¡Ayotzinapa, no morirás!
Mexicanos en Nueva York en Times Square en una demostración sobre Ayotzinapa. 26 de septiembre de 2025. Foto: Francisco Ramírez.
¡Ayotzinapa, no morirás!
En el Consulado mexicano en Nueva York. 26 de septiembre de 2025. Foto: Francisco Ramírez
¡Ayotzinapa, no morirás!
En el Consulado mexicano en Nueva York. 26 de septiembre de 2025. Foto: Francisco Ramírez

Antonio Rosales

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También un llamado urgente a mantener viva la memoria, la indignación y la lucha por la justicia en México por Ayotzinapa.

Por Antonio Rosales

¡Malditas sean aquellas almas

que fingen no mirar

y conservan, formales, la calma

cuando la tierra, de tanto llorar,

empieza a sangrar

en la agonía de la impunidad!

¡Malditos sean aquellos hombres

que no pueden llorar,

y malditas sean también aquellas mujeres

que, en su complacencia,

festejan a los asesinos,

al Neandertal

que se tragó las esperanzas

de aquellos que no volverán!

¡Malditas sean aquellas mentes

que se refugian en la neutralidad

para justificar su debilidad,

o su complacencia con la crueldad!

¡Malditos sean todos los idiotas

que se ríen del dolor ajeno,

que escupen las caras

de los que pelean por sus sueños,

que envenenan las venas

de los que ponen el cuerpo

para resistir cualquier tiranía y sus infiernos!

Si tan solo pudiéramos indignarnos,

ver en otros nuestro calvario;

si tan solo pudiéramos enojarnos,

romper el cielo con nuestras manos

en carne viva, asco y horror sentir

hasta, de pena,

ver nuestros corazones morir

para que renazcan al fin, valientes,

y abracen la vida

con la sabia rebeldía interminable

de esos 43 hermanos…

Pero se nos olvida ser humanos.

Se nos olvida que la vida

es más que conformarnos;

se nos olvida

que no debemos respirar

entre estos castillos de fuego y sangre

en que a un país entero

quisieran poder encerrar.

Se nos olvida

que no podemos descansar

cuando la violencia toca tu puerta

y con un balazo,

silencia tus pasos;

se nos olvida

que nuestras carnes piden gritar

cuando el hartazgo

nos impulsa a caminar.

¡Todo se nos olvida!

Hasta las farsas electorales,

hasta el palaciego avión presidencial[1],

hasta la Casa Blanca del Títere Presidencial[2],

hasta la impunidad de San Salvador Atenco,

hasta los niños de la Guardería ABC,

hasta Tlatlaya,

los 72 cuerpos de San Fernando, Tamaulipas,

las masacres de Allende, Coahuila y Villas de Salvárcar,

y todas las opresiones y represiones

que se han encargado

que enterremos

bajo gruesas capas de indiferencia.

¿Y Ayotzinapa?

¿También lo devorará el olvido?

¿También morirá contigo,

conmigo,

con todos y cada uno de los mexicanos

que de este horror supimos?

¿También se volverá una sombra,

un recuerdo polvoso, un mito,

una historia más en el infinito,

perdida entre la niebla y el frío?

¿También de Ayotzinapa se hablará,

caerán las máscaras y la falsedad,

como de Tlatelolco se empezó a hablar,

cuando la verdad ya no sirva de nada,

cuando los culpables ya no tengan poder,

cuando los culpables hayan caído en el olvido,

cuando los culpables mueran tranquilos y aburridos,

ya enfermos y viejos,

mientras nuevos titiriteros

siguen jalando los hilos?

¿También a los 43 estudiantes los recordarán

como “vándalos”, como “perversos”,

“revoltosos”, “subversivos”,

para poder justificar y aliviar sus conciencias

de un crimen que no tiene perdón, ni nombre?

Ser estudiante y rebelde te puede matar

en un país que no sabe luchar,

en un país que no le importa

la lucha por la verdad,

en un país que acumula muertos

como otros acumulan dólares o premios.

Por eso pido a la vida

que el olvido no entierre a la justicia,

que el perdón no carcoma las heridas,

que la tristeza no se convierta en inacción;

que las mentiras, las fabricaciones

ya no torturen a sus víctimas,

y que la culpa persiga

cada noche al dormir, en todos sus sueños,

a verdugos, cómplices y voceros…

Que la locura de tanto dolor no deforme

la magnitud de la herida

y que renazca

en todos los corazones

el deseo y la fuerza

para construir otras utopías.

¡Ayotzinapa, no morirás!

Porque la vida se encargará

de escribir con sangre tu Verdad

sobre los muros de la eternidad.

¡Ayotzinapa, no morirás!

Porque nada puede enterrar

este llanto que quiere brotar,

este grito vacío que se fermenta

y se derrama, al escuchar,

voces que aplauden la barbarie y la crueldad.

¡Ayotzinapa, no morirás!

Porque la Luna no puede dejar

sin consuelo a esas madres,

a esos padres,

que lloran destrozados

de tanto esperar…

¡Ayotzinapa, no morirás!

Porque tu herida no cerrará,

porque tu dolor nos recordará

que ya no podemos vivir

bajo el doloroso peso de la impunidad.

13 de febrero de 2015.

***

[1] Referencia al lujoso avión presidencial que compró el expresidente Felipe Calderón en 2012 para uso del presidente entrante, Enrique Peña Nieto (2012-2018). De acuerdo a datos oficiales y de diversos medios, su costo fue de 114 millones de dólares que, sumado con los costos de equipamiento de lujo, accesorios y refacciones, terminó ascendiendo a 217 millones de dólares. Hubo muchas críticas de la población por el lujo desmedido del avión, en un país con tantos millones de pobres. En 2023, durante el gobierno de López Obrador, fue vendido al gobierno de Tayikistán.

[2] Referencia a la “Casa Blanca de Enrique Peña Nieto” y su esposa Angélica Rivera, lujosa mansión presuntamente adquirida en un hecho de corrupción, y que fue expuesta tras un reportaje del equipo de Carmen Aristegui, en noviembre de 2014.

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