El Vaticano repudia la ‘Doctrina del descubrimiento’ que justificó abusos contra pueblos originarios

Rodolfo Soriano Nunez

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La doctrina es la ideología fundamental de la extrema derecha en España y América Latina

Religión y vida pública

Por Rodolfo Soriano-Núñez

Mientras Jorge Mario Bergoglio convalece del episodio que lo obligó a ingresar al Policlínico Gemelli de Roma, dos dependencias de la Iglesia Católica publicaron un documento que repudia cualquier vínculo con la así llamada Doctrina del descubrimiento y declaran, de manera expresa, que no forma parte de la teología católica.

Los dicasterios, algo parecido a una secretaría de Estado o un ministerio, para la Cultura y la Educación y para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, reconocen, sin embargo, que hubo documentos publicados por papas que fueron manipulados «para fines políticos por las potencias coloniales que competían entre sí, para justificar actos inmorales contra las poblaciones indígenas, realizados algunas veces sin oposición de las autoridades eclesiásticas».

Es de relevancia que lo reconozcan pues esa doctrina fue invocada repetidamente por los imperios español, portugués y francés, de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, para justificar su propia existencia. Ya en el siglo XIX, ecos de esa manera de entender esa relación entre religión y vida pública fueron invocados para justificar la manera en que Europa se repartió África, Asia y Oceanía. Incluso los intentos de Italia y Alemania para hacerse, en los siglos XIX y XX, de sus propios imperios estuvieron amparados en esa doctrina.

En América Latina misma, después de las guerras de Independencia de principios del XIX, las élites de la región invocaron variaciones de la Doctrina del descubrimiento para justificar, por ejemplo, el trato que Juan Manuel de Rosas y Julio Argentino Roca dieron a las poblaciones originarias de Argentina en el marco de sus respectivas Campañas al Desierto.

Estuvo presente en la manera en que Porfirio Díaz planteó la brutal relación de su gobierno con los yaquis y mayos en el noroeste de México. Ha sido un elemento clave de las relaciones entre las élites de origen vasco, radicadas en Santiago de Chile y las etnias de la Araucania, en el sur de ese país. Más recientemente, ecos de esa misma Doctrina del descubrimiento aparecieron en el discurso y la práctica política de Jair Bolsonaro en Brasil.

Lo que es peor, ya desde los años cincuenta del siglo XX, la Doctrina del descubrimiento es un elemento fundamental del pensamiento político de la extrema derecha de España y América Latina. Grupos transatlánticos como El Yunque (México y España) o multinacionales como Tradición, Familia y Propiedad (Brasil, Argentina, Colombia, Austria, Estados Unidos) y sus aliados en otros países de Europa y América ven a la Doctrina del descubrimiento como la justificación moral para muchos de los abusos que se perpetraron en América en el marco de la Conquista y la integración de los imperios español y portugués, así como en la formación de los países que surgieron de esos dos imperios.

El documento señala que, luego de escuchar a los pueblos indígenas, “la Iglesia ha visto la importancia de afrontar el concepto denominado Doctrina del descubrimiento” y reconoce que el concepto de “descubrimiento”, la base de la llamada “doctrina” se encuentra en diversos documentos papales, como las bulas Dum Diversas (1452), Romanus Pontifex (1455) e Inter Caetera (1493).

Sin embargo, dice que a pesar de ser documentos de los papas de finales del XV, “la doctrina del descubrimiento no forma parte de la enseñanza de la Iglesia católica”. En una toma de distancia sin precedentes en la historia del catolicismo respecto de lo que dijeron una media docena de papas: Nicolás V (1447-55), Calixto III (1455-58), Pío II (1458-64), Pablo II (1464-71), Sixto IV (1471-84), Inocencio VIII (1484-92) y Alejandro VI (1492-1503), el papa Borgia de infausta memoria por sus excesos y abusos de todo tipo, incluso contra su hija Lucrecia.

El documento de la Iglesia dice de manera expresa que “esos documentos, escritos en un período histórico específico y relacionados a cuestiones políticas, nunca han sido considerados expresiones de la fe católica”. Y advierte que “no reflejaban adecuadamente la igual dignidad y los derechos de los pueblos indígenas. La Iglesia también es consciente del hecho de que el contenido de estos documentos ha sido manipulado para fines políticos por las potencias coloniales que competían entre sí, para justificar actos inmorales contra las poblaciones indígenas, realizados algunas veces sin oposición de las autoridades eclesiásticas. Es justo reconocer estos errores, reconocer los terribles efectos de las políticas de asimilación y el dolor experimentado por las poblaciones indígenas, así como pedir perdón”.

Ésa es, a mi modo de ver, la más contundente retracción y admisión de culpa que la Iglesia haya hecho en toda su historia. No puedo imaginar, ni siquiera en el caso del Concilio Vaticano II un reconocimiento tan amplio y profundo de los errores cometidos por esa institución en toda su historia.

A renglón seguido, el documento dice que “el magisterio de la Iglesia sostiene, en términos inequívocos, el respeto debido a cada ser humano. Por tanto, la Iglesia Católica repudia los conceptos que no reconocen los derechos humanos intrínsecos de los pueblos indígenas, comprendida la que se ha dado a conocer legal y políticamente como Doctrina del descubrimiento”.

Finalmente, cita la bula Sublimis Deus de 1537, de Pablo III, que fue el primer documento que tomó distancia, aunque insuficiente, de la así llamada Doctrina del descubrimiento cuando dijo:

Determinamos y declaramos que dichos Indios, y todas las gentes que en el futuro los cristianos llegasen a conocer, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidos a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor.

El papa Pablo III. Retrato de Tiziano. Imagen tomada de Wikipedia.

La mejor prueba de qué tan vigente es, en la memoria de muchos de los primeros pueblos de América la Doctrina del descubrimiento, la ofrecen las reuniones que hace un año, en marzo de 2022, el papa Francisco sostuvo con representantes de los pueblos originarios de Canadá. Esas reuniones fueron resultado de los macabros descubrimientos de una cantidad todavía no determinada de fosas clandestinas en las cercanías de las así llamadas Escuelas Residenciales, que no eran otra cosa que internados que el Imperio Británico entregó a las iglesias Católica y Anglicana, tanto en Canadá como en Australia y otras posesiones de aquel imperio. Las estimaciones de los grupos que tratan de esclarecer ahora qué ocurrió en esos internados, es que se trata de entre tres mil 200 y hasta poco más de seis mil víctimas de abusos de distinta naturaleza a manos del clero de esas dos iglesias. Para el caso concreto de Canadá, Amnistía Internacional publicó este documento que analiza el papel de la doctrina en la subyugación de los pueblos originarios de ese país.

La más reciente oleada de descubrimientos de fosas clandestinas permitió encontrar más de 200 osamentas en el internado de la etnia Tk’emlups te Secwépemc en Kamloops, Columbia Británica, en mayo de 2021. Ese descubrimiento motivó una amplia movilización que llevó a que representantes de las Primeras Naciones de Canadá viajaran en marzo de 2022 a Roma y a que el papa Francisco correspondiera a ese viaje con su visita a Canadá en julio de ese año.

Francisco reconoció la gravedad de los abusos perpetrados contra los pueblos originarios de Canadá y el resto del continente en su primer mensaje en ese país. El lunes 25 de julio de 2022, en Maskwacis, Alberta, dijo:

Esperaba que llegara este momento para estar entre ustedes. Desde aquí, desde este lugar tristemente evocativo, quisiera comenzar lo que deseo en mi interior: una peregrinación, una peregrinación penitencial. Llego hasta sus tierras nativas para decirles personalmente que estoy dolido, para implorar a Dios el perdón, la sanación y la reconciliación, para manifestarles mi cercanía, para rezar con ustedes y por ustedes.

Mensajes similares estuvieron presentes en casi todas las intervenciones públicas y privadas del pontífice durante su viaje, pero es hasta ahora, que -de manera formal- la jerarquía de la Iglesia Católica toma distancia de algo que, aunque no fuera formalmente doctrina, sí ha formado parte de la identidad, especialmente de los católicos que se ven a sí mismos como descendientes de los conquistadores de América Latina y que derivan de esa manera de entender el mundo, toda una filosofía política que en México y España está representada por el así llamado El Yunque. En España esa organización ha dado vida, de manera formal a Vox, un partido político de extrema derecha que podría integrar la coalición de gobierno con el Partido Popular en las próximas elecciones en ese país.

En Perú, en la semana que ahora termina, el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular y miembro del Opus Dei, concluyó una alocución pública con vivas a Vox, el partido español. Organizaciones similares o cercanas existen, además, en prácticamente todos los países de América Latina, con excepción de Uruguay.

Aunque el documento de este jueves no es del papa Francisco, es claro que hay en él mucho de la reflexión y puntos de vista que han alimentado su pontificado. Después de todo, como hizo ver Umberto Eco en su obra póstuma Pape Satán Aleppe. Crónicas de una sociedad líquida, Jorge Mario Bergoglio más que un papa argentino, es un papa, un jesuita paraguayo.

Y lo es porque, aun cuando es cierto que hubo clérigos católicos como Bartolomé de las Casas y los jesuitas de Paraguay que se adhirieron a lo dicho por Pablo III, la inmensa mayoría de los clérigos, incluidos la mayoría de los papas de los siglos XVII y XVIII se olvidaron de lo dicho por Pablo III. Lejos de defender los derechos de los primeros pueblos, se sumaron a las empresas de dominación colonial impulsadas desde Madrid, Lisboa o París.

Ruinas del templo de San Ignacio, Misiones, Paraguay. Tomada de Wikipedia.

No en balde, como narra la cinta The Mission La misión, los imperios español, portugués, francés e inglés, hicieron todo para destruir a la Compañía de Jesús. Los jesuitas fueron suprimidos y perseguidos. Debieron refugiarse en el norte de Europa y Rusia, por el odio irracional y la avaricia de los Borbón y otras casas reinantes de los imperios europeos que los veían como enemigos.

Una de las obras más bellas escritas por Jorge Mario Bergoglio antes de ser electo papa, son sus reflexiones acerca de la experiencia de la supresión, de la persecución de la Compañía de Jesús. El libro, publicado en español por Editorial Herder como Las cartas de la tribulación, es uno de los ejercicios más lúcidos de reflexión de un cura ejemplar, que comete errores, como ceder a la presión de quienes se oponen a reformas de fondo para resolver los abusos sexuales, pero que al promover esta ruptura clara, inequívoca, con la Doctrina del descubrimiento da un paso en la dirección correcta.