Estados Unidos y Canadá escalan guerra comercial con nuevos aranceles

Paul Wiseman y Rob GIllies

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Canadá respondió con represalias y advirtió que la ruptura comercial pone en riesgo cadenas de suministro y la revisión del T-MEC.

Por Paul Wiseman y Rob GIllies

WASHINGTON (AP) — Estados Unidos y Canadá, aliados históricos a lo largo de una frontera no defendida, se hundieron más el sábado en una guerra comercial marcada por airadas recriminaciones y nuevos aranceles que se prevé que eleven los precios de productos en ambos países.

Ambas partes se culparon mutuamente del colapso de las negociaciones en Washington a última hora del viernes, lo que llevó a Estados Unidos a aplicar aranceles del 50% sobre 20.000 millones de dólares en productos canadienses, y a Canadá a fijar el 8 de septiembre como inicio de sus represalias.

Los aranceles decretados por el presidente estadounidense Donald Trump afectarán aproximadamente al 5% de las ventas anuales de Canadá a Estados Unidos. El primer ministro canadiense Mark Carney dijo que Ottawa responderá con protección arancelaria específica para las industrias expuestas a los nuevos gravámenes estadounidenses, incluidos algunos productos de acero. También mencionó los sectores de lácteos, electrodomésticos, equipos agrícolas, pulpa y papel, y electrónica.

No se han programado más conversaciones. Sea cual sea el resultado final, una pérdida de confianza parece una de las primeras víctimas.

Carney acusó a Washington de usar la “integración económica como un arma” y señaló que “su firma estaba escrita a lápiz”. Recurriendo al lenguaje de la batalla, agregó que su país había sido “atacado” por los nuevos aranceles estadounidenses. “Estás en guerra cuando te atacan”, dijo, añadiendo que Canadá tenía las reservas, la resiliencia y el plan para responder.

Pero para el principal negociador comercial de Trump, Jamieson Greer, Estados Unidos se vio obligado a actuar tras un año de represalias por parte de Canadá.

“Hemos dicho suficiente y por eso hemos tomado contramedidas. Nuestro interés es proteger a los trabajadores estadounidenses y proteger las cadenas de suministro estadounidenses”, subrayó el representante comercial estadounidense al programa “Fox & Friends Weekend”.

Canadá señala “exigencias inaceptables”; EEUU dice que ofreció términos favorables

Carney afirmó que Canadá había estado dispuesto a eliminar los aranceles de represalia restantes sobre el acero, el aluminio y los autos si Estados Unidos reducía sustancialmente los suyos, y a alentar a las provincias a restablecer las ventas de alcohol estadounidense. Pero indicó que las exigencias finales de Washington fueron demasiado lejos. “Pidieron mucho y ofrecieron muy poco”, sentenció Carney.

Greer declaró que el gobierno republicano estaba ofreciendo recortar aranceles sobre el acero, los autos y la madera, “cosas que son sensibles para ellos. Y siempre han tenido el mejor trato, y aun así tendrían un trato aún mejor, pero no quisieron eso”.

Como resultado , aseveró, “estamos avanzando con medidas que responden a las represalias canadienses”.

Carney aseveró que Estados Unidos añadió términos de última hora que habrían reducido el alivio arancelario para los vehículos fabricados en Canadá, restringido la capacidad de Canadá para cerrar acuerdos comerciales con otros países y debilitado las protecciones para el idioma, la cultura y la soberanía.

Consideró tales exigencias como “inaceptables”.

La ruptura de las negociaciones supuso un cambio drástico respecto a la situación de dos días antes, cuando funcionarios de los dos países daban la impresión de encaminarse hacia una acuerdo.

El primer ministro de Ontario, Doug Ford, que está al frente de la provincia más poblada de Canadá, elogió a Carney por rechazar el acuerdo, diciendo que habría perjudicado a los sectores automotriz, del acero y manufacturero de Ontario. Ford instó a Canadá a usar “todas las herramientas” a su disposición para combatir los aranceles estadounidenses.

Las medidas también ponen en duda el futuro de un pacto comercial de América del Norte entre Estados Unidos, Canadá y México que es crucial para la industria en los tres países.

Carney señaló que la ruptura “ciertamente no es una buena noticia” para la revisión de ese acuerdo y que las negociaciones fallidas habían dado a Canadá “una nueva perspectiva” sobre lo que Washington quiere de la relación económica en general.

Una alianza generalmente colaborativa se agria

El impacto político probablemente será incluso mayor que las consecuencias económicas. El año pasado, ambos países se vendieron mutuamente bienes y servicios por valor de 880.000 millones de dólares.

Se suponía que los aranceles entrarían en vigor a las 12:01 de la mañana del miércoles. Pero Trump aplazó su aplicación por tres días para permitir que continuaran las conversaciones, aunque aun así no pudieron llegar a un acuerdo.

Durante décadas, ambas naciones han forcejeado por el comercio, increpándose mutuamente en puntos delicados, tales como las importaciones canadienses de madera blanda y el acceso de Estados Unidos al mercado de lácteos de Canadá, el cual está protegido por el gobierno.

De algún modo, aun así lograron seguir siendo amigos, aliados y socios comerciales. Soldados canadienses lucharon junto a estadounidenses en Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. La frontera de 8.891 kilómetros (5.525 millas) entre Estados Unidos y Canadá no está defendida, y casi 330.000 personas y bienes por valor de 2.000 millones de dólares la cruzan cada día; en territorio estadounidense viven 800.000 canadienses.

El enfoque de Trump para tratar con Canadá marca una extraordinaria ruptura con la relación tradicionalmente cooperativa entre los dos países. Trump ha golpeado los bienes canadienses con aranceles —en un intento por llevar de regreso la manufactura a Estados Unidos—, y repetidas veces ha hecho comentarios incendiarios sobre convertir a Canadá en otro estado de Estados Unidos.

Carney afirmó que Canadá había reconocido que “Estados Unidos ha cambiado” y que los dos países “no volverán a nuestra vieja relación”.

Situación frustra a canadienses y estadounidenses

La población canadiense está harta. Una petición para expulsar al embajador estadounidense Pete Hoekstra, un aliado de Trump, ha reunido casi 248.000 firmas desde el 21 de julio. Acusa al diplomático estadounidense de haber “normalizado” el discurso de Trump sobre anexar Canadá, entre otras cosas.

Ambos países tenían buenas razones para encontrar una solución intermedia.

Casi el 72% de las exportaciones de bienes canadienses el año pasado se dirigieron a Estados Unidos. Y el gobierno de Trump podría mostrarse cauteloso a la hora de imponer nuevos aranceles —pagados por importadores estadounidenses que intentan trasladar el costo a los consumidores mediante precios más altos— antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre. Los votantes estadounidenses ya están frustrados por el alto costo de la vida.

“Ambas partes estarán bajo una inmensa presión en los próximos días para aún encontrar una salida”, comentó Ryan Majerus, socio de King & Spalding y exfuncionario comercial estadounidense.

Joshua Bolten, director general de la Business Roundtable, que representa a líderes de grandes empresas estadounidenses, advirtió que los aranceles y las represalias corren el riesgo de “elevar los costos para las empresas y las familias estadounidenses” y de interrumpir cadenas de suministro vitales, e instó a ambos gobiernos a reanudar las negociaciones .

Trump recurre a aranceles de la época de la Gran Depresión

Trump ha hecho de los aranceles la pieza central de su agenda económica en su segundo mandato. El año pasado impuso gravámenes de dos dígitos a las importaciones procedentes de casi todos los países, alegando que el prolongado déficit comercial de Estados Unidos era una emergencia nacional. En febrero, la Corte Suprema dictaminó que se había excedido en su autoridad. Los jueces anularon esos aranceles y prepararon el terreno para que el gobierno federal pague reembolsos a los importadores.

Así que Trump ha buscado otra autoridad legal para justificar la aplicación de aranceles.

Después de que la Corte Suprema de Estados Unidos anulara gran parte del anterior programa arancelario de Trump en febrero, el gobierno recurrió a otras autoridades legales. Para Canadá, Trump invocó la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición de la época de la Gran Depresión rara vez utilizada que permite aranceles de hasta el 50% contra países que considere discriminan empresas estadounidenses .

La disposición forma parte de la ley arancelaria Smoot-Hawley, ampliamente culpada por economistas e historiadores de empeorar la Gran Depresión al restringir el comercio mundial. La Sección 338 nunca antes se ha utilizado para imponer aranceles.

La ruptura llega en un momento en que Estados Unidos, México y Canadá intentan renovar un acuerdo comercial que Trump negoció en su primer mandato y que en su día calificó como un triunfo. Washington ha iniciado conversaciones formales con México sobre la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Pero las conversaciones con Canadá no han comenzado, y el creciente conflicto comercial genera interrogantes acerca de si lo harán.

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Gillies reportó desde Toronto. La periodista de The Associated Press Michelle L. Price contribuyó a este despacho.