Honduras, el país de Centroamérica con más armas en manos de particulares

Cinthya Alvarado Enriquez

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Honduras no tiene informes de cuántas armas hay en la calle.

No hay garantías de derechos humanos en Honduras. 

Por Cinthya Alvarado Enríquez 

Circula un video de 1 de julio de un partido de fútbol en Olancho, Honduras, donde la celebración consiste en disparos al aire libre, en presencia de niños y mujeres. Las familias recogen sus sillas y, a paso lento, mientras los hombres siguen celebrando con disparos de armas largas y cortas. Algunos asistentes lanzan aullidos y gritos de celebración y júbilo. La normalización de la violencia y el uso indiscriminado de armas es la realidad que vive Honduras.

Los Ángeles Press consultó a la Defensora de Derechos Humanos, Itsmania Platero, quien dijo en entrevista que “Honduras tuvo la ley de portación de armas, explosivos y suministros que fue más nociva y más permisiva de todos los países de la región centroamericana. Incluso a la fecha, esta ley tuvo algunas reformas en cuanto a rebajar la cantidad de armas que podía tener una persona y que tuviera dos permisos de portación de armas”.

Sin embargo, la medida para reducir el uso de armas no fue suficiente. “No se palpó como una medida real, ya que había un sello de secrecía en la Ley de Acceso a la de Información que maneja el Ministerio de Defensa, para dar a conocer cuántas armas se habían vendido a la población”, explica la defensora de derechos humanos, y puntualiza que mucho menos se sabía cuántas armas estaban en circulación de manera legal o en el mercado negro.

Sin garantías periodistas, abogados y activistas

La situación de violencia que vive Honduras ha implicado también una restricción de derechos y libertades como método para fortalecer la seguridad pública. Itsmania Platero enfatiza al respecto: “no hay derechos humanos en Honduras, en cualquier momento puede morir cualquier persona, porque no sabemos en quién confiar, hay familias de periodistas, de abogados, de mucha gente amenazada de muerte, defensores de derechos humanos, en particular los defensores del medio ambiente, las poblaciones garífunas, las poblaciones miskitas, ambas etnias en condiciones de marginación que promueven la consciencia del calentamiento global, que se están aprovechando muchos de esto”, explica Platero.

La represión fatal de ambientalistas

Itsmania Platero reitera a Los Ángeles Press que, a partir de los homicidios de destacadas ambientalistas, se sembró el terror en el país. “Si tú ves, ya nadie habla de Honduras, desde que murió Bertha Cáceres que fue asesinada y que murió Lolita Valenzuela, una eminencia en el tema del medio ambiente, tú no vas a ver a nadie que diga que en Honduras no hay comida, no hay producción, no hay agua”, señala la defensora, y añadió a esto que hay constantes cortes del suministro de energía eléctrica.

Para Platero, Honduras es una bomba de tiempo. “Si no hay desarme en toda la región, o por lo menos una cantidad considerable de armas que se puedan quitar y dejen de circular, van a haber muertes por todos lados, no sólo en las cárceles. Aunado a esto, la migración imparable, este tráfico silencioso de personas, y está también el tráfico de armas, es una crisis inevitable”.

No hay un informe policial sobre el tráfico de armas

Itsmania Platero señala que, del decomiso de armas, no hay para el pueblo hondureño y para los medios de comunicación una explicación y un informe que lo debería darlo la Dirección de Investigación Policial. “¿Cuántas armas han sido registradas”, pregunta Platero, y de aquellas 17 mil agencias de seguridad privada, ¿cuántas registraron sus armas?

Confía que ahora con la nueva presidente Xiomara Castro, que ya la ley de transparencia a la información, se publique la información más precisa respecto al número de armas decomisadas y registros legales.

Con 17 mil agencias de seguridad privada 

Más de 17 mil agencias de seguridad privada se crearon en los últimos años, ante la magnitud del crimen y la débil intervención del Estado para combatir la delincuencia. El proveer seguridad, o al menos la percepción de seguridad se convirtió en un importante negocio, en los últimos dos períodos presidenciales, es decir, los últimos 18 años, y con ello la venta de armas se disparó.

Esas agencias registraron las armas en su poder, pero es un dato todavía oculto. El tráfico de armas en Honduras “era tan popular, que se vendía como confites en los mercados, era más caro un grano de arroz que un proyectil”, dice Itsmania Patero.

Tráfico de armas, de drogas y de personas 

“No hay una visión hasta ahorita de las garantías por el respeto a la vida, estamos cayendo en una degradación cultural y en una degradación moral, cada día más grande, en donde la muerte se va haciendo tan aceptable, que la gente ya no se asusta”, dice la defensora hondureña.

“La gente mira los programas y que sacan a las personas sin cabeza, te ponen las figuras mientras más grotescas te las están poniendo más audiencia tienen. Eso está disparando las enfermedades depresivas, la venta de medicamentos que también son drogas, es una cadena”.

Son varias las voces de analistas y líderes de opinión que insisten en que Honduras no es El Salvador, por lo que deben adecuarse a las condiciones de este país.

En la visión de Itsmania Platero, “la política represiva del ejército, es algo que hay que ver si funciona, es muy necesaria para combatir el delito, muy necesaria, sí, pero debe ir acompañada con la prevención y de acciones encaminadas para que estos entes, tanto la policía nacional como los militares, sean depurados, y se combata la corrupción de aquellos que están siendo señalados por estar confabulados en actos criminales”. Platero enfatiza que mientras esto no se dé, va a haber una desconfianza en la población y no sabrá si las instancias policiales son buenas o malas.

Por otra parte, el desarme que empezó en las cárceles, además de ser un acierto, debe también extenderse a la población en general, insistió la activista Platero, que “sí debe haber el desarme, porque el sufrimiento es grande, los privados de libertad dormían con un ojo abierto y el otro cerrado, esperando en qué momento los mataban”.

La muerte de 46 mujeres en la cárcel de Támara, puso al gobierno de Honduras en crisis. La violencia estaba desbordada y el tráfico de armas dentro de prisión tuvo fatales consecuencias. Ahora la seguridad de las cárceles está en manos de militares, y el desarme fue una de respuestas inmediatas del gobierno. Pero aún fata mucho por hacer, concluye Itsmania Platero.