
Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 31 de Marzo del 2024
También revela fallos de la Nunciatura Apostólica para obligar a cumplir las normas de la Iglesia Católica en materia de abuso sexual.
Religión y vida pública: Es inevitable asumir que los obispos prefieren los litigios, donde creen tener ventaja sobre las víctimas de abuso sexual en lugar de desarrollar una cultura de prevención.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Una de las respuestas que la Iglesia Católica en México ha dado a la crisis de abusos sexuales que padece de manera pública al menos desde 1984, ha sido la creación de comisiones para prevenir abusos en cada una de sus diócesis.
La idea de crear estas comisiones emergió a mediados de la década pasada por el papa Francisco como parte de las reformas que ha impulsado para hacerle frente a la crisis de abusos sexuales en esa iglesia.
La Conferencia del Episcopado Mexicano, CEM o la conferencia de aquí en adelante, habla en dos textos que son prácticamente iguales entre sí que, hacia el 12 de febrero de 2019, 46 diócesis habían recibido la capacitación que esa instancia de la Iglesia Católica había ofrecido a las 96 diócesis territoriales que la integran.
Esas son las que aparecen en la página del así llamado Consejo Nacional de Protección de Menores de esa conferencia que, para ser nacional, tendría que reunir a todas las diócesis.
Sin embargo, y aunque en entregas previas de esta serie se reportó como válido ese número, la realidad es que en esa página sólo es posible dar con archivos de imagen, con archivos PDF o con enlaces a las páginas de 44 diócesis, además de una orden religiosa, los así llamados Hermanos Maristas.
No hay claridad respecto de qué ha ocurrido con todas las otras diócesis y órdenes religiosas, masculinas y femeninas, donde también se abusa o se encubre el abuso de sus integrantes, lo que haría necesario contar con un mecanismo al menos para prevenir ese tipo de prácticas.
En este punto es necesario aclarar que en el papel existen en México 99 diócesis no todas esas diócesis son iguales. Existe tres diócesis que agrupan a tres minorías étnicas del catolicismo mexicano cuyas raíces están en Europa y Medio Oriente.
Así lo consigna Catholic Hierarchy un sitio que frecuentemente se usa como referencia en esta serie pues, aunque no es oficial de la Iglesia Católica a escala global, es el que compila toda la información que, de manera oficial publica esa iglesia.
Una es la diócesis de fieles de origen armenio. A esa se suman la de fieles maronitas y la de los creyentes de origen melquita. Por razones que no es posible describir aquí, no se les considera; tienen características propias, que hacen más difícil compararlas con el resto de las 96 diócesis que son más homogéneas entre sí.
Compromisos
Esas diócesis asumieron, hacia finales de 2016 el compromiso de crear comisiones para prevenir abusos sexuales. Lo hicieron luego de que, en noviembre de 2016, estuvieran presentes en México, en la segunda asamblea anual que celebra la conferencia, el arzobispo y cardenal de Boston, Estados Unidos, Seán O’Malley, quien preside en Roma la llamada por su nombre en latín Tutela Minorum o Pontificia Comisión para la Protección de Menores, además del jesuita Hans Zollner.
En un acto ocurrido un poco antes, a principios de ese mes, estuvo presente también Joseph Scicluna, el arzobispo de Malta y responsable de algunas de las investigaciones en materia de abusos.
De manera notable, él ha participado de las pesquisas que involucraron a la Legión de Cristo luego de la muerte de Marcial Maciel, así como la que tocó a Fernando Karadima, el superdepredador sexual chileno y, más recientemente, a los dirigentes del peruano Sodalicio de Vida Cristiana.
En esa actividad previa a la asamblea de noviembre de 2016 de la CEM, O’Malley, Zollner y Scicluna enfatizaron tanto como les fue posible el problema que plantea el abuso sexual a la Iglesia Católica. También lo hizo el entonces nuncio apostólico en México, Franco Coppola.
Tutela fue creada a principios de 2014 por el papa Francisco como parte de su accidentaba respuesta a la crisis de abusos sexuales que, desde 1984, sacude a su iglesia. Los Ángeles Press ha publicado varios textos que dan cuenta de qué tan accidentada ha sido la existencia de esta comisión que, apenas el pasado 22 de marzo, cumplió diez años de existencia. Uno de los textos previos de esta serie aparece vinculado un poco antes de este párrafo.
A pesar de las expectativas que despertó la visita de O’Malley, Zollner y Scicluna a México, el desarrollo del Consejo de Nacional de Protección de Menores está estancado desde 2021.
Es posible que el estancamiento obedeciera a razones de cálculo político dentro de la Iglesia Católica o que el cálculo político tenga que ver, en cambio, con la realidad nacional mexicana.
Las razones internas tienen que ver con el hecho que la comisión en Roma fue objeto de fuertes críticas de algunos de sus primeros integrantes, de manera muy notable la sobreviviente irlandesa Mary Collins. Incluso Hans Zollner, quien solía ser identificado a veces como secretario de la Comisión pero que luego se supo que no había detentado ese cargo, quien renunció públicamente a esa entidad a pesar de que ahora se le ha vuelto a ver en algunas de las actividades de Tutela en Roma.
Semanas después de que Zollner renunciara, se filtró que aparentemente habría sido como protesta por la manera en que Andrew Small financió a la entidad con fondos tomados de otras obras de la Iglesia Católica en Estados Unidos.
Llamados
No sería difícil que, en esa lógica, los obispos mexicanos no hayan pensado que fuera necesario atender lo que, a final de cuentas eran llamados de sus colegas venidos de Roma. Sin embargo, como se dice de los llamados a misa, nadie obliga a atenderlos, pues nunca se presentaron como verdaderos compromisos, cuyo cumplimiento fuera exigible.
Otra posibilidad es que el desarrollo de ese Consejo Nacional de Protección de Menores haya sido una prioridad del anterior nuncio, el ya citado Franco Coppola, quien ocupó el cargo de julio de 2016 a noviembre de 2021. El mes siguiente fue enviado como nuncio a Bélgica, Luxemburgo y—sobre todo—a los organismos de la Unión Europea que tienen su sede en esos países.
Lamentablemente, nombrar a su reemplazo le tomó a Roma más de seis meses, por lo que el clérigo maltés Joseph Spiteri llegó a México hasta julio de 2022. Aunque Spiteri venía de ser nuncio en el Líbano, acostumbrado en ese sentido a situaciones marcadas por intensos conflictos, ha encontrado difícil imponerse a las dinámicas de la CEM.
La CEM misma vivió en noviembre de 2021, casi al mismo tiempo que Coppola se iba de México, una sacudida interna que sacó al obispo auxiliar de Monterrey Alfonso Miranda Guardiola de la secretaría general de la conferencia.
El cargo que Miranda Guardiola ocupó de 2016 a 2021, que es cuando ocurre -como se verá más adelante- la formación de la totalidad de las comisiones existentes hasta ahora, fue ocupado por Ramón Castro Castro, el obispo de Cuernavaca quien, aunque no ha sido acusado de manera formal de encubrir abusos sexuales en las diócesis en las que ha sido titular (Campeche, 2006-13 y Cuernavaca, de 2013 hasta ahora), si ha tomado decisiones que generan dudas respecto de su interés en resolver el tema de los abusos.
No es posible pasar revista ahora a su paso, atormentado por donde se le vea, por la diócesis de Campeche, una de las que pierde católicos a un ritmo más acelerado en todo México.
Baste señalar que su desempeño en esa diócesis estuvo marcado por severos conflictos con clérigos católicos de Polonia que llegaron a México con la expectativa de replicar en Campeche las dinámicas que caracterizan a la extrema derecha católica de Polonia. El experimento en un par de colegios católicos campechanos fracasó estrepitosamente y los clérigos polacos salieron de México en medio de un escándalo.
Además, hubo acusaciones de abuso que nunca han sido aclaradas del todo, e incluso pequeños cismas, es decir, divisiones de comunidades católicas de aquella diócesis en la que el territorio de la circunscripción religiosa católica es el mismo que el estado de la república.
El vínculo escarlata, de nuevo
Lo que es peor, como se dio cuenta en una de las entregas de la serie dedicada a las diócesis del estado de Chihuahua, ya en Cuernavaca, Castro recibió, nombró párroco e incluso hizo responsable de la formación de otros clérigos de esa diócesis a un sacerdote de Chihuahua acusado de haber abusado de al menos una víctima.
Como se hizo ver en esa entrega, que aparece vinculada inmediatamente después de este párrafo, la víctima fue sometida—al más puro estilo de la policía antes judicial ahora ministerial de Chihuahua, a un proceso en el que se le fabricaron delitos y lejos de ser reconocido como lo que era, murió acusado de haber tratado de extorsionar a Fernando Moriel, el sacerdote de Chihuahua al que Castro Castro ha promovido a la élite del clero de Cuernavaca.
Es digno de destacarse que la CEM publicó dos textos sobre el tema. Uno en 2018 y otro en 2019, muy parecidos entre sí. Ambos están compilados en los volúmenes de los llamados documentos colectivos correspondientes a cada uno de esos años y que están disponibles en esta página. El primero, de 2018, aparece inmediatamente después de este párrafo. El segundo, correspondiente a 2019, aparece un poco después de este párrafo.
De hecho, uno tiene que prestar mucha atención para no confundirlos, pues lo que se dice es básicamente lo mismo y no ha habido cambio alguno desde que se creó la última comisión, la de la arquidiócesis de Morelia, en 2021.
Quienes explican el problema del Consejo Nacional de Protección de Menores de la CEM como atado al clima político interno en México estiman que, a pesar de que hubo algún interés de los obispos en crear las comisiones diocesanas ante un eventual cambio en la legislación mexicana, ese interés desapareció ya hacia mediados de 2020.
El año previo, la senadora Soledad Luévano Cantú, elegida por Zacatecas bajo las siglas del Movimiento de Regeneración Nacional, presentó una iniciativa de ley que incluía ligeros cambios en la legislación mexicana en materia de relaciones Estado-Iglesia.
Como parte de esos cambios se incluía uno en el que se obligaba a que las asociaciones religiosas, tanto las católicas como de otras denominaciones o tradiciones religiosas en México, informaran de inmediato a las autoridades de los casos de abuso que pudieran ocurrir en sus actividades.
La iniciativa, sin embargo, murió luego de que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, la descalificara como una violación de una de las vacas sagradas de la mitología política mexicana, el así llamado “Estado laico”.
Ello lo hizo a pesar de que la reforma planteaba mejoras en distintos aspectos de ese supuesto “Estado laico”, como puede comprobarlo quien lea la iniciativa, disponible aquí.
“El Estado laico”
Más sorprendente fue que quienes suelen expresar profundos desacuerdos con López Obrador en prácticamente cualquier tema de su agenda, denunciaban la iniciativa de reforma sin advertir el cambio propuesto en el artículo 12 bis.
La reforma no corregía el fondo del problema de la legislación mexicana que, como otras muchas en América Latina es una ley “imperfecta”, pues no establecía ni un plazo preciso para hacer el reporte ante la autoridad competente, ni—sobre todo—algún castigo para los clérigos o las asociaciones religiosas que incumplieran, pero era un paso en la dirección correcta.
Lo que es peor. Bastaba que el Senado convocara a un foro para que quienes hemos seguido estos temas hiciéramos ver la pertinencia de una reforma que corrigiera la naturaleza “imperfecta” de la ley y del proyecto de la senadora Luévano y, si en realidad había voluntad, se introdujeran plazos y castigos.
En lugar de eso, el proyecto de reforma de la senadora zacatecana Luévano murió y su muerte fue celebrada por todo el espectro político.
Por una parte, hubo otros senadores de Morena, como el oaxaqueño Héctor Vasconcelos, quien, imitando a López Obrador, se lanzaron desde lo alto del alcázar de Chapultepec envueltos en tan noble bandera para proclamar las glorias del “Estado laico” como si su compañera de bancada hubiera apoyado el establecimiento de una teocracia en México.
Del otro lado, sumados a los celosos defensores del llamado “Estado laico” hubo jerarcas católicos que fueron poseídos por el espíritu de Juárez y su fervor laicista, como en el caso del arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes.
Todavía peor fue la manera en que The Associated Press publicó un cable, reproducido por algunos diarios estadunidenses, en los que el autor replicaba sin el menor asomo de crítica o análisis lo dicho en Palacio Nacional.
Las razones por las que López Obrador, cuando tenía un control casi absoluto de las cámaras del Congreso de la Unión optó por matar la reforma de la senadora Luévano sólo las conoce él y sus más cercanos, pero es claro que no contribuyeron a que se resolvieran los casos de abuso pendientes en los tribunales y las fiscalías.
Impulsos
En todo caso, los factores internos de la Iglesia Católica y los de la política nacional se combinaron, de modo que el mayor número de comisiones, un total de 39, entre 2019 y 2020, mientras Coppola estaba en México y cuando parecía haber algún riesgo de que el Estado asumiera su responsabilidad en el tema de los abusos.
El impulso alcanzó para que una más, la de Morelia, se creara en 2021. Después de esa, nada, como se puede ver en la gráfica que aparece como imagen inmediatamente después de este párrafo.
Como se puede ver en las tablas que aparecen más adelante en este texto, no es posible encontrar algún patrón claro que explique por qué algunas diócesis han creado sus comisiones y otras no.
En la región Noroeste, la primera de las siete regiones en que se ha dividido el país, hay estados como Baja California en los que algunas diócesis han creado comisiones, como Mexicali, pero otras no, como Tijuana y Ensenada. Es el caso también de Durango, Sonora y Sinaloa, como se puede ver en la tabla que aparece, como imagen, inmediatamente después de este párrafo.
Tabla 1. Región Noroeste de las diócesis de la Iglesia Católica en México.
En otros estados como Chihuahua o Baja California Sur, es claro que ninguna de las diócesis tiene interés en avanzar en este asunto, pues no hay evidencia -sobre todo en Chihuahua- de que alguna de las diócesis en esa entidad vaya a actuar en este asunto.
Si uno se desplaza al otro extremo del país para ver la situación en los estados de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Tamaulipas, la situación es similar. Algunas diócesis han hecho un trabajo digno de señalar. En un sentido, Monterrey que -además de ser el nuevo vivero de la CEM, fue la primera diócesis en crear una comisión para prevenir abusos.
En otro sentido está el caso de Saltillo que es el único caso de una comisión para prevenir abusos que, además de los integrantes comunes a estas comisiones, que suelen ser clérigos o laicos cercanos de alguna manera a las estructuras de la Iglesia Católica en cada diócesis incluye a una funcionaria de la Fiscalía General de Justicia de ese estado.
Cuando Raúl Vera renunció a su cargo como titular de esa diócesis pensé que ese diseño iba a desaparecer. Afortunadamente me equivoqué, pues a pesar de que el nuevo obispo, Hilario González García, se sumó a la comisión, no sumó a ningún otro clérigo y mantuvo a la funcionaria de la fiscalía estatal.
Que una integrante de la comisión sea, al mismo tiempo, laica, mujer y funcionaria de la Fiscalía de Justicia de ese estado, hace que su participación rompa con el clericalismo con el que la jerarquía católica en México y América Latina aborda a estos problemas, además de que hace que la autoridad quede al tanto de todo lo que se hace en esa instancia de la Iglesia Católica en Saltillo.
En ese sentido, en cada diócesis que ha creado una comisión y que ha hecho públicos los nombres y origen de los integrantes de esa comisión se ha incluido un cálculo de qué tan clericalizada o no está cada una de esas comisiones.
Clericalismo
Hay diócesis, como la de Ciudad Valles, San Luis Potosí, en esa misma región, la Noreste, o el puerto de Veracruz en la región siguiente, la llamada Oriente, por citar dos casos, en la que los clérigos de esas dos circunscripciones fueron incapaces de encontrar a algún laico católico que pueda incorporarse a las comisiones. Todos los miembros de ambas comisiones son clérigos y varones.
Ese número, sin embargo, debe tomarse con mucho cuidado, pues no todas las diócesis han hecho públicos los documentos constitutivos de sus comisiones.
Uno de los mejores ejemplos de transparencia en ese sentido es la diócesis de Matamoros, cuyo obispo Eugenio Lira Rugarcía, a pesar de su militancia previa en las organizaciones de la extrema derecha católica, entendió la necesidad de ofrecer alguna medida de transparencia y ha publicado el detalle de los estatutos que regulan la comisión de su diócesis.
Tabla 2. Región Noreste de las diócesis de la Iglesia Católica en México.
Eso es muy útil porque, aunque cada obispo tiene amplios márgenes de autonomía para decidir qué hacer, como lo demuestra el hecho que más de la mitad hayan decidido no hacer cosa alguna, o el hecho que Raúl Vera haya integrado a una funcionaria de la Fiscalía en la comisión de Saltillo y que esa decisión haya sido ratificada por su sucesor en esa diócesis de Coahuila.
Sin embargo, el valor de los documentos que hace públicos la diócesis de Matamoros es que permiten conocer cuál es el razonamiento jurídico, en este caso canónico, así sea de manera parcial, que siguieron los obispos que decidieron crear su comisión.
Los documentos de la diócesis de Matamoros permiten observar también que, cuando deciden cumplir con lo que se espera de ellos, los obispos llegan a cumplir con mínimos. Lamentablemente, no fue posible conocer los nombres de los integrantes de la comisión creada en 2018 por Lira Rugarcía quien, antes de ser obispo de Matamoros había sido auxiliar de Puebla y se desempeñó algún tiempo como secretario general de la CEM, cargo desde el que tuvo algún papel en la organización de la visita de 2016 del papa Francisco a México.
Respecto de la zona o región Oriente, es importante destacar que es una de las más afectadas por los abusos. En una de las diócesis de esa región, la de Tehuacán, Puebla, es donde Norberto Rivera Carrera se estrenó como obispo y lejos de mostrar algún interés en atacar ese problema, recurrió a la “solución geográfica”, enviar a Nicolás Aguilar, uno de los superdepredadores del clero mexicano de esa diócesis en el México rural a la muy cosmopolita arquidiócesis de Los Ángeles, California.
No es posible dar cuenta de todos los casos de abuso conocidos en las diócesis del estado de Veracruz, pero baste señalar que, en algún momento de su formación como seminarista, Marcial Maciel estuvo adscrito a lo que ahora es la arquidiócesis de Xalapa bajo las órdenes de uno de sus muchos tíos obispos, el zamorano Rafael Guízar Valencia, a quien algunos tienen por santo.
Aunque fue expulsado de esa diócesis, cuando el tío falleció, Maciel se valió de la relación con el difunto para explotar las redes de relaciones con las familias más pudientes de lo que entonces era una diócesis mucho más grande que abarcaba partes de lo que ahora es la diócesis del puerto de Veracruz, además de las diócesis de Orizaba y Córdoba, que también tienen casos de abuso que no han sido resueltos en los últimos 30 años, al menos.
Tabla 3. Región Oriente de las diócesis de la Iglesia Católica en México.
En todo caso, es necesario tener cuidado porque hay laicos que sólo lo son en apariencia. Es el caso de los numerarios y supernumerarios del Opus Dei, así como de los miembros del Regnum Christi o los del Sodalicio de Vida Cristiana. En ese sentido, más allá de lo que se diga en las semblanzas con las que se anunció la creación de estas comisiones, es necesario averiguar con mayor detalle quienes forman las comisiones.
Esto fue muy evidente en el caso de la comisión que creó, recién llegado a la Ciudad de México, Carlos Aguiar Retes. Él integró a la comisión de la Arquidiócesis Primada a María Guadalupe Esponda.
Tabla 4. Región Centro de las diócesis de la Iglesia Católica en México.
A ella, la prensa de la extrema derecha católica en México la denostó para no hacerlo de manera franca y abierta con Aguiar. Yo no creo que su problema sea su alegada improvisación como comunicadora o el hecho que no exprese cada dos minutos alguna variedad de la homofobia que tanto aprecia la extrema derecha católica.
Laicos no tan laicos
El problema con ella es el mismo que se señaló con la colombiana Ilva Hoyos en la entrega previa sobre las actividades del Centro de Protección de Menores de Latinoamérica. Aunque se presentan como laicos, tienen una participación tan estrecha en estructuras vinculadas a la jerarquía de la Iglesia Católica, que es prácticamente imposible diferenciarles de clérigos que abiertamente se reconozcan como tales.
En esos casos es necesario tener un conocimiento muy puntual del campo religioso en cada diócesis para saber quiénes son efectivamente laicos y quiénes lo son sólo de nombre o se les debe tener por un tipo especial de laicos que va a anteponer sus compromisos y lealtades con la jerarquía a cualquier otra consideración.
Además de los casos ocurridos durante la gestión de Norberto Rivera Carrera, que han sido documentados por otros de manera más puntual, es necesario considerar que Aguiar Retes ya ha enfrentado casos en los que su reacción ha estado muy lejos de la transparencia que uno esperaría de un hombre culto que es claro que no actúa desde el integrismo que caracterizaba a Norberto Rivera o a otros clérigos mexicanos conocidos por encubrir clérigos depredadores sexuales.
En esta región Centro es necesario ser muy cauto con los casos de las nuevas diócesis de Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco. Aunque formalmente han sido consitituidas como entidades separadas de la Arquidiócesis Primada de México, la realidad es que siguen dependiendo mucho de la entidad que preside Aguiar y no es factible pensar en ellas como diócesis verdaderamente autónomas. Siguen siendo, en más de un sentido, dependientes de la Ciudad de México y ello es relevante también para los casos de abuso.
De esas diócesis se desconoce si hay comisiones propias o si, como en otras cosas, operan amparadas por las estructuras más maduras de la Arquidiócesis Primada de México.
Después de la llamada zona o región Centro aparece la que se ha denominado aquí y en otros textos como Bajío o Bajío ampliado que, además de los estados más frecuentemente identificados con esa región (Guanajuato, Michoacán y Jalisco) incluye a Aguascalientes, Colima, Nayarit, Querétaro y Zacatecas.
Tabla 5. Región Bajío Ampliado de las diócesis de la Iglesia Católica en México.
Es una región donde algunas de las diócesis han comprendido la gravedad de la situación que enfrentan, pero otras le apuestan al silencio, a la amnesia o a que las víctimas o los depredadores eventualmente morirán y con eso se acaban los problemas de las diócesis como tales.
Esta región Bajío Ampliado se analizó con algún detalle cuando se dio cuenta del papel de Juan Sandoval Íñiguez, el ahora arzobispo emérito de Guadalajara, como una figura clave de la crisis de abusos en Chihuahua y otras diócesis de México, pues fue nombrado sucesor de Juan Jesús Posadas Ocampo en la arquidiócesis de Guadalajara.
Desde ahí, Sandoval Íñiguez construyó una densa y difusa red de mutuas complicidades con clérigos de distintas diócesis del Bajío Ampliado y de otras regiones de México que son vitales para usar la "solución geográfica" a la crisis de abusos, que no resuelve en realidad, sólo traslada los problemas de un lugar a otro.
Quien desee conocer más detalles sobre las dinámicas en las diócesis de esa región, especialmente referido al papel desempeñado por Posadas Ocampo y Sandoval Íñiguez, puede consultar el texto que aparece enlazado inmediatamente después de este párrafo.
Sigue la región aquí llamada Sur, que incluye a los estados de Guerrero, Morelos y Oaxaca. En distintas entregas de esta serie Religión y vida pública se han abordado distintos casos vinculados con diócesis de esta región. De Morelos ya se habló al dar cuenta de la actuación del secretario general Ramón Castro Castro, titular de la diócesis de Cuernavaca.
Geografías del riesgo
Otro texto reciente se publicó hace dos semanas. En él se dio cuenta del riesgo de que el clérigo paraguayo Juan Rafael Fleitas López se integre a una de las parroquias que su orden, la de los Oblatos de María Inmaculada, administran en la diócesis de Tehuantepec.
Tehuantepec es en la región Sur una de las que sí cuenta con una comisión para prevenir abusos, aunque no es claro cómo es que realiza sus tareas, pues a diferencia de la diócesis de Saltillo o de la arquidiócesis de México, por ejemplo, en cuyos sitios de Internet es posible encontrar teléfonos o direcciones de correo electrónico para presentar denuncias u obtener información, Tehuantepec carece incluso de un sitio de Internet.
Como se hizo ver en la entrega previa de esta serie, el único medio de comunicación que aparece como a nombre, de manera extraoficial de la diócesis, es una página de Facebook que fue creada con la plantilla para páginas personales, ni siquiera con las que se usan para pequeños negocios u organización sin fines de lucro. Ese texto está vinculado después de la tabla 4 de este texto.
Tabla 6. Región Sur de las diócesis de la Iglesia Católica en México.
Lamentablemente, Acapulco carece de una comisión para prevenir abusos y ocupó un lugar prominente en la serie de dos textos que Los Ángeles Press dedicó al caso de Morseo Miramón Santiago, clérigo ahora adscrito o incardinado, según la jerga del derecho canónico, a la diócesis de Izcalli en el Estado de México.
Por último, están las siete diócesis que forman la región aquí denominada Sureste que integran los estados de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. De la situación en Campeche ya se adelantó algo en párrafos previos al dar cuenta de la llegada de Ramón Castro Castro a la secretaría general de la CEM.
Cancún-Chetumal, la diócesis que ocupa el territorio del estado de Quintana Roo, es uno de los peores casos en la historia de la depredación sexual a manos de clérigos católicos a escala global. Es una diócesis todavía ahora regenteada por la Legión de Cristo y aunque ahora ya es diócesis y eso, en teoría, debería servir para que el actual obispo, Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, no tuviera la manga ancha que tuvo él en años previos, así como—sobre todo—su predecesor en el cargo, Jorge Bernal Vargas, un lacayo de Marcial Maciel, la realidad es que es muy difícil creer que algo haya cambiado ahí.
Tabla 7. Región Sureste de las diócesis de la Iglesia Católica en México.
La antigua prelatura de Chetumal, como era conocida originalmente, fue usada para premiar o castigar a los clérigos cuyos superiores quisieran hacerlo. Se premiaba, por ejemplo, con actividades ligeras y festivas como bodas en Cancún a los legionarios que fueran dóciles a Maciel y sus superiores.
A cambio de celebrar alguna misa al día, podían “vivir la vida loca” en Cancún y la Riviera Maya. Incluso hubo algún obispo argentino que fue avistado en la cercanía de una suerte de club privado de la Legión de Cristo en Cancún con una mujer.
Fernando María Bargalló, que fuera obispo de Merlo-Moreno en Argentina, fue fotografiado mientras se divertía en una playa de Cancún con una mujer en Cancún en junio de 2012. Al poco tiempo fue forzado a renunciar antes de que cumpliera 58 años, a pesar de lo cual se le permitió retener el título de obispo emérito, que todavía exhibe ahora.
Los sacerdotes, en cambio, que mostraran algún asomo de conciencia o de crítica a las estructuras legionarias, eran enviados a las capellanías en las que se “atiende” a los empleados más mal pagados del sector turístico quintanarroense, algunos de los cuales son emigrantes llegados de Chiapas o de Yucatán, que habitan en condiciones muy difíciles lo que, de otra manera, es visto como un paraíso turístico.
La ahora diócesis de Cancún-Chetumal carece, por cierto, como se puede ver en la tabla que aparece como imagen inmediatamente después de este párrafo, de comisión. En esa región las diócesis chiapanecas de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula y la de Yucatán, que incluye a todo el estado homónimo, cuentan con comisiones. Sin embargo, sólo de esas dos diócesis de Chiapas se conoce algún detalle de su integración. No fue posible dar con información sobre San Cristóbal de Las Casas.
Sin dientes
Lo que deja ver esta variedad de respuestas, así como el hecho que mayoría, más de la mitad de las diócesis mexicanas no hayan creado alguna comisión para prevenir abusos es que, dado que estas iniciativas no están atadas ni a algún castigo concreto en el Código de Derecho Canónico, ni a alguna supervisión del Estado, cada diócesis hace lo que se le pega la gana.
Algunas, como Saltillo, han aprovechado esa libertad para ofrecer una respuesta que al menos hace suponer no son sólo los clérigos quienes deciden qué pasa ahí y que las autoridades civiles tienen algún conocimiento de lo que sucede.
Otras, como Tehuantepec, Veracruz o Yucatán, dicen que hacen, pero es imposible saber qué es lo que en realidad hacen. Sea porque no hay información de cómo contactar a su comisión, o porque esa comisión sólo la integran clérigos, como en el caso del puerto jarocho, o porque no hay el más elemental ejercicio de transparencia de parte de la jerarquía como en el caso de la arquidiócesis yucateca.
Tristemente, esa lógica que le apuesta todo a la buena voluntad de los clérigos ha fracasado una y otra vez y los jerarcas, empezando por el propio papa Francisco, parecen no darse cuenta que esas iniciativas no pueden sostenerse así y mucho menos lo harán las que tendrían que impulsarse, por ejemplo, para reparar los daños.
Tampoco parece haber apetito de los obispos católicos mexicanos por atender las ideas del papa Francisco en materia de espiritualidad de la reparación o de los múltiples llamados del cardenal O'Malley y otros altos cargos del Vaticano, incluidos los miembros actuales y previos de la Tutela Minorum. Lejos de ello, la apuesta parece clara a favor del litigio y la confrontación con las víctimas.
Tutela Minorum, la comisión encargada a escala global de prevenir abusos de menores de edad, sigue esa lógica y no hay signos de que la situación vaya a cambiar en el futuro inmediato.
La prensa global, basta ver la portada de uno de los suplementos Le Figaro de este fin de semana, ya habla de un “fin de papado”. No se necesita ser especialmente intuitivo para darse cuenta de ello.
El problema es que si algo se sabe de las lógicas pendulares es que a periodos marcados por algún cambio como lo fue, a finales del siglo antepasado luego del papado de León XIII o en la década de los setenta del siglo XX, les siguen fuertes movimientos en la lógica de la restauración más irracional, como fueron los casos de Pío X y Juan Pablo II y su sucesor Benedicto XVI, como respuesta a los más bien tímidos cambios impulsados por Juan XXIII y Pablo VI.
Los pocos cambios, más de tono y de forma que de fondo, ocurridos durante la gestión de Bergoglio, corren el riesgo de ser erradicados si la extrema derecha es capaz de controlar el cónclave que, de manera dolorosa pero inevitable, ocurrirá en un futuro próximo.
En el caso mexicano es peor porque el Estado laico es una ficción que sólo ha servido para retrasar cualquier solución que, en todo caso, en los países donde ha habido soluciones reales, no ha venido de las iglesias, sino de los sistemas de justicia, como en el caso de Estados Unidos.
Aunque la buena voluntad del actual arzobispo de Washington DC, Wilton D. Gregory, entonces arzobispo de Atlanta y presidente de la conferencia de obispos católicos de Estados Unidos ayudó a que, en 2002, se celebrara una inusual “asamblea” que reunió en Dallas a los obispos se ese país con laicos y sobrevivientes de abuso pesó más el temor a que la justicia estadunidense actuara.
Ello obligó a los obispos de Estados Unidos a reconocer la necesidad de crear los llamados “ambientes seguros” y evidenciar de manera clara sus compromisos de efectivamente darle vida a ese tipo de ambientes.
Luego de que se celebró esa “asamblea”, la conferencia de obispos católicos de ese país, la USCCB por sus siglas en inglés publicó el, así llamado Dallas Charter que, los mismos obispos de ese país, tradujeron al español como Estatuto de Dallas y se puede consultar aquí en su original en inglés y en español, por medio del Internet Archive, aquí.
Crear esos “ambientes seguros” era el supuesto objetivo último de las comisiones que 44 diócesis católicas en México han creado. Que sólo sean 44 y que, de la mayoría de ellas haya más dudas que certezas, deja ver qué tan lejos estamos en México de llegar a alguna solución a ese asunto.
Me queda claro, además, que ninguna de las dos candidatas a la presidencia de la República dedicará ni siquiera dos minutos de su tiempo de campaña a este tema. Eso es todo lo que la CEM necesita saber para insistir en su apuesta de que las víctimas se mueran o se cansen.
Por último, debo apuntar que la página de la CEM habla de más diócesis, pero hay muchos errores en su portal Web. Hasta el mediodía del domingo 31 de marzo, la diócesis de Tlapa, ubicada en el estado de Guerrero, aparece como "diócesis de Tlalpan", como la alcaldía de la Ciudad de México. La prelatura de El Salto, ubicada en las zonas rurales de más difícil acceso del estado de Durango, aparece como diócesis de "El Santo", como si honrara a la estrella de la lucha libre mexicana del siglo pasado.
Incluso si se subsanan esos errores, no es posible encontrar los documentos o al menos los vínculos, como en el caso de las arquidiócesis de Monterrey y Yucatán que avalen la existencia de 46 comisiones, además de que una de las comisiones que aparecen referidas en esa página es de los llamados hermanos maristas, una orden religiosa, y no una diócesis como tal.