estilo de su predecesor, sin admitir siquiera de manera genérica las responsabilidades de gobiernos como los de Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez o José López Portillo.
Ellos, por mérito de la interpretación que López Obrador hizo de la historia de México y que Sheinbaum refrenda en todos sus puntos, quedan exentos del juicio que se reserva para todos los otros presidentes, de Carlos Salinas de Gortari a Enrique Peña Nieto.
Quien espere encontrar, en ese sentido, en el segundo Informe de Gobierno algo parecido a un llamado a la unidad, deberá buscar en otra parte, pues lo que hay es un claro deseo de mantener tanto como sea posible el mismo ánimo que hizo posible la victoria de López Obrador en 2018, así sea necesario mantener viva de manera artificial la animadversión contra los priístas o panistas que no optaron, como Layda Sansores o Javier Corral, por nombrar los casos más obvios, por afiliarse a Morena a tiempo.
Las cifras que presentó Sheinbaum este 1 de septiembre en Palacio Nacional difícilmente pueden considerarse novedosas. Son las mismas cifras que una y otra y otra vez se repiten en el Salón Tesorería en la actividad diaria que la Presidencia organiza ahí en la que, salvo muy notables y extrañas excepciones, personas cercanas a Morena que tienen alguna cuenta de redes sociales y que presumen ser “influencers” o que trabajan para medios dóciles al gobierno federal hablan, a veces por más de diez minutos, para hacer algo parecido a una pregunta que sólo sirve para que Sheinbaum repita una vez más sus ideas acerca de cualquier hecho o situación.
En ese sentido, más notable que las cifras de seguridad pública de las que habló Sheinbaum hoy, que sólo se presentan con cortes sesgados que permitan “probar” que ha habido una mejora, fue el hecho de que anoche, ya muy tarde en México, la Secretaría de la Defensa Nacional informó del “abatimiento” de Luis Enrique Barragán Chávez, conocido en algunos círculos como el R-5.
Barragán tenía un expediente activo en el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que lo había identificado como uno de los generadores de violencia en el occidente de México.
Según la escasa información distribuida por las autoridades de México, Barragán era un dirigente del Cártel de Los Reyes, una de las organizaciones criminales que, según el gobierno de México, no son terroristas, pero recurren, como en el caso del coche bomba que estalló ayer en Zacatecas, a tácticas y métodos usados por organizaciones terroristas.
Quizás por eso es que el mensaje de Sheinbaum cerró con sendos reconocimientos a sus secretarios de Seguridad, de Defensa y de Marina, Omar García Harfuch, Ricardo Trevilla y Raymundo Pedro Morales Ángeles, así como a Luisa María Alcalde, la consejera jurídica de la presidencia.
Antes de pronunciar el reconocimiento, Sheinbaum insistió en la idea, difícil de probar cuando se ve la totalidad de las cifras en materia de seguridad pública en México, de que su gobierno ya resolvió el problema. En el mejor de los casos, habría logrado reducir la incidencia de hechos de violencia que alcanzó niveles dantescos con Andrés Manuel López Obrador y nos regresó a la realidad que se vivía en tiempos de Peña Nieto.
A pesar de ello, Sheinbaum insistió en celebrar su enfoque de “atención a las causas”, sin reconocer ninguna de las críticas que se hace a ese enfoque en distintos ámbitos de la vida pública en México.
Fue notable también que Sheinbaum dedicara algunos minutos a insistir en lo que parece ser una decisión ya tomada: iniciar operaciones de fracking, a pesar de las muy malas experiencias que hay en Estados Unidos, en concreto en Texas, con ese tipo de explotación petrolera.
Lejos de acusar recibo de las críticas que se le han hecho a su propuesta desde que la presentó en el Salón Tesorería, Sheinbaum se fugó hacia adelante y presentó la idea de explotar ese tipo de yacimientos como un avance.
En distintos momentos de la actividad, Sheinbaum se refirió a los muchos recursos que, con el nombre genérico de “beca” entregan las distintas dependencias de su gobierno que, en su opinión, crean condiciones de igualdad, aunque no sea claro si para crearlas hay la suficiente libertad de las personas que reciben esos recursos.
Lejos de ello, si uno se atiene a la retórica, similar del todo a los discursos de campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2017 o 2018, parece apostarlo todo a que los beneficiarios de esos programas acepten que su gobierno es de personas buenas, amorosas, mientras que los gobiernos previos no lo eran.
Ella misma lo resumió en algún momento de la actividad, como se le puede escuchar decirlo en el vídeo que aparece a continuación en que ella reclama como mayor mérito de los gobiernos de su partido el haber convertido “el amor en política pública”.
Aunque hizo todo lo posible por evitar confrontarse con el gobierno de Estados Unidos, en distintos momentos de la actividad las referencias elípticas a los conflictos en curso con la administración de Donald Trump se filtraron.
Lejos de asumir la posición de claro rechazo a los excesos arancelarios de Trump que uno encuentra en Mark Carney y la posición del gobierno de Canadá, la posición del gobierno de México es la de aceptar como un hecho los cambios en la política arancelaria de Estados Unidos sin reparar o chistar.
Las referencias indirectas al conflicto en curso con Estados Unidos se orientaron, a diferencia de lo que uno ve en la relación entre Canadá y Estados Unidos en estos días, con el anuncio por parte de Ottawa de aranceles similares a los que Washington ha fijado a las mercancías canadienses a una defensa “de la soberanía nacional”.
Como repite frecuentemente en el Salón Tesorería, para Sheinbaum la “cooperación no significa sometimiento” y “la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte”.
Lejos de anunciar alguna medida recíproca contra Estados Unidos por la violación de los términos pactados por el propio Trump con Andrés Manuel López Obrador y Justin Trudeau, Sheinbaum reiteró sus llamados a la unidad interna de su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional y, acaso, de manera implícita, del país al decir que “aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”.
Un poco antes de expresar su reconocimiento a los secretarios de Seguridad, Defensa y Marina, Sheinbaum se refirió al más obvio conflicto en la relación con Estados Unidos, el de la política migratoria de ese país. Sin mencionarlos de manera explícita, Sheinbaum condenó los atropellos hacia las comunidades mexicanas, así como la pérdida de vidas en operativos antinmigrantes realizados en territorio de Estados Unidos.
Según dijo, se le da seguimiento a los casos, pero no hubo mayores detalles. Se limitó a hablar de la reestructuración de la red de consulados mexicanos en ese país y habló de los apoyos dados a los más de 280 mil repatriados por medio del programa México te abraza.
En todo caso, según lo anunció ella misma hace unos días, dedicará las próximas semanas a machacar las cifras e ideas que adelantó hoy en Palacio Nacional.
