
A un año de gobierno, Claudia Sheinbaum enfrenta los saldos políticos del sexenio de López Obrador.
Por José Luis Camacho Acevedo
Parece ocioso hacer la consideración de que la más pesada carga política que tiene la presidente Claudia Sheinbaum es Andrés Manuel López Obrador.
Todo porque son tantas las herencias políticas negativas que le dejó el pasado gobierno a la presidenta Sheinbaum, que ha sido imposible que la mandataria logre un despegue político en la medida en que, cada día, aparecen más señales de corrupción, de ineficiencias que representan un alto costo económico para el erario público, y de vínculos con el crimen organizado por parte de funcionarios muy cercanos a López Obrador.
Ayer, en la conferencia mañanera, la propia Claudia Sheinbaum hizo un recuento de los avances que ha logrado al frente del Poder Ejecutivo, pese a la carga que mencionamos.
Y de ninguna manera es algo ocioso recordar lo que pesa, políticamente, algo que pudiéramos volver a llamar un intento de López Obrador de tratar de ejercer un mini Maximato.
La columnista de Reporte Índigo, Georgina Monroy Vázquez, resume el discurso de aniversario en los siguientes términos:
“Este 1 de octubre, la presidente Claudia Sheinbaum asumió como la primera mujer presidenta en la historia de México, de 2024 a 2030. A un año de este hecho histórico, la mandataria ha cumplido con varios de sus 100 compromisos en el país, tanto en materia de seguridad, economía, salud, educación y bienestar, entre muchos otros. Sin embargo, aún hay varios pendientes:
- Dinamismo económico sostenido y sustentable para potenciar el progreso social
- Un mercado laboral dinámico, con empleos de calidad y mayores ingresos para las y los trabajadores
- Energía limpia y suficiente para el crecimiento
- Estado de derecho: seguridad pública y certeza jurídica
- Fortalecimiento de la Hacienda Pública y eficiencia en el gasto.”
Ésas son, efectivamente, las asignaturas urgentes y pendientes de Claudia Sheinbaum. Pero la presidenta sigue cargando con las herencias malditas de López Obrador.
¿Nunca se sabrá quiénes fueron los autores intelectuales del atentado mortal contra nuestro compañero Ciro Gómez Leyva?
¿Tampoco habrá investigación ni castigo para los perpetradores del gran robo a SEGALMEX?
¿No se fincarán responsabilidades contra quienes, por ineficiencia, inflaron de manera increíble los costos de “obras magnas” como la Refinería de Dos Bocas, el Aeropuerto Felipe Ángeles o el Tren Maya?
¿Seguirán impunes gobernadores señalados como amigos del crimen organizado, como Rubén Rocha Moya, Américo Villarreal, Alfonso Durazo o Marina del Pilar Ávila?
¿No pasará nada con las denuncias que han salido sobre corrupción en Aduanas, especialmente la que involucra al secretario general de Gobierno del Estado de México, Horacio Duarte?
¿Tampoco veremos a Manuel Bartlett u Octavio Oropeza comparecer ante una comisión legislativa para explicar el endeudamiento pavoroso de PEMEX o las fallas técnicas y administrativas de la CFE?
Ha pasado un año desde que Sheinbaum asumió como comandante suprema de las Fuerzas Armadas, condición que le permite actuar a través del Ejército, la Marina o la Guardia Nacional contra todos aquellos que incurran —o hayan incurrido— en cualquier forma de traición a la patria.
No se hagan bolas, como dijera el clásico: López Obrador, y todos los funcionarios que impuso al nuevo gobierno, son el gran lastre que le impide despegar como quisiera a la presidente Claudia Sheinbaum.