Renuncia Hans Zollner a la comisión de protección de los menores del Vaticano

Rodolfo Soriano Nunez

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Religión y vida pública

Por Rodolfo Soriano-Núñez

La mañana de este miércoles, un poco antes de que el papa Francisco sufriera lo que Il Sismografo, llamó una “crisis cardiaca”, el jesuita alemán Hans Zollner hizo público que desde el 14 de marzo presentó su renuncia al cargo de integrante de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores. Zollner ha sido miembro desde esa entidad desde que se creó en 2014.

En la actualidad, la Comisión está presidida por el arzobispo y cardenal de la ciudad de Boston, el franciscano Sean Patrick O’Malley y el secretario, cargo que en algún momento ostentó Zollner, es Andrew Small, un sacerdote nacido en el Reino Unido en el seno de una familia irlandesa y miembro de la orden de los Oblatos de María Inmaculada, que cuenta con amplia experiencia en América Latina luego de ser durante muchos años el enlace entre la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) y el Consejo Episcopal de Latinoamérica, el llamado CELAM.

Quien esté interesado en conocer, con algún detalle quiénes son los otros miembros de esta comisión, puede encontrar su directorio actual en la página de Internet de la Comisión. Debe quedar claro, sin embargo, que es una de las comisiones o consejos más inestables de la Santa Sede. Si en otras entidades la norma es que los cargos difícilmente se renuncian, en esta comisión ya desde sus primeros días de existencia hubo dudas y conflictos que se han traducido en constantes renuncias.

Entre las más notables de esas renuncias, la de la irlandesa, sobreviviente de abusos sexuales a manos del clero, Marie Collins, quien preside una fundación que busca erradicar el abuso en el mundo de habla inglesa y, sobre todo, ayudar a las víctimas de este tipo de prácticas que ahogan al catolicismo en todos los continentes.

Marie Collins, sobreviviente irlandesa de abusos sexuales. De su sitio de Internet.

Collins renunció agobiada por la lentitud con la que algunos cambios ocurrían, cuando ocurrían, así como por la actitud puntillosa de los abogados especialistas en derecho canónico que parecían más interesados en encontrar las razones por las que no era posible impulsar cambios reales.

En una entrevista de marzo de 2017 con el diario británico The Guardian, cuando Collins renunció al cargo, calificaba como de “devastadora” la situación que le llevó a retirarse de ese órgano colegiado. En otra entrevista, en este caso con la revista de los jesuitas estadunidenses America, Collins detallaba los muchos obstáculos que enfrentó en los tres años en que trabajó en esa instancia.

No espero que Zollner haga algo parecido al tour de medios que Collins y otros antiguos miembros de esta comisión han hecho, pues Zollner es un sacerdote jesuita que conserva cargos en las universidades de la Iglesia en Roma, de modo que sería difícil que hablara con la libertad con la que Collins lo hizo en 2017.

Texto en que Hans Zollner anuncia su renuncia a la Comisión

Lo que es un hecho, en cambio, es que el documento que hizo público Zollner, que no es su carta de renuncia como tal, deja ver que las cosas siguen sin caminar como deberían hacerlo en esa comisión. Habla, por ejemplo, de falta de claridad sobre quiénes o por qué se convierten en miembros de esa comisión. También habla de falta de transparencia financiera, un mal que acosa en distintos frentes a la Iglesia católica. También hace notar que no existe una norma que regule las relaciones entre la Comisión y el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la antigua Santa Inquisición, que es donde está encuadrada jerárquicamente esta entidad vaticana. Como se puede ver son problemas que uno esperaría que, casi diez años después de la creación de la comisión ya estuvieran resueltos.

Hans Zollner, hasta el 14 de marzo de 2023, miembro de la Comisión para la Protección de Menores de la Iglesia.

Ello contrasta con el hecho que este fin de semana próximo pasado, los medios informativos de la Santa Sede informaron de la manera en que el papa Francisco ratificó el sábado 26 el documento Vos estis Lux mundi, traducido en español como Ustedes son la Luz del mundo, con el que el pontífice argentino ha tratado de resolver el problema de los abusos sexuales a manos de clérigos, pero también a manos de los dirigentes laicos de grupos católicos. Originalmente publicada en mayo de 2019, la versión dada a conocer apenas este fin de semana próximo pasado, agrega algunas precisiones que harán más factible que se castigue a los líderes laicos de movimientos reconocidos como tales por la Iglesia, pero el problema más grave, el de las reparaciones para las víctimas sigue sin mostrar su rostro.

Uno de los casos más sonados de ese tipo de abusos a manos de dirigentes laicos lo ofrece la “orden” peruana llamada Sodalicio de Vida Cristiana, pero también está el caso de la organización basada en Francia L’Arche, sobre el que The Associated Press apenas ayer publicó un detallado reportaje.

No creo tampoco que la renuncia de Zollner “sacuda” a la jerarquía de la Iglesia católica. Mi impresión es que la inmensa mayoría de los obispos no creen que la crisis sea tan grave como dicen las propias víctimas, como en el caso de Marie Collins o como decimos analistas como yo. Ellos creen—me parece—que el tiempo, la amnesia, la edad y el cansancio, juegan a su favor y en contra de las víctimas de abusos sexuales.

Como sea, una vez que el papa Francisco se recupere de la “crisis cardiaca” que sufrió este miércoles y que, muy probablemente, le impedirá encabezar los rituales de la Semana Santa, tendrá que busca quién está dispuesto a sumarse a una Comisión en la que está ampliamente documentado que no hay suficiente disposición o capacidad para promover los cambios que la Iglesia necesita.