Trump en la encrucijada: el rechazo mundial

José Luis Camacho Acevedo

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El nazismo migratorio impuesto por Trump es de una gravedad tan grande como lo es la cosmética política migratoria que tiene el gobierno mexicano.

Por José Luis Camacho Acevedo

La cruzada realizada en Estados Unidos contra las acciones violatorias de la Constitución y de los derechos humanos ejecutadas por el gobierno de Donald Trump, a través de una cadena de protestas que fueron llevadas a cabo en casi todo el territorio de ese país bajo la consigna "No Kings", ha sido una reveladora y mayúscula evidencia del rechazo popular a un estilo de gobierno que raya en lo demencial.

Los infiltrados en las marchas de protesta celebradas en Los Ángeles por las inhumanas redadas ordenadas por Trump, igual que lo que ocurre en México, son agentes provocadores que tiene a su servicio el aparato metaconstitucional del habitante de la Casa Blanca.

Todo indica que la estrategia de Donald Trump de imponer sus criterios antiinmigrantes y arancelarios como una forma de recuperación de valores nacionales y políticas salvadoras de la economía estadounidense está fracasando rotundamente.

Como mexicano que comprende el fenómeno migratorio en sus vertientes más importantes —como son la falta de niveles socioculturales, que señalan en su texto Por qué fracasan las naciones, Daron Acemoglu y James A. Robinson—, así como la corrupción gubernamental que sigue condicionando el desarrollo de nuestro país, considerada como uno de los factores primordiales del estancamiento tanto democrático como económico que sufrimos desde hace ya más de 12 sexenios, tengo que aceptar que el nazismo migratorio impuesto por Trump es de una gravedad tan grande como lo es la cosmética política migratoria que tiene el gobierno mexicano.

ICE tratando de someter a manifestantes en el centro de Los Ángeles. Foto: Los Ángeles Times / Getty Images.

Una política migratoria nacional, la nuestra, que permite absurdos tan grandes como el sostener a un encargado del Instituto de Migración, Francisco Garduño, después de que por una negligencia criminal de esa institución —cuando él la dirigía— se ocasionó la muerte de varias decenas de migrantes centroamericanos hacinados en un retén en Ciudad Juárez, lo cual no fue otra cosa que el resultado de todo un gabinete y un poder legislativo que se sometieron a los designios de un mandatario necio y caprichoso como lo fue Andrés Manuel López Obrador.

Trump está fracasando en su estrategia contra los inmigrantes ilegales que llegan a su país por la porosa frontera mexicana.

Por ello, el mandatario de EEUU recurre a acciones racistas, inhumanas y sin duda escenográficas, con una dosis enfermiza de maldad, como han sido las redadas operadas desde la semana pasada en Los Ángeles.

La celebración del "No Kings", justamente en el día en que Trump cumplía un año más de vida, ha sido un fenómeno social de rechazo al gobierno federal como no se había visto desde que el gobierno de Nixon inició su derrumbe con las protestas internas por la guerra de Vietnam.

Las señales del ocaso de la aceptación electoral que llevó a Trump por segunda ocasión a la Casa Blanca son indiscutibles y van en caída libre.

Un gobierno de ocurrencias, atendiendo a caprichos y no a tácticas de control mediático de la opinión pública, con un mal equipo de operadores, son los componentes de un escenario de fracaso que, si en México tuvo como epílogo el refugiarse en Cuba, tal vez por eso Trump pretende anexar Groenlandia a los Estados Unidos.

Los síntomas de la rebelión social en Estados Unidos son cada vez más fuertes.