Sismo político en Rumanía: un populista desafía a la UE

José Luis González

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La crisis política de Rumanía, uno de los 27 estados miembros de la Unión Europea, impacta a Europa mientra lidera las elecciones presidenciales el Georgescu.

Por José Luis González

Un terremoto político sacude Rumanía y la Unión Europea (UE). Un candidato populista, antieuropeísta, prorruso, de corte ultranacionalista ha ganado la primera vuelta de las elecciones presidenciales en este país de la Unión Europea. Se llama Georgescu, no pertenece a ningún partido político, representa a un movimiento ciudadano y ha construido su campaña a través del algoritmo de TikTok. ¿Les suena la historia?

Los candidatos liberal y socialdemócrata hablan de fraude electoral y piden al Tribunal Constitucional la repetición de las elecciones por injerencia extranjera, manipulación y desinformación a través de la red social china. Rumanía es uno de los 27 estados miembros de la UE, también desde 2004 forma parte de la OTAN y ha sido un aliado firme de su vecina Ucrania desde que se inició la agresión rusa. Seguramente la sangre, todavía, no llegue al río en este país de convicciones europeístas y atlantistas porque se ejecute un cordón sanitario electoral en la segunda vuelta (a imagen y semejanza de Francia y otros estados), pero planea en buena parte de la sociedad rumana un escenario distópico que avanza un futuro que retrotrae a un pasado oscuro cuando sufrieron la peor cara del «telón de acero» con Nicolae Ceausescu.

La distopía alicantina/valenciana

Y por no dejar el hilo distópico, vamos con nuestro negociado. Se ha cumplido un mes de la fatal DANA que asoló Valencia. Y avanzada la primavera de 2025 se cumplirán dos años de las elecciones autonómicas que permitieron al ínclito Mazón acelerar por su cuenta alianzas no consensuadas y permitir que se colara de lleno la antipolítica en las instituciones valencianas. Fue la primera gran torpeza de Mazón, clave para que Feijóo no pudiera gobernar tras las Generales de julio de ese mismo año.

A partir de ahí, y con la antipolítica sujetando -por activa o por pasiva- el gobierno de la Generalitat y el de ayuntamientos como Alicante o Elche, se fue inoculando en la sociedad valenciana el negacionismo del cambio climático, con recortes presupuestarios y polémicas decisiones como suprimir la Unidad Valenciana de Emergencias; también el negacionismo de la violencia machista, aceptando como socios preferentes a candidatos con sentencias firmes por esta lacra; también pudimos contemplar casposas escenografías de ruedas de prensa de responsables municipales bajo un gran crucifijo, el blanqueamiento del franquismo por parte de alcaldes «desmemoriados», o recientemente, y reforzando la ideología del nacionalcatolicismo, la apertura en Alicante de oficinas «antiabortos», los recortes en cultura o directamente la censura de actos que no se ajustan a los parámetros del «como Dios manda». Y no hablemos de la esquizofrenia para tapar, en cualquier foro y ocasión posible, la realidad del genocidio de Israel en Gaza que se ha dejado ya más de 44.000 muertos.

Este dislate valenciano se paseó unos días también por Bruselas. Un cálculo patriotero que no patriota ha pretendido abortar la Comisión Von der Leyen (Partido Popular Europeo) en una de las estrategias más absurdas que se recuerdan en décadas de política comunitaria. Solo tenía el objetivo torticero de tapar las vergüenzas de un Carlos Mazón muy superado por los acontecimientos y por el cargo que todavía ostenta.

Llegados a este punto y sabedores todas y todos de donde se sitúan las responsabilidades de cada cual antes, durante y tras la tragedia, los últimos giros de guion no dejan de ahondar en ese escenario distópico que nos sitúa a un militar en una vicepresidencia política -cómo en los viejos tiempos- y que como Georgescu se declara neutral, al margen de la política, y como un servidor público que no le ha hecho ascos en cambio a una eliminación exprés del tope salarial que le permitirá cobrar como nuevo conseller un salario público muy notable, y lo hará como responsable de una reconstrucción que algunos están aprovechando ya, como durante la pandemia, para sacar buenos contratos y pingues beneficios.

Definitivamente la realidad trumpista ha superado a la ficción distópica que Margaret Atwood proyectó en aquella Gilead que acababa con los derechos y libertades construidos durante siglos en una democracia como la estadounidense. La antipolítica regentada desde el populismo que gana sus adeptos en la posverdad (el relato mentiroso por encima de los hechos) es ya un fenómeno global que nos está mostrando su cara más sucia en la Comunidad Valenciana a raíz de una tragedia con 222 víctimas mortales.

Fuente: informacion.es