
Sheinbaum también usó un vídeo de la televisión argentina para presentar a México como víctima de ataques desde fuera.
Aunque Amador habló de la solidez de la economía Sheinbaum insinuó lo importante que sería para México que se resuelva la incertidumbre del T-MEC en los próximos cinco años.
Los Ángeles Press
La actividad de este miércoles 8 de julio en Palacio Nacional estuvo centrada en una férrea defensa de la supuesta salud de la economía mexicana.
Algunos de los funcionarios del área económica del gobierno, encabezados por el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, hicieron su mejor esfuerzo para convencer a la audiencia de que, a pesar de que el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), como está ahora, tiene ya una fecha de caducidad del 1 de enero de 2037, todo está bien en México.
En el vídeo que aparece un poco después de este párrafo se puede ver a Amador Zamora desdeñar de manera indirecta las estimaciones tanto del Fondo Monetario Internacional (FMI) y las calificadoras de riesgo que empiezan a hablar ya de qué sucederá si, contra la esperanza de Claudia Sheinbaum, el T-MEC, por la razón que sea, no se renueva en los próximos cinco años.
Sheinbaum misma fijó su estimación de la renovación en cinco años, pero eso, desde luego será contingente a lo que ocurra en las próximas elecciones legislativas intermedias de Estados Unidos, que podrían marcar el final del control absoluto de Trump sobre las dos cámaras del Congreso de su país.
Depende, sobre todo, de lo que ocurra en la elección presidencial de noviembre de 2028 cuando, a menos que Donald Trump abiertamente decida dar un golpe de Estado, se deberán renovar tanto la presidencia como la totalidad de los escaños en la Cámara baja, además de 34 escaños en el Senado de ese país.
Para Amador Zamora no habría razón para preocuparse. Según él, existe lo que él llamó hoy una “economía sólida” como se le puede escuchar a él mismo decirlo en el vídeo después de este párrafo.
Según Amador Zamora, la solidez de la economía de México radica en ser uno de los diez países que “atraen inversión extranjera directa”. También por el aumento en el salario mínimo nominal y por el monto de las exportaciones a Estados Unidos que él cifró en 839 mil millones de dólares.
Es difícil comprender las razones del optimismo de Amador Zamora cuando se considera que, apenas ayer, la mayor armadora de autos de Japón, Toyota, anunció el cierre escalonado de su planta en Tijuana, fruto manifiesto si alguna vez hubo alguno, de la rápida integración de las economías de América del Norte desde 1994.
Si en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, los orígenes de la integración económica se remontan, al menos, a finales del siglo XIX con el desarrollo de las industrias mineras y metalúrgicas que alimentaron a las antiguas “tres grandes” del mercado automotriz de Estados Unidos, General Motors, Ford Motor Company y la ahora desaparecida Chrysler Corporation, en Tijuana, Ciudad Juárez y otros puntos de la frontera entre México y Estados Unidos, la aparición de plantas como la de Toyota en Tijuana, es un fenómeno muy reciente y que sólo se explica gracias al original Tratado de Libre Comercio de 1994.
A pesar de ello, en Palacio Nacional hay poco margen para cualquier postura que no sea el aplauso de los funcionarios públicos a las decisiones del propio gobierno. Tampoco se reconoce que la fuerte dependencia de las exportaciones hacia Estados Unidos, que el propio Amador celebró, vuelve mucho más riesgosa la incertidumbre que hoy enfrenta el país.
Lejos de analizar la manera de resolver la incertidumbre que el mismo Amador Zamora reconoce que existe, Claudia Sheinbaum hizo todo lo posible por alentar un escenario de mayor conflicto y crispación con Estados Unidos.
Ya desde tiempos de Biden y de manera más intensa con Trump hay dos temas que México no ha querido resolver en la relación con Estados Unidos. El primero el de los así llamados “irritantes” que incluyen la incertidumbre causada por la reforma apresurada del Poder Judicial en México. El segundo es el del peso del narcotráfico en la economía y la vida pública de México.
Respecto del segundo, Sheinbaum usó porciones de una entrevista que Ken Salazar recién concedió a Jorge Ramos, antes de Univisión y ahora en un podcast por su cuenta, en la que Salazar reconoce, al menos en público, que no tiene elementos para afirmar que Andrés Manuel López Obrador tuviera tratos con el narcotráfico.
Sheinbaum presentó eso como un éxito sin reconocer que el fondo del problema con Estados Unidos es más complejo, pues tanto los republicanos de Trump, como los correligionarios de Salazar, los demócratas, han señalado repetidamente en los últimos doce años, al menos, que hay en México altos márgenes de impunidad que favorecen el que las organizaciones criminales hagan lo que quieran.
Ésa es la queja reiterada de Donald Trump cada que alguien le pregunta acerca de la situación en México y ésa es la razón por la que Estados Unidos, durante el gobierno de Joe Biden, tomó la decisión de marginar al gobierno de López Obrador, de cualquier negociación u operación para lograr la captura de Ismael Zambada.
Lejos de reconocer el peso que las organizaciones criminales tienen en la vida pública del país, distintos gobiernos de México, desde el de Ernesto Zedillo, han buscado órdenes de arresto contra líderes del narcotráfico.
Cuando lograban ejecutarlas, como ocurrió con Joaquín Guzmán Loera, quedaba expuesta otra debilidad del Estado mexicano: los capos podían usar penitenciarías supuestamente de alta seguridad, como la de Almoloya, en el Estado de México, como hoteles de lujo y, cuando lo decidían, escapar sin que el aparato gubernamental, sin importar qué partido controlara el Ejecutivo, tuviera capacidad para impedirlo.
En otros casos, cuando el gobierno federal se decidía a actuar el resultado eran bloqueos en carreteras y violencia como la que se reportó repetidamente durante el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa o como la que ocurrió en Culiacán, ya en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando se trató de arrestar a uno de los hijos de Guzmán Loera quien, al final, debió ser liberado para evitar mayores conflictos ahí y en todo el estado de Sinaloa.
Ahora mismo la situación en Sinaloa es muy grave a pesar de que, como reporta un diario local de Culiacán, en esa entidad se encuentra una cuarta parte, 25 por ciento, de total de los efectivos de las Fuerzas Armadas mexicanas.
Si eso no fuera suficientemente grave, incluso las políticas del gobierno de López Obrador siguen sin rendir los frutos que se esperaban. En Chihuahua, por ejemplo, la Guardia Nacional, la creación del tabasqueño, sigue siendo señalada en los medios locales por su participación en delitos graves como la extorsión.
Según López Obrador, era necesario militarizar ese cuerpo de policía, colocarlo bajo el control directo de la Secretaría de la Defensa Nacional a pesar de lo cual sus efectivos siguen siendo señalados por delitos y cuenta ahora con el manto de impunidad que ofrece, así sea de manera indirecta, su vínculo con el Ejército Mexicano.
Lejos de reconocer algún problema, Sheinbaum prefirió usar el video de un locutor argentino que dijo aborrecer a los mexicanos. En lugar de tomar las declaraciones de Eduardo Feinmann como un episodio irrelevante, decidió convertirlas en un asunto de Estado para presentarse, como suele hacerlo cuando no tiene respuestas a los problemas públicos, como víctima de una conjura global en su contra.
La actividad del miércoles en Palacio Nacional concluyó con el recuento de las que, en opinión de los empleados de la Presidencia son las mentiras de los medios que no se alinean con lo que dicta en los distintos temas el gobierno federal.
Fue notable, en todo caso, que no hubiera preguntas ni posicionamiento del gobierno de Sheinbaum sobre el asesinato en Houston de Lorenzo Salgado Araujo, un migrante mexicano con 35 años de trabajo en Estados Unidos, ocurrido durante un operativo del ICE en esa ciudad de Texas.