
El secretario de Defensa del gobierno de Sheinbaum rindió honores a Hermenegildo Cuenca Díaz, vinculado a crímenes de lesa humanidad.
Por Diego Gastélum
Ciudad de México — En una ceremonia que ha causado indignación entre colectivos de víctimas, defensores de derechos humanos y académicos, el nuevo secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, rindió homenaje al general Hermenegildo Cuenca Díaz, uno de los principales responsables de la guerra sucia en México, conocido por su participación en la desaparición forzada de opositores políticos y en los llamados "vuelos de la muerte".
El evento tuvo lugar en instalaciones castrenses de la Ciudad de México y fue presentado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) como un reconocimiento a la “trayectoria institucional” de Cuenca Díaz, quien fungió como titular de la Sedena entre 1976 y 1982, bajo la presidencia de José López Portillo, uno de los sexenios más oscuros en materia de represión estatal.
¿Quién fue Hermenegildo Cuenca Díaz?
Cuenca Díaz es señalado por múltiples testimonios y documentos desclasificados como uno de los artífices de la represión sistemática contra disidencia social y movimientos armados durante las décadas de 1970 y 1980. Bajo su mando, el Ejército Mexicano ejecutó operativos en Guerrero, Sinaloa y otras entidades donde se practicaron detenciones arbitrarias, torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas.
Los llamados vuelos de la muerte —operaciones clandestinas en las que prisioneros eran arrojados vivos desde aviones militares al mar o a zonas remotas— son atribuidos directamente a estrategias diseñadas y avaladas por Cuenca Díaz, según reportes de sobrevivientes y exagentes del Estado.
La normalización de la impunidad
El homenaje al general no es un acto aislado. Representa, según organizaciones como el Frente Nacional contra la Represión, una peligrosa normalización de la impunidad y una señal clara de que el poder militar sigue siendo intocable en México.
“Estamos ante un Estado que normaliza la represión. No existe una política seria de esclarecimiento de aquel periodo. No hay ninguna sentencia contra los responsables y el Estado no ha hecho ni un solo reconocimiento público de que el Ejército participó en todo aquello”, denunció en una entrevista para El País el abogado y activista Santiago Aguirre, director del Centro Prodh.
Sheinbaum repite la fórmula de militarización
Aunque la presidente Claudia Sheinbaum ha buscado marcar distancia discursiva respecto a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, este homenaje refuerza la percepción de que su gobierno profundiza la militarización del país. Desde el primer día de su mandato, ha mantenido intactas —y en algunos casos ampliado— las funciones del Ejército en seguridad pública, construcción de infraestructura, control de aduanas y política migratoria.
El silencio de Sheinbaum ante el homenaje a un militar acusado de crímenes de lesa humanidad contrasta con su discurso de combate a la corrupción y a la impunidad. En su reciente mensaje ante el Congreso de Morena, la mandataria advirtió sobre los peligros del amiguismo y el crimen organizado, pero hasta ahora no ha condenado públicamente este acto que glorifica a un símbolo del terrorismo de Estado.
Ni verdad, ni justicia
México aún no ha tenido un proceso serio de justicia transicional. A pesar de los esfuerzos aislados por documentar los crímenes de la guerra sucia, como los informes del Archivo General de la Nación o los testimonios recopilados por la CNDH, ningún alto mando militar ha sido juzgado por los crímenes cometidos entre los años 60 y 80.
El homenaje a Cuenca Díaz, en lugar de promover memoria y justicia, confirma lo que las víctimas han denunciado por décadas: el Ejército mexicano no solo ha sido intocable, sino que sigue escribiendo su propia historia oficial, con aval del poder civil.
Documento desclasificado sobre el Plan Telaraña, uno de los operativos de Cuenca Díaz.