Testimonio de madre sobre su hija abusada sexualmente en kinder Iztapalapa, México

Guadalupe Lizárraga

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Por Válek Rendón

Protesta de padres de familia el 19 de octubre de 2011. Foto Jesus Villaseca/La Jornada

 

IZTAPALAPA, México.- En el jardín de niños de Andrés Oscoy Rodríguez, ubicado en la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México, abusaron sexualmente de 38 niñas y niños, durante 2011. Los criminales eran servidores públicos adscritos a la Secretaría de Educación Pública y todos están presos. Sus nombres circularon profusamente en diferentes medios digitales y en impresos de la localidad. Ellos son Saúl Blancas Tamayo, auxiliar administrativo del kínder; María de la Luz Cano Martínez, la directora; Sergio Osvaldo Rodríguez Bolaños, maestro de educación física; y José Rosario Reyna Sandoval, conserje.

El Juez Séptimo de Distrito de Procesos Penales Federales en el Distrito Federal resolvió que el Estado mexicano y la Secretaría de Educación Pública (SEP) están obligados a reparar, de manera solidaria, los daños causados a los niños.

“…Artículo 32.- Están obligados a reparar el daño en los términos del artículo 29:

Fracción VII.- El Estado, solidariamente, por los delitos dolosos de sus servidores públicos realizados con motivo del ejercicio de sus funciones y, subsidiariamente cuando aquéllos fueren culposos…”.

Aquí el testimonio de la madre de una niña abusada por el conserje.

La soledad en la escuela

 

Hija, ya despierta. Ya te voy a llevar a la escuela. Princesa se levantó contenta, le entusiasmaba la idea de ir a un lugar donde hubiera más niños, ser hija única no era tan divertido.

 

Su mamá le puso el uniforme, la peinó, le dio algo de desayunar y se fueron caminando. Era el primer día de Princesa en el jardín de niños, tenía tres años de edad, sentía curiosidad de cómo sería estar con otros niños.

El kínder Andrés Oscoy Rodríguez les quedaba apenas a unas cuadras de su casa, su mamá decidió inscribirla ahí porque un sobrino estudió en el mismo lugar y tenía fama de ser una de las mejores escuelas del nivel preescolar en Santa Cruz Meyehualco, Iztapalapa, en el Distrito Federal.

Princesa le dio un beso a su mamá y entró. Su primer día de clases. Al salir, le contó sonriente a su madre lo que hizo, dibujó, jugó con otros niños y platicó con su maestra.

La misma rutina se repitió durante varios meses hasta que, casi al final del ciclo escolar, la actitud de la niña hacia la escuela cambió por completo.

Hija, tienes que ir a la escuela, le decía su mamá. Pero Princesa lloraba, decía que no quería entrar, que se aburría y que un niño la molestaba. ¿Quién te molesta, hija? Pues un niño, mamá. Hija, a ti te gustan las princesas, ¿no? Pues las princesas tienen que ir a la escuela, tienen que estudiar, ahora tú vas a poder leer tus cuentos sola, le decía su madre para convencerla, pero Princesa seguía llorando.

A su mamá le dolía dejarla así, le causaba tristeza tener que meterla casi por la fuerza al jardín de niños, pero “tiene que ir a la escuela”, pensaba. Creía que Princesa lloraba porque era hija única y estaba muy consentida; en ese entonces, estaban convencidos, su esposo y ella, de que la habían malcriado.

Una vez dentro de la escuela, Princesa entró a su salón, dibujó un rato, le dieron ganas de ir al baño. No quería ir. Se aguantó hasta que ya no pudo. Quiero ir al baño, le dijo a su maestra. Ve. Princesa quería que su maestra la acompañara, pero ella era ya una niña grande y tenía que ir sola, le respondió.

Por temor a orinarse en el salón, Princesa salió, sin acompañantes. Mientras se apuraba para ir al baño, el conserje Saúl Blancas Tamayo la alcanzó, le dijo que él la iba a ayudar. Princesa entró al baño del jardín de niños y Saúl detrás de ella.

El conserje, ahora de 36 años de edad, le dijo que no se preocupara, que él le alzaba su faldita para que no se ensuciara. Le bajó el calzón y la niña orinó. Una vez que terminó, Princesa se puso de pie y el hombre tocó sus genitales. La niña, asustada, no supo qué hacer, trató de subirse la ropa interior y él no la dejó. La siguió tocando unos minutos hasta que la amenazó: si le dices a alguien, voy a matarte a ti, a tu mamá y a tu maestra. La niña no sabía qué pasaba. ¿Por qué quería matar a su mamá?

La escena se repitió varías veces al pasar los días, Princesa creía que ella había hecho algo mal. Que se había equivocado en algo, pero no quería que mataran a su mamá. Todas las mañanas se repetía el llanto, Princesa ya no quería entrar, pero tenía que ir a la escuela, sin que su madre tuviera la menor sospecha de lo que ahí le pasaba.

Su mamá habló con la maestra, le preguntó sobre el niño que Princesa decía que la molestaba, la maestra dijo que no era verdad, que ella se llevaba muy bien con todos sus compañeros.

Así transcurrieron poco más de dos años. Hasta que un día, una madre de familia citó a todos los padres y madres del kínder, su hijo le confesó que el conserje había abusado sexualmente de él.

¿Hija, te hicieron algo en la escuela?, le preguntó su mamá; Princesa sólo la miró, sin responder.

Los alumnos todavía no entraban al jardín de niños Andrés Oscoy Rodríguez. Poco después de las ocho de la mañana, Saúl Blancas barría el patio cuando escuchó que llamaron a la puerta. Abrió y se encontró con dos policías federales. Se lo llevaron preso el 15 de junio de 2011 por abusar sexualmente de dos niñas de seis años de edad, después se irían destapando decenas de casos.

La directora del kínder, María de la Luz Cano Martínez, al llegar a la escuela se encontró con una treintena de padres y madres de familia que exigían explicaciones. Por qué no había hecho nada para proteger a los alumnos de las agresiones de Saúl.

Yo no podía, dijo la directora. Alegó que sus jefes le habían pedido que actuara con discreción para que el violador no escapara. Fue cuidadosa para no revelar cuál era en realidad su papel en las agresiones en contra de los estudiantes.

Princesa le repetía una y otra vez a su mamá que no le habían hecho nada en la escuela. Sólo pensar en que Saúl Blancas pudiera cumplir sus amenazas le daba pavor, no quería que le hicieran daño a su mamá.

Su madre siguió el consejo del cartel pegado en la puerta del kínder: lleva a tu hijo a revisión psicológica y clínica. El conserje Saúl Blancas Tamayo está preso por abuso sexual.

A solas con la psicóloga de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (FEVIMTRA), de la Procuraduría General de la República (PGR), Princesa terminó por platicar que Saúl la había tocado.

Su hija tiene las características de un niño que ha sido abusado sexualmente, dijo la psicóloga. Entonces la mamá de Princesa le encontró sentido al hecho de que su hija, unos meses atrás, les insistiera a ella y a su esposo que le mostraran sus genitales.

A sus seis años, Princesa tenía que rendir una declaración ministerial. Era el 20 de junio de 2011.

Sí es él, es él. Exclamó la niña cuando le mostraron la foto de Saúl Blancas. Grité como gritan en la tele ¡auxilio!, pero me dijo que me callara, explicó Princesa, para luego describir que el hombre la abofeteó, y procedió a meterle “un algodón de color blanco, como una pelotita en donde hago pipí”. Me dolió pero no me salió sangre, dijo Princesa.

¿Recuerdas algo más? Ya me quiero ir, contestó la niña luego de varias preguntas.

Quisiera que esto nunca hubiera pasado, que fuera una pesadilla, dice su madre a ocho meses de aquel día.

Ahora Princesa tiene 7 años y está en primero de primaria. Va contenta a la escuela, le gusta jugar, aprender a leer y sigue dibujando. Ya no llora cuando la dejan en la soledad de la escuela, aunque sigue yendo a terapia, al igual que sus papás. Sabe lo que le pasó, pero no habla de ello.

De grande, Princesa quiere ser maestra, dice que para no dejarle mucha tarea a sus alumnos.

Reportaje: Educación a debate