Los sueños de Coca-Cola

Antonio Rosales

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Mientras el gobierno de Sheinbaum promueve el Mundial junto a Coca-Cola, el autor da una reflexión sobre el poder cultural de la marca.

Por Antonio Rosales

"Si hay un producto que represente el triunfo de la sociedad de masas es la Coca-Cola. Nada hay que se le pueda comparar. Su historia es el éxito capitalista basado en crear y satisfacer por un breve lapso el deseo de las masas, en darle gusto por un ratito a los embotados paladares de la plebe y también a los de las élites más pudientes. Un triunfo que va más allá del agua negra carbonatada y crea mediante la seducción un mundo en el imaginario colectivo: el feliz mundo de la Coca-Cola, el espejo más favorecedor del capitalismo".

Fidel Moreno, El triunfo del capitalismo en el espejo de Coca Cola

"Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo (...).

En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio".

Eduardo Galeano, El imperio del consumo

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Ni Dios, ni el Estado, ni la Iglesia,

ni toda información en internet vertida,

ni el vertiginoso ritmo de la inteligencia artificial,

concentran tanto poder

como Coca Cola y su familia.

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Ni Hitler, ni Stalin o Napoleón

soñaron, entre sus fieles, un carisma tan arrasador;

ni Porfirio Díaz, ni Castro podrían

comprar su secreto para conservar la silla:

Ni siquiera Santa Claus ha escapado

a la magia líquida de su publicidad colorida.

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Porque Coca Cola es cinco minutos de evasión

en una lata de rojo esplendor…

Porque Coca Cola es edulcorada ilusión

de globalizada igualdad, enarbolada

en anuncios que atiborran tu pantalla

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y tu nuevo iPhone con 5G,

y la tablet que te robarán mañana,

y esas series de Netflix que no te pierdes por nada,

y las mal pavimentadas calles pintarrajeadas,

y cada resquicio de tu alma enajenada.

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¿No es verdad que no recuerdas

ni un solo instante, sin Coca Cola en tu vida?

Porque para ti, Coca Cola simboliza:

La única sonrisa de un pesado día.

El acompañante secreto que miraba

como, en un primer beso, tú llorabas.

El decorativo elemento de una tarde

en una fiesta de risas y alardes.

El juez que bebías, cuando te reunías,

con una persona siempre prohibida.

El rey salvador que con su presencia

calmaba, detenía

batallas campales en tu familia.

El chismógrafo burbujeante que ríe

cuando te oye, con tus amigos,

despedazar transeúntes, artistas y enemigos.

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Aunque todo paraíso fugaz

se alimenta de lágrimas que el Sol no verá.

¿No es verdad?

Pero Coca Cola tiene en tus labios

diamantes para sueños plastificados.

¿No es verdad que sabe edulcorar

tu rabia fermentada si tu jefe te regaña,

tu abulia innata cuando nadie te llama,

tu búsqueda de popularidad cuando presumes

que te la vives en Starbucks

y todo lo compras en Polanco y Santa Fe?

¿No es verdad que siempre te acompaña

cuando tu equipo de fútbol gana,

cuando te despiden o te asaltan,

cuando chocas tu auto,

cuando en el metro te empujan,

cuando en la tienda te roban,

cuando apretujado dormitas en el camión destartalado,

o cuando descubres que ni siquiera para ti,

tu sueldo se estira, ni te alcanza?

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¿Quieres hablar un idioma universal?

¡Toma un sueño Coca Cola!

¿Es el Tío Sam tu hombre ideal?

¡Bebe un sueño Coca Cola!

¿Amas saludar al Señor Dólar?

¡Sorbe un sueño Coca Cola!

¿Crees el mundo la decoración de un mall?

¡Ingiere un sueño Coca Cola!

¿Tu vida entera se arruinó?

¡Devora un sueño Coca Cola!

¿Vives en Tepito, las Lomas o Xochimilco?

¡Zambúllete en un sueño Coca Cola!

¿Quieres más energía, magia y diversión?

¡Traga un sueño Coca Cola!

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En África, Europa y Asia cantan,

con Ella, una felicidad imaginaria;

en cada rincón de América Latina

llenamos sus arcas

con kilos de sequía, diabetes y alegría,

y en Estados Unidos, Canadá y Oceanía,

la vida misma es patrocinada por Ella, Ella, Ella:

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Una Diosa Pop del afán consumista

atrincherada en lo más alto de los altares del Gran Capitalista,

decorados por Andy Warhol y su factoría,

con una ubicuidad que Jesucristo y Google le envidiarían…

Protagonizando, Ella sola podría abarrotar

salas de cine para Disney o Universal.

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Porque hasta en el desierto o tundra más desolados

encuentras a Coca Cola y su reinado,

porque no hay ser que no la haya probado

aunque muchos, demasiados,

jamás una canasta básica hayan completado.

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