Los más de 58 millones de votos que no obtuvo Sheinbaum

Jorge Octavio Ochoa

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Luego de los votos, nominaciones al gabinete como la de Juan Ramón de la Fuente en la Cancillería son una bocanada de frescura.

México quedó más cerca de Rusia que de Dinamarca y el riesgo de alinearse, en nombre de los votos por Sheinbaum, con un totalitarismo que dice ser de izquierda, es real.

TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

Un pariente lejano gritaba, hace ocho días, entre eufórico y enojado, que 35 millones de quienes él llamó "pendejos" habían votado por Xóchitl Gálvez.

Confundido, pensé: “¡Ah caray, creí que habían sido menos de la mitad que eso! Por ahí de quince millones”

De inmediato busqué los datos del Instituto Nacional Electoral y vi que, en efecto, sólo eran quince millones 620 mil 726, como se puede ver en la imagen que aparece un poco después. No debatí con él, ni le di importancia a su comentario, porque su esposa le reprochó en voz baja: “quedamos que de eso no íbamos a hablar”.

Terminada la reunión que, pese a todo, fue agradable, porque hablamos de historias de ultratumba, pero ciertas, me quedé pensando en la frase:

“35 millones de pendejos votaron por Xóchitl”. Me percaté entonces, que la afirmación es doblemente errónea. Por ella votaron quince millones 620 mil 726 personas. Por Jorge Álvarez Máynez, cinco millones 832 mil 105 personas. Ni juntos dan los 35 que aquél decía.

Captura de pantalla de los resultados oficiales del PREP del INE, junio 24 de 2024.

Pero la doble falsedad estriba en que el volumen de abstención, por sí solo, todavía es mayor a los que votaron por Claudia Sheinbaum: 33 millones 226 mil 602, contra 37 millones 413 mil 410 que prefirieron no saber nada de nadie. 

Sufragios no emitidos, perdidos, tirados a la basura. Lo que sea, pero son más personas que las que votaron por la futura presidente. De hecho, contra ella hay un padrón de 58 millones 866 mil 241 personas, si se suma a la abstención los votos de los otros dos candidatos.

La NO participación ciudadana siempre ha sido más grande que la votación activa por ningún partido político. La sociedad no cree en éstos, ni en sus líderes y representantes. Sólo los sobrelleva y toma lo que puede.

¿Qué haría distinta una votación por ministros y jueces? El volumen de abstención rondaría el 80 por ciento del padrón electoral. Si la gente no conoce ni a sus diputados ¿Cree usted que conocerá a sus jueces, ministros o magistrados?

Además, debemos admitir que el silencio dice algo. La abstención expresa: marginación, pobreza, miedo, incapacidad, falta de movilidad, apatía. Un gobierno que no admite eso, es un régimen sordo, ciego, cojo y tonto.

A veces el silencio es más digno que el estruendo y la soberbia de los triunfadores. Incluso en psiquiatría y en jurisprudencia, el silencio significa algo y tiene un valor específico. Puede implicar una posición ideológica, una forma de protesta.

Sin embargo, hoy las redes sociales se han convertido en el gran tribunal “de la verdad”. La soberbia se impone y no faltan los Noroñas que pregonan el discurso de “arrasar”, dando por hecho que “el pueblo” es el que ordena, aunque la evidencia dice que NO es así.

En un país verdaderamente democrático, esto no podría ocurrir. Ameritaría una segunda vuelta o una reforma política para obligar al voto. Sin embargo, la credencial electoral sirve más para identificarse en el banco.

Así las cosas, lo que Andrés Manuel López Obrador dejará tras su sexenio será, además de un profundo retroceso democrático, un peligroso alineamiento hacia la izquierda o, según algunos, "el comunismo", más radical, autoritaria y totalitaria del mundo. Y no es exageración.

México está más cerca hoy de Rusia que de Dinamarca. En los hechos, se ve este acercamiento. Baste recordar la reciente votación en la ONU con respecto a la guerra en Ucrania.

México estuvo en el puñado de naciones que no reconoció la soberanía de Ucrania. Se abstuvo de votar, y lo hizo cuando Rusia instaló un submarino nuclear en las playas de Cuba, de cara a Miami, Florida.

Esto subraya la belicosidad mundial que impera en el planeta y, como decía, el silencio o la abstención también tienen un profundo significado. Esa abstención de México lo aleja sensiblemente de su principal socio comercial: Estados Unidos.

Putin tiene actualmente 24 años en el poder y el democrático régimen de Cuba cumple ya 75 años. El alineamiento es evidente. Es más que clara la cercanía de Morena con el gobierno de Venezuela, de Nicolás Maduro, que lleva once años en el poder.

Igualmente, López Obrador ha sido incapaz de cuestionar, pero ni en sueños, al gobierno dictatorial de Daniel Ortega en Nicaragua, que lleva ya casi 21 años ejerciendo el mando supremo en aquella nación si se suman los actuales 17 años a los cuatro que ejerció un cargo similar, luego del triunfo de la revolución sandinista en los ochenta del siglo XX.

Por añadidura, México estaría más cerca de Kim Jong Un, que lleva trece años en el poder en Corea del Norte y de Xi Jinping, con once años en el poder en China. Ese alineamiento con las dictaduras, lo observa nuestro socio comercial más importante.

Por tanto, si creen que esa reforma judicial que pretende consumar López Obrador le vale cacahuate al vecino del norte, están muy equivocados. El primer aviso fue el aguacate y el mango. El golpazo económico ha sido considerable. Piénsenlo.

En ese sentido, el anuncio del nombramiento de Juan Ramón de la Fuente en la cancillería, es una bocanada de aire fresco, para matizar esta postura y relanzar una actitud más equilibrada de México.

 

 

Hoy por hoy, antes de insistir en esa draconiana reforma al Poder Judicial, sería bueno que pensaran mucho en lo planteado por Gerardo Esquivel:

“Hay que ejercer el poder con responsabilidad. Los efectos de las reformas en el ámbito económico-financiero pueden ser mayúsculos. No sólo estamos hablando de la depreciación del peso y la caída de algunos puntos en la bolsa… 83 mil millones de pesos en el incremento de la deuda pública al año, no es poca cosa”.

Pero mientras, en Morena festejan así: En Madrid, España, un grupo de militantes, encabezados por un tal Poncho Gutiérrez, que tiene contratos con Morena por más de 19 millones de pesos, festeja el triunfo aplastante, entre botellas de los licores más caros del planeta, pero ensalzan a los pobres, porque son “tan buenos”, como se puede ver en el mensaje publicado en la red social antes conocida como Twitter que aparece inmediatamente después de este párrafo.