
Javier H. Contreras O. Domingo, 02 de Agosto del 2026
El deterioro de la salud mental exige una respuesta que vaya más allá de las campañas de concientización.
Por Javier H. Contreras O.
Hemos perdido la facultad de decidir, los algoritmos deciden por nosotros
Pareciera que el término de salud mental se ha convertido en un discurso político o de buenas intenciones, porque una de las principales causas que son las redes sociales, cada día cubren más la vida diaria, nuestro tiempo y espacio, nuestras actividades y emociones, pero apenas es poco lo que se está reaccionando.
Por lo pronto, estamos ante una adicción más potente que otras conocidas, -más aprehensivas que el alcohol y el tabaco- porque están ancladas en tecnologías de punta que dominan, ayudan y distorsionan las mentes. El organismo ha acogido un nuevo estilo de vida y cultura al estar conectados permanentemente a un dispositivo, que para algunos puede parecer normal o exagerado pensar asi, pero los resultados y las consecuencias nos dicen otra cosa.
La salud mental y las redes sociales tienen que ver con trastornos alimenticios en niñas y adolescentes; Tik Tok representa un serio riesgo para la salud mental. Actualmente, México ocupa el nada honroso primer lugar mundial en adicción a videojuegos principalmente los basados en violencia. Nos hemos constituido en una generación de adictos digitales que dependemos de dispositivos tecnológicos 24/7 como si fuera un récord de atención y entramos en la nueva fase de la inteligencia artificial que mientras no sea regulada, nos ubica en otro plan de realidad, de suplantación y falsedad de personas, donde perdemos la línea entre lo falso y lo verdadero, entre lo humano y lo artificial.
Las cifras de suicidios cada día se disparan, lo que ha encendido las alertas de una depresión, abandono y ansiedad profundos que las personas sienten que se cierran las puertas y no hay escapatoria. En nuestro centro de control -el cerebro- se desquician las neuronas, las conexiones fallan y el impacto es brutal.
Se habla mucho de problemas de salud mental como nunca, pero varias de sus causantes siguen interactuando entre nosotros y a veces nosotros mismos las propiciamos. Existen cifras de la Organización Mundial de la Salud, que indican que después de la pandemia del covid-19 se elevó 25 por ciento en el mundo los estados de ansiedad y depresión. Pero eso no es la única causa como si hacer del Covid el chivo expiatorio de todas nuestras desgracias, fuera la solución.
En cuanto a los trastornos alimenticios, promovidos en las redes sociales, el profesor de filosofía y psicología Carlos Javier González Serrano[1] dice que la exigencia por tener un cuerpo deseable y difundirlo en redes sociales hace que niñas y adolescentes se encuentren enfrascadas en trastornos alimenticios como la bulimia nerviosa y anorexia, pero también en trastornos mentales como la depresión y comportamientos suicidas, principales síntomas de mala salud mental.
Como psicólogo afirma que lo que está sucediendo es que con tanta hipersexualización, los cuerpos están mucho más expuestos y esa exposición tiene que estar a su vez sujeta a ciertos cánones de belleza, por eso, la insatisfacción de nuestra imagen corporal es el punto perfecto para la mercadotecnia que siempre tiene un nuevo producto de proteínas o la diversidad de entrenadores y coaches que hay para marcar el cuerpo.
Según la Sociedad Real para la Salud Pública (RSPH) en sus últimos informes sobre adictos digitales arroja que los jóvenes que utilizan mucho las redes sociales (pasan más de dos horas al día) en sitios de redes sociales como Facebook, Twitter (X) o Instagram tienen más probabilidades de tener mala salud mental, incluida angustia psicológica reflejada en síntomas de ansiedad y depresión.
Ha aumentado hasta un 70 por ciento las tasas de ansiedad y depresión entre los jóvenes en los últimos 25 años, considerando que el 91 por ciento de los jóvenes entre 16 y 24 años utilizan redes sociales, a pesar de que el 25 por ciento de adolescentes perciben que las redes sociales tienen un impacto negativo. Además su uso está relacionado con mayores tasas de ansiedad, depresión y falta de sueño.
Y con la irrupción de la inteligencia artificial, el responsable del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México Everardo Bárcenas[2] sostuvo que la IA en redes sociales tiene puntos positivos, pero también un lado oscuro que pone en riesgo la transparencia y vulnera la información de quienes navegan por internet, porque la IA no se debe prohibir, se debe regular. Es como cuando se inventaron los coches y comenzaron a atropellar personas. Los vehículos no se prohibieron, sino que se regularon normas para sancionar los accidentes y se dictaron reglas de conducción de los autos.
Ante ese panorama y preocupación de utilería, realmente ¿qué estamos haciendo por la salud mental en nuestra personas, en nuestra familia, en el trabajo y escuela?
¿Esperamos que lleguen decisiones institucionales de gobiernos que nos repiten que la salud mental es un serio problema y que hay que remediarla?
Las principales causas las conocemos y las promovemos. Ponemos en manos de nuestros pequeños hijos los dispositivos que están dando al traste esa salud mental tan mencionada.
Nosotros mismos nos asombramos como niños que abrimos un regalo con cada avance de la tecnología porque la hemos adoptado como único recurso de bienestar, comodidad y placer y no como una herramienta de trabajo creada por el humano para su servicio y no a la inversa.
Y en el trasfondo de la tecnología, está un nuevo poder, que resignados aceptamos y anhelamos de manera voluntaria como súbditos adictos, esperando cada día un nuevo producto, un nuevo entrenamiento o aplicación y por supuesto más dosis de dependencia y codependencia de las máquinas.
Ahí debemos buscar soluciones para el problema de la salud mental.
Hemos perdido la facultad de decidir, los algoritmos deciden por nosotros y ni siquiera son otras personas, sino son máquinas que al final de cuentas trabajan para grandes empresas de la tecnología, del nuevo tecno capitalismo.
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[1] MAYA, Arcelia, Las redes sociales y los trastornos alimenticios en niñas, Fin de Semana, domingo 11 de agosto de 2024, México
[2] PADILLA, Jonathan, La inteligencia artificial debe ser regulada, urgen expertos a Congreso de la Unión, Fin de Semana, domingo 11 de agosto de 2024, México