Rodolfo Soriano-Núñez Miércoles, 31 de Mayo del 2023, 06:10
La letra con abuso entra: Hace ya casi seis años que inició el conflicto por los abusos en la Autónoma de Querétaro
Cronología del conflicto en la Universidad Autónoma de Querétaro por abusos sexuales.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
La Universidad Autónoma de Querétaro, UAQ, ha tratado de construirse fama de universidad seria, ajena a la politización evidente a la primera mirada en la Autónoma de la Ciudad de México, en la de Guadalajara o la Autónoma del Estado de México, que están firmemente alineadas con grupos políticos que han existido en las ciudades o estados en los que operan desde hace varias décadas.
Aparejado al crecimiento económico y demográfico de Querétaro capital, ha crecido y, al hacerlo, ha contratado personal académico proveniente de distintos rumbos de México. Sin embargo, como la inmensa mayoría de las universidades, públicas y privadas, de México y otros países de América Latina, está poco y mal preparada para hacerle frente a la plaga de los abusos y el hostigamiento sexual que afecta a la educación.
Uno podría suponer, incluso, a la luz de la evidencia, que lejos de prepararse para hacerle frente a la ola de denuncias que ahora circulan como virus de pandemia por toda la Internet, la UAQ ha hecho todo por albergar en sus cátedras a personajes cuya especialidad es el abuso en serie.
Uno de los primeros anuncios de que algo muy malo ocurría en la UAQ apareció en la edición electrónica de la revista Proceso del 5 de diciembre de 2019. La breve nota da cuenta de las denuncias contra nueve profesores, algunos de ellos con un doble papel, como profesores y autoridades de esa universidad.
Como con muchas de las denuncias que empezaron a acumularse en México y otros países de América Latina desde finales de 2017 y que fueron creciendo en tono e intensidad durante 2018 y 2019, con la apertura de cuentas de redes sociales del llamado #MeTooMéxico, el movimiento se paralizó durante la pandemia.
A pesar de ello, cuando las universidades recuperaron algo de sus ritmos normales de actividad, la exigencia de poner fin a los abusos sexuales y el hostigamiento regresó con un vigor similar.
No ha sido un tema de las primeras planas de los diarios, ni siquiera en Querétaro, porque lamentablemente no existe la conciencia de la gravedad del asunto. Como lo explica Deborah Tuerkheimer en su libro Credible. Why we doubt accusers and protect abusers (Creíble. ¿Por qué dudamos de quienes denuncian y protegemos a quienes abusan?), las instituciones públicas, los grupos y empresas privadas e incluso las familias de las víctimas encuentran difícil creerles a las víctimas.
Los depredadores lo saben y se montan sobre lo que Tuerkheimer llama el complejo de credibilidad y lo usan a su favor y de sus cómplices en iglesias, universidades, empresas, instituciones de gobierno, y otros ámbitos de la vida pública.
Abuso y autonomía
Hay instituciones, como las universidades autónomas, que en México encuentran más difícil procesar estos problemas. Su condición de autónomas hace que los mecanismos de sanción interna deban ser internos y colegiados. Ello eleva las probabilidades de que los depredadores o sus aliados e incluso sus cómplices ocupen cargos en comisiones o comités responsables de investigar y/o castigar estos asuntos.
Roxana Rodríguez Bravo explicó en este mismo espacio la semana pasada la manera en que ello ocurre en el caso de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, UACM. El carácter de autónoma de la institución no favorece el que se atiendan los casos de abuso sexual con un enfoque que privilegie a las víctimas, que aliente la prevención y que reduzca la incidencia de los casos.
Lo que se genera son diseños institucionales que alientan la impunidad, pues formar parte de uno de los comités o comisiones encargadas de dirimir si alguien abusa sus alumnos y/o alumnas, puede tener consecuencias desastrosas para la carrera académica de ese alguien. Es la proverbial “rifa del tigre” y, desde luego, nadie quiere comprar boletos para esa rifa.
Y si eso es difícil de procesar para los profesores, es mucho peor para las víctimas de las distintas formas de abuso y hostigamiento que existen en distintas instituciones de educación superior en México.
Lo que se presenta a continuación es una cronología de la manera en que ha transcurrido en los últimos meses la crisis de abusos sexuales en la UAQ. No es un recuento definitivo ni exhaustivo. No estamos en condiciones de enviar a un equipo de reporteros investigadores a realizar el trabajo que una situación como esta ameritaría.
Como con otros asuntos, invitamos a los más directamente afectados las víctimas, que pueden ser mujeres o varones, así como a sus aliados en sus respectivas instituciones a compartir sus experiencias.
En las últimas semanas, Los Ángeles Press ha publicado textos de Virginia Ilescas Vela y Roxana Rodríguez Bravo que documentan las experiencias dantescas del abuso sexual y el hostigamiento en el Sistema de Universidades del Estado de Oaxaca y la UACM, respectivamente. Invitamos a las víctimas de la Universidad Autónoma de Querétaro y a las de otras instituciones públicas o privadas a socializar su experiencia.
Si algo demuestran los casos de abuso en contextos eclesiásticos es que fue sólo cuando las víctimas dieron el paso adelante y socializaron sus experiencias, que cambiaron las condiciones. La primera condición que cambió fue la de que se hablaba de sus experiencias, de su sufrimiento y de las dificultades que enfrentan para que tantos las autoridades civiles como las eclesiásticas actúen.
Lamentablemente, en México, a diferencia de lo que observo en el caso de las víctimas de abusos sexuales en contextos eclesiásticos en Chile, las víctimas están menos dispuestas a asociarse, a agruparse y desde esa posición de grupo o de clase, reivindicar sus derechos y lograr la justicia que se les debe.
En todo caso, nada hay que impida que las víctimas mexicanas, de abusos sexuales o de otras injusticias, desarrollen dinámicas similares a las que uno observa entre las víctimas de abuso sexual en contextos eclesiásticos en Chile, en Estados Unidos y en otros países donde las víctimas se organizan aunque sea sólo para compartir sus experiencias.
Esta cronología que se presenta aquí está limitada a lo que los medios de comunicación han dado a conocer hasta ahora. Hay otra cronología que es la que se desprende de las actas del Consejo Universitario de la UAQ que será presentada la semana próxima. Hay semejanzas entre una y otra, pero debe quedar claro desde ahora que en la UAQ la representación de alumnos en el Consejo Universitario está lejos de ser homogénea.
Primera referencia
La primera referencia al problema del abuso sexual es del 29 de mayo de 2017. Un portal de Querétaro llamado Voz Imparcial, publica una nota sobre un personaje frecuentemente mencionado en las movilizaciones recientes en la UAQ, Lutz Alexander Keferstein Caballero, a quien una sobreviviente ha señalado como responsable de abuso contra ella y otras mujeres alumnas suyas.
En octubre de 2017, el mismo portal refiere que la entonces rectora electa de la UAQ, Teresa García Gasca se pronunció por una “tolerancia cero a cualquier acto de discriminación, intolerancia o acoso sexual”. Dos meses después, la misma rectora habló de “cero tolerancia” con los llamados “aviadores”, es decir, quienes cobran sin realizar el trabajo por el que se les paga.
Cuatro meses después, el 28 de febrero de 2018, la misma fuente daba cuenta del nacimiento en Facebook del grupo Yo también UAQ que formó parte de la oleada de denuncias que ocurrieron en 2018. El grupo nunca logró crecer, pero otro llamado UAQ Denuncias, sí lo hizo y cuenta con casi diez mil seguidores en la actualidad.
Unos días después, el 2 de marzo de 2018, el Diario de Querétaro publica un reportaje que da cuenta de que, en sólo dos años, de 2016 a 2018, se habían acumulado 29 quejas por acoso sexual en la UAQ. El texto da cuenta de algunos de los casos que existían entonces en esa institución.
Luego de ese punto no me fue posible encontrar notas de prensa sobre el tema hasta que el 29 de noviembre de 2019 Querétaro 24-7 publicó un texto en el que García Gasca insiste en la idea de la “tolerancia cero” de cara al abuso. En la nota se reportaba que un profesor de una de las preparatorias de la UAQ, la de San Juan del Río, había sido despedido luego de una denuncia. En el texto se habla también de un total de 52 casos ventilados en los llamados “tendederos”, de los cuales sólo 12 habían sido presentados como denuncias ante la Unidad de Atención a la Violencia de Género (UAVIG).
Casi una semana después, Proceso daba cuenta de la existencia de once denuncias contra nueve profesores de esa institución. Además del ya referido Keferstein Caballero uno encuentra entre los denunciados por las estudiantes de la UAQ a José Octavio Peña Quiroz, Ricardo Xocoyotzin, Sergio Centeno, José Luis Rodríguez, Javier Méndez, Ulises Moreno y Jonathan Pérez García, así como el también ya referido caso del bachillerato de San Juan del Río.
El director de la Facultad de Contaduría y Administración, Martín Vivanco Vargas, agregó, por su parte, a Rafael Estrella.
Ese mismo día, Código Querétaro informaba en su cuenta de Twitter de la manifestación en que participaron alrededor de 150 estudiantes.
En marzo de 2020, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, la ANUIES, daba cuenta de una “declaratoria” más de "cero tolerancia" de la rectora de la UAQ, en ese caso contra el abuso de género.
Una vez que la pandemia se instaló en la vida cotidiana, los reportes de los medios sobre la situación en materia de abusos en la UAQ se redujeron de manera notable. Sería hasta el 25 de noviembre de 2021 que la propia UAQ emitía un pronunciamiento formal sobre el acoso y el hostigamiento sexual en esa institución.
La nota informa que la rectora García Gasca habría hecho por primera vez el pronunciamiento en marzo de 2020, sin embargo, no me fue posible dar con él. Creo que la propia institución reconoce que no es fácil encontrarlo y por eso sintieron la necesidad de publicarlo de nuevo.
No es claro porque consideraron prudente volver a publicarlo en noviembre de 2021, pero vale la pena apuntar que en marzo de ese mismo año, un estudiante varón de la carrera de veterinaria que estaba a punto de titularse, fue súbitamente expulsado de la carrera. El estudiante formaba parte del equipo que desarrollaba en la UAQ la vacuna Quivax 17.4, que fue uno de los proyectos que universidades mexicanas impulsaron para contar con una vacuna contra el coronavirus.
El estudiante no se tituló y fue expulsado porque denunció a su director de tesis por abuso sexual. Sin embargo, al poco tiempo el estudiante mismo fue acusado de practicar zoofilia, es decir de sostener relaciones sexuales con los animales que la Facultad de Veterinaria de la UAQ usa para sus investigaciones.
El caso no se conoció públicamente sino hasta que el estudiante expulsado buscó defenderse. Algunos detalles emergieron en ese mismo mes de noviembre de 2021, cuando la prensa local dio cuenta de la expulsión por parte del Consejo Universitario.
Cuando la UAQ se fue a paro, asunto que se aborda más adelante, los organizadores del paro dieron a conocer de manera parcial la identidad del profesor involucrado en este asunto. Se trata de Juan Joel N., a quien identifican como responsable del laboratorio de Inmunología de la UAQ. Además de abuso le acusan de plagio, como se puede ver en la siguiente imagen.
Detalles adicionales del caso emergerían hasta noviembre de 2022, cuando se supo que un juez había concedido un amparo que obligaba a la UAQ a readmitir al estudiante y permitirle concluir sus estudios.
Más detalles se conocieron en febrero de este año cuando se supo de una sentencia de una juez federal que descalificó la investigación realizada por la UAQ y obligó, de nuevo, a que se readmitiera al estudiante pues la UAQ nunca pudo demostrar que efectivamente hubiera cometido actos de zoofilia con los animales de la institución (ver también este texto publicado en octubre de 2022). De acuerdo con la juez, el proceso estaba viciado de origen por la manera en que las autoridades universitarias procedieron en este asunto.
Hasta donde fue posible establecerlo, la UAQ insiste en sostener al profesor en su cargo y el estudiante, hasta febrero de este año, seguía sin lograr que la UAQ obedeciera la sentencia de una juez federal.
A pesar de ello, la rectora García Gasca acudió el 8 de julio de 2022 a la firma de un convenio de colaboración con la secretaría de Educación Pública del gobierno del estado de Querétaro. El convenio prevé que la UAQ imparta cursos a los profesores y directivos de las escuelas públicas del estado para “la prevención e intervención en abuso sexual, acoso escolar y maltrato.”
El 21 de septiembre de ese año, quizás de manera profética, otro medio local, El Informe Diario, iniciaba una serie de textos anónimos que dan cuenta de las variedades del abuso sexual en la UAQ. La séptima entrega de esa serie, publicada ya en octubre de ese año acusa de manera directa a la rectora García Gasca de estar al tanto de la magnitud del abuso que ocurre en las aulas de su institución y de encubrirlo
Casi tres meses después, la prensa local queretana daba cuenta del inicio del que ha sido hasta ahora el paro más prolongado en una institución que nunca se distinguió por el activismo político o por la disposición de sus estudiantes a movilizarse. Todo lo contrario.
Tonos pastel y diamantina
Solía ser que cuando uno pensaba en la UAQ , uno asumía que era una institución relativamente “tranquila”. Eso se acabó cuando el 30 de septiembre de 2022, grupos de estudiantes de ambos sexos se movilizaron para tomar instalaciones y cerrar edificios.
Otros medios presentaban las fotos de jóvenes que, todavía con cubrebocas en el rostro, exhibían carteles con lemas en los que exigían el cese del acoso, del hostigamiento y el abuso sexual en su contra. Nada revolucionario, por cierto. No es posible encontrar consignas marxistas, ni imágenes del Che Guevara o de Salvador Allende. Tampoco había las hoces y martillos de las movilizaciones estudiantiles de otras épocas.
Lo que había, en cambio, eran carteles en tonos pastel y diamantina. La simplicidad de su diseño dejaba constancia del hartazgo de quienes estudian ahí con la manera en que sus profesores, otros estudiantes, administrativos e incluso líderes sindicales, tratan de forzarles a tener relaciones sexuales.
Una semana después del inicio del paro, el movimiento seguía activo. Las exigencias seguían siendo las mismas. No hubo “captura”, no había manera de hablar de una conspiración como la causante del paro. Seguía siendo el hartazgo de quienes estudian en la UAQ lo que les motivaba a pesar de las quejas de siempre contra cualquier movilización en una universidad.
Al más puro estilo de las ofensivas contra movimientos estudiantiles en otras épocas, los directivos de la UAQ abrieron la tercera semana de paro con amenazas, al tiempo que les exigían a los paristas dialogar, sin reconocer, sin embargo, que los paristas ya habían dejado en claro cuáles eran sus demandas y las razones por las que mantenían cerradas las instalaciones, tanto de manera presencial, como por medio de sus cuentas de redes sociales.
Mientras ocurría el paro, la presidente del Tribunal Superior de Justicia del estado Mariela Ponce Villa, ofrecía más detalles sobre el caso de presunta zoofilia en la Facultad de Veterinaria. Confirmaba que la UAQ nunca había podido acreditar las acusaciones de zoofilia contra el estudiante y que, más bien, al depredador se le había permitido enfrentar el proceso en libertad y que, de cumplir con la reparación del daño, podría quedar libre.
Al día siguiente, la rectora García Gasca aceptó que aunque el estudiante fue readmitido y se le considera egresado, su titulación estaba detenida.
A finales de la tercera semana del paro aumentó la intensidad de las amenazas de las autoridades acerca de la posibilidad de perder el ciclo lectivo.
El 31 de octubre de 2022, se acordó regresar a clases. No encuentro evidencia de que las demandas fundamentales de los estudiantes hayan sido atendidas. Hubo promesas, eso sí, pero—como se verá más adelante en esta serie—los problemas fundamentales, estructurales, los determinantes institucionales de las dinámicas de abuso siguen vigentes. Las promesas hechas están documentadas en un texto disponible en el repositorio institucional de la UAQ.
Esta cronología deja ver las dificultades que las instituciones tienen para procesar lo que, de otra manera, deberían ser reconocidos como derechos básicos de sus estudiantes. Como se verá al considerar el asunto desde la perspectiva que ofrecen las actas del Consejo Universitario, incluso entre los consejeros estudiantes hay quienes descreen de las denuncias hechas por otros estudiantes o, por lo menos, no confían lo suficiente como para expresar alguna simpatía con sus denuncias.
Es, de nueva cuenta, el problema del complejo de credibilidad al que se refiere Tuerkheimer.