Salvador Castañeda: Los diques del tiempo, diario desde una cárcel

Alberto Farfán

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La experiencia carcelaria adquiere una dimensión literaria y política decisiva en la obra testimonial de Salvador Castañeda.

Por Alberto Farfán

Uno de los artífices de la mal llamada ‘guerra sucia’ de las décadas de los años sesenta y setenta fue, sin duda alguna, quien asumió el cargo de presidente de México de 1970 a 1976: Luis Echeverría Álvarez (1922-2022), quien falleció hace unos días sin haber sido juzgado y condenado por los crímenes de Estado que dirigió y perpetró.

De ahí que sea importante abordar a Salvador Castañeda (1946), víctima de la violencia desatada por el régimen policíaco-militar que encabezara el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en contubernio con Washington y la CIA (Central Intelligence Agency, por sus siglas en inglés) en contra de todo militante comunista. Decido evocar a nuestro autor a manera de protesta por los panegíricos que circulan sobre Echeverría.

Y en efecto, Salvador Castañeda quien fue cofundador del grupo guerrillero Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), al margen del Estado de derecho que debía imperar, fue uno de los torturados y encarcelados por el gobierno priista, el cual lo mantuvo confinado por seis años sin ser juzgado y sin que se le dictara sentencia.

Pero Castañeda era un guerrillero preparado y culto, y como escritor nos ha brindado libros como ¿Por qué no dijiste todo? (1980), texto por el que lo galardonaron con el Premio de Novela “Juan Grijalbo”, el mismo año de su publicación; también escribió La patria celestial (1992), El de ayer es Él (1996), Papel revolución (2001) y en particular Los diques del tiempo, diario desde una cárcel (1991) sobre el cual destacaremos algunos aspectos.

Hay que señalar que esta última novela es un texto difícil de asimilar por la atmósfera irrespirable, atroz, que se desprende de la narración. Además de que tiene varios ecos de la literatura de José Revueltas bastante bien logrados, pero nos encontraremos con un discurso denso, casi inasible por el manejo ambivalente y discordante del tiempo en la historia.

No obstante, hay que destacar una de las aristas sobre las que llega a centrarse nuestro autor. Cliché o no, escribe: “La sociedad queda aquí nítidamente dibujada tal y como es”. Esto lo redactaría Castañeda desde la cárcel en una carta dirigida a los escritores Juan de la Cabada, Gustavo Sáinz y Alejandro Aura, quienes conformaban el jurado del Certamen Nacional de Cuento “José Revueltas” 1976, convocado por el Sindicato de Personal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (SPAUNAM), en el cual nuestro autor obtuvo el segundo lugar.

Y en efecto, la novela nos guía en torno a que en la cárcel se plasma una especie de microcosmos de la sociedad. Y es que en ella, en la cárcel, emergen inexorables los peores rasgos del ser humano. El que tiene dinero puede darse una vida de lujo y el que no, no. Los narcotraficantes, por su poderío económico, hacían y deshacían a su antojo, obviamente en complicidad con los custodios y autoridades; los adictos, que ya lo eran o que allí se convertían en tales, servían a aquéllos de distintas formas. Los presos comunes, generalmente carentes de recursos económicos, se veían sometidos por los anteriores a través de la violencia con exigencias del ámbito monetario, sexual ─violaciones individuales o tumultuarias─ y de servidumbre, pagando con ello para no perder la vida, en menoscabo de su dignidad.

Y debido a ello sólo hay dos opciones: sobreponerse a como dé lugar o convertirse ─como diría Dostoyevski─ en animales indestructibles. Los diques del tiempo, diario desde una cárcel no sólo es el testimonio de un pasado reciente que quedó impune, sino de un presente desgraciadamente muy actual. De un hoy, como era el caso de Salvador Castañeda, en el que a hombres y mujeres no se les respetan sus derechos humanos y mucho menos sus derechos legales.

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